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martes, diciembre 02, 2014

¡Qué bonita vecindad!

En esto días que la muerte de Gómez Bolaños ha resultado más importante que el incendio de los Pantanos y la aprobación del Presupuesto 2015 me detuve a pensar en la huella que ha dejado en varias generaciones personajes que hoy me hacen reflexionar.

Las mujeres en la vecindad del Chavo parten de un estereotipo de la sociedad machista, quizás como consecuencia del machismo latino y especialmente mejicano. Me detengo en resaltar algunas características de estas.

a.    La Bruja del 71: una solterona amargada, odia a los niños, es fea y vieja. Terminaba malogrando siempre la poca diversión de la vecindad. Su presencia, por sí misma ya representaba el final de la alegría. No obstante, eso sí: al toque se ponía calentona al máximo ante la presencia de don Ramón, ergo… aguafiestas, aguantada y reprimida.

b.    Doña Florinda: viuda (abandonada), discriminadora –no te juntes con esa chusma- , amargada igual que su vecina, sin tiempo para sacarse los ruleros de la cabeza. Por encima de todo, madre castrante que no deja crecer al hijo manganzón y de nuevo, al igual que su vecina: arrecha ante la presencia del macho: el profesor Girafales. De nuevo una mujer aguantada y reprimida.

c.    La Chilindrina: manipuladora al máximo, niñita antipática, que busca siempre jalar agua para su molino. Aprovecha al máximo al padre, utiliza al Chavo y recurre al llanto cada vez que la ocasión lo amerita: invencible por sus lágrimas.

d.    La Pompis: la niña “putona” que hasta enseña un poco más su calzón con bobos para que los babosos de los niños le cumplan con todo lo requerido. Obviamente, la antagonista de la Chilindrina-: linda y bruta.


¿ Personajes cotidianos?¿educativos? Confieso, esta vecindad no me simpatiza.  

martes, octubre 07, 2014

Masoquismo musical o consuelo para el alma

La música suele estar en nuestras vidas desde siempre. Las canciones de cuna (si aún hay mamis que las canten), las de las infancia: “Los pollitos dicen”, “Arroz con leche, vamos escogiendo lo que más nos identifica, con lo que nos sentimos bien, con aquella combinación de tonos que nos produce experiencias agradables, definidas. Así, la música nos va a acompañando a lo largo de los momentos importantes. Se fija en nuestra memoria y regresa cada vez que la convocamos.

Pero hay algo que siempre me va a llamar la atención, solemos escoger determinadas canciones para los estados de ánimo, y claro, puede sonar lógico puesto que buscamos una simbiosis afectiva con nuestro entorno, un vínculo que refleja cómo nos sentimos en un momento determinado. Hay música para lo alegre, otra para lo desalentador, otra para la pena, otra para el amor.

No obstante, detengo mi mirada cuando estamos pasando por un momento difícil, nos refugiamos en canciones que nos recuerdan una y otra vez nuestra condición humana. No puedo olvidar que cuando una amiga muy cercana se separó, no dejaba de escuchar: “Me cuesta tanto olvidarte” cantada por Ana Torroja (bella versión, por cierto), o cuando una adolescente me decía que no podía olvidar al enamorado, escuchaba una y otra vez la canción en la que la preciosa voz de Cristina Aguilera decía: “pero me acuerdo de ti…”

Somos unos masoquista al escoger la música ad hoc, que nos acompañe en el sufrimiento. Una voz que cante nuestra angustia, que sienta como nosotros. Eso es la música, es el reflejo real de quiénes somos, de las emociones que nos rodean, del ambiente y escenario vivido.


No me imagino, en lo inmediato, a alguien que esté de duelo (real) tarareando “Happiness” de Farrell. Salvo que tenga unos “oscuros y profundos motivos”. Aunque les confieso, que a pesar de lo pegajosa y común que se ha vuelto esa canción, debería servir para salir del hoyo de en el que a veces nos sumimos con un coro que nos canta alrededor. Es como decidir en no comer nada porque estás triste... y morir en vida: o comerte un rico dulce para acariciar tu alma. 

martes, septiembre 23, 2014

Debilidades humanas

Lo que leerán a continuación es el fragmento de un artículo leído en El País, escrito por Borja Vilaseca: "La envidia y el síndrome de Solomon" (http://elpais.com/elpais/2013/05/17/eps/1368793042_628150.html).
Me llamó la atención la última parte de este, aquí lo comparto con ustedes:


Seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.
Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.
Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.
El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la futilidad de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Si lo pensamos detenidamente, tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas.
¿Y qué hay de la envidia? ¿Cómo se trasciende? Muy simple: dejando de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han permitido a otros alcanzar sus sueños. Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por desarrollar. En vez de luchar contra lo externo, utilicémosla para construirnos por dentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte –de forma individual– lo mejor de sí mismo a la sociedad.


miércoles, septiembre 03, 2014

Saber decir NO

No sé si es nuestra sociedad, nuestra idiosincrasia peruana o qué. Pero lo cierto es que seguimos teniendo miedo a decir que no. Ojo, no tiene nada que ver con quejarnos cuando nos mandan a hacer algo que se contempla dentro de nuestras responsabilidades y aunque nos disguste, carezcamos de tiempo tenemos que hacerlo.

Decir NO, es simplemente dar un mensaje directo. No quiero hacerlo, no puedo hacerlo, no es correcto hacerlo, no me provoca hacerlo, no debo hacerlo, y todas las variaciones que ustedes puedan crear. Tenemos miedo a que el receptor de nuestro mensaje se enoje o se sienta defraudado.  

