Rayuela es uno de
los libros que he tenido una y mil veces en mis manos. De esos que te son
esquivos y que a la vez te atraen con brazos largos y envolventes…
En mi juventud universitaria iba y venía en mi maletín, leía
por ratos, saltaba de acuerdo al número que me indicaba, jugaba el juego de
Cortázar y por ratos, dejaba a Maga tranquila mientras que devanaba los sesos
tratando en encontrar una lógica a lo
ilógico del texto.
Cortázar me sedujo con sus
cuentos, aunque sigo sintiéndome una ignorante dentro de su obra. Nunca he
terminado de conocerlo, ¿se terminará de conocerlo? O es un continuo bienvenido al laberinto eterno…como
diría “Tiro de gracia”. En realidad
después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás.
Pero Rayuela
cumplió 50 años y me sentí en comprometida a celebrarlos porque yo también
cumplo la misma edad: La Maga cumplía medio siglo, y el Club de la Serpiente
también… será una metáfora que la vida me daba. Paso obligado entonces de
llegar a la adultez de la juventud con Oliveira de compañero. No obstante, ahora yo he puesto las reglas de
juego. En todo caso, entro al juego que plantea el autor: lee el libro como te
dé la gana… Finalmente, ofrece tres maneras de hacerlo. La experiencia trae
orden y he decidido hacerlo empezando por el 1, seguir con el 2 y así
sucesivamente.
De entrada, me sorprende una
frase maravillosa: Andábamos sin buscarnos pero
sabiendo que andábamos para encontrarnos y ¡pucha!
Sí que me alteró… qué cierta, qué categórica, qué bien encaja y seguramente le
pasa el 99% de los lectores. He leído Rayuela
volviéndome loca, confirmando una creatividad que tiraba cachetadas cada cierto
tramo del libro. ¡Dios literario que estás leyendo allá arriba! ¡Qué le pasó
por la cabeza a don Julio, ¡qué maravilla de locura! ¡qué anonadada me ha
dejado! ¡boquiabierta! ¡exhausta!
Solo en sueños, en la poesía, en el juego –encender una
vela, andar con ella por el corredor-nos asomamos a veces a lo que fuimos antes
de ser esto que vaya a saber si somos.
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