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martes, enero 27, 2015

De regreso... María y Juan

Y regresamos a una de María y Juan, puesto que andaban muy olvidados pero de un tiempo a esta parte, el público ha reclamado y un espécimen del género “juanesco” también. De hecho, las situaciones hilarantes nos divierten a todos y qué mejor que reír ¿no?

Este post está dividido en dos secciones, pero el eje es el mismo: Juan frente al timón. Cabe aclarar que hace mucho tiempo que él casi no maneja. Por razones inútiles de explicar, se desplaza gracias a un ángel de la guarda que lo lleva y trae. Está lejos de la órbita de María que pasa frente al volante por lo  menos unos cien minutos diarios solo para trasladarse al suyo. No obstante, ella ha tomado como copiloto no a Dios, como dirían algunas calcomanías, sino a Mister Zen quien la ha ayudado a tomar un tono resignado ante las combis, los micros, los buses, los taxis y los moscardones hechas moto taxis. Deja pasar a todos, aplaude (literalmente) a los prepotentes, imbéciles y conchudos que se cruzan a tu antojo. Pero bueno, hablaremos de Juan y no de María.

Una segunda aclaración, Juan se está volviendo un cascarrabias con la edad. Pasa con todos los Juanes (y con algunas Marías también, ojo). Pero viene a mi mente ese personaje de dibujos animados: una familia de ¿”osos”? granjeros en donde al padre le decían “Ehhh paaaaaá” y él, lo único que decía era: “mrñrmrrrmrñrrr”,  con una mezcla de Grumpy de los siete enanos y el Pitufo gruñón. Es decir: un blend.

Juan parquea en el distrito S

Todos los sábados (o casi todos) Juan se desplaza en carro a dos bancos que se encuentran en el distrito S. Como alguno de ustedes sabrá, existen zonas de parqueo municipal en las que hasta los quince minutos tienes tolerancia y luego hay un cobro cada media hora. 

Cuando Juan estaciona mira su reloj y calcula su discurso para cuando regrese al carro. Al hacerlo, María que suele acompañarlo, siempre le pregunta: ¿te vas a pelear o no? Porque este diálogo es un clásico:

-Señor, es un sol.
- A ver, ¿a qué hora he llegado?
- A las 9.45 y son las 10:20.
- Te equivocas y me quieres cobrar de más. “mrñrmrrrmrñrrr”,  que toda la vida me quieran cobrar más de lo que corresponde. “mrñrmrrrmrñrrr”. Y más de “mrñrmrrrmrñrrr”…
(Entiéndase que “mrñrmrrrmrñrrr” no lo uso para esconder una lisura… Es que Juan murmura así… siempre, siemprísimo)

Esta escena, es repetitiva. No es la mala onda de Juan, es que reniega por tonterías, y esto del manejo, el parqueo, el que le cobren de más (aunque sea cincuenta céntimos por abuso) no va con él. No cree en Mr. Zen, porque es seguidor de Mr. Estrés.

        Juan y la playa de estacionamiento

La modernidad llegó a Lima hace muchos años, por ello tenemos en varios lugares estas máquinas que emiten los tickets de parqueo, te saludan: Bienvenido a XXX PXXX  y que luego de su pago, introducimos estos tickets en las máquinas parlantes que se dicen: gracias por su visita, vuelva pronto.

Segunda escena clásica:  al ingresar y recibir su ticket Juan le contesta a la máquina: bienvenida tu abuela…. En tono graciosito, casi Machín de Pataclaun. Pero la cosa quedaría ahí si no fuera que a la salida y cuando la voz de la máquina le agradece su visita, el nivel de joda llega a mayores y le contesta matándose de risa; ya ya que te vaya bien y que te vayas a la #$$#%#! Pero lo hace feliz, liberado, totalmente desestresado.  

Y María, testigo de su felicidad, piensa: ¿Cuando Juan está al timón, tendrá doble personalidad? ¿Hasta qué edad podrá tener brevete?

martes, enero 14, 2014

María y Juan van de compras


Antes de empezar a escribir este post, quiero aclarar que estas reflexiones se basan en la observación detenida de cualquier pareja escogida al azar, un día que fui sola de comprar. Si bien es cierto, cualquier Juan que lea esto o cualquier María, puede estar sujeta a la identificación total o parcial de la situación. Sin embargo, puede que tengan otro modus operandi o ello se regule de acuerdo a la tienda o a lo que se compre. La escena que les presento es la promedio.

María va a hacer compras y convence a Juan de que la acompañe “un ratito” nada más. Primera ingenuidad. Aquí, los ratitos ya no existen. Ya sea por el tráfico, por la cantidad de gente que siempre está en las tiendas, o porque a pesar de que hay cuatro cajas registradoras juntas solamente atienden en una. ¿Me equivoco? ¿Alguna vez han tenido el privilegio de ver operativas todas las cajas a la vez?