Es más fácil decir sí que no. Es fácil hacernos querer, porque la gente dirá que siempre estás dispuesto, que “no sabes decir que no”.

Peor es cuando decimos no frente a una invitación. No tengo ganas de salir, pero buscamos excusas de cualquier tipo para evitar ofender. ¿Por qué tendría que ofenderse alguien si le dices la verdad con cortesía? Sin embargo es lo que vivimos en el día a día.

Cada vez que he visto alguna situación (mía o ajena) en la que se exprese la negativa de hacer o continuar haciendo algo, termina mal. Hay un ofendido, hasta se puede perder el saludo del involucrado. Como dice una amiga: “fui expulsada del reino por decirle a X que ya NO iba a poder ayudarla más, me condenaron al destierro social”. Solo me quedó aplaudir su decisión y confirmar la estrechez mental de ciertos individuos.

Igualmente, a veces decir no, es justamente la respuesta contraria que espera el que requiere: espera un SI, un tajante POR SUPUESTO. El "no" a pesar de ir acompañado de un argumento lógico y razonable le cae como balde de agua helada y se desilusiona al escucharlo. Se puede enceguecer y obnubilar tanto que es incapaz de analizar las razones reales y hasta sanas de la respuesta. 


Es cierto, es difícil recibir un NO. Pero hay que entender que en varios casos recibir un SI sería contraproducente y jugarnos en contra. Revisar razones, revisar argumentos, revisar coyunturas, nos guste o no. Tenemos que aprender a escuchar esa palabra, tenemos que aprender a decirla. 

martes, agosto 26, 2014

La culpa la tiene el micro ondas

¿Cuándo ha sido la última vez que hemos esperado pacientemente por algo? ¿es la inquietud que produce la impaciencia la que nos crea una angustia? ¿es la espera un espacio desperdiciado?

¡Mamá apúrate! No los hago esperar, paso por encima de mí misma para que los chicos no esperen, pero los chicos ya no tienen paciencia.  Me dice una amiga.

No puedo esperar a contarle esto a X. Se lo digo al primer conocido que tengo a lado y si no, qué más: uso el whatsapp. Solucionado, comunicados en lo inmediato.

Entraba hoy a mi cocina y me topé con el micro ondas. El plato caliente en menos de un minuto. Ya no tengo que esperar. Aprendo a usarlo, ya no tengo que perder tiempo al lado de la olla calentando la comida, para mí, para los demás. Dejo el plato servido y cuando venga el que lo necesite, solo tiene que meterlo en ese aparato moderno, creado para que no perdamos tiempo. Ya no puedo esperar, ya no sé esperar. El concepto de inmediatez cobra vida cuando pulso el botón y a los cincuentaicinco  segundos tengo frente a mí el placer de la comida caliente.

Los inventores de los electrodomésticos no solo simplificaron la vida: planchas, refrigeradoras, lavadoras, secadoras, entre todo lo que conocemos. No se dieron cuenta, no se percataron: contribuyeron enormemente a incrementar la impaciencia.

La paciencia es un arte, es –según los entendidos- uno de los rasgos que identifica mejor el nivel de madurez que un adulto pueda mostrar. Paciencia para hacer, para escuchar, para digerir, para trabajar. Y no confundir paciencia con lentitud. Pero ahora, somos los adultos los que les estamos enseñando a los niños a no saber esperar. Todo lo quieren ya! La pataleta está al orden del día si no lo consiguen. Los resultados tienen que ser inmediatos. Tienen que conseguir lo que quieren sin saber mirar el reloj, rodeados de bulla, sin silencio, sin pausa alguna. De ese modo, todos estamos resultando inmersos en la vorágine de la IMpaciencia. 

Paciencia: facultad de saber esperar, versa el Diccionario de la Real Academia. También habla de la palabra “tolerancia”. Es ese suspiro hondo y profundo que equivale al tiempo que tiene que transcurrir para que podamos alcanzar lo deseado.


El sabor de la comida calentada en micro ondas no es el mismo que calentado en olla. Y efectivamente, hay personas a las que ello no les importa. Sin embargo, tenemos que hacer un esfuerzo para notar la diferencia. 

