jueves, octubre 01, 2009

Comentario sobre el comentario

Sé que a veces por cuestiones de tiempo no puedo contestar los comentarios que mis amables lectores realizan en un determinado post. Hay una lectora, en especial: Laly Zuñiga, que además es una gran amiga que vive en la bella ciudad de Salamanca que reflexiona acertadamente siempre que tiene un poquito tiempo. ¡Gracias! Justamente, uno de sus comentarios es el que dio origen a este tema.
Laly comenta sobre "Familiares estigmas” :

Tu post me hace evocar a Keiko, la hija de Fujimori. ¿Sabía que su padre dirigía una organización criminal? ¿Si sabía, le parecía mal? (…).

Creo que aquí tocamos un tema un poco más profundo en el terreno familiar, puesto que los complejos de Edipo y Electra abundan en la política peruana (aunque en todos los entornos, en realidad). No hay que ir muy lejos para entender que a la Keiko la devoción por su padre la confunde, ella cierra defensa ante su progenitor, no ante el presidente y vive obnubilada en ese laberinto que la atrapa. Tanto como confundió a Lucianita León o a Silvana Montesinos…

Guardando las distancias entre cada una desde luego. El amor desmedido y la pérdida de objetividad las convierte en víctimas de sus padres que pensando en su propia satisfacción no vieron que tiraban caca al ventilador embarrando así a sus hijas, quienes quieran o no: cargan con ese estigma.
Electra es capaz de planear la muerte de su propia madre por pura venganza y manipula a su hermano para lograr su cometido. Su actitud puede verse claramente cuando dice: puedo perder un marido y reemplazarlo por otro, puedo perder un hijo y engendrar otro, pero un padre jamás recupera. Claro, que habría que saber que nunca tuvo hijos y tampoco marido… por lo que el único “amor” que tenía era el de su padre. Pero eso no se explica en el famoso “complejo”.
Hay inclusive, amores tan desmedidos y patológicos por el padre que existen mujeres que se casan con hombres parecidos, con ciertos rasgos de personalidad similares. Hay otras, que ante la muerte del susodicho viven una suerte de orfandad que se funde con la viudez en donde ya no sabes si siente como hija o como esposa frustrada.

No cabe duda, Freud tenía en la humanidad una galería infinita de “complejas personalidades”…. Y se debe haber quedado corto.

lunes, septiembre 28, 2009

De las fuentes de antes, a las fuentes de ahora


Siempre he comentado sobre algunas frases que marcan en la vida, o aquellas que de tanto escucharlas en alguna etapa de nuestra vida se convierten en huellas imborrables. Yo tenía un profesor de Matemáticas en el colegio (en 1ero de secundaria, si mal no recuerdo) que solía decir: es más fácil encontrar un aguja en las turbulentas aguas del rio Santa, que un alumno en la biblioteca. Hoy, la frase regresa a mí cobrando vida sobre cómo han ido cambiando las formas de sacar información de estudiantes de nuestra generación y los actuales.

Efectivamente, en mi época resultaba difícil ver que los escolares fueran de motu propio a la Biblioteca. Cerca de mi colegio estaba la Biblioteca de la Municipalidad de San Isidro, que ya en los tardíos setentas era bastante moderna y a veces muchos de nosotros íbamos ahí. No obstante, en las casas se veían libros, se veían libreros, al menos habían humildes estantes con varios libros de consulta. Debo confesar que nosotros también teníamos nuestras Wikipedias, y que aquello que no estaba en la Enciclopedia Barsa no era respetable. También estaba la Enciclopedia Temática y la Enciclopedia Británica, con lo cual: a cualquier hogar de clase media le bastaba, para resolver las dudas, recurrir a una de estas variantes para solucionar la tarea. A veces, estas fuentes se enriquecían con algún artículo de alguna revista que aparecía por ahí: National Geographic, TIME, Newsweek y no menos importante: el Almanaque Mundial.

Hoy, casi treinta años después –qué depresión- me quedo horas navegando por la web y podría seguramente escribir una tesis completa sobre cualquier tema solo leyendo documentos “colgados en la red”. No me tengo que mover más allá de mi silla y con el solo toque los dedos en el teclado ampliar mis conocimientos y además, contribuir a desarrollar los de mis alumnos.
Sin embargo, me preocupa cómo los estudiantes actuales minimizan el valor de investigar, de comparar fuentes, de sacar conclusiones. Caen, inclusive, en la ingenuidad de creer en tooooooooooooooooodo lo que la web les muestra puesto que Internet tiene más validez que la Biblia. Si está en Internet es confiable, verídico y reproducible. Así es como confían en engañar a sus profesores con trabajos plagiados de “ El rincón del vago” –pienso: hay que ser idiota para confiar en la calidad del trabajo que un “vago” le hereda a otro “vago”- y aunque efectivamente, pueden jactarse del engaño no calculan cómo tarde o temprano ello les pasará la factura.
Para terminar, no puedo cerrar este post sin mencionar un caso, del que me enteré por casualidad, que pinta de cuerpo entero la calidad moral de ciertos ejemplos (de)formativos de padres que por “ayudar a los hijos” los ayudan a embrutecerse: Sabiendo que el hijo no había hecho la tarea, el padre le dice que, dado que tiene que presentar el trabajo y que lo único que tiene a mano el de un amigo hecho el año anterior, entre los dos (tremendos cómplices) cambiarán un poco las palabras para que la tarea sea presentada en el plazo exigido porque no puede permitir que lo jalen.

La generación de hoy, es producto de los padres que tiene.

jueves, septiembre 24, 2009

Soy la gripe de Juan (y la maldición de María)


a Juan Carlos, porque tiene que soportar las histerias de Claudia María
Aclaración
A pedido del público, he decidido escribir de vez en cuando sobre algunos avatares comunes de la convivencia en pareja o al menos de dos seres como Juan y María que comparten un sinnúmero de situaciones que la sobrevivencia en compañía supone. El post “En la salud y en la enfermedad…” dio pie a varios comentarios que convencieron a esta humilde bloggera a dar inicio a una nueva serie: María y Juan. Cuento con ello con la anuencia y paciencia de mi bienamado JC puesto que sin ello, esto acabaría mal. Aclaro y juro que no todos los contenidos serán de propia cosecha –Juan y María son en el fondo estereotipos de los seres humanos normales que caminan por la calle-. Ello se ha dejado sentir en los comentarios de los lectores y sugerencias de temas.