María tiene alguna idea de lo que quiere comprarse. Pero sumamos la segunda ingenuidad: antes de llegar a su objetivo, se lo cruzan otros objetivos no contemplados en su plan de acción. Una blusa más, otro color de polo, un pantalón por siaca, unos calzones que están de oferta. Surge la pregunta interna ¿qué vine a comprar?

¿Juan? ¿Dónde está Juan? Juan solidario acompaña. Mudo, obnubilado por las innumerables escenas dubitativas de María que le pregunta con tono lastimero: ¿me queda bien? ¿lo compro? Y él, con un gesto innatamente resignado le dirá: claro… si te gusta…Tercera ingenuidad: aquí no hay anuencia, no hay aceptación. Solo hay que leer entrelíneas e interpretar: para qué &%%$& me vine acá…o apúrate….o para mí todos son iguales…..o le queda como el pedo, pero cómo se lo digo.

Mientras ella sigue decidiendo, Juan (qué viva la modernidad!) acude a su salvavidas: el celular. Revisa una y otra vez su Facebook, sus mensajes, sus llamadas perdidas, se queda en pausa contemplando la pantalla. Cuando se cansa, puede que encuentre a otro Juan en su misma posición y cruza mirada con una sonrisa solidaria de dos desconocidos que se encuentran bajo la tormenta.

El post debería llevar otro título: María va de compras… Juan la acompaña.
También vendrá: Juan se va de compras y María lo asesora.

martes, marzo 20, 2012

1/10 del hogar




La historia de hoy nos recuerda a un Juan y a una María que hace tiempo tengo muy abandonados. Debo aclarar que estos Juan y María son personajes ficticios pero que de una u otra forma reflejan ciertos comportamientos que algún lector podría ver en sus vecinos, en sus amigos, o desde luego…en ellos mismos.


Juan y María se van a mudar en 5 meses. Viven en un espacio que tiene una cocina enorme, sala, comedor, escritorio, cinco dormitorios, dos salitas familiares, cinco baños, terraza, jardín, etcétera que es un etc amplio por eso lo escribo completo. Se irán a un departamento que se reducirá (solo por comparación) a 3 dormitorios –cada uno con baño- , 1 escritorio, sala-comedor, cocina, baño visitas, zona de servicio.


María, desde luego, ya empezó a organizarse. Ha empezado por sacar de la casa ciertos objetos que no se llevará porque no van con su estilo o porque ha decidido que tiene gente cercana y maravillosa que puede cuidarle sus cosas con mucho cariño. También ha empezado a embalar algunas que sabe que no usará en lo inmediato y así cuando venga el día D (Desembarco en el Depa) el traslado será más práctico y ojalá, menos traumático para su salud mental. Ha donado a una biblioteca pública más de cien volúmenes que ha sido como desprenderse de una mano, amén de juguetes, colecciones truncas, entre otros objetos para los cuales siempre tenía lugar. María, en su previsión, ha decidido dividir la casa en 10 partes….


A Juan le corresponde 1/10: su escritorio………………… (los puntos suspensivos son largos porque tienen una razón de ser) El escritorio de Juan vive en suspenso, misma película de Alfred Hitchcock. Es más, María cree que si este genio del cine viviera y la magia del e-mail pudiera conectarla con él, le sugeriría se diera un paseo por el escritorio de Juan para escribir un guión con un simple título: “The studyroom…….” Algo así como “The birds”.

Juan está al límite de caer en la categoría “Acumulador”, y no es que acumule libros, porque ahí mi querida María no podría tirar la primera piedra (puesto que lo ganaría por K.O.) El gran tema de Juan son los papeles y lo que llamaremos educadamente las “huevaditas”. Las torres de papeles, torreones, torrecitas, torrejas o lo que sea, cuyas dimensiones varían son imposibles de calcular. Si bien es cierto hay picos en los cuales suben y bajan, el promedio se mantiene ahí.


Todos los domingos Juan sale con unas cuantas bolsas, orgulloso de ir a Wong a dejar varias en las papeleras de reciclaje, bolsas que María mira totalmente escéptica. Y siempre piensa que simbólicamente es como si alguien que pesa 100kgs se sintiera orgullosísisisisimo bajar 200 grms. ¿cómo haríamos?

Se me está acabando el tiempo y no puedo terminar porque no sé cómo termina… Juan cuenta ahora con un ángel salvador que le está escaneando papeles que botará antes de estos cinco meses. Lo curioso es que regresan las cajas con el usb (de lo escaneado) pero tampoco ha botado el contenido de las cajas. Claro, ahora los papeles se ven “ordenados” porque están en unos lindos tapers gigantes que María compró en Sodimac.


Quedan cinco meses, el reto es enorme… felizmente que hay una claúsula que indica que a la entrega del departamento tiene dos meses para mudarse. María cree que se mudará sola, Juan se quedará con su 1/10 organizándose….

martes, marzo 15, 2011

Marías vs Juanes/ Marías=Juanes


Esta reflexión parte del pedido de mi amiga Nuria, que es fan #1 de mi sección "María y Juan" y, a pesar de que no voy a ir por el lado que le había prometido - por ahora- creo que igual se congratulará con la siguiente idea.