miércoles, marzo 26, 2014

Mal de muchos

Muchos individuos tenemos la costumbre (no digo si es mala o buena) de compartir más información de la que nuestro interlocutor está con ganas de oír. Generalmente, ante una pregunta que podría responderse afirmativa o negativamente, damos un sinnúmero de explicaciones que resultan siendo un despropósito.
Al no poder asistir a un lugar, por ejemplo, no basta con “lo siento, no puedo ir”… hay que explicar por qué, cuál es el otro compromiso que impide nuestra presencia y desde luego, si la cosa se reduce a no tener ganas… no es políticamente correcto ser tan simple y honesto como: “no me provoca”, vade retro.
Cuando vamos al médico, la grandilocuencia aparece a mil, entonces una simple pregunta puede convertirnos en un narrador de cuentos. –¿Sufre de jaquecas?- y arranca la historia de cuándo, dónde, bajo qué circunstancias, que es hereditario, que cuando comemos chocolate se exacerba… - ¿y cómo va su presión?- , otro cuento bíblico.
Anoche, una entrañable amiga me contó una historia que me robo con alevosía y ventaja porque es digna de compartirla.
Como muchos fue donde un nutricionista para resolver su problema de sobrepeso. Ese mundo de la nutrición que además está lleno de preguntas sin resolver, mitos, leyendas y más. El cuento es que apenas llegó, percibió que el especialista en cuestión tenía serios problemas de vocalización, pero como dicen los chicos… “fluía”.
Se dio inicio a la consulta con preguntas de rutina… cuando llegó una que resulta fundamental cuando buscamos estabilizar nuestro peso: “¿cvkddkfdf de xdkimiento? Así, tal cual, esa fue la pregunta que ella escuchó, por lo que arrancó (y no paró): “Bueno doctor, tengo problemas para ir al baño…no tengo una rutina… en las mañanas salgo muy temprano a trabajar…creo que como muchas harinas, aunque a veces me ayudo con salvado…no me considero una persona del todo estreñida, pero creo que eso también me impide bajar de peso… cuando puedo tomo un batido de jugo de papaya con linaza, afrecho, limón, y guindones que funcionan, pero no siempre…porque como le dije, no tengo un estómago regulado, entonces es complicado… usted sabe… además, dicen que este problema en las mujeres es más grave…. porque claro, los hombres no son tan estreñidos…
Mientras tanto, el nutricionista la miraba pacientemente y aprovechando que ella tomó aire para respirar, él volvió a hacer la pregunta pero ahora sí, se esmeró en la vocalización: “¿fecha de nacimiento?....”
¡¡¡¡Gracias M, tu historia es sensacional!!!!!

martes, julio 02, 2013

Esclavo del silencio


La famosa frase “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla” siempre me ha parecido muy inteligente. Yo, en lo particular, suelo ser medio esclava porque cuando me pasa algo (bueno o menos bueno) lo comento con las personas  cercanas en la vida.

No obstante, ahora que somos emisores y receptores de nuestras vidas y las ajenas (en la medida en que lo queremos) a través de las redes sociales, el correo electrónico y los medios de mensajería instantánea, no somos tan esclavos. Hay tanta información, que aquello que dijiste hoy, se olvida mañana.

Pero me llama la atención, que últimamente percibo que uno es esclavo de lo que calla. Cuando uno tiene asuntos personales que por mil y un razones no desea compartirlos y de pronto, sale a la luz… muchísimas personas se sienten (o se hacen las) ofendidas porque no fueron partícipes de la noticias desde un principio. ¡Dios mío!

La escala de valorar lo público y lo privado también se está invirtiendo como muchas cosas en la vida. “Vicios privados, públicas virtudes” ya funciona al revés.

 

martes, septiembre 04, 2012

Lo actual

Hace días se ha comentado en la radio y la tv el caso de la niñita de tres años cuya joven madre quiso hacerle un piercing en la nariz. Ello ha generado protestas varias como era de esperarse. La idea de esta reflexión va más allá de asumir una posición a favor, en contra o neutra. Como acabo de decir, es solo una reflexión. Por otro lado, hoy vi a una niña en un supermercado con los ojos maquillados: sombras que hacían juego con su polo celeste y rimmel. ¿Alguien le dijo algo a la mamá?
 
En estos casos el analizar los aspectos culturales, aspectos sociológicos, antropológicos y todo lo -lógico podrían llenar varias caras de papel. El piercing de la nariz, el arete en el pallar,  la deformación del labio inferior, el vendaje de los pies impidiendo su crecimiento y la lista obviamente puede seguir creciendo. Igualmente, lo más probable es que todo parte de la premisa de una palbra que hay he usado: cultural. 
 
A mí me llama mucho la atención que cada vez más esta cultura occidental globalizad(ísim)a sea tan marcadamente intolerante con algo y tan ridículamente tolerante con otros aspectos. Para mí, no hay diferencia REAL entre el tema del piercing y el de la niña maquillada: lo siento. En un primer nivel, ambas madres utilizan a sus hijas como sus muñecas (seguramente como la usé yo cuando le puse aretes, le ponía dos colitas y le colocaba ganchos en forma de mariquitas). No obstante, al bajar a un segundo nivel, yo empiezo a ver: estigmatización...
 
Tengo una segunda idea, pero ya lo dejo para el siguiente post. 

martes, julio 03, 2012

De máximas y sentencias II

Por cuestiones cotidianas, por trabajo, por pura reflexión ha caído en mi cerebro una frase que solemos repetir con facilidad “nadie valora lo que tiene hasta que lo pierde”. ¿Es real? ¿es sabia? ¿es correcta?
La verdad es que a mí se me presenta como una suerte de frase marketera, una frase que pretende servir de consuelo pero que no llega a buen puerto, puesto que en el fondo lo que logra es hacer sentir peor a la persona que “pierde” algo o peor aún, a alguien. Ahora, si bien es cierto que puede aplicarse pero que sea una verdad categórica… cuestionable.
Pienso que esta frase podría ir de la mano con el “carpe diem” puesto que este clásico y hasta manoseado tópico latino viene a poner de manifiesto el disfruta lo que tienes, valora lo que tienes, vive el hoy… aprovecha el día. Ya ahí tenemos un primer paso de entender el “valora lo que tienes”.
Hablamos de bienes materiales, hablamos de personas, y si es de lo último es cierto que lo positivo, lo amable, los conflictos, las tensiones, los buenos ratos, se consumen en el devenir diario, si lo pierdo… ¿pensaré que no lo he valorado? O será más sano para el alma recordar los buenos tiempos. En una mano tengo una frase que siempre repetía mi padre “no hay muerto malo” y creo que eso se puede aplicar a todo y a todos. Lloramos y nos apenamos por el vacío, más allá de lo que la ausencia puede suponer.
No valoro lo que tengo hasta que no lo tengo… me lleva a un segundo pensamiento, ¿me valoro yo? ¿tengo que perderme de mí mismo para hacerlo? ¿tengo que saber que alguien valora mi pérdida? Sería mucho más sano trabajar en mi valía cuando la puedo sentir, y sobre todo, cuando la puede sentir el otro.
Reemplazo quizás la frase: nada en esta vida es imprescindible… y no deja de ser verdad, guste o no.