I
Desde que estuvo con una bata aséptica con abertura total en la parte posterior de su anatomía sobre una mesa de operaciones, la personalidad de Juan ha cambiado. María ha descubierto en él una sospechosa docilidad en la que las órdenes de ella fluyen con naturalidad y complacencia. Juan está con las defensas bajas y trata de sobrevivir a ello de la manera más ZEN posible. Parecía pues que la recuperación iba viento en popa y dada tal situación, María le propone a Juan irse a cenar fuera. Se lo merecen. Sin embargo…

II
Juan en menos de cuarenta días (lo que dura el puerperio) ha vuelto a caer con gripe. Ni la porcina, ni la aviar, ni la AH1N1 tendría la crudeza ni las torturas a las que se ve sometido cuando él pre-siente (porque no es una intuición), cuando Juan sabe que se ha “enfriado” y por lo tanto resfriado. Si no fuera Juan, se hubiera abrigado al sentir frío y punto, y de paso: no estaría jodido.

III
Juan está maleteado, el dolor de espalda, la respiración por la boca lo agotan… casi casi hiperventila, la congestión, el lagrimeo, los kleenex, el basurero, todo el universo de la gripe lo rodea. María solo sugiere tomar un antigripal para minimizar los síntomas cual propaganda de los quinientos antigripales que existen en la tv y se va a trabajar. En el reencuentro María se encuentra con un Juan que es un saco andante con los ojos inyectados, tercianas y cual víctima de un ataque febril decide abrigarse como pollo crudo en el Polo Norte y ponerse los kilos de polares que estén a su alcance. Sin embargo, Juan tiene 36.8° está más fresco que el pisco sour que seguramente se estarían tomando si hubieran salido a la calle. María, expresivamente maternal y silenciosamente “madrastral”, le vuelve a sugerir que tome otro antigripal y que no se meta a la cama. Le recomienda (en realidad: le ordena) solo descansar y tomar algo caliente. "Amorosamente" le dice -Tómate otro Panadol Antigripal como en la mañana-. Y por supuesto que ella va a buscar las pastillas para dárselas y descubre que Juan solo había tomado UN Panadol normal en todo el día. María piensa: "¿En la magnificencia de la corpórea humanidad de Juan qué es un panadol para la gripe elefantística que tiene esta pobre criatura abandonado de la mano de Dios?" El cuerpo de Juan sufre, el cuerpo de Juan lagrimea, el cuerpo de Juan pide a gritos a la madre naturaleza que deje de castigarlo de una vez por todas con este resfriado común. El cuerpo de Juan suspira por alcanzar la sanidad corpórea que recuerda tan lejana. María suspira por lo mismo.

lunes, septiembre 21, 2009

Los que ellas quieren...

¡gracias chicas!

Inicialmente este "post" iba a tratar de otro tema que analizaba el hecho de que las mujeres tenían "bienes comunes" : gustos estereotipados que los encontraban en los hombres de Hollywood y gustos propios, "bienes particulares" que los encontraban en su casa y alrededores.

Recordé que en mi primera juventud, mis ídolos eran Ryan O´neil y Robert Redford y ahora son dos viejos que aunque pueden haber envejecido con cierto estilo, son totalmente caducos para el público femenino y hay mejores en el horizonte. Hoy tengo otros...

Entonces se me ocurrió enviar un mensaje de ayuda a varias féminas con las que tengo confianza para que me contestaran la siguiente petición: les ruego que me den dos nombres de aquellos caballeros del universo público que les atraigan harto harto. ¡No calculé la bomba que solté!

En primer lugar, la muestra con la que he sacado los resultados estuvo compuesta por cincuenta y siete mujeres que contestaron en menos de 24 horas. Se comunicaron conmigo desde maravillosas chicas de 18 años hasta mujeres hermosas que ya pasaron la frontera de los “sin cuentas”. Por lo que podrán imaginarse, mis queridos lectores, las respuestas y los comentarios que recibí resultaron de gusto diverso. Intergeneracionales: Connery nació en 1930 y uno de los más votados, Pattinson, nació en 1986; interraciales: el gringuísimo Kurt Cobain hasta Denzel Washington; internacionales: desde el guatemalteco Ricardo Arjona hasta el escocés Matt McConaughey; de gustos extremos: el elegante Richard Gere hasta el “sucio” John Mayer. Pasando por (sorry por las omisiones puesto que la lista es bien "particular" y extensa) Miguel Bosé, Brad Pitt y Johnny Depp.

Los más votados fueron George Clooney y Hugh Jackman. Cabe destacar que entre el voto joven destacó Robert Pattinson (a quien tuve que buscar en Internet para ubicarlo). Yo ya estoy tía, pues.

Sin embargo, lo interesante de este ejercicio fue cómo mientras que ciertas mujeres se limitaban a mandar sus respuestas en el formato 1. XX y 2. YY, otras se despachaban con comentarios tan honestos que son dignos de publicación manteniendo el anonimato de las autoras y un cierto nivel de censura. Se soltó una catarata de hormonas que para qué les cuento. Lo más gracioso fue que muchas, no solo enviaban sus comentarios sino que también enviaban fotos, imágenes de los susodichos galanes, que por cierto, estaban muy bien seleccionados y no me sorprendería que las tuvieran hace tiempo entre sus archivos más preciados. Se agradece. Soñar ni cuesta ni paga impuestos, y en todo caso "particularmente" cada una sabrá cuán cerca o lejos está su " bien particular" de los "bienes comunes" ya citados. Total, todo gusto es subjetivo.

