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martes, diciembre 16, 2014

Tema tabú

Antes de empezar a leer este post, advierto lo que encuentren aquí será pura crudeza, incluso irreverencia. Hoy hablaré de  la muerte, mil disculpas adelantadas si aun así lo leen y se sienten afectados: les advertí, educadamente y con cariño. So sorry!

1.
El culto a la muerte siempre me ha parecido extra dimensionado. Pero somos mortales y como seres humanos desde tiempos ancestrales tenemos la tendencia a rendirle culto al cuerpo que queda, cuando la vida ya no está.

2.
Así como hay “wedding planner” en algunos velorios me he percatado de que también hay “funeral planner”. Un caballero elegantísimo y educado que te va guiando durante el trance, se encarga de todo. Incluso te indica dónde debes sentarte a la hora del responso religioso (léase católico). No es un maestro de ceremonias pero permite que pongas toda la organización en sus manos. Tú solo sufre… yo me encargo del resto.

3.
Hace unas décadas atrás, en casa de un amigo, vi un álbum de fotos en el  que estaban las del velorio de su padre. Me pareció terriblemente escalofriante. Recuerdo que me dio ataque de risa, entre nervios, miedo, burla y pena. Sin embargo, debo reconocer que fue un adelantado a los tiempos que corren. Hace poquísimo he visto cómo una familia se tomaba una foto al lado de un columbario para colgar a imagen en Facebook… sobran comentarios: la gente está loca.

4.
“No hay muerto malo”. Sería genial escuchar esas elegías que a veces se hacen en los velorios una realista. A mí me hubiera encantado hacer una real, especialmente cuando escuché frases halagüeñas que eran de espanto.

5.
No creo en el culto a los muertos. Creo que en la memoria, creo que lo que llevo en el corazón, nada más. Mis muertos seguramente siempre extrañarán mi visita, pero como no creo en sus cuerpos no me hago problema. Pienso en ellos, los convoco en mi mente y con eso me basta.

6.
Creo que todos, internamente, tenemos una idea clara de qué queremos que hagan con nuestro cuerpo cuando nos vayamos de este mundo. Usamos ese verbo “ir”. Por tanto, estamos conscientes de que nos vamos NO nos quedamos. Algunos se lo contamos a nuestros parientes cercanos, sin llegar a saber si respetarán nuestra voluntad. Es solo una “wish list”, como la lista navideña.

7.
El muerto no tiene voluntad. Al final harán con él lo que los sobrevivientes quieran. El padre de un gran amigo que era médico, quiso que su cadáver fuera donado a la Facultad de San Fernando para que lo utilizaran los estudiantes. No le recibieron el cuerpo; las autoridades universitarias lo consideraron una falta de respeto. ¡No se pasen!

8

Dicho lo anterior,  cuando me vaya de este mundo quiero que me cremen pero mis hijos ya saben que no echarán las cenizas al mar, porque estar rodeada de agua me crea angustia. Sin embargo, qué importa, nunca me voy a enterar. Sin embargo, por historias vividas y porque no quiero que se queden físicamente conmigo de ninguna manera, espero que saliendo del crematorio y en su camino hacia sus casas, abran la ventana y rieguen ese cuerpo que me perteneció por los aires….

martes, octubre 21, 2014

De nuevo con lo mismo

Mis queridos lectores: Esta semana el blog cumple siete añazos! SIETE! y por coincidencias de la vida volví a oír una frase que me tortura el cerebro. Una idea de la que escribí hace unos meses atrás, pero hoy motivada por mi propia celebración, vuelvo a la carga.

No quiero ser elegante ni educada esta vez. Quiero ser cruda y directa y decir lo que siento. Tengo esta plataforma para hacerlo, la verdad es que ya me estoy cansando un poco de lo que es “políticamente correcto” y lo que debo o no debo decir por ser quien soy.

No puedo evitar sentarme frente al teclado pensando en la desacertada frase que un caballero pronunció bajo el cielo azul una tarde de octubre. No puedo evitar reflexionar y por lo tanto escribir (y compartir) con mis seguidores. No puedo callar porque siento que es un deber volver sobre lo mismo.