martes, septiembre 06, 2011

Cuatro preocupaciones cotidianas de la gente común

Hoy observaba a la gente “que pasaba y corría” como diría una antigua canción de Leonardo Fabio (asu!!!!) y se me ocurrió pensar en cuál sería la preocupación cotidiana que aquejara sus corazones. De hecho, uso la palabra cotidiana puesto que no quiero ahondar en problemas graves, de salud o existenciales, si no en lo que podríamos llamar: promedio. Esos que agobian al ser humano en su diario vivir.







1. ¿Cómo evitar el tráfico? Todos buscamos nuestras rutas, nuestros propios atajos, evitamos semáforos, atolladeros, policías; sin embargo, somos tan tontos que no nos damos cuenta de que todos hacemos lo mismo. ERGO, el tráfico es inevitable.








2. ¿Cómo hago para que me alcance "el vil dinero"? Todos tenemos nuestros gastos personales, nuestras obligaciones, nuestros problemas intempestivos de gasfitería (aquí sangro por la herida), el pecadillo, el antojillo. ERGO, el vil siempre se acaba.




3. ¿Cómo bajo ese par de kilos extras? Hagamos la Dieta de la Sopa, la Atkins, la de las Proteínas, contemos calorías, sáltate una comida, pan y agua, mejor lechuga y agua, SOS al nutricionista. ERGO, nos malnutrimos y no bajamos nada.








4. ¿Cómo hago para no seguir envejeciendo? Lo siento…no hay muchas opciones, porque inclusive salvo que seamos Dorian Grey o usemos técnicas artificiales cabe la remota posibilidad de que terminemos como Melcochita o Jimmy Santi. ERGO, hay que hacerlo con dignidad.






Si en alguna opción se sintieron medianamente identificados... llegamos a una conclusión. Somos más comunes de lo diferentes que nos han hecho creer que somos. ERGO, somos seres humanos promedio.

lunes, junio 20, 2011

"Yisusmeri"

Con la modernidad y la rapidez con la que vivimos -incluyo el crecimiento urbano “hacia arriba”-, el concepto de BARRIO se ha ido perdiendo, diluyendo entre los dedos y a veces, termina siendo curioso como los padres tratamos de explicarles a los hijos que intensa pudo ser la vida del barrio.




El juego en la calle, las tocadas de timbre, la “vueltita chonguera”, las reuniones en la esquina, la silbada en la puerta de la casa, las broncas, las carreras, las complicidades. En la calle (real y no metafórica) se da una historia diferente ahora… Antes, la vida estaba afuera, ahora la vida está en una reu, está en Facebook. Los chicos de ahora la pasan bien, no puedo negar que quizás hasta mejor, desde SU punto de vista, y acumulan historias geniales que también encierra la complicidad y aspectos similares. Sin embargo, hay cierta esencia que sí se perdió.

El fin de semana, fue testigo –no es la primera vez, desde luego- de una reunión de hermandad. La vida llevó a varios chicos, ya convertidos en hombres, en padres de familia, a migrar a diferentes partes del mundo, hace muchos años atrás. Sin embargo: el barrio está ahí.

A pesar de no tener al grupo completo, a pesar de que más de uno no estaba para compartir (y hasta defenderse de la joda del resto) la presencia emocional, la fortaleza del amigo lejano, estaba en la mesa en la que nos hallábamos sentadas diecinueve personas de dos generaciones diferente. Amigos, parejas, hijos, enamorados…mudos testigos de testimonios guardados con fidelidad en el lugar de la memoria colectiva.

Y entre bocado y bocado, y a medida que la situación iba acomodando los recuerdos y las historias comunes, empezamos a extasiarnos con historias del pasado en las que a pesar de que primara la travesura, la palomillada, los excesos que permiten la falta de responsabilidades concretas, las risas surgían una y otra vez espontáneas. Las historias, que se presentaban cada una más “terrible” que la otra… dejaban al final un sabor común: un vínculo intenso que pasa fronteras, cruza océanos y a pesar de las diferencias, los dolores compartidos, las broncas internas que cargan en sus historias, estaban ahí: reunidos alrededor de un mesa, siendo como son, contando aventuras, fanfarroneando entre ellos mismos, deteniendo la vida por un momento y recordando los tiempos despreocupados, los días de refugio...


En el recuerdo, el barrio surgió como el paraíso perdido.

martes, noviembre 09, 2010

Héroes de nuestro tiempo

Los tiempos alocados y complicados que nos ha tocado vivir se mezclan hoy con tráfico, construcciones, os de propaganda electoral, volquetes, calles cerradas y otras perlas más que el querido lector tendrá en su checklist del día a día.


Yo al menos, de todo este caos voy rescatando con optimismo algunas estrellas que sobreviven a ello, supongo yo con altas dosis de paciencia, Xanax, cafeína, manzanilla y cuanto tengan a su alcance para no perder la razón:


1. El peatón:


Así como nos podemos encontrar con uno que sea una bestia, asumamos que hay un peatón consciente, responsable y concentrado cuando va a cruzar la pista. Es un héroe, puesto que el otro día, detenida en el tráfico, observaba cómo una joven madre llevando a su niñito en un coche bastón trataba de cruzar la pista. Era evidente que su intención de hacerlo por el paso zebra, era inútil: en la inteligencia de llenar Lima de semáforos, al estar estos en "ola roja" y en una sincronización tal que ya parece "regla de menopaúsica" , todos los carros estaban bien plantado en SU zona y ella no veía un claro en el horizonte para poder cruzar... ¡Mi heroína!