Los dejo con los comentarios más destacables:

-George está buenazo,...pero Nicolas Cage tiene algo también que me encanta,....pero cuando tiene el pelo largo y es misterioso y peligroso... ¿qué te puedo decir?......¡Sexy! Creo que es un tema que podríamos debatir en grupo…

-A mí me gusta Hugh Jackman y después de ver Wolvering cualquier chica le gustaría tener la marca de sus garras por todo el cuerpo! ¡Tiene un poto…..!

-Richard Gere cuando sube por la escalera eléctrica con frac y una rosa en la película "Shall we dance?"...wow!!!"

-Me has dejado pensando con cuál me quedo. Para mi definitivamente el rey de los reyes es y seguirá siendo por siempre Sean Connery.

-(pero tengo otros más!!!!! sólo necesitas dos????? jajajajaj)

jueves, septiembre 17, 2009

Cegueras colectivas


Hay frases célebres (que en realidad no son las palabras mismas sino las personas que las pronuncian) que a uno lo dejan pensando, hay otras que son pura tontería. Cuando fui a ver la exposición de los trabajos de Leonardo da Vinci, en una de las secciones se recogían algunas de este gran sabio bastante interesantes.
Hubo una en particular que me llamó la atención: Hay tres clases de personas: aquellas que ven, aquellas que ven lo que se les muestra y aquellas que no ven. Me puse a pensar qué era peor: ¿no ver o ver lo que me manda el otro? No sé realmente. Puesto que a veces por ignorancia las personas se dejan llevar por la opinión de los demás, y quizás de uno u otro modo ese “no saber” los exonera de la culpa. Por ejemplo, la dominación económica y política implica también una dominación cultural. Las colonias por ejemplo, tenían un acceso limitado al conocimiento. Las diferentes Iglesias han decidido por años limitar muchas veces la información que deben tener los feligreses por razones morales. Entonces, es algo clásico en la historia que directa o indirectamente el grupo de “ve lo que se le muestra” sea más grande de lo que creemos.

Aquellas que no ven. Va de la mano con el ciego que no quiere ver. Es lo que yo llamo la estrategia del avestruz: escondo la cabeza para no ver el problema. Paso por la vida como una sartén de teflón, todo me resbala. Todo, porque NO lo veo, porque NO quiero verlo, porque para qué voy a verlo si me carga. Podría parecer una estrategia inteligente puesto que esquiva los problemas para no estresarse, pero en realidad lo que hace es no enfrentar, tal vez, y que luego aquello que se inició como ola se vuelva un tsunami.

lunes, septiembre 14, 2009

Del alpinismo al "alpinchismo"


a mi amiga René, porque la idea salió conversando con ella

Este post lo escribo desde la perspectiva medio compleja y medio híbrida que implica ser profesora de secundaria y madre de familia. Advierto que tengo mi gran dosis de culpa en estas palabras. Seré cruda, puesto que ese es el asunto.

Los de mi generación fuimos educados por otra generación que en su gran mayoría fue muy conservadora, vertical, cucufata, y machista. En nuestro aprendizaje predominaban las cosas prohibidas antes que las permitidas, y aunque todos fuimos rebeldes a nuestra manera hubo varias escenas que serían inimaginables tenerlas con nuestros padres. ¿Acaso alguien, a los trece años, le dijo alguna vez a su mamá: ¡Ay mami, ubícate! ?

Ese alto porcentaje de padres de nuestra generación nos educó con el objetivo de entender la sentencia bíblica: te ganarás el pan con el sudor de tu frente. Nada venía gratis, o al menos cómodamente. Para empezar no existía ni delivery ni copy/paste por dar dos ejemplos sencillos. Si querías algo, tenías que esforzarte aunque fuese un poquito. Entonces, crecimos sabiendo lo que era alcanzar una meta sobre la base de saber que para llegar a la cima había que pasar por un entrenamiento que produjera cierto sudor: manejar bien las herramientas, plantear la estrategia de escalamiento, colocar los pies en lugar seguro, calcular los riesgos y empezar la trepada. Recibimos, por lo tanto, una incomparable y metafórica lección de alpinismo. Caídas, golpes, sustos, pérdidas… y llegamos a ser padres pasando por todo ello.

Suena tan lindo y pedagógico en el papel que cualquiera diría que siendo seres inteligentes educaríamos a nuestros hijos de esa manera, puesto que mal o que bien las cosas había resultado y habíamos alcanzado nuestras “cimas”. No obstante, sabe Dios cuándo… en algún momento tomamos la decisión de dejar las lecciones de alpinismo para llevar a nuestros hijos a descubrir que era más fácil ser educados por padres que teníamos la necesidad (casi fanatismo) de darle a nuestros hijos todo aquello que nosotros no habíamos tenido. Para empezar, un mundo en el que predominaban cosas permitidas antes de las prohibidas, pregonar ser (pseudo) liberales, horizontales… Encima, para ayudar a estos padres, cuando empiezan a salir del cascarón el sistema educativo les ofrece un ingreso a la universidad al que le falta el papel de regalo...

¿Resultado?: tenemos unos “maravillosos” adolescentes que con el permiso de mis lectores, todo les llega al pincho: estudiar me llega al pincho, hacer tareas me llega al pincho, esforzarme un poco me llega al pincho, hacerles caso a mis viejos me llega al pincho, guardar mi ropa me llega al pincho, recordar lo que tengo que hacer me llega al pincho… Tienen calzón de cemento, arrastran los pies cuando de cumplir con sus obligaciones se trata, usan atajos, creen que se merecen todo y no agradecen por nada: la ley del mínimo esfuerzo… no necesitan más. Para coronarlos: ni siquiera son rebeldes en esencia, porque como la tienen tan fácil no tienen de qué rebelarse realmente. El “alpinchismo” es su credo, su religión, la postura que han adoptado lo refleja, desde la forma que tienen de pararse, de sentarse, de vestirse hasta de pensar en el futuro.


Sé que he generalizado, pero también sé que muchos se identificarán aunque sea un poquito con lo que he dicho. Y para terminar solo agrego que me da miedo pensar en qué tipo de padres tendrán nuestros nietos.

jueves, septiembre 10, 2009

¡Sorpresa!