“Qué lindo trabajo, para una mujer, el ser maestra”…. Bastaría con colocar estas palabras en cualquier lugar, para que a más de un ser humano se le pararan los pelos y se condoliera conmigo, no sé si para reír… o llorar.

Me viene a la mente una lluvia de ideas, algunas las dije y algunas las guardé para este post de aniversario (disculparán el uso de mayúsculas, pero quiero DESTACAR mi tono).

1.  Comentario muy MUY equivocado. ¿Por qué la gente no se da cuenta que no es más que un estereotipo en donde relacionar: profesión/género es un craso error?  Ser profesor no va de la mano con una condición cromosomática (XY). Si además la historia les diera  la razón, el pobre Sócrates hubiera tenido que ponerse implantes para que alabaras su trabajo.

2.    Cualquier SER HUMANO puede ser profesor. NO tiene nada que las mujeres estamos más inclinadas a ser tolerantes y pacientes. A la mierda la paciencia…huelgan palabras.


3.    Ahora bien, me corrijo: no cualquiera puede ser profesor. Hay que tener vocación y huevos para hacerlo. Pararte frente a un salón de clase repleto de chicos no es cosa fácil. Yo me sacó mil veces el sombrero en honor a los profesores de primaria: son unos campeones: hombres y mujeres con huevos y ovarios. Materno/paterno, whatever!

4.    Cuando vinculan “lindo” “bonito” “mujer” “madre” me encolerizo. Ello implica limitar la creatividad de la mitad del planeta. Vivir en el pasado, ser prejuicioso, ser soberbio, ser atorrante.


5.    Si todos  los seres humanos viviéramos con esos estereotipos, ¿dónde estaría hoy Malala Yousafzai?  Su padre (hombre) es un héroe. Esa lucha, por aprender, por no enquistarse en el rol que la sociedad le impuso, la llevó al borde de la muerte.



Por favor, abran su cerebro y dejen de tratar a los profesores como los “pobrecitos” de la escala laboral. No los califiquen, no busquen adjetivos. Mejor callen. Mejor callen. 

viernes, octubre 17, 2014

La comezón del séptimo año

enpuntomuerto cumple siete años y tal como viene, seguimos.
Gracias enormes a los fieles lectores. 

Una celebración, un poema de Mario Benedetti.

COMO SIEMPRE
Aunque hoy cumplas
trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores

buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
y estés linda

casi no vale la pena desearte júbilos y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros

es obvio y comprensible
que las manzanas y los jazmines

y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros

y los cachorros extraviados
y los bichitos de San Antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos

de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices
cumpledías
acordate de esta ley de tu vida
si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza

de todos modos para vos no es novedad
que el mundo
y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.


miércoles, septiembre 10, 2014

Era ayer, y yo me acuerdo

Cuando nosotros éramos niños y espero que en el “nosotros” se incluyan muchos lectores, soñábamos con ser grandes. Ser grandes era señal de independencia, libertad, tener la sartén por el mango. En pocas palabras, poder hacer lo que nos daba la gana.

Creo que teníamos una ligera conciencia de que además, implicaba asumir ciertas responsabilidades puesto que del tipo de vida que habíamos llevado de niños crecíamos con algunas herramientas valiosas. Pedir permiso, respetar a nuestros padres, estudiar para pasar el año (aunque fuese raspando), estudiar al menos mes y medio en el verano si no pasabas, meternos en algún taller de vacaciones útiles, entre los que recuerdo. Un conjunto básico de muestras de responsabilidad que te obligaban (a veces a la fuerza) a asumir ciertos compromisos. En resumen, algunas pinceladas de preparación para la adultez.

Cuando los años iban pasando, muchos padres iban soltando ciertas amarras, permisos. Llegar un más tarde, quedarnos a dormir en casa de amigos, tomar el bussing solos, fumar. La lista puede ser larga, despendía en todo caso del estilo de crianza y nuestro comportamiento.

Jugábamos a romper las reglas, quién no. Jugábamos a tensar la cuerda, quién no. Jugábamos a subir la hora de llegada. Jugábamos, discutíamos, gritábamos, tirábamos puertas; sin embargo, sabíamos perfectamente que un NO era un NO, y que si levantábamos la voz más de lo acostumbrado algo perderíamos en el camino o cargaríamos con las consecuencias.

