viernes, septiembre 04, 2009

Familiares estigmas


A raíz escuchar un comentario del libro Gomorra de Roberto Saviano (gran investigación de la mafia napolitana, que le ha costado ahora vivir en la clandestinidad) estuve conversando con un pequeño grupo de amigos sobre el estigma que supone pertenecer a ciertas familias. En este punto, por ejemplo, nacer en el seno de una que forme parte de la mafia siciliana, napolitana o la que sea es garantía de estar metido de por vida en una vorágine de violencia, hipocresía, lujo, riesgo, y cautiverio sobreentendido.


Si un individuo (miembro de tan digna familia) quiere sacudirse de ello y vivir una vida “normal”, limpia, moral e íntegra no podrá tomar la decisión de hacerlo puesto que ello supondrá de arranque poner en riesgo su propia vida y de hecho la de sus parientes, por los que seguramente sentirá sentimientos fraternales como es natural y sano. No me imagino, a la distancia a un hijo de Pablo Escobar, por ejemplo, que podría haber soñado con ser una maestro de escuela o una hija que tal vez quería ser doctora, ya que el estigma de su apellido y trajín de vida le cortarían de raíz su vocación y deseo de mantener una vida digna y sobre todo, alejada de ese entorno.

Hay familias en las que el libre albedrío se anula, en las que sus miembros por un tema de tradición deben seguir con los patrones establecidos por las generaciones anteriores y por los modelos impositivos (ya sean las empresas familiares que van por la vía legal y correcta, ya sean los grupos dedicados a la criminalidad). Se nace pues, con el sello indeleble de la carga familiar de la que no puede zafarse y por lo tanto el riesgo de la infelicidad, si no te alineas pronto y te adaptas, se posará sobre ese individuo como una suerte de nube negra.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tu comentario me hace evocar a Keiko, la hija de Fujimori. ¿Sabía que su padre dirigia una organizaciòn criminal? ¿Si sabía le parecía mal? Cuánta gente no es crítica con sus propios familiares, porque lo son y así se relajan los límites de moralidad. Vivimos en una sociedad donde los contornos de lo prohibido y permitido se difuminan. Esto permite "justificarse" a algunas personas. Laly

Maria Eugenia dijo...

interesante tu post, me hizo recordar que en mi familia existe un estigma, claro que yo no lo he sufrido por el tiempo transcurrido pero si lo padecio mi padre: su padre era cura, es decir que soy nieta de cura. Mi padre ya murio pero recuerdo que ese estigma lo siguio durante toda su vida, especialmente por vivir en una ciudad pequeña, en cambio yo recuerdo que cuando era chica decia como un chiste: "soy nieta de cura" y no pasaba nada.