2. El técnico de la computadora:


Pónganse la mano al pecho. ¿No se ha convertido este individuo en casi un miembro de su familia? No somos nada sin ese hombre. Funciona casi casi como un pediatra. Requerimos de sus servicios, llamamos y acude ni bien puede... puesto que más de uno necesita de su presencia; sin él nuestras vidas (y estrés) penden de un hilo y es el único que capaz de solucionar todo aquello que obviamente no tenemos ni idea de lo que ocurre. Nuestro cerebro accesorio, nuestra PC, tiene su propio terapeuta. Aquel que, a veces, ni nosotros mismos tenemos.



3. El profesor de manejo:


Son los menos, héroes anónimos, menores y no estrictamente necesarios en la vida de todos los habitantes de esta loca ciudad. No obstante, creo que deben tener su lugar en el "Panteón de los próceres". La tengo clarita. No tengo mucho que explicar tampoco: ¿quién en este maldito tráfico puede tener los huevos/ovarios para enseñarle a alguien a manejar?



En lo inmediato, estos han sido los míos. Seguramente ustedes tienen los propios.

miércoles, febrero 03, 2010

Los hombres también lloran

a mi amigo Alejandro R, porque me ha perseguido con la idea...
Muchos hombres fueron (y lo siguen siendo) criados bajo la premisa “los hombres no lloran” –porque ese terreno es exclusivo de las mujeres, evidentemente-. De hecho, debe ser uno de las mayores represiones comunes que además genera un estrés de la patada y por esta razón, está científicamente comprobado que justamente por eso las féminas sufren de menos males cardiacos que los varones.


El ridículo prejuicio- como suele ser- de mostrar el lado vulnerable del macho lo convierte, en ciertas, situaciones en un bloque de hielo poco sensible y generalmente, reprimido. La idea tampoco es que vaya por la vida con una labilidad incontrolable –cosa que injustamente me permito considerar un defecto- porque claro: ya estaríamos cayendo en la frontera del patetismo. Si ya una mujer llorona es poco soportable y provoca la burla de los demás…

Curiosamente, se dice que el mundo interior femenino es más entreverado que el laberinto del fauno (plata les apuesto que lo dice algún caballero); no obstante, creo que habría que considerar que el mundo interior masculino lo es más puesto que no suele exteriorizarse y la fachada que suelen mostrar es como la punta del iceberg: no logramos ver su verdadera dimensión.


La psique masculina se ha estereotipado con temas como el sexo, reconocimiento social, el trabajo, el macho alfa, entre los más destacables. No obstante, hay temas más importantes, sensibles y ocultos que se quedan en el baúl y que de hecho les pasan la factura; tal vez más que los elementos anteriores. ¿Dónde quedan las penas, las frustraciones amorosas, las pérdidas, las pataletas?

¿Cuándo vemos a un hombre llorar con una película, con un libro, con una obra de arte, con el amor? ¿Es la muerte, la única capaz de desgarrarle el corazón y exprimírselo de tal manera que vierta lágrimas por el ser que deja esta jornada? ¿Es tal vez, el alcohol el que puede lograr desinhibir su alma y lograr que baje la guardia y muestre su vulnerabilidad desnuda?



No obstante, creo que no hay nada más conmovedor que ver un hombre llorar. Y lo estoy diciendo en serio. Porque cuando un hombre llora, lo hace con fundamento.

domingo, enero 31, 2010

Carpe Diem en los tiempos modernos



Cuando uno hace las cosas que le gustan y no ofende a los demás considero que nadie tiene derecho a juzgar. Como sabiamente diría una amiga mía: cada uno es feliz a su manera. Si amas cantar: canta; si amas bordar, borda; si amas pintar, pinta; si amas leer, lee y si amas bailar: baila. La vida es suficientemente corta y vale la pena acumular satisfacciones en el alma.

Creo que en los ejemplos utilizados he podido ejemplificar acciones normales y cotidianas, históricas y que creo todas: son gratis. No se invade a nadie, no se molesta a nadie y por el contrario, lo más probable es que den alivio y felicidad en un momento adecuado. Se puede tener además un talento para ello, una especial inclinación que hace que, por ejemplo, al escuchar una tonada eche uno a cantar en la ducha, en el carro o frente a un público en una determinada ocasión. Es obvio que hay lugares y momentos en los cuales habrá que respetar ciertas normas de convivencia porque tampoco se puede hacer lo que uno le viene en gana cuando le vienen las ganas.


Por otro lado, hay ciertos códigos que suele manejar una minoría miope y cerrada, y que además está convencida de que sus propias reglas son las que deben ser las correctas, y se dan cuenta de que terminan siendo el reflejo de un pensamiento reprimido y hasta infeliz. Consideran incorrecto que alguien se vista de una determinada forma, o que alguien se siente con su guitarra en un parque a cantar, o que una pareja “rompa el hielo” en una fiesta al ser la primera en bailar. Pueden inclusive acusar a todos estos individuos de querer llamar la atención y dar por sentado varias tonterías más. Se enjuicia, se critica, pero no se toma en cuenta el sentimiento ni lo que pueda significar en esencia para los involucrados.