Queríamos ser grandes, liberarnos. Queríamos ser dueños de nuestras propias vidas. Eso quería yo, al menos, cuando era niña y más cuando fui adolescente. Cuando cumplí 18 años, seguía queriendo lo mismo y recién cuando empecé a ganar mi propio dinero pude “sentir”, realmente “sentir” que la independencia era algo más que hacer lo que me diera la gana.

No sé en qué momento dejé de ser adolescente para convertirme en adulto, supongo que esa línea difusa fue formándose de a pocos, pero fue duro. Fue una lucha dolorosa. Recuerdo algunas esporádicas peleas con mi madre, lágrimas, palabras mal dichas, frustración y euforia. Nada grave, no por ello menos doloroso.

Hoy, en pleno siglo XXI, vivimos una diaria contradicción. Los niños de once años aún no quieren ser como su mamá, quieren ser como su prima X que la pasa “chévere”; no le encanta jugar xaxes, quiere maquillarse, hacerse la Keratina, entre otras miles de actividades típicas de la adolescencia actual. Obviamente quien tiene Facebook publica parte de sus logros, sus viajes, sus gustos, mil detalles de su vida personal (e íntima).

Est@ niñ@ de once años, se le plantará a los papás, le dirán lo que quiere, cuándo lo quiere y cómo lo quiere. Reclamará cómodamente, conchudamente que “le llega esperar” y que “mejor vamos porque estoy abrumado@”. 

Dramatizará con todo el disfuerzo loco imitar formas de hablar: “ay oye”, “fácil que…”, “de la nada…”, “…qué te pescaste el fin de semana”. Verá algún reality con devoción porque le encantaría participar o tener el propio y le parecerá mostro, que “un murciélago sea un conjunto se islas”. 

martes, noviembre 20, 2012

Ella era una chica plástica...

Estaba tratando de recordar qué era lo más lejano que recordaba de mis juegos infantiles enlazada con la pregunta que me hicieron el otro día: ¿qué muñeca tenías de niña?

Cabe destacar que aquellos –como yo- que pasamos entre los cinco y los trece años aproximadamente entre 1968 y 1980 vivimos una época en la que no había nada importado, y muchos de los juguetes los habíamos heredados de nuestros hermanos mayores.

Yo amaba las Barbies. Las recuerdo plenamente pero eran las de los ´50s heredadas de mis hermanas, unas Barbies que hoy serían “vintage”, más duras que hueso de perro y plásticas hasta el tuétano. La ropa se la había cosido mi abuelita y cuando mis papás viajaban a USA, y traían algo para el ajuar de esta “estrella” era lo máximo.
 
Una querida amiga mía, tenía la mejor colección de Barbies que puedo recordar. La ropa, los zapatos, las joyas,,, destaco para su Barbie pelirroja, un vestido verde esmeralda hecho de tul que era maravilloso. Claudia Ferraro, te debes acordar de esto, ¿no? (hoy pienso en la actriz Cristina Hendrix y hago el enlace inmediatamente) Su papá además, que era una persona muy creativa, se había encargado de hacerle todo el mobiliario. Jugar a las Barbies en su casa era ir a Disneylandia.


Escuchaba el otro día una historia espectacular. Como no se podían comprar Barbies de Mattel... ¿qué podías hacer si no tenías al Ken? Una chica, de hecho, pensante y con genes de científica adelantada a su tiempo, encontró la solución: escogió a la muñeca más feúca, le cortó el pelo y con una vela le derritió las tetas: o sea, Ken caderón, pero Ken al fin y al cabo.

Yo tenía un cajón de juguetes de madera y allí se guardan las Barbies, Kens, Skiper, Tuttie… todas las tardes salían de ese espacio y sobre la tapa del cajón armaba la casa… lo que hoy sería “un loft”. Grabado en mi memoria está el día en que me fui sin ordenar y dejé a todos calatos para guardarlos al día siguiente… El grito: ¡Claudia! ¿¿¿¿Me puedes explicar por qué has dejado a estos muñecos calatos????? Yo tenía ocho años...