La sorpresa es una emoción (como todas) indescriptible. No obstante, la definición que da mi fiel amigo el Diccionario de la RAE tiene que ver con aquello que te coge desprevenido. Por lo tanto, hablamos de sorpresas agradables y desagradables.
Hoy me puse a pensar en aquellas agradables situaciones en los que la vida te sorprende y hasta logra arrancarte una sonrisa sin planearlo:



1. Encontrar un billete en un bolsillo.

2. Haber disfrutado de una novela en cada una de sus páginas.

3. Encontrar un buen amigo en la madurez (o conservar contra todo pronóstico a uno antiguo).

4. Una calle sin baches.

5. Sentirse BIEN tratado en una entidad estatal.

6. Disfrutar de un buen bocado más de lo que habías esperado.

7. El silencio acogedor.

8. Ver una imagen que te impacte por su belleza.

9. Un día soleado en invierno.

10. Que te toquen en verde todos los semáforos de tu ruta.

lunes, septiembre 07, 2009

Del sabio mundo de la estética


Me contaba mi exalumno Michael Succar que estaba leyendo un capítulo de Historia de la belleza escrito por Umberto Eco y que se quedaba un poco enredado en los conceptos de estética y fealdad. Me quedé pensando que era muy interesante, cómo un chico de 20 años, podría entender el concepto de belleza que planteaba Eco, era complicado no por su inteligencia, sino por sus vivencias y por lo que le había tocado vivir en esta sociedad consumista a la que pertenecía.

ECO hace una afirmación muy interesante cuando expresa que a partir del siglo XX la belleza se democratiza y de alguna manera existe un modelo de ella para cada demanda: para el que no posee la belleza masculina y refinada de Richard Gere, existe la fascinación delicada de Al Pacino y la simpatía proletaria de Robert De Niro. Curiosamente esto me lleva, con el debido respeto y humildad que puedo sentir ante este académico a afirmar que ahora se busca una belleza más natural y “fresca”. Los medios de comunicación apuntan a una moda ecológica, maquillaje ecológico, todo ecológico. Espontaneidad pura, pero manteniendo una marca. Informalidad, pero que se apellide Dolce Gabbana o Klein, por ejemplo. O peor, aún: quieren darse la imagen de ser originales y no se dan cuenta que hay varios especímenes vestidos igual de “originales” que ellos. Como dice ECO, asisten a inauguraciones de expositores vanguardistas pero enfundados en la impositiva moda y look que impera en los medios de comunicación masiva. ¡Qué contradicción más grande!

No obstante, lo que me ha llamado la atención en estos locos tiempos que la mujer se esmera por lucir fresca, lozana y natural es cuando más necesita ir a la peluquería, al spa o como quieran llamarlo para alcanzar esa pinta bucólica. Por ejemplo, en los últimos días he oído hablar de lo que es el último grito de la moda de las peluquerías: el alaciado inteligente. Ya su nombre, per se, es atractivo. Ahora que todas quieren ser chutas, laaaaaaaacias, naturales, pasarse un peine por la cabeza y estar regias cual divas, viene el método MÁS MÁS de todos. El menos maltratador, el menos castigador, el igualmente caro que el resto, peroquéimporta porque es: INTELIGENTE.

Le decía a quien me informaba, que seguramente en unas peluquerías las tarifas iban variando, pero no por la calidad de los materiales utilizados. Cambian porque con el alaciado (tengo esta maravillosa fantasía) deben implantarte a través de el cuero capilar una cierta cantidad de neuronas que le da nombre al alaciado. Por ello, dependiendo de cuántas sesiones necesites para llegar a un mínimo de decencia neuronal, el precio se va regulando: libre mercado que le llaman. Si partimos de una base de $150 podríamos pensar que en algunos casos, dada la rebeldía del cabello y promedio de IQ (coeficiente intelectual) el precio puede llegar hasta $1,000 por lo menos…¿no creen?

Les apuesto que tienen un par de candidatas a las que recomendarían este proceso de belleza. Desde luego que he pensado en algunas soberbias que pensarían que para ellas puede ser hasta gratis… ¿No es hermosa e igualmente inteligente la lucha por alcanzar LA belleza?

viernes, septiembre 04, 2009

Familiares estigmas


A raíz escuchar un comentario del libro Gomorra de Roberto Saviano (gran investigación de la mafia napolitana, que le ha costado ahora vivir en la clandestinidad) estuve conversando con un pequeño grupo de amigos sobre el estigma que supone pertenecer a ciertas familias. En este punto, por ejemplo, nacer en el seno de una que forme parte de la mafia siciliana, napolitana o la que sea es garantía de estar metido de por vida en una vorágine de violencia, hipocresía, lujo, riesgo, y cautiverio sobreentendido.


Si un individuo (miembro de tan digna familia) quiere sacudirse de ello y vivir una vida “normal”, limpia, moral e íntegra no podrá tomar la decisión de hacerlo puesto que ello supondrá de arranque poner en riesgo su propia vida y de hecho la de sus parientes, por los que seguramente sentirá sentimientos fraternales como es natural y sano. No me imagino, a la distancia a un hijo de Pablo Escobar, por ejemplo, que podría haber soñado con ser una maestro de escuela o una hija que tal vez quería ser doctora, ya que el estigma de su apellido y trajín de vida le cortarían de raíz su vocación y deseo de mantener una vida digna y sobre todo, alejada de ese entorno.