Sobre la base de la lectura de unos libros de la psicóloga chilena (hoy, de moda) Pilar Sordo, preparé el año pasado una charla para mis alumnos de 3ero media. El objetivo era que los chicos y las chicas se dieran cuenta de que NO somos iguales. Hay en nuestra información genética diferencias fundamentales que no van a cambiar, y que justamente en el conocimiento de ellas se encuentra la aceptación del otro. La clase estaba llena de Juanes y Marías que a los 15 años y con las hormonas revueltas les falta mucho por vivir, y a pesar de haber enlistado algunas características que ellos aún no reconocen, las reconocieron en su entorno, especialmente en sus padres y adultos más cercanos...

1. Mientras María retiene todo, los problemas, los recuerdos, el papelito, la servilleta, el líquido acumulado en la celulitis, el rencor, ergo: retiene todo. "Porque todavía me acuerdo que hace cinco años, tres meses y cuatro días me dijiste que..." ¿suena conocido? (Véáse el Post: "La maldita memoria femenina". En cambio, Juan suelta todo, resuelve el problema y lo descarta, lo da por terminado. Sin embargo puede que no guarde "recuerditos" pero muchos tienen colecciones enormes de cosas inimaginables. (Yo tengo un Juan con harto de María en este aspecto).

2. María es multifocal, puede hacer mil cosas a la vez, hablar, pensar, tejer, ver televisión y encima echarle un ojo al hijo. Juan es monofocal, si ve TV el resto del mundo no existe. Ojo, que puede simular que le presta atención a lo que María dice... FALSO! Consejo: repetir de nuevo la escena cuando sea capaz CAPAZ de prestar atención.

3. Las Marías resolvemos nuestros conflictos hablando, dándole vueltas, compartiendo con otras Marías, analizamos... Los Juanes en cambio, resuelven sus conflictos en silencio y recién cuenta lo que les pasó cuando este ya esté resuelto. Es más, se perturban cuando María les insiste en : Amorcito, pero cuéntame que te pasa... Error garrafal: no va a contar, al menos en lo inmediato. Mejor es esperar. Lo interesante es cuando ELLOS toman la iniciativa de contarlo, eso ya es otra cosa. Curiosamente, las Marías ponemos cara de circunstancia para que él nos pregunte si nos pasa algo... y seguiremos con esa cara... porque son pocos los que preguntan... porque adivinen cuál será la respuesta en tono sufriente "...mmm nada, no me pasa nada". Obviamente, asume que efectivamente es así y no pregunta más...

4. Cuando tenemos una frustración (cólera) podemos llorar de la rabia. Los Juanes, como buenos que son... si no se controlan: pegan (a una pared, por ejemplo). Tengo un amigo que se rompió la mano en esta situación....

5. Cuando las Marías llegan a la adultez, suelen dejar de jugar: ¿se ve seguido a alguna adulta jugando jaxes, por ejemplo?. Ellos en cambio, siguen con sus partiditos de fútbol... por darles un ejemplo.

6. Las Marías, como indiqué hace unas semanas atrás tenemos la "insanía" de no saber valorarnos. De estar pendientes de lo que dicen de mí, de cómo luzco y encima minimizar las alabanzas. Los Juanes, auténticos, les llega altamente... son orgullosos per se. Si no, véase la imagen que acompaña este post. No saben cómo se rieron los chicos con esta imagen, y se escuchó a más de uno que dijo: Igualito a mi viejo!!!!!

De hecho, estoy es una generalización bien básica... pero está ahí, en nuestro disco genético, sea social, sea antropológico, sea genérico.... como quieran llamarlo. Igualmente, hay muchos Juanes con comportamientos de Marías porque la crianza de ciertas generaciones ha venido con cambios reales y tangibles; por otro lado, muchas Marías que han adquirido la practicidad de los Juanes, y curiosamente lo segundo creo que en parte esto es debido a que han ganado terreno en el área laboral y María sienten la EXIGENCIA de comportarse como Juan. ¿Costo/beneficio?

viernes, septiembre 10, 2010

Lección de vida


María suele llevar en su cabeza la “checklist” de Juan. Es decir, trata de que su media naranja (que ahora más parece medio melón) no se olvide de ciertas responsabilidades administrativas porque claro, con todo lo que tiene en la cabeza… suele suceder. Como ha ocurrido en las últimas dos décadas, de cuando en vez y “con la delicadeza” que ello supone, María arranca con la canción titulada: No te olvides de… (a), (b), (c)…(h), (i), (j)….(x), (y)… y por esos azares del destino, en los que Juan -que suele ser paciente y tiene esa capacidad masculina tan popular de que tal información le entre por un oído y le salga por el otro- un buen día, da un paso en falso y le contesta: ¡Ya, no me estés cargando!...