Estas muñecas acompañaron toda mi niñez hasta mi adolescencia temprana. Cuando tuve a Micaela, no dude en comprar cuanta cosa vinculada a estas pude para que compartiera esa misma infancia a pesar de la lejanía temporal.

Estas muñecas fueron las heroínas de mi infancia. Mi homenaje a las chicas plásticas.

lunes, septiembre 20, 2010

Hay mucho por hacer


Algunos meses atrás, escribí un post que trataba de la vejez. Creo que tomé el tema de una manera dura y sin ningún eufemismo (http://enpuntomuerto.blogspot.com/2009/06/un-tema-complicado.html ). Esto, porque generalmene volvemos tabú aquellos temas ante los cuales no tenemos valor de decir abiertamente lo que pensamos puesto que se considera políticamente incorrecto.

Justo, el sábado pasado conversaba sobre este tema y cómo a los viejos les faltaba un soporte emocional que fuera más allá del entorno familiar. Es decir, no se escucha mucho de psicólogos que se dediquen a hacerles terapia a personas mayores. Hablo de 75 para arriba... De hecho, quizás por un tema de cercanía generacional debería pensarse en terapeutas sobre los 60´s que quizás pensando en su retiro, pudieran dedicarse a darle una mano a aquellos seres humanos cuya parte final de la jornada los agobia.

Son pues, los viejos, los seres más incomprendidos y menos tolerados de nuestra sociedad. En ese aspecto hemos involucionado y hemos abandonado la riqueza intelectual, cultural y profesional de aquellos que han traído el mundo hasta este punto -en el buen tono de la frase-. Es cierto, que en algunas área se forman una suerte de "consejo de Ancianos" plausible y admirable... pero son los menos. Hay tanto por hacer...

Alguna vez escuché: cuando uno es bebé usamos pañales todo el día, nos cagamos y nuestros padres nos limpian y nos cambian entre sonrisas y dulces palabras, nos celebran un pedo, nos motivan y esperan nuestro eructo... Cuando somos viejos: todo lo nuestro apesta...

Aquí les dejo una peliculita de 5 minutos, me la envió mi amigo/sobrino Francisco Peirano, otrora mi alumnito...a quien como siempre agradezco sus valiosos aportes a este Blog.


http://www.youtube.com/watch?v=kckeoENihKM&feature=related


Tómense un tiempito, disfruten, reflexionen...

jueves, junio 18, 2009

Un tema complicado


El círculo vital de todo ser humano, y creo que sin equivocarme de todo ser vivo, resulta irónico e injusto. Vamos del origen, a la plenitud y luego al deterioro: esto por abreviar los titulares. Sobre ello, la ciencia lucha, el ser humano se niega y se convence de que puede retener el tiempo artificialmente, pero al fina: es un fracaso. Todos terminamos en un obvio estado deplorable. Soy cruda, pero soy realista.

La ficción ha pretendido reflejar el idea de hacer un ciclo al revés: del deterioro, pasar a la plenitud y luego al origen. Tengo tres ejemplos para ello: el cuento Viaje a la semilla de Alejo Carpentier -narración magistral por cierto-, un texto que creo que lo escribió Benedetti que termina diciendo que la vida debería terminar en un gran orgasmo y luego, la producción hollywoodense El extraño caso de Benjamin Button. Las tres justamente dejan como una suerte de lección que el ciclo debería funcionar completamente al revés. Podríamos hablar tal vez de un error de la naturaleza...

La vejez es una degracia. Efectivamente pareciera que es el momento en el que algún dios travieso y sarcástico decide reírse de la soberbia humana y convierte a todos por igual en seres que terminan su vida con una serie de sentimientos encontrados: frustración, dolor, incapacidad, el sentirse una carga, culpa, miedo, resignacíón, cólera, y una eterna tristeza.

Siempre me han molestado los eufemismos, siempre me ha molestado que no seamos capaces de enfrentar la muerte y la vejez como un proceso desgraciado -pero natural- de la vida, especialmente esta última. Sí pues! La vejez es una mierda...