Hay familias en las que el libre albedrío se anula, en las que sus miembros por un tema de tradición deben seguir con los patrones establecidos por las generaciones anteriores y por los modelos impositivos (ya sean las empresas familiares que van por la vía legal y correcta, ya sean los grupos dedicados a la criminalidad). Se nace pues, con el sello indeleble de la carga familiar de la que no puede zafarse y por lo tanto el riesgo de la infelicidad, si no te alineas pronto y te adaptas, se posará sobre ese individuo como una suerte de nube negra.

martes, septiembre 01, 2009

Los adolescentes de ayer, los hombres de hoy


para Enrique, Hernán y César
Tuve la suerte hace unos días de ser gentilmente invitada por tres exalumnos. Les enseñe entre sus 16 y 17 años cuando yo tenía 30 y era la primera vez que enseñaba en un colegio (¡juventud, te vas para no volver!). En ese entonces, las hormonas, la adrenalina, la falta de límites, y la gran suerte de vivir sin responsabilidades era lo que predominaba en ellos. Esa actitud “alpinchista” era constante y diaria, y uno como profesora tenía que tomar harto aire para entrar en ese salón que solo tenía 14 alumnos que DE HECHO tenían la mente en otra cosa. Yo trataba de hacer mi mejor esfuerzo y andaba medio frustrada haciendo malabares para lograr que estos jóvenes se apasionaran por el curso.
Sin embargo, conservo imágenes vívidas de ellos: el coleccionar figuritas para llenar los álbumes de moda y quedarse casi dormido en clase, otro que repetía que en el futuro soñaba con casarse con una (tía) millonaria, el beso volado que me mandaba uno de los más movidos todas las mañanas cuando pasaba por mi ventana, el que no hicieran ningún esfuerzo por leer lo que yo les recomendaba, el estar parada delante del salón hablando a una suerte colección de “plantitas” que ni caso hacían. Dirán que soy dura, pero saben que lo hago con cariño. Pero igual, nos reíamos, estos chicos fueron los primeros en enseñarme que de los adolescentes también había que aprender, o en todo caso recuperar algunas cosas que uno pierde con la madurez.

Ya no son mis alumnos, ni siquiera existe entre nosotros una gran brecha generacional; casi casi podría arriesgarme a decir que somos contemporáneos, puesto que estar con ellos ha sido tener un “café terapéutico” con tres viejos amigos a los que no veía hace tiempo y que me ponen al día de sus vidas. Hoy son hombres que trabajan, que han sufrido, llenos de responsabilidades. Estan avanzando y haciendo su propio camino.

Hombres a los que la vida, algunos más que otros, los ha golpeado dejando cicatrices enormes que han sabido superar. Pero en esta senda por la que avanzan reconozco a aquellos adolescentes que yo conocí hace quince años atrás. Son estos niños grandes que yo veía sentados conmigo, en la misma mesa matándonos de la risa de las anécdotas de ayer y analizando las situaciones de hoy. Hombres que me contaban sus sentimientos, hombres más modernos y menos conservadores que los de mi generación que no tenían ninguna vergüenza de mostrar su lado vulnerable y débil frente a su vieja (¿antigua?) miss del colegio.

Hoy son hombres, pero con esa alma de adolescentes que espero conserven siempre.

jueves, agosto 27, 2009

De padres cojos, hijos bailarines


Recuerdo una pregunta profunda y fundamental en la vida escuchada al azar: ¿por qué tuve que sacar la miopía de mi padre y no, sus ojos verdes? Tal, provenía de una adolescente malhumorada y se la hacía a su madre que trataba de mantener su mejor sonrisa frente a una sala atiborrada de pacientes. ¡No es justo! Agregaba, y de hecho lo decía con todas las razones que eran valederas para ella en ese momento.

La genética es realmente una ruleta rusa. Yo particularmente siempre fui un poco chúcara para poder entender eso de los genes recesivos y demás jugadas cromosomáticas salvo las básicas. Pero había logrado captar, en mis tiempos escolares, que había sacado “la color” de mi madre y el tamaño de mi padre.

No obstante, ese famoso refrán “De padres cojos, hijos bailarines” creo que no tomó en cuenta para nada la carga genética a la que no se puede renunciar. Hay que aceptar que: de padres cojos, hijos cojos… (al menos es lo que predomina), salvo que uno “supere” las herencias. Además, hay por ejemplo, individuos que recogen toda la herencia pero en las partes falladas: todas las alergias, todos los males estomacales, la nariz chueca, el ojo torcido, todas las sorderas, tooooooooooodo lo que en su familia resultó siendo una falla de fábrica, se convierte en un balde que hace agua por todos lados.
Está la maravillosa anécdota del encuentro entre Einstein y Marilyn Monroe en donde ella le dice: Usted y yo podriamos tener un hijo, imagíneselo con su inteligencia y mi belleza. Seguramente conocedor de los caprichos de la genética, el científico le contestó: ¿Y si sale con mi belleza y su inteligencia?
¡No es justo! Gran frase de esta adolescente. ¡Yo también quería mis ojos celestes pero me he tenido que conformar con mi metroimedio ….! Ces't la vie!!!

lunes, agosto 24, 2009

Los más económicos del mundo


Yo vivo fascinada con los adolescentes, no en balde paso más horas al día conviviendo con ellos que con mi familia; me fascina ver su comportamiento, sus arranques, sus engreimientos, sus reacciones irracionales. Lo acepto, soy una masoca.

En estos ya cinco lustros que llevo trabajando con chicos cuyas edades han fluctuado entre los catorce y diecinueve años debo confesar que ellos han pasado por mí dejando una invalorable huella porque he visto y vivido en carne propia cambios fundamentales en los adolescentes de ayer y en los de hoy. Agrego, que además vengo sobreviviendo a la maravillosa adolescencia de mis hijos con todos los bemoles que ello ha supuesto, pero con más sostenidos que nada.

En una injustísima generalización se suele decir que los adolescentes siempre serán inconformes, extremistas en extremo (valga la redundancia), desubicados, desmotivados, egoístas, rebeldes, intolerantes, contestatarios. Sí, puede ser verdad en algunos casos y de alguna medida. No obstante, son creativos (en sus excusas), son verbales (en sus argumentos), son desprendidos (con el dinero ajeno), son libres (en su falta de responsabilidades), son cien por ciento sociables (cuando están rodeados de otros adolescentes), y el más importante y donde quiero enfocarme: son económicos.
¿Por qué digo que son económicos? Porque lingüísticamente lo son. Si entendemos por economía lingüística (EcoLin) la tendencia según la cual se supone que las lenguas se inclinan a realizar el menor esfuerzo en cuanto a su articulación de producción en oposición constante a las necesidades expresivas de la comunicación*. Ahorremos palabras, es la consigna de un adolescente, si podemos hablar menos diciendo lo mismo. Para qué vamos a desperdiciar saliva, desgastar nuestras cuerdas vocales y consumir más aire. Simple y llanamente: reduzcamos nuestro vocabulario.