Uyuyuy cabeza de cuy! Craso error… una tarde sabatina, cuando el solcito invernal ha invadido la salita de estar, esas palabras suenan lapidantes en la cabeza de María… Juan, sin darse cuenta desde luego, acaba de firmar su sentencia y ha sido expulsado temporalmente del paraíso. María empieza su metamorfosis… grrrrrrrrrrrrrrrrr. (Cabe aclarar que tienen una testigo: María jr, quien se limita a seguir zambullida en su separata de Normas Legales, y observa la escena en silencio y obvio desconcierto… sus progenitores no mantenían ante sus ojos un montaje de ese tipo hace años atrás)

María se atrinchera debajo de su colchita mientras contempla el televisor un mamarracho de película, Juan sigue leyendo el periódico y cuando la película acaba María ni se acerca al control remoto para realizar el consabido “zapping” tradicional. Juan, tampoco. Los créditos de la película pasan y pasan… hasta que Juan toma el control y hace del televisor la ruleta más loca de Las Vegas sin detenerse en ningún lado. María, por su lado, bufa… no respira, bufa tanto como su pequeño cuerpo se lo permite… Juan continúa con su rutina: zapping- El Comercio-El Comercio-zapping…María, bufa.

Una hora después, Juan ha ido y venido y decide observar la cara constreñida de María, que seguramente raya con lo estreñida y por lo tanto: cara de poto… Ella, lo castiga con su desprecio… él, cual alma pura e ignorante manda la peor pregunta del mundo: ¿te pasa algo? ¿te sientes mal? (No olvidar… Juan es HOMBRE) y ella, como si despertaran al león herido y humillado le contesta: Nada pues… prefiero no cargarte… (¡toma!)

Acto seguido: Juan no entiende ni un carajo, en su fuero interior piensa: esta mujer está reloca y es una histérica, si yo pronuncié esas palabras hace más de una hora…! No puede ser! ´Ta mare… y obviamente pasa a bufar y poner cara de poto… María jr sigue contemplando.

Al rato, viene un diálogo superficial menos tenso… ambos ceden un poquitititititititito. Cuando en eso María –está en su naturaleza- le dice: ¿cuándo vas a ordenar esos papeles?... y Juan voltea entre risa y reproche y con una mirada le dice elegantemente: no empieces… María ríe y dice: ok, ya no vamos a pelear… y dirigiéndose a María jr le pregunta: ¿Hace cuánto tiempo que no veías a tus padres así? Y aquí viene lo mejor:
Yo miraba la escena -dice la Jr.- y pensaba… en qué momento el pavo de mi papá (dijo otra palabra más subida de tono) se va a dar cuenta de que la ha cagad… y que mi mamá está recontrasada, que está con cara de poto, respirando como toro encerrado, no ha tocado ni el control remoto y la atmósfera está irrespirable. Ella le manda señales y después de más de veinte años de matrimonio este pata es incapaz de darse cuenta!!!! A mí me pasa lo mismo con mi enamorado, cuando yo me molesto por algo que me dice, se le pasea el alma… y pueden pasar horas en la que yo sigo asada y él como si nada… Acabo de concluir: todos los hombres son iguales!!!

María agrega filosóficamente: y las mujeres también. Acabas de recibir en vivo y en directo una lección clara de “género”.


¿o no?

lunes, mayo 24, 2010

Las caídas de la vida: otra de María y Juan



para Maco, todos sabemos por qué


Uno suele advertir a los hijos de tomar ciertas precauciones en casa, puesto que los accidentes domésticos suelen tener consecuencias más graves que lo que uno cree. Entonces, ocurrió: la hija de María y Juan rodó por la escalera golpeándose directamente la parte posterior de la cabeza de manera contundente. Acto seguido: náuseas, ganas de vomitar, segundos sin conocimiento y luego todo perfecto. Como si nada hubiera pasado.



María y Juan que a pesar de considerarse unos padres solícitos a las necesidades emocionales de sus hijos sin ser unos fanáticos, comprobaron el estado físico de vástaga, la monitorearon todo el día y dieron por sentado que la cosa estaba bien. No obstante, cada uno en su interior se preguntaba si esto no llegaría a mayores, si tal vez era exagerado llevarla a la Clínica, pero finalmente un chinchón cualquier ser humano lo tiene en la vida y tener 19 años no es lo mismo que tener 2 años cuando ante cualquier moco ya estamos jodiendo al pediatra. Entonces no había que exagerar...




No obstante, María y Juan no contaban con la presencia de “outsider” que como un Pepe Grillo enamorado apareció en la noche a preguntarles a boca de jarro si no pensaban lleva a la criatura a la clínica a primera hora del día siguiente. -¿Clínica? -preguntó María, -¿tú crees?- mientras Juan la miraba con la misma sorpresa compartiendo la quasi imposición del enamorado en cuestión. Seguramente el “outsider” pensaría: ¿y esta niña como ha logrado sobrevivir con estos padres?


María y Juan casi ni durmieron: María decidió que la hija dormiría con ella y le vigiló, como en sus primeros días de nacida, la cadencia de su cuerpo mientras el dulce sueño la envolvía. La levantó a las 7 am y se la llevó a la Clínica para una tomografía de ley. Diagnóstico: contractura muscular en el cuello, uso de collarín cuatro días y harta pepa.