Ese tema de que en algunas civilizaciones, tribus o algún lugar del planeta los viejos son venerados por su sabiduría, etcétera, etcétera termina siendo en el mundo occidental una suerte de leyenda urbana. Porque una vez que el cuerpo, la maquinaria tan perfectamente creada por Diosito o la naturaleza empieza a fallar y no hay solución comenzaron los problemas. Debo aclarar que aquí no hablo de patriarcas, no hablo de personajes que con mucha suerte llegan a los noventa años y están enteros. Me saco el sombrero por ellos y envidio sanamente su estado.

Yo pienso, yo pregunto: si los científicos son tan pero tan capos para inventar tantas cosas cuándo llegará el día en el que el ser humano tenga un chip que uno pueda simplemente desconectar cuando vea que el ciclo está a punto de acabarse y es mejor retirarse con la frente en alto...

Tema polémico.

jueves, agosto 21, 2008

...a mitad de camino

Mi carga genética me obliga a pensar que lo más probable es que yo me acerque a los 90 años de vida. Ergo, ello significa que la semana pasada llegué a la mitad del camino, y preguntarse algunas cosas puede ser válido.
Hay un programa bastante bueno que se llama Actor's Inside Studio, en donde entrevistan a actores consagrados. Al final, el entrevistador le hace el TEST de Bernard Pivot, cuyas respuestas son realmente interesantes. Pivot es un periodista y crítico literario francés que tiene un programa (dicen) muy bueno en la televisión francesa. Decidí contestar el test a ver si la edad me había dado cierta sabiduría y sensatez. Comparto las respuestas con mis fieles lectores, quienes juzgarán lo que sea necesario y de paso, los invito a "autocuestionarse".

1. ¿Cuál es tu palabra favorita?
PARALELEPÍPEDO (me parece tan completa, tan fuerte)
2. ¿Cuál es la palabra que menos te gusta?
DESIGUALDAD
3. ¿Qué te excita creativa, espiritual y emocionalmente?
LA INTELIGENCIA (todas) BIEN UTILIZADA
4. ¿Qué te apaga o desanima?
LA MEDIOCRIDAD
5. ¿Cuál es tu mala palabra favorita?
HUEVON, HUEVEAR y sus derivados. Creo que el campo semántico de la palabra huevo es genialmente prolífico
6. ¿Qué sonido te gusta?
LA RISA DE MI MARIDO Y DE MIS HIJOS
7. ¿Qué sonido detestas?
EL QUE PRODUCE LA MAQUINA DEL DENTISTA
8. ¿Qué profesión además de la tuya, te gustaría intentar?
ALGUNA VINCULADA A LA MÚSICA
9. ¿Qué profesión u oficio no quisieras tener que ejercer jamás?
CIRUJANO PLÁSTICO
10. Si el cielo existiera, ¿qué te gustaría que Dios dijera cuando llegues a sus puertas?
PRIMERO: ¿VES? SÍ EXISTO. ¿POR QUÉ DESCONFIABAS TANTO?
SEGUNDO: PASA.. COME LO QUE QUIERAS, AQUÍ NO VAS A ENGORDAR, TU CUERPO SE QUEDÓ EN LA TIERRA.

lunes, agosto 18, 2008

Olimpiadas, las de mis tiempos...