Entonces, ante todas aquellas preguntas (amenazantes) que les hagan sus progenitores sean de una naturaleza igual o similar a: ¿qué tal te fue?, ¿la pasaste bien?, ¿te gusta?, ¿cómo te sientes?, ¿vas a salir?, las leyes de la EcoLin mandan a contestar única y exclusivamente con esta gama suficiente de vocablos: normal, fácil (cuidado aquí, que reemplaza nuestro “puede ser”) y el popular y más mentado: no sé.

Si Cervantes lo hubiera sabido, no habría tenido que escribir dos tomos para contarnos toda la historia de nuestro caballero andante que luchó contra molinos de viento… Si hubiera sido económico se hubiera ahorrado harta tinta y harto papel. ¡Qué pavo!



jueves, agosto 20, 2009

En la salud y en la enfermedad.... pucha, así era!

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
I
Por esas jugarretas de la naturaleza todos los seres de este planeta somos conscientes que entre los irónicos mensajes de la vida destaca tener un hombre enfermo cerca. El género masculino propiamente, reconoce que no son los “mejores enfermos” de la Tierra y de hecho, tampoco colaboran en contradecir tal situación. Es increíble, pero si empezamos a cruzar historias vividas, inclusive confirmaremos que el género femenino es más inmune a las “plagas caseras”: gripes, toses, diarreas… La naturaleza (o Diosito que es hombre) ha dotado a la mujer automáticamente de una capacidad innata de autoprotección para ser capaz de jugar a la enfermera. (Ese jueguito “el doctor y la enfermera” no creo tenga versiones de “la doctora y el enfermero” pero de hecho: el enfermo y la enfermera es uno bastante popular en la vida diaria)
II
Yo les voy a hablar de María y Juan (esos son los nombres de mis personajes imaginarios, los de mi generación pueden entenderlo mejor, puesto que los que eran lectores de Selecciones Reader’s Digest recordarán esos artículos que se llamaban “Soy el hígado de Juan” o “Soy el ovario de María”).
María se casó con Juan (autoreconocido como un quasi hipocondriaco). Como ejemplo, ella sale encinta, él tiene náuseas. Ella tiene contracciones, él siente los dolores. Ella da a luz, él sugiere tener solo un hijo: porque el parto lo ha dejado traumado. Encima la naturaleza de Juan no lo ayuda, si se le presentó una apendicitis tuvo que ser la más complicada, si todo el mundo tiene una cicatrización “normal” a él le tuvieron que volver a abrir la herida para desinfectarlo. La vida sigue así y María juega a la enfermera mientras que Juan al enfermo.
III
Juan se opera de la rodilla, no puede caminar. Tiene que ir dando saltos por la vida y según manda la teoría usando muletas. Pero el pobre Juan es negado en su motricidad gruesa con el manejo de estos dos palos de madera que deben sostener su humanidad evidentemente castigada por el pa(e)so de los años. Medio kg por cada año de matrimonio. Ver cómo pretende usar las muletas es casi un peligro público, puesto que éstas se van abriendo como una A mayúscula en la medida que va andando y NO PUEDE. María piensa: ¡este angelito se jode la rodilla de nuevo y me fregué! Entonces, empieza a pensar cómo podría Juan desplazarse con una mediana agilidad de gacela gorda en un solo pie. Ella visualiza la escena de Fantasía de Disney a los hipopótamos con tu-tú bailando ballet. Ve lo que tiene en casa y ella misma practica con una silla apoyando ambas manos y haciéndose la cojita para calcular esa misma escena con 40 kilos más. Lo cree sensato. Ha encontrado la solución, la silla funciona –pero a las pocas horas, se raja. Se consigue, evidentemente, un andador: todos felices.
IV
La hora del baño es la más tensa. Hay que meterse en la ducha, hay que calcular el agua para que Juan no se enfríe, porque ya está con gripe y encima una tos de tuberculoso que nadie se la quita. María igualmente creativa logra organizar un sistema con las toallas, la bañada, secada, talqueada y demás que le recuerda la crianza de sus hijos: en talla king size, desde luego. y con una ternura bien lejana a la de esas escenas maternales.


No obstante, hay que destacar que Juan colabora y obedece en todo sin chistar, no reclama, acata, tolera las burlas de María, sus ironías y ligeras histerias que justifica dulcemente por la situación vivida. Es más, María le reclama y cuestiona su docilidad. Juan asiente con una sonrisa en el rostro de orfandad que solo se traduce: dependo totalmente de ti, estoy resignado.


María tiene sentimientos contradictorios: por un lado, está preocupada por la vulnerabilidad de su marido. Por otro, no puede evitar el tufillo de satisfacción... she has the POWER!

domingo, agosto 16, 2009

Música, baile y otros menesteres importantes

Alguna vez me contaste que tu madre nunca te fomentó el aprender a tocar un instrumento musical. Guardaba esa conservadora desconfianza de que podrías empezar un estilo de vida que te condujera a la bohemia y a la “mala vida”. Te jugaba en contra, además, la fuerte carga genética de sangre artística que había dejado tu padre con el mal sabor de toda su historia. Huelgan palabras. No debería criticarla…. pero se equivocó. Terminó con un capítulo de tu vida antes de que empezara.

No obstante, la música entraba en tu vida por otros caminos, las fiestas, la radio, sin discriminar nada eras capaz de absorber distintos sonidos y reconocer las voces e instrumentos casi sin pensarlo. En tu crecimiento, pudiste aprender a disfrutar tanto de la chicha como del jazz, del huayno como de la salsa, del chill house como de la ópera. En esta mezcla bizarra se queda en ti un músico frustrado que se enternece con un charango o se perturba con la Callas.