La vástaga tiene su propia parte de la historia, puesto que -a sus quasi 20 años- lo que más le dolió no fue la caída, ni el tremendo chinchón categoría huevo de chocolate que le salió en la mitra, sino que el médico – al ver su aspecto menudo y ataviado con su polo de pijama de Campanita- le preguntara: ¿Cómo te caíste hijita?... ¿ jugando?

Veredicto: María y Juan culpables.

lunes, abril 26, 2010

Juan tiene FACEBOOK!


Para una persona que le cuesta mandar mensajes de texto porque se ataranta con las teclas, para una persona que le cuesta manejar bien el mouse digital de una laptop, para una persona que no sabía cómo grabar un programa con su VHS, o como pasar la filmación a un cassette… El Facebook es realmente: un juguete nuevo. Para Juan, el FB es como aquellos trenes eléctricos con todas las estaciones que niños y niñas soñábamos tener alguna vez en nuestra lejana infancia. Juan tiene juguete nuevo.

Cada noche, el ritual de sentarse en el sofá, abrir la lap y decir: voy a ver mi FB, se ha convertido en una suerte de remanso espiritual en el estresado y agobiado espíritu de Juan. Es feliz viendo quién ha aceptado su “Solicitud de amistad”, preguntando dónde puede escribirle a X, qué es eso del Muro, qué es eso de Eventos… ¿qué es público? ¿qué es privado? Como regresa a las dos páginas anteriores en las que estaba, cómo hace para tener fotos… e inclusive: descubre amistades de su barrio de la infancia que ya daba por perdidas (algunas de las que María con tantos años de compañía no ha escuchado en tu vida!)

Juan cayó en las garras del FB, va contando cuántos amigos tiene, va disfrutando de ver las fotos de hoy y compara con el recuerdo que tenía de aquella amiga adolescente, que muchas veces debió quedarse en ese recuerdo… era idílico y poco realista. Cada noche, al reencontrar un amigo/a nuevamente, la frase “ala cómo ha cambiado!” se repite una y otra vez. El FB, el juguete nuevo que entró en su vida para quedarse.

jueves, enero 28, 2010

Soy el hígado de Juan

Juan sabe tratarme bien cuando celebramos... es decir él y YO hacemos una buena pareja cuando de tomar un trago juntos se trata. Soy el hígado de Juan. Hay varias formas en la que hago que Juan reaccione, y por ello he preferido en esta ocasión organizarme en algunas formas típicas que muchas Marías (y otros Juanes) podrán reconocer(se) en su lectura.

1. Juan el yotestimo: Este es el comportamiento típico de Juan, cuando chupa solo con sus amigos y empieza a recordar los viejos tiempos que se pueden remontar a cuando jugaban con pelota de trapo, estaban en Kinder o coleccionaban figuritas de algún mundial. El abrazo fraterno es típico y desde luego la verborrea en donde predomina el ón es la palabra predilecta. ¿Te acuerdas ón?, ¿Así era ón?, ¿tas seguro ón?, ¡Tú siempre has sido mi pata ón!

2. Juan el cabezadepollo: Es el comportamiento que a veces aparece en él si es que es viernes y la semana ha venido cargada. Juan se toma un trago y se queda seco, o en calidad de bulto. También puede ocurrir que se toma rápidamente hasta el agua de los floreros y en esta ansiedad malsana cae rendido, de cara entera sobre... un plato de comida, una hamburguesa con cara de mostaza....


3. Juan el desinhibido: Se suelta la corbata, se suelta las trenzas. Juan es feliz: canta -en un evidente desentono-, dice lo que nunca dice, hace lo que nunca hace. Casi casi parece un digno representante del Cirque du Soleil: hasta hace malabares. De hecho cuenta los mejores chistes y si son malos... se ríe solo.

4. Juan el cargoso: ¡Pobre María! Puesto que pasa horas en queriendo retirar Juan de la reunión y él no se deja, por el contrario: hace gala de ser un hombre cariñoso, adulador, abraza a María, se cuelga de María... ella, estoica, soporta los estoques de la vergüenza propia y ajena, y busca con la mirada gestos solidarios que la ayuden con el mochilón en el que Juan se ha convertido.

5. Juan el orador complejo: habla, habla, habla y no para de hablar. Eructa de vez en cuando... y sigue hablando. A veces se complica un poco, porque habla, habla, habla y le da hipo y una vez que arranca con el hic hic hic no hay remedio que valga. Ni pegar la lengua a la pared, ni tomar el agua por el lado opuesto del vaso: nada de nada.