Estoy frente al televisor viendo por un canal nacional la lucha de Nadal con el chileno Gonzáles por la medalla de oro. ¡Buen partido! Sin embargo, es bien poco lo que he visto de Beijing 2008 juegos tan cuestionados. La niña fea que canta lindo y la niña linda que no canta nada. Los aplaudidores contratados… en fin.
Me embarga una tristeza enorme por el hecho de no haber podido pegarme a la pantalla en las competencias de gimnasia acrobática. Soy una fiel admiradora de esa disciplina desde que tenía 12 años y vi a la gran Nadia Comaneci en las competencias olímpicas de Montreal en 1976. Desde luego que yo tenía esa gran fantasía: volar por los aires, caminar sobre la barra de equilibrio; fantasía complicada porque la redondez de mi figura y la lujuria con la que, en esa época, devoraba los panes de molde con mantequilla me lo impedían (era lujuria, no era gula). Hoy, mi religión nutricional me impide hacer eso con los panes y con mis recién cumplidos 45 años no me puedo parar con equilibrio ni siguiera en un step.
Extraño a Pocho. Para los que no lo sepan, Pocho Rospigliosi hace unos 30 años tenía un programa que se transmitía los sábados y los domingos llamado “Gigante deportivo”, no recuerdo muy bien el horario, pero me parece que era de 12 del día a 5 de la tarde. En esa época se acuñaron frases como:…. Ya vienen los goles de Cubillas! Frase con la que Pocho nos amenazaba todo el día, cuando al final del programa pasaba los goles del “Nene” en México 70. Varios comentaristas deportivos le hacían compañía. Coco Cárdenas era uno de ellos, que en realidad estaba tan viejo que estaba en categoría Muppet. Imagínense que él había sido profesor de “Gimnasia”-como se le decía al curso de Educación Física- de mi madre en los años 30! Todo un Tutankamón deportivo.
"Gigante deportivo" era un templo del deporte. Una ventana a todas las disciplinas, aunque como siempre el fútbol era el hijo predilecto. No obstante, en época de olimpiadas te dabas una “panzada” de atletas en todo el sentido de la palabra. Extraño a Pocho. Esgrima, gimnasia, natación, tiro, artes marciales, volley, nado sincronizado, waterpolo, etcétera, etcétera, etcétera.
La famosa globalización me quitó las olimpiadas. Ningún canal de cable por el que pago un servicio mensual es capaz de brindarme la satisfacción de admirar a los grandes compitiendo entre grandes. De los cinco o seis canales dedicados al deporte, ninguno le ha dado la atención que se merecen. Es cierto que un canal nacional hace su mejor esfuerzo, pero no es suficiente. Te da pedacitos de olimpiada.
Pruebo acordarme de aquellas que viví : México, Munich y los terroristas, Montreal y Nadia, Moscú y el boicot, Los Angeles, Seúl y la medalla de Plata de nuestras voleibolistas..., Barcelona y luego me confundo. La memoria más cercana me empieza a fallar.
¿En qué momento han empezado a alejarse de mí? ¿Tal vez cuando la política, el dinero y los medios empezaron a utilizarla este macroevento como “cancha” de sus propios intereses?
Extraño a Pocho, aunque tuviera dientes de conejo, cara de pavo y hablara tonterías de vez en cuando.

viernes, agosto 01, 2008

Conversemos

Cuando mi generación era adolescente y caminaba a paso seguro hacia la adultez nosotros pasábamos largas horas conversando con nuestros amigos acerca de millones de cosas. Entre ellas recuerdo: origen del mundo, existencia de Dios, madurez, nociones básicas de comportamiento político, el Che, la guerra fría, la vida después de la vida, etc. etc. etc. Digamos que ubico estas conversaciones entre mis 13 y 18 años, en una época en la que lo más moderno en cuanto a tecnología se refiere era el Atari, el Walkman y la máquina de escribir eléctrica con “bolita”.
Era pues el placer de la conversación aquél que consumía nuestro tiempo muerto, nuestras horas libres, en un cara a cara grupal en donde saber fundamentar era lo más importante. Recuerdo alguna vez que estando en Primero de Media una tarde completa hablando con mis amigos de colegio sobre qué sería si la realidad fuera un sueño y viceversa…. Seguramente más de un lector pensará: qué tal pérdida de tiempo…. Como si con ello fueran a arreglar el mundo. Hoy, me es imposible imaginar a un chico de 12 ó 13 años hablando de un tema similar. Y de hecho, si lo hiciera sería el "raro" del grupo.
No obstante, mi punto es el siguiente: cuánto de esto se puede conversar en un mensaje de texto a través de un celular, cuánto a través del Messenger, cuánto se está perdiendo esta generación que mantiene pocas conversaciones cara a cara. Estos chicos que pocas veces pueden disfrutar de largas sobremesas porque hay que salir corriendo porque cada uno tiene sus propias cosas que hacer… La riqueza de la conversación empieza a reducirse a ciertos monosílabos o frases conocidas como sí, no, no sé, como quieras, me da lo mismo, y algunas otras más.
He sido testigo muchas veces de cuántos mensajes se malentienden porque le dejamos todo a la palabra escrita y falta el gesto, la modulación, el movimiento de manos por decir lo menos. A mí sí me ha generado algunas frustraciones, por cierto.
La conversación es pues un arte: la dinámica de intercambiar ideas, fundamentar tu postura, saber escuchar, hablar en el momento indicado. Ello supone una estrategia importantísima en donde muchas veces puede entenderse como un juego de ajedrez. Justamente quien maneja mejor ese arte sabe cuándo mover las piezas de manera adecuada.