¿Si hubieras aprendido a tocar un instrumento musical, cuál hubiera sido? ¿Hoy, a qué músico disfrutas y hasta cierto punto envidias? Y yo, que creo conocerte, dudo si podría ser una trompeta, un teclado, o hasta una cajita musical que produzca ritmos afroperuanos…
Son varias las cosas que he aprendido en estos años, a veces uno cree que ya lo conoce todo o casi todo y que la gente que vive contigo es predecible. Sin embargo, yo no dejo de sorprenderme nunca de este amorío que mantienes con la música, en donde yo solamente soy un mudo testigo de esa relación tan tuya y personal, tan íntima que ni siquiera me siento capaz de sentir celos.

Mis recuerdos lejanos, evocan a un chico con una memoria innata para las canciones y sus respectivos cantantes pero creativo con las letras cuando no las recordaba y desentonado –hasta ahora-. Un chico con el ritmo en los pies. Un chico que siempre llevara en su corazón a “Un gato en la oscuridad” y que solo sus amigos del barrio son capaces de entender ese sentimiento, privilegio que les he dejado siempre.
Hace más de veinte agostos alguien muy importante nos deseo que nunca nos faltara ni las risas de los niños ni la música en nuestra vida. Los niños que vinieron ya crecieron pero nos siguen acompañando sus risas o sentidos del humor enormemente creativos. La música la hemos seguido haciendo nosotros , porque te lo he dicho millones de veces, si no bailo contigo… no puedo bailar.

jueves, agosto 13, 2009

Ampay al Ampay...


Me compré la última publicación de Gustavo Rodríguez y Sandro Venturo titulada: Ampay Mujer, una revisión interesante (en la que predomina las estadísticas) del papel de la mujer en la sociedad peruana. Llaman la atención algunas cifras y hasta son divertidas en más de un caso.
Sin embargo, me resultó muy cuestionable un comentario realizado, casi al iniciarse el texto, de Rocío Silva Santisteban sobre la percepción que tienen las mujeres a partir de las cuatro décadas sobre su propio cuerpo.

“Al llegar a los 40, dejada atrás la etapa de la examinación minuciosa sobre sus cuerpos, con la experiencia ganada, el paso por la maternidad, y siendo madres, la noción corporal se vuelve más cómoda. A los 40, por lo general, la mujer tiene hijos o hijas grandes y nuevamente tiene tiempo para sí misma. (…) A los 40, la mujer ya no se exige encajar o estar a la moda como antes, ni lucir siempre delgada, no tiene que impresionar, ha aprendido a valerse por más aspectos de sí misma que el físico. (…) ella ya vivió y cumplió, se merece un relajo, merece tiempo para sí misma y bajo sus expectativas, no las de los demás.”

Como que un poco desubicada ¿no? una mujer “ya vivió y cumplió” ¿¿?? Más que una reflexión altruista y filosófica como parece que pretendiera hacer, termina siendo una sentencia lapidaria que parece decir: hermanas ya no hay nada que hacer… ¡Ta loca! Yo cumplo mañana 46 y no siento el pretérito perfecto simple en mi vida: vivió/cumplió -estoy bien alejada de lo perfecto y simple, por cierto-. Me parece que es bastante distante con lo que pasa alrededor, o simplemente padece una ligera miopía sociológica y femenina especialmente si observamos la actitud de la mujer limeña de todos los estratos sociales. De hecho, un alto porcentaje se esmera por mantener su peso, se queja si se sube algunos kilos, oculta sus primeras canas, se afana con lo que puede para aferrarse a la idea de que la vejez todavía está bien, bien, pero BIEN lejana.

No le niego que las mujeres que tenemos por encima de 40 hemos aprendido a valernos por nosotras mismas, y aquellas que somos profesionales nos la peleamos en el día a día en una lid que aunque pretende a veces ser igualitaria no lo logra del todo. Sí “nos merecemos un relajo”, sí “nos merecemos tiempo para nosotras mismas”. La pregunta es si esos tiempos existen en la realidad… Yo al menos, sigo buscando la oportunidad de hacerme un buen masaje… pero no tengo tiempo.

lunes, agosto 10, 2009

Seguridad Social o el Mito de Sísifo



Dándole vueltas a casos humanos y humillantes aquí me tienen…

Hace unos meses, fui testigo del maltrato sufrido por una empleada del hogar que con los dolores de parto a cuestas, el personal de emergencia de un hospital de la seguridad social de mi país le pedía los últimos seis recibos de su empleador. Un par de días atrás, me enteré de un caso más grave aún: por evitar una cesárea, un niño había aspirado líquido amniótico, su cerebro tardó como diez minutos en oxigenarse y evidentemente los primeros análisis señalaban daño cerebral. El recién nacido tendrá que permanecer en incubadora hasta que le hagan una tomografía; está en lista de espera: hay que esperar como diez días. Seguramente estos ejemplos no son siquiera la punta de un iceberg y ustedes, amables lectores, tendrán una bolsa llena de otros tantos.

Le preguntaba a un especialista en Derecho Laboral y Seguridad Social, si esto pasaba en los países tercermundistas únicamente. Me contestó que no es exclusivo de los países que curiosamente ocupan el hemisferio sur, se ven en todos lados. Es pandémico.

Es indigno que aquellos que no tienen recursos para acceder a un sistema privado de salud, sean víctimas de un sistema que, además de tragarse parte del sueldo, los trate como seres devaluados.
No hay ironía más grande que las palabras: paciente, asegurado, seguridad… Pareciera que pertenecen a otro universo lingüístico; al mismo conjunto fantasioso en donde reinan el unicornio, el dragón o los hobbits. No obstante, es la vida real, es la maldita vida real.

Me da una rabia enorme no recordar la fuente de esta frase que leí hace poco: la seguridad social hace que los pobres sean más pobre y los viejos, más viejos.
Palabras nunca tan sabias.

jueves, agosto 06, 2009

Gracias Walt Disney

Tengo recuerdos muy felices de los cuentos infantiles, mi abuela paterna –Lila- era una buena Cuentacuentos, recuerdo con cariño: La bella durmiente y Piel de asno –ambos de Perrault-, entre los más queridos.