6. Juan el yosoylomásimo: Give me the power! Esa es su ley. No hay más. Juan está convencido de que todavía puede hacerlo todo: todavía puede hacer el 4, todavía puede ser coherente, todavía puede manejar el carro, todavía puede vocalizar, todavía puede caminar en línea recta, todavía puede guardar la compostura. ¡Deja que yo puedo! Su frase preferida.
Soy el hígado de Juan y la verdad es que confieso que tampoco lo paso maravilloso, porque al día siguiente ambos siempre pensamos: ¡no vuelvo a chupar así nunca más!

lunes, diciembre 14, 2009

María se prepara para el verano


Comenzó el sufrimiento, y aunque los rayos del astro rey todavía no brillan en Lima con toda su plenitud María empieza torturarse en su preparación física y psicológica para el verano.

En este post compartiremos con ella(s) la larga lista de pendientes que tiene en su estival mochila y que cada año se vuelve más pesada:


1. Encontrar la ropa de baño (bikini, dos piezas, whatever) que le asiente, puesto que resulta casi antinatura ir a comprar dicho traje y con el color sushi que uno tiene los últimos días de noviembre o los primeros de diciembre todas, TODAS, TODAS las imperfecciones del cuerpo son patéticamente evidentes. Claro, si María fuera un poquito más inteligente entendería que se deberá comprárselo en abril puesto que el bronceado suele realizar ciertos milagros!


2. Demás hablar de las dietas, masajes, ejercicios y todo aquello que esté a mano para que esos, ESOS, ESOS kilazos extras desaparezcan por arte de magia. El jean invernal ha servido de faja y el monótono negro de su closet han ayudado a disimular esa figura que le devuelve el espejo cercanamente parecida al muñeco Michelín.


3. María maldice las fiestas, los intercambios de regalos, las comiditas, los lonchecitos navideños puesto que justamente sabotean todo el esfuerzo (inútil por cierto) que ella le pone al punto 2. Como diría alguien conocido... ta mare...!


4. Hay que cambiar de corte evidentemente estamos hablando de una zona complicada... Puesto que en el verano a María le queda bien claro que parte de su vello púbico pasa a ser público. Concluye que el estilo soldadesco es el indicado: de paso la balanza le indicará una disminución considerable de peso. Dios fue bien generoso con María en ese aspecto; diríamos inclusive: antojadizo.


5. María es consciente que ahora hay mil y un recursos para no llegar tan cruda a la playa. Se viene preparando de varias maneras. Toma betacaroteno en varias formas, pero lo único que ha logrado es tener las palmas de la mano color sobre de manila. Se echa crema autobronceadora a las piernas, pero la pobre es tan prolija que una pantorilla la tiene naranja con manchas beige y la otra la tiene blanca con otas naranjas... Imaginémos una suerte de dalmata en la gama de anaranjados.


¡Pobre María! No hay estación en la que más sufra que el verano a pesar de la alegría propia que el cielo azul representa.

lunes, noviembre 23, 2009

Soy el instinto gastronómico de Juan



En los tiempos arcaicos Juan salía a cazar para poder comer, descubrió el fuego y en su gran capacidad de poder hacer solo una cosa a la vez, me descubrió a mí. Soy el instinto gastronómico de Juan. Le adelanto: María me sufre.

Desde tiempos inmemoriables, Juan lleva en su ser una condición propia y meritoria: disfruta comiendo. Se conoce todos los sitios habidos y por haber, se pide los platos más originales y disfruta todo. Es el Gurú de los amigos; el Colón de la culinaria, puesto que se lanza a tierras ignotas, a veces pensando que llegará a la India, y efectivamente puede descubrir la América. Juan goza conmigo. Su pasión por la comida es obvia, porque mientras que su hijo se jacta de tener un sixpack abdominal producto del ejercicio diario y devoto, Juan se jacta, no menos, de tener el barril de chopp en el mismo lugar.

No obstante, no solo le gusta comer, disfruta leyendo recetas de cocina e imaginar en su cabeza esa alquimia maravillosa que se esconde detrás de los más ricos potajes que pueda llevarse a la boca. YO le ayudo a alimentar la fantasía y el estómago de todo aquello que deguste o sueñe con degustar. María me sufre, pero no puede ocultar que su felicidad también se basa en la felicidad de su compañero y a veces le fomenta que se deje llevar por mí.

Un buen día, Juan -hombre perseverante- se da cuenta que es posible dedicar cierto momento de su vida a abandonar el estrés laboral y dar rienda suelta a su creatividad. Decide darle un tiempo para entrar a la cocina, frente al fogón. Le cuenta a María que quiere preparar una receta y YO percibo una mirada reprobatoria, escéptica… que oculta una clara desconfianza y hasta desprecio por la aventura que Juan y yo emprenderemos. ¡Mujer de poca fe!

Después de leer, calcular, planear, comprar los ingredientes acompaño a Juan en una escena maravillosa. Al llegar de una reunión y antes de irse de nuevo a otra, Juan se saca el saco, y con camisa blanca, corbata London Tie puesta se coloca encima con el respeto que tal investidura supone: el mandil rojo de lunares blancos que le da cierto look de Doña Pepa, ante el cual María no puede disimular la carcajada. María es mala… no nos comprende. Juan valiente, esforzado no se amilana y prepara una salmuera en donde dormirá algunas horas lo que luego se convertirá en su obra maestra: un jamón del país.