Esta vida ya tiene bastantes sufrimientos y el enjuiciar la felicidad ajena huele a mediocridad y mezquindad. Creo que por el contrario, hay que celebrar que todavía existan personas que sean capaces de disfrutar lo poco que se puede sin artificios materiales y no tenga vergüenza en mostrarlo. Justamente esa era la idea del antiguo tópico Carpe Diem: disfruta el hoy… porque el mañana es incierto.
Los dejo con este lynk que me mandó una gran amiga, toménse 7:04 minutos para disfrutarlo:

http://www.youtube.com/watch?v=MQlJ3vOp6nI&feature=related

Bye.

martes, noviembre 03, 2009

Un encuentro cercano

Me había preguntado alguna vez en qué pasaría si por un azar del destino alguien pudiera encontrarse “face to face” con uno de sus tantos ídolos del mundo artístico, aquel que las puede hacer cantar, bailar y divertirse hasta el amanecer. No sé… Juan Luis Guerra, Bacilos, Fanny Lu, Yandel, Jandy Feliz… pensando en aquellos más modernos. A mí me pasó con Jerry Rivera. Yo soy de esas fans de obvio perfil bajo, discretas, de esas que se saben sus canciones, y que cuando suena alguna se las bailas todas, todas pero nunca me he alocado por ir a un concierto, soy una fan a la distancia… Esta es la historia de mi encuentro cercano solo de primer tipo con Jerry… y va dedicada a dos amigas mías que sé comparten la pasión: Micaela Alemán y Natalia Succar.
I
Viajé a Chiclayo acompañando a JC a un congreso, al llegar al hotel vimos cierto movimiento en la puerta delantera y le pregunté al personal de recepción a qué se debía: Es que Jerry Rivera está aquí porque en la noche dará un concierto. Acto seguido, le clavé las uñas en el brazo a mi pobre marido y le dije ¡Me puedo morir! Jerry está AQUÍ!—dicho sea de paso, a JC también le gusta cómo canta...
II
Le pedí al de Recepción que me consiguiera un autógrafo que dijera para Micaela (mi hija)… qué roche pedírselo para mí…. El que estaba barriendo la entrada al notar mi emoción, se me acercó a decirme: Señora, Jerry está en el piso 5… Casi me muero… qué insinuaba…. Y yo le contesté: Qué pretendes que me meta a su cuarto!!!! No te pases!!!! Todo, por supuesto, entre carcajadas generales de nuestro grupo.
III
Por la noche al llegar al hotel lo vi pasar, una camisa anaranjada andante que se dirigía al ascensor y yo llenándome de valor empecé a seguirlo para pedir personalmente el autógrafo… Yo andaba a paso rápido, que claro con mis piececitos que calzan 35 no son ni la cuarta parte de un paso normal. El ascensor cerraba sus puertas con la imagen de Jerry al centro y yo, con voz apagada y tímida decía: ¡señor Rivera, señor Rivera…! Imagen muy bizarra por cierto, triste, quasi patética…
IV
De mañana, tomando desayuno con una pareja amiga, mientras que mi marido se había ido a una de las conferencias, vemos pasar a Jerry. Me pasa la voz el que barría (el mismo individuo). Acto seguido le pregunto a mi amigo Fernando: ¿tengo los dientes limpios? Pregunta lógica y humana, te imaginas que te vas a pedir un autógrafo y tienes un pedazo de huevo revuelto entre los dientes!!!!!!!! De espanto!!!!! Ante su respuesta cauta y tranquila de NO..., como buen caballero va a acompañarme (en ausencia de mi husband) pensando seguramente que después de tanta expectativa podría perder los estribos.
V
Jerry contestaba a una entrevista, y en eso una señora con cámara en mano lo interrumpe y le dice: ¿Me puedo tomar una foto con usted? El con seriedad casi casi colindando con la antipatía le dijo: Bueno… Inmediatamente después le tiré la cámara a mi compañero de dicha aventura rauda repetí la misma pregunta y mi gran amigo me tomó la foto con el susodicho cantante salsero: JERRY RIVERA!!! Después del click, Fernando me dijo: ahora me tomas una foto a mí!!!! Favor que cumplí a cabalidad, desde luego.

lunes, octubre 05, 2009

YO me amo a MÍ



Cuando yo era niña veía un programa cómico argentino (por malo por cierto) que era El Show de Pepe Biondi, uno de los personajes que este actor interpretaba era Narciso Bello, se amaba, se besaba las manos y tenía una actitud tan tan pero tan meamoamí, que la verdad le salía bastante bien.

Una de las personalidades más fascinantes que existe es la del narcisista. Suele ser un ser muy inteligente, que por casualidades de la vida se rodea de personas que no lo son tanto, o un poco menos. Lo más probable es que ello lo vaya descubriendo en su madurez y a veces, termina aprovechando esa ligera superioridad.

No se nace narcisista, como los grandes tipos de personalidad son producto de su entorno. Ya sea porque destacan en algo, o porque les alimentan la autoestima exageradamente, o porque los mantienen en raya y por eso quieren demostrar que son mejores que el resto… en fin: las causas pueden ser varias y algunas más profundas.