Además, había heredado unos cuantos ejemplares de colecciones de cuentos que habían sido de mis hermanas mayores que habían leído y releído de niñas, en los lejanos 50’s. Aún conservo un tomo de Cuentos Rusos y Cuentos Españoles.

El otro día, mi gran amigo Hernán Lanzara, me preguntaba si yo recordaba si es que en la versión orginal de La bella durmiente, existían las tres hadas que la crian para mantenerla alejada de la maldición de la bruja mala que no había sido invitada al bautizo: se hincarían con un huso y caería en un sueño eterno. Flora, Fauna y Primavera no eran ingredientes de la receta original, Walt se tomó la licencia de colocarlas en su versión animada. En la versión de Perrault, la princesa sigue viviendo con los reyes, puesto que su padre había mandado publicar una ley que a todos lo que siguieran hilando con husos, o tuviera ruecas en su casa, serían castigados con pena de muerte.

Si realmente pudiera además resumir aquí toda el cuento infantil real se morirían al descubrir que: 1) El príncipe que la despertó de su sueño no peleó con nadie, con su espada solo tuvo que cortar algunas raíces que encontró en el camino hacia el castillo. 2) Se casaron y tuvieron dos hijos: Aurora y Día. 3) La madre del príncipe que era una ogra –antigua metáfora a la figura de la suegra- no se enteró del matrimonio hasta varios años después. 4) Al morir el rey y subir al trono, tuvo que contarle la verdad con miedo, dado que sus instintos de ogra implicaban que se le antojaran los niños y de paso a la nuera!!!!! 5) Para hacerla corta: ante la ausencia del hijo, preparó una gran olla con víboras, sabandijas y otros bichos para meterlos ahí y cocinarlos. No obstante, sin aviso previo el hijo volvió y al sentirse acorralada, la reina madre se suicidó.

Tremenda versión, recontra sangrienta y sórdida. Digna de un público infantil de siglo XVII. Agradezcamos a Walt el haber salvado a una generación de niños de tanta carnicería

lunes, agosto 03, 2009

Tiene que rendir una declaración


Como algunos sabrán tengo un problema con la propiedad que colinda con mi casa. Están construyendo un edificio y esto ha causado daños terribles a todos los vecinos del terreno en cuestión. En mi caso, hay algunas fisuras en paredes importantes de mi humilde vivienda. En fin, una pelotudez de esas que te caen del cielo y uno dice: ¿why me?
La cuestión es que fui citada por la Dirección de la Policía Nacional del Perú, que se encarga de ver las denuncias penales de ese rubro. Yo, por supuesto, en mi medio miopía legal (a pesar de estar casada más de veinte años con un abogado) he repetido una y otra vez que me había citado la Fiscalía… porque creo que en realidad simplemente tiene otro caché que te cite la Fiscalía a que se cite la Policía (¿o no?).
El cuento es que me enrumbe a las oficinas correspondientes en el Centro de Lima en el día más lluvioso del invierno. La citación indicaba que podía asistir con cualquier abogado que yo quisiera escoger. ¿Adivinen con quién fui? Claro que, la decisión la tomé en un ataque de masoquismo puro, arriesgándome a que en la mezcla de amor y problemas legales de esta aventura judicial generara una discusión conyugal de padre y señor mío y todas las entidades sacrosantas de los altos cielos.
Camino a la Fiscalía (corrijo, a la Dirección de la Policía) empecé a recibir varias instrucciones sobre qué me iban a preguntar, cómo y qué debía contestar, qué NO debía contestar y etcétera. Yo, para mis adentros (como diría la Srta Norma Cardoso, mi profe de matemáticas de 5to grado) pensaba: estoy emocionadísima, voy a hacer una declaración judicial, voy a dejar mi testimonio en los Anales judiciales de mi país!!! Mientras que mi abogado seguía haciéndome las indicaciones del caso, renegando por el tráfico, y por la pérdida de tiempo que esto suponía.
Después de haber dejado el carro en un estacionamiento, fuimos a paso acelerado hacia nuestro destino (en este andar, yo que soy recontra curiosa y voy muy poco al centro) miraba todo como niña en Feria, estimulada por todos lados, los restaurantes que me ofrecían menús maravillosos por 4 soles, los vendedores ambulantes de los Geniogramas resueltos de El Comercio, los que vendían medias, los huecos llenos de agua de lluvia, los turistas, la gama de gente que iba y venía con la misma celeridad que nosotros…. Claudia en el país de las maravillas… el abogado, en el Infierno de Dante.
Llegamos y nos tenía que atender el Comandante Pejerrey (les juro que así se apellidaba) pero en ese momento era “no habido” por lo cual nos atendió su “lorna”, un policía vestido de civil sumamente educado que al inicio del interrogatorio (linda palabra, ¿no?), preguntó a mi acompañante: ¿Usted, es su abogado? , y recibió como respuesta: Abogado y ESPOSO. Ojo que lo coloco en mayúsculas porque así sonó. Además como ‘estábamos” con buen talante… se pueden imaginar.
Las preguntas iban y venían y a mí me habían adoctrinado muy bien: contesta estrictamente lo necesario, A, B, C… Pero había un problema: ¿cuándo yo, he sabido o podido hablar ESTRICTAMENTE lo necesario? Eso es imposible!!!!!! No way!!!!!! Este abogado mío se olvidó con quién se había unido en sacrosanto matrimonio… estaba amnésico… Entonces cada vez que yo pronunciaba unas diez (aunque podrían ser cien) palabras extras se sentía tensión en el ambiente… El policía en cambio estaba muy entretenido con la historia, que hasta me preguntó de puro curioso y creo que solidario: ¿y ustedes pueden vivir ahí?... Cuando terminamos miré a mi abogado con cara de “me porté bien, ¿no?”. Yo seguía fascinada con la aventura y él… no. Seguramente porque lo que debió durar veinte minutos demoró cincuentailargos y con la rapidez que el policía deslizaba sus dedos sobre el teclado… la cuenta de minutos se incrementó.

Vieron cómo me demoré en contar la historia... Este es uno de mis posts más largos...