Hoy me es necesario salir del guion e involucrarme de lleno en un tema
y orgullo personal. Hoy es un día muy especial, no hay que plantearse nada,
está ahí: llegó porque tenía que llegar y es “por default” que me siente como
me siento.
Mi niña, hoy una mujer sabia y gigante, se gradúa. Después de haber
pasado por las aulas de una universidad que sigue entendiendo y brindando el
sentido universal que se debe enseñar a todos los estudiantes: con aciertos y
desaciertos, como toda institución educativa y humana, llega a la ceremonia final.
Mi pequeña termina la carrera. Mi pequeña en quien descanso mis
angustias y desazones, me da hoy un ejemplo de energía, valentía, esfuerzo e
ímpetu. Y no lo digo por ser mamá, es por ser testigo de su compromiso y
responsabilidad. Le guste o no le guste, esté segura o no lo esté de cada decisión que tome. Pero todo
aquello que los estudios le han dado (incluyendo lo que ella puede considerar
inútil) ha formado parte de su proceso.
Tengo todavía el sabor de un día parecido a este hace varios años atrás, cuando acababa el colegio. Reúno esos sentimientos con los actuales y veo que algunas cosas cambiaron y otras se fortalecieron.
Hace tiempo que Micaela le pertenece al mundo, no a sus padres, no a
Maco (lo siento) pero es la verdad. No nos pertenece porque en algún momento
esta pequeña se dio cuenta que tiene un deber, con el otro, con el que está más
allá, con tratar de hacer de este mundo un lugar más amigable, más humano, más
llevadero. No es una heroína, solo alguien que sabe meter el hombro donde pueda
e iluminar la habitación ni bien llega.
He visto cómo ha ido descubriendo su propio camino, y adoro cada vez que echa sus alas a volar y reniega por ello. Ante esto, el mundo le sigue abriendo los brazos, el mundo con su crisol de posibilidades terribles, certeras, oscuras, maravillosas... y que su andar sigue repleto de decisiones que marcarán su vida. He visto y seguiré viendo.
¿Qué hace para mí este día especial, de toga y birrete, de discursos y
aplausos, de besos y abrazos? Lo hace doblemente especial. Pues no puedo evitar recordar a mi madre que quería que yo fuera abogada, y no
quedó nada convencida cuando elegí estudiar Literatura pero salvé mi honor al
casarme con uno de esa especie.. Creo que ahora, estaría más orgullosa que nunca de su “bombón”,
pues así la llamaba. He aquí pues, que el círculo se cierra. La nieta culmina
lo que la hija evadió. Totalmente freudiano, pueden psicoanalizarlo si quieren.
Yo solo lo llamo: destino.
Soy una cursi, pero hoy me tomo todo el derecho de serlo, ando con babero... qué le podemos hacer!
No hay comentarios:
Publicar un comentario