lunes, mayo 05, 2008

Sunday, sunday

Pensaba en cómo solemos pasar los domingos hasta la hora en la cual el lunes se nos avecina y nos amenaza con las garras del trabajo y el stress.
Mucha gente tiene ciertas rutinas a las que no se puede dar el lujo de abandonar ni por un momento, unas porque es pecado, otras porque resultan una herejía familiar: por ejemplo ir a misa o realizar visitas familiares.
Cada ser humano, o cada familia establece sus propias dinámicas en un día en el que la gran mayoría tiene varias horas del día a dedicarse al ocio y no al negocio ( del latín nec – occio : negar el descanso)
Por ejemplo, sería interesante ver cuántos hacen compras todos los domingos, o acuden a los centros comerciales. Ni qué decir de la afluencia a cuanto restaurants existe, el Delivery hace su agosto los domingos y a cualquier hora del día, puesto que ese día la anarquía se hace presente hasta en los relojes. Se desayuna tarde, y se almuerza más tarde todavía.
No obstante, a eso de las 6 pm, se siente una atmósfera diferente (en mi hogar se percibe hasta por los poros): el lunes nos empieza a amenazar, hay que revisar las cosas pendientes para el día siguiente. La angustia de la semana que se viene empieza a estresarnos así como los buenos planes que podemos tener en ella. Y luego sabemos que serán casi seis días en donde una oscura rutina nos trague para darnos una corta tregua de un domingo cualquiera.

sábado, febrero 23, 2008

Cualquier tiempo pasado fue mejor?



Cuan presto se va el placer
cómo después de acordado
da dolor
cómo a nuestro parecer
cualquier tiempo pasado
fue mejor
(Jorge Manrique 1440-1479)


Soy una mujer nacida en los años 60's (uff, lo dije!!!) y cuando primeros síntomas menopáusicos empiezan a amenazarme, decidí que era bueno recordar varias cosas de mi infancia y adolescencia que de hecho deben estar en la memoria colectiva de muchos o en el canal Retro.
1. Las canciones de la nueva ola, como las de Tormenta, Silvana di Lorenzo, Chicago, Olivia Newton John, Tina Charles y por supuesto Michael Jackson cuando era negro. Ahora mi hija las baila como nosotros bailábamos el Mambo de nuestros padres.
2. Las maravillosas series como El gran Chaparral (qué churro era Blue!), Combate, La isla de Gilligan, El túnel del tiempo, Ultraman. Y por supuesto, los dibujos animados como Los Picapiedras, Johnny Quest, La princesa caballero, Fastasmagórico, El hombre par, entre mis preferidos.
3. Si de compras se trataba, ir a "Larquear" era un clásico, me tomaba la 59 B que me dejaba en el cine El Pacífico y caminaba con mis amigas hasta Benavides. Íbamos a El Suche, a Los duendes, a Benavides 500 todos pequeños centros comerciales llenos de boutiques que vendían chuchería y media. Las grandes tiendas como Scala Gigante y Oeschle. Luego llegó Camino Real con sus cines, su pista de patinaje y sus miles de tiendas con maravillosas vitrinas. Hoy la mayoria de las tiendas ya no existen, pero igual hay donde comprar. La avenida Larco ha sobrevivido pero el CC Camino Real vive una larga agonía.
4. Ir a comer helados a Lamborghini, o una Copa Manolo que venía con una Luz de Bengala, anticuchos en el Estadio, tomar lonche en la Cafetería Todos en el Centro Comercial San Isidro (ese recuerdo lo tengo grabado porque cada vez que mi padre se cortaba el pelo cada 4 sábados después comíamos unos maravillosos sandwiches de tocino y rematábamos con unos "hot cakes" con miel). Ahora mi maestra y guía de la nutrición me tiraría por la ventana si hiciera esto último... -pero creo que le voy a sacar la vuelta-.
5. En mi niñez y adolescencia gocé con películas como Romeo y Julieta (de Zeferelli) en el cine Montecarlo: Matinee en Mezaninne -ya parece un código encriptado- , Dr. Zhivago. Regreso a casa, Saturday Night Fever, Papillon, Las tres caras de Eva, y cientos más. Ahora las veo en formato DVD -no hablaré de su origen- algunas las disfruto, otras me causan tanta desilusión....
6. Ternos blancos, patines de cuatro ruedas y freno frontal, peinados a lo Farah Fawcett, El hombre nuclear, Rocky, El exorcista, pantalones acampanados, las hombreras inspiradas en al novela "Amazonas", la toca (hoy en su versión alaciado japonés), la familia Ingalls, la Kola Inglesa, el chocolate Olympo, los Picolines, el BBQ y su caballito, La Herradura, la orquesta de los Hermanos Silva, Argentina 78, el bronceador Rayito de Sol, las toallas higíénicas con cinturón, el chicle Sour de Adam's, el sandwich de pollo del Oscar's, el Davory, en fin.
7. Los comics: Archie, Sal y Pimienta, Lorenzo y Pepita, Superman, Susy -secretos del corazón-. Confesaré que fueron las primeras lecturas que devoré por lotes.
8. Los discos 45 rpm, el aparatito con el que podías poner varios discos a la vez... la Parranda de Panamá y mis primeras fiestas en la casa de mi amiga Magalli y los primeros "lentos"... -se han dado cuenta de que ya no tocan "lentos" en las fiestas????-.