Juan es feliz, tirios y troyanos celebran el resultado. El y yo –su instinto gastronómico- le sonreímos a María con una mirada que transmite un solo mensaje: … y tú que no creías ….

viernes, octubre 23, 2009

Soy el útero de María

María ha cruzado la barrera de los cuarentaicinco años, esa que la condena a ver los cincuentas como una meta cada vez más cercana. Como toda mujer moderna, lleva todas sus responsabilidades con valentía, fuerza, independencia y orgullo. Además lleva estrés, intolerancia, celulitis, patas de gallo y desmondongamiento inevitable de ciertas partes de su cuerpo que han tomado vida propia: un día están fit y otro día están fat.


Entonces, YO, su útero, he decidido empezar a flojear un poco para que ella se vaya aclimatando a mi retiro. A pesar de lo que diga su médico y las amigas que insisten en convencerla de que todavía es joven para que YO pase a mejor vida y no chambee más, María intuye que empecé a hacerle ciertas travesuras… Juan que no es ningún tonto, también lo sabe y justamente por eso, observa en posición ZEN –casi casi protegido en su atalaya, preparándose para lo peor-.

Para empezar le he dejado un par de malditos kilitos estampados a la altura de su cadera, que dependiendo del jean que se ponga, se convierten en una suerte de manjarblanco desbordado en alfajor artesanal. Y por más de que la pobre se somete al típico pollo/ensalada de lunes a viernes a mediodía… los ataques de ansiedad le entran como cuy en feria y quiere empujarse cuanta golosina esté a su alcance.

María toma mucha agua, fantaseando que eso la hará disminuir la celulitis y YO aprovecho para guardársela, la hincho y toma agua, y la hincho y sigue tomando y claro hace un montón de pila cuando va al baño y de hecho su capacidad de aguante…también está disminuyendo. Calculo que pronto le haré experimentar un pequeño episodio de incontinencia cuando le dé ataque de risa… ¡Prepárenle el TENA!
María vive escenas bizarras, puede tener episodios de tanta paciencia que ella misma se sorprende o quedar presa de un ataque de cólera con los ¡putamadres! correspondientes cuando no puede destapar un pomo de mermelada…
Aunque cree tener una ventaja sobre mí porque es friolenta, no confiesa que le incomoda sentir un extraño sudor durante la madrugada a pesar de la intensa humedad y baja temperatura que hay en su dormitorio. ¡Pobre, vive engañada!
YO soy el útero de María y recién empiezo a hacer travesuras antes de despedirme.

jueves, septiembre 24, 2009

Soy la gripe de Juan (y la maldición de María)


a Juan Carlos, porque tiene que soportar las histerias de Claudia María
Aclaración
A pedido del público, he decidido escribir de vez en cuando sobre algunos avatares comunes de la convivencia en pareja o al menos de dos seres como Juan y María que comparten un sinnúmero de situaciones que la sobrevivencia en compañía supone. El post “En la salud y en la enfermedad…” dio pie a varios comentarios que convencieron a esta humilde bloggera a dar inicio a una nueva serie: María y Juan. Cuento con ello con la anuencia y paciencia de mi bienamado JC puesto que sin ello, esto acabaría mal. Aclaro y juro que no todos los contenidos serán de propia cosecha –Juan y María son en el fondo estereotipos de los seres humanos normales que caminan por la calle-. Ello se ha dejado sentir en los comentarios de los lectores y sugerencias de temas.

I
Desde que estuvo con una bata aséptica con abertura total en la parte posterior de su anatomía sobre una mesa de operaciones, la personalidad de Juan ha cambiado. María ha descubierto en él una sospechosa docilidad en la que las órdenes de ella fluyen con naturalidad y complacencia. Juan está con las defensas bajas y trata de sobrevivir a ello de la manera más ZEN posible. Parecía pues que la recuperación iba viento en popa y dada tal situación, María le propone a Juan irse a cenar fuera. Se lo merecen. Sin embargo…

II
Juan en menos de cuarenta días (lo que dura el puerperio) ha vuelto a caer con gripe. Ni la porcina, ni la aviar, ni la AH1N1 tendría la crudeza ni las torturas a las que se ve sometido cuando él pre-siente (porque no es una intuición), cuando Juan sabe que se ha “enfriado” y por lo tanto resfriado. Si no fuera Juan, se hubiera abrigado al sentir frío y punto, y de paso: no estaría jodido.