Encontramos algunos tipos de narcisos. Aquellos que son una especie de gurú en una familia por ejemplo: se le consulta todo. Aquellos que saben que hacen bien su oficio y no dudan en recalcar que nadie lo hace mejor. Aquellos que tratan con paternalismo al resto y terminan formando una especie de corte elitista como si solo los escogidos fueran dignos de su confianza (que otros tanto anhelan). Aquellos que tiene a alguien que les cuida las espaldas, le allana el terreno, le suaviza el ambiente, le evita molestias, vive a su sombra. Todos al final obtienen grandes dosis de aplauso, admiración y hasta ridícula veneración.

Por otro lado, hay simples mortales que de un momento a otro se ven atacados por un episodio narcisista y se sienten dueños del mundo, de la verdad, que le pueden cobrar a la vida alguna deuda pasada y pueden llegar a hacer cosas inimaginables que les trae una pasajera satisfacción. Después, algún “cable a tierra” los hace recuperar la sensatez para volver a la normalidad mortal.

Los primeros vuelan alto, alto, como el águila, tanto que a veces la caída resulta fatal. Los segundos, se caen, se sacuden y se dan cuenta de que cometieron una cagada, al creerse los dueños del universo por un momento.

Somos complejos, los humanos.

jueves, octubre 01, 2009

Comentario sobre el comentario

Sé que a veces por cuestiones de tiempo no puedo contestar los comentarios que mis amables lectores realizan en un determinado post. Hay una lectora, en especial: Laly Zuñiga, que además es una gran amiga que vive en la bella ciudad de Salamanca que reflexiona acertadamente siempre que tiene un poquito tiempo. ¡Gracias! Justamente, uno de sus comentarios es el que dio origen a este tema.
Laly comenta sobre "Familiares estigmas” :

Tu post me hace evocar a Keiko, la hija de Fujimori. ¿Sabía que su padre dirigía una organización criminal? ¿Si sabía, le parecía mal? (…).

Creo que aquí tocamos un tema un poco más profundo en el terreno familiar, puesto que los complejos de Edipo y Electra abundan en la política peruana (aunque en todos los entornos, en realidad). No hay que ir muy lejos para entender que a la Keiko la devoción por su padre la confunde, ella cierra defensa ante su progenitor, no ante el presidente y vive obnubilada en ese laberinto que la atrapa. Tanto como confundió a Lucianita León o a Silvana Montesinos…

Guardando las distancias entre cada una desde luego. El amor desmedido y la pérdida de objetividad las convierte en víctimas de sus padres que pensando en su propia satisfacción no vieron que tiraban caca al ventilador embarrando así a sus hijas, quienes quieran o no: cargan con ese estigma.
Electra es capaz de planear la muerte de su propia madre por pura venganza y manipula a su hermano para lograr su cometido. Su actitud puede verse claramente cuando dice: puedo perder un marido y reemplazarlo por otro, puedo perder un hijo y engendrar otro, pero un padre jamás recupera. Claro, que habría que saber que nunca tuvo hijos y tampoco marido… por lo que el único “amor” que tenía era el de su padre. Pero eso no se explica en el famoso “complejo”.
Hay inclusive, amores tan desmedidos y patológicos por el padre que existen mujeres que se casan con hombres parecidos, con ciertos rasgos de personalidad similares. Hay otras, que ante la muerte del susodicho viven una suerte de orfandad que se funde con la viudez en donde ya no sabes si siente como hija o como esposa frustrada.

No cabe duda, Freud tenía en la humanidad una galería infinita de “complejas personalidades”…. Y se debe haber quedado corto.

lunes, julio 27, 2009

y... cómo te lo digo?

Mi gran amigo el Diccionario de la Real Academia Española define EUFEMISMO, como: 1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.
Me parece tan "fino", tan "educado", tan "hipócrita" el hecho de que a veces no llamamos a las cosas por su nombre... me da mucha risa. Ya en Fuenteovejuna en un diálogo entre Laurencia y Frondoso se refleja una suerte de contrapunto entre estos dos personajes sobre cómo uno llama a la gente por no decirle lo que realmente es: Al justo mérito, dicha; /a la verdad, imprudencia; / cobardía a la paciencia;/y culpa a lo que es desdicha.

El otro día, y agradezco públicamente a mi compañero de tiempos colegiales Fernando Cazorla, llegó a mis manos una lista de ciertos eufemismos que han tomado mucha fuerza en el siglo XXI, cosa que en siglo pasado - que tal vez éramos menos encorsetados en algunos aspectos- decíamos de otra manera.

Por ejemplo, ya nadie usa la palabra solterón o solterona: solo o independiente es lo correcto. Todos mis amigos que eran malcriados en el colegio, ahora seguramente sus padres dirían que tiene ADD -sin diagnóstico, por supuesto-. El tipo que te supervisaba en el gimnasio, antes era un profesor de gimnasia... ahora, me encanta, es un personal trainner. Con la crisis global los despidos masivos se disfrazan de reestruccturación de una empresa.

Recuerdo que un eufemismo famoso era "gente de color" para hacer referencia a los negros, algo que nunca entendí porque yo no me veía transparente...

Para explicar lo que es un eufemismo a mis alumnos uso uno que los divierte mucho. Miren chicos, les digo, yo no puedo -de buenas a primeras- decirle a un padre de familia: su hijo es una bestia. Aunque lo sea, puede ser la cruel verdad, pero No puedo decirlo puesto que me quedaría sin trabajo. Simplemente tengo que indicarle: su hijo muestra dificultades en ciertas áreas que no debemos desatender... Todos mis alumnos entienden inmediatamente el concepto. Nadie pregunta si hablo de ellos, puesto que al captar la idea, ninguno se siente bruto.