CONCLUSIÓN:
Me queda claro que cada uno guarda sus recuerdos en un "file" especial de su disco duro. Hay recuerdos que uno comparte con los amigos, y que a medida que pasa el tiempo, les tenemos más cariño. Inclusive, algunos que en su momento pudieron ser dolorosos, hoy tal vez los veamos con menos rencor.

jueves, febrero 07, 2008

¿Preocupación meteorológica o cronológica?

Cuando uno comienza a vivir la juventud de la madurez (eufemismo más bello no he podido conseguir), confirma que empiezan a surgir ciertas preocupaciones compartidas. La gente empieza a darle más importancia a su apariencia física, se obsesiona con aquello que empieza a caer, es decir: el tiempo nos ayuda a confirmar que Newton tenía razón.
En la mujeres el asunto es más visible y cuando nos miramos al espejo, éste nos devuelve una imagen que día a día nos va diciendo: "mi querida, el tiempo pasa nos vamos volviendo viejos pues el pellejo no se refleja como ayer y se cae y se cae inevitablemente. Es cierto que las cirugías ayudan, pero finalmente los métodos artificiales nos terminan convirtiendo en seres que no somos, puesto que en nuestra real carga genética no existen unas tetas talla 40 y bien paradas, un cutis sin tendencia a las manchas, un cabello castaño dorado, y unas mejillas recién planchadas.... por más cirugías que muchas tengan encima el DNI marca una fecha real y nuestro ADN también.
En el caso de nuestros cohabitantes planetarios -los varones- hay una preocupación extra: el vigor sexual. No por nada la famosa pastillita azul (otro eufemismo) ha logrado posesionarse del mercado con tanta fuerza y sirve de muleta cuando la gravedad (maldito Newton nuevamente) también causa estragos en una zona muy concreta y a veces en el momento menos oportuno dejando mal parado (no pude decirlo mejor) al mejor de los mejores...
¿Qué queda entonces por hacer cuando la vida nos lleve poco a poco, silentemente, a guarecernos en los cuarteles de invierno (frase robada)?
Aquí les dejo una suerte de respuesta, un texto ajeno (de Angeles Mastretta):

Nostalgia
Cristina llevaba cinco años viuda. Su amiga la veía recomponerse poco a poco, pero aún la veía triste muchas tardes y se empeñaba en presentarle hombres distintos a los que ella siempre encontraba aburridos y tontos.
-Si no los quieres para que escriban una tesis... ¿no extrañas el sexo?
-¿El sexo?- dijo Cristina-. Eso, mira, se te olvida. Caminas, haces yoga, te masturbas. Pero la conversación. ¿ Cómo construyes veinticinco años de conversación? Eso no se suple. Para eso no hay remedio.