III
Juan está maleteado, el dolor de espalda, la respiración por la boca lo agotan… casi casi hiperventila, la congestión, el lagrimeo, los kleenex, el basurero, todo el universo de la gripe lo rodea. María solo sugiere tomar un antigripal para minimizar los síntomas cual propaganda de los quinientos antigripales que existen en la tv y se va a trabajar. En el reencuentro María se encuentra con un Juan que es un saco andante con los ojos inyectados, tercianas y cual víctima de un ataque febril decide abrigarse como pollo crudo en el Polo Norte y ponerse los kilos de polares que estén a su alcance. Sin embargo, Juan tiene 36.8° está más fresco que el pisco sour que seguramente se estarían tomando si hubieran salido a la calle. María, expresivamente maternal y silenciosamente “madrastral”, le vuelve a sugerir que tome otro antigripal y que no se meta a la cama. Le recomienda (en realidad: le ordena) solo descansar y tomar algo caliente. "Amorosamente" le dice -Tómate otro Panadol Antigripal como en la mañana-. Y por supuesto que ella va a buscar las pastillas para dárselas y descubre que Juan solo había tomado UN Panadol normal en todo el día. María piensa: "¿En la magnificencia de la corpórea humanidad de Juan qué es un panadol para la gripe elefantística que tiene esta pobre criatura abandonado de la mano de Dios?" El cuerpo de Juan sufre, el cuerpo de Juan lagrimea, el cuerpo de Juan pide a gritos a la madre naturaleza que deje de castigarlo de una vez por todas con este resfriado común. El cuerpo de Juan suspira por alcanzar la sanidad corpórea que recuerda tan lejana. María suspira por lo mismo.

jueves, agosto 20, 2009

En la salud y en la enfermedad.... pucha, así era!

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
I
Por esas jugarretas de la naturaleza todos los seres de este planeta somos conscientes que entre los irónicos mensajes de la vida destaca tener un hombre enfermo cerca. El género masculino propiamente, reconoce que no son los “mejores enfermos” de la Tierra y de hecho, tampoco colaboran en contradecir tal situación. Es increíble, pero si empezamos a cruzar historias vividas, inclusive confirmaremos que el género femenino es más inmune a las “plagas caseras”: gripes, toses, diarreas… La naturaleza (o Diosito que es hombre) ha dotado a la mujer automáticamente de una capacidad innata de autoprotección para ser capaz de jugar a la enfermera. (Ese jueguito “el doctor y la enfermera” no creo tenga versiones de “la doctora y el enfermero” pero de hecho: el enfermo y la enfermera es uno bastante popular en la vida diaria)
II
Yo les voy a hablar de María y Juan (esos son los nombres de mis personajes imaginarios, los de mi generación pueden entenderlo mejor, puesto que los que eran lectores de Selecciones Reader’s Digest recordarán esos artículos que se llamaban “Soy el hígado de Juan” o “Soy el ovario de María”).
María se casó con Juan (autoreconocido como un quasi hipocondriaco). Como ejemplo, ella sale encinta, él tiene náuseas. Ella tiene contracciones, él siente los dolores. Ella da a luz, él sugiere tener solo un hijo: porque el parto lo ha dejado traumado. Encima la naturaleza de Juan no lo ayuda, si se le presentó una apendicitis tuvo que ser la más complicada, si todo el mundo tiene una cicatrización “normal” a él le tuvieron que volver a abrir la herida para desinfectarlo. La vida sigue así y María juega a la enfermera mientras que Juan al enfermo.
III
Juan se opera de la rodilla, no puede caminar. Tiene que ir dando saltos por la vida y según manda la teoría usando muletas. Pero el pobre Juan es negado en su motricidad gruesa con el manejo de estos dos palos de madera que deben sostener su humanidad evidentemente castigada por el pa(e)so de los años. Medio kg por cada año de matrimonio. Ver cómo pretende usar las muletas es casi un peligro público, puesto que éstas se van abriendo como una A mayúscula en la medida que va andando y NO PUEDE. María piensa: ¡este angelito se jode la rodilla de nuevo y me fregué! Entonces, empieza a pensar cómo podría Juan desplazarse con una mediana agilidad de gacela gorda en un solo pie. Ella visualiza la escena de Fantasía de Disney a los hipopótamos con tu-tú bailando ballet. Ve lo que tiene en casa y ella misma practica con una silla apoyando ambas manos y haciéndose la cojita para calcular esa misma escena con 40 kilos más. Lo cree sensato. Ha encontrado la solución, la silla funciona –pero a las pocas horas, se raja. Se consigue, evidentemente, un andador: todos felices.
IV
La hora del baño es la más tensa. Hay que meterse en la ducha, hay que calcular el agua para que Juan no se enfríe, porque ya está con gripe y encima una tos de tuberculoso que nadie se la quita. María igualmente creativa logra organizar un sistema con las toallas, la bañada, secada, talqueada y demás que le recuerda la crianza de sus hijos: en talla king size, desde luego. y con una ternura bien lejana a la de esas escenas maternales.


No obstante, hay que destacar que Juan colabora y obedece en todo sin chistar, no reclama, acata, tolera las burlas de María, sus ironías y ligeras histerias que justifica dulcemente por la situación vivida. Es más, María le reclama y cuestiona su docilidad. Juan asiente con una sonrisa en el rostro de orfandad que solo se traduce: dependo totalmente de ti, estoy resignado.


María tiene sentimientos contradictorios: por un lado, está preocupada por la vulnerabilidad de su marido. Por otro, no puede evitar el tufillo de satisfacción... she has the POWER!