Digamos que el manejo de un eufemismo resulta de tener un amplio vocabulario y una buena manipulación del lenguaje. La verdad por delante.

jueves, julio 09, 2009

Una soledad bien llevada

Una de las películas más lacrimógenas de Disney es El rey león y en algún momento hablaré de ella. No obstante, en esta ocasión pienso en una de las canciones Circle of life. La vida es pues un ciclo que repite generación tras generación y cada una de ellas se enfrenta a una serie de pasos similares en los que se siguen poniendo a prueba las fortalezas emocionales de nuestros complejos sistemas.

En el presente, la generación nacida entre los 50’s y los 60’s se encuentra (estoy generalizando, desde luego) en ese grupo humano que pierde a sus padres y a la vez sus hijos inician el camino de la independencia. Aunque siendo procesos totalmente diferentes ambos dejan huella perceptibles por igual.

El hogar empieza a quedarse un tanto vacío en el todo el sentido de la palabra, de ahí que los psicólogos hablan del síndrome del nido vacío, cuyas consecuencias en algunos casos pueden ser realmente funestas. El sentimiento de abandono y soledad puede ser inmenso si no se han fortalecido ciertos aspectos que servirán de norte en ese proceso. Sentimiento que puede llevar a tomar decisiones dolorosas y a veces equívocas.

Se deja de mirar hacia fuera (los padres) y se deja observar cada uno de los movimientos de los hijos (universidad, estudios en el exterior, trabajo). Se pierde pues la potestad sobre la vida ajena y de un momento a otro se recupera (si se tuvo) una independencia y un tiempo que llenar.

Se dice que es el género femenino (afirmación demasiado conservadora a mi gusto) quien sufre más del síndrome del nido vacío puesto que desaparece el motivo esencial de sus vidas: los hijos –y todo lo que traen consigo-. Ya no hay a quien vestir, a quien bañar, a quien dejar y recoger, con quien negociar un permiso, a quien defender de un profesor “injusto” o a quien justificarle los errores… Se ha una orfandad de madre: el hijo sufrió una metamorfosis y dejó de necesitar la protección que además: lo sofoca. Inclusive, contra más lejos se vaya de sus padres: mejor.

Crisis varias. Inclusive para ambos –padre y madre- que deben empezar a mirarse nuevamente a la cara, en el caso de haber dejado de hacerlo. No obstante, esa cara por el paso del tiempo ya no es la misma y en ese preciso momento es cuando se pueden dar muchos quiebres, de uno u otro lado.

lunes, junio 15, 2009

Reemplazos


En mi andar por el mundo me he ido dando cuenta de que los seres humanos tenemos una gran y casi siempre, patológica, capacidad de que cuando algo nos falta buscamos un reemplazo, no necesariamente igual al modelo anterior pero lo hacemos.
Por ejemplo, las drogas funcionan muchas veces para esto, el refugio y la paz que erróneamente muchas personas pueden encontrar en ella son pues el reemplazo al cariño, al afecto, a la capacidad de lidiar con los problemas y la cura a las carencias que cargan.
Si tengo hambre y me provoca una hamburguesa, simplemente reemplazo y me como una manzana. Sé que no es lo mismo, pero de alguna manera satisface mi necesidad y todos felices. ¿Realmente felices? O simplemente es un autoengaño que me dice es lo que tienes, o al menos en este caso, es lo más sano. Si me provoca fumar, me como un chicle. ¿Es reemplazo? sí, ¿me hace feliz? No. ¿Es bueno para mi salud? Indudablemente. Pero estoy cambiando algo por otra cosa como una suerte de premio consuelo.
¿Qué ocurre cuando hacemos lo mismo con los afectos? Esa famosa frase: un clavo saca a otro clavo, por ejemplo. Complicado sobre todo porque a veces reemplazamos a un novio con otro novio, a un mejor amigo con otro amigo, y peor aún a otros seres que en nuestras vidas han ocupado un lugar irremplazable y pretendemos hacerlo con otras personas.
Recuerdo como una lección de vida, cuando tomé la decisión de ligarme las trompas para no tener más hijos, tenía 35 años y para la mayoría de la gente que me rodeaba le parecía una decisión temprana. Sin embargo, mi ginecólogo me hizo una pregunta dura y sumamente inteligente: ¿si pierdes a alguno de tus hijos, tendrías un hijo más? Y agregó: porque si piensas así quiere decir que estás viendo a tus hijos como objetos y eso no es bueno. Pero igual tienes que plantearte la pregunta. Yo respetaré tu decisión. Me operé, desde luego.
Como ejemplo más encarnado pienso en Electra, uno de los personajes griegos más ricos de la tragedia clásica es la dueña de un famoso complejo (así como Edipo lo es del suyo). Es la versión del amor patológico que una niña siente por su padre y que de adulta, le es imposible superar. Electra en una de las tragedias que le rinden homenaje al mito completo pronuncia una frase contundente y lapidaria: Si mi marido muriera, puedo casarme de nuevo y tener OTRO marido, si mi hijo muriera, puedo concebir de nuevo y tener OTRO hijo. Pero el que ha matado a mi padre no se dio cuenta de que es irrecuperable .
Aquí no caben los reemplazos, aunque algunas mujeres con pena vuelquen el amor de hijas en sus maridos o peor aún, busquen a hombres parecidos a sus padres para seguir con esta relación patológica.
Los reemplazos emocionales son más peligrosos de todos. Ernesto Sábato (el penúltimo de doce hermanos) decía que él nunca entendería por qué le pusieron el mismo nombre de su hermano mayor muerto. EL no había llegado para reemplazar a nadie.