domingo, diciembre 30, 2012

Buen deseo

Creo que he hecho alguna reflexión parecida en el pasado (ya la conjugación verbal y la idea resultan redundantes). Pero así es el lenguaje.
Estoy leyendo, en el momento en el que escribo este post Dime quién eres de Julia Navarro. Hace días me la había comprado y entre las correcciones, el cierre del año, y todo lo que a una se le junta, no tenía tiempo para –como se dice- meterle diente.
No quiero comentar la novela, solo les adelanto que son 1079 páginas muy envolventes, entretenidas y llevaderas.
Mi reflexión se vincula a la confirmación de un sentimiento: leer te lleva a otra sintonía. Por motivos personales necesitaba una aireada cerebral, buscar que los pensamientos se diluyeran, se fueran, liberar la tensión acumulada y en vez de sentarme frente a la “caja boba” a ver una película que dura un par de horas… prefería (gran decisión) sucumbir en los brazos de una novela.
He pasado al menos cuatro horas leyendo, descansando el cerebro de la vorágine diaria. He disfrutado cada palabra, y lo sigo haciendo, puesto que ando por la página 300. Estoy feliz, relajada, cultivada.
En verdad, a riesgo de parecer idiota, no puedo entenderme cuando desperdicio tiempo dando vueltas inútiles a acciones o pensamientos que no llevan a ninguna parte. Revisar el Facebook, hacer zapping en la tele, entre otras que matan el tiempo tontamente. A riesgo de parecer arrogante, no puedo entender a la gente que no disfruta leyendo.
Un buen deseo para el 2013, engánchense con una buena novela y buenos vientos acompañen la aventura!!!
SALUD!!!

martes, diciembre 18, 2012

Terapia Navideña




 
Para Joel, porque es una maravillosa costumbre adquirida hace un año…


Mi querido colega Grinch:
Vi tu foto en Facebook lo suficientemente elocuente (titulada “I hate Christmas season”)  para sentarme ipso facto a escribir este post. Ya decía yo que me faltaba un chispazo de encendido para comunicarte cómo me siento en este periodo.
Te cuento que este año, curiosamente y por esos azares de la vida: yo estaré ahí y tú, estarás acá. Mis alumnos dirían: ¡inédito! Adjetivo que ahora se usa de una manera cotidiana, aunque sigue usándose el clásico y emotivo: ¡Asu! ¡Qué paja! En fin, después de esta mini reflexión lingüística paso a comentarte lo siguiente.
Yo había previsto que como tenía que ir al viejo continente a ver a mi primogénita por no desprotegerla del manto materno, tenía que aprovechar estas fiestas para empujarme doce horas meritorias de viaje. Qué mejor, pensé… estar el 24 volando sobre la superficie terrestre y pasar el famoso y vilipendiado -por nosotros- saludo navideño. Es decir, ir a medianoche por el aire y agarrarle el poto a Papa Noel. Aunque nos parezca ridícula su presencia en este hemisferio. No obstante, la eficacia de las líneas aéreas contribuyeron a hacerme una mala pasada, y resulta que abreviando la historia, tuve que cambiar mi vuelo para el 23.
De ahí que, como nuestra llegada a Barcelona no estaba diseñada de esta manera, el día 24 alguien tenía que darnos cobijo en Madrid, antes de tomar la conexión del día siguiente. Es decir, aunque la historia se aleje y pueda sonar blasfema, parecía casi casi como que buscando posada en Belén un 24 por la tarde porque no hay sitio en ningún lado. Debo destacar que mis grandes amigos los Zegarra, aceptaron sin pensarlo y no tienen precisamente un establo ni dormiremos en un pesebre (aunque fácil debo caber).  Son más generosos de lo que nadie puede imaginarse….
No obstante, se me había pasado un detalle: la dueña de casa es literalmente NAVIDEÑA!!!!!! Entonces, si amor con amor se paga… no me quedó más que iniciar una terapia PRO-natale al máximo. Aquí te paso mi estrategia puesto que me he convencido que no le puedo fallar, le he prometido que depondré mi espíritu Grinch, traicionando la causa, pero a veces la generosidad del prójimo supone una dosis de sacrificio.
1.    Todas las mañana al prepararme un café bien cargado escucho “Los Toribianitos”: Belén, campanas de Belén, que los ángeles tocan qué buenas me traen y junto con Vamos pastores, vamos… el café trata de hacer su trabajo correspondiente. A veces me ayudo con un Gravol.
2.    He comprado en Wong un ambientador con Aromas Navideños y en el corredor de mi nueva morada, lo echo cada vez que llego del trabajo. La mezcla de olor a pino, canela, panetón y caca de reno es maravillosa y entra por mis fosas nasales como no tienes idea.
3.    Me estoy poniendo todos los días una prenda roja o verde. Con mi tamaño parezco duende navideño pero paso piola, a veces es el calzón y nadie se da cuenta. Ojo que me lo cambio todos los días.
4.    He comprado un gorro de polar de I LOVE Xmas y rescatado del olvido unas botas decorativas de lana que tejió mi madre para usarlas en el avión mientras duermo parte del trayecto.
5.    Estoy usando aretes de borla que cuelgan de mis pallares, mismo árbol navideño y cuando estoy sola me pongo una vincha con una estrella dorada. Es lo máximo porque puedo pasar como una princesa si quiero, o si no… un bonsái decorado.
Creo que con todos estos ejercicios espirituales será suficiente. Me han amenazado con dormir afuera si no me porto bien, o sea que tampoco quiero morir congelada en un jardín madrileño. Dentro me espera una familia maravillosa, varios Grinchs camuflados, y una dueña de casa de raíces peruano-austriaca que ama la Navidad de forma admirable. Esta vez, me mimetizo.
¡Feliz Navidad y que en Limalandia los vientos te sean propicios!

viernes, diciembre 14, 2012

En defensa de Coquito y algo más


Hace poco más de un mes y tomando como escenario la " Feria del Libro Ricardo Palma" que todos los años organiza la Municipalidad de Miraflores, la revista Ellos &  Ellas que publica Caretas hizo una encuesta a algunos “famosos” para preguntarle qué estaban leyendo. No sé si pensar que fueron escogidos por ser líderes de opinión, o por estar de moda, o por el buen cuerpo (derriere para ser precisa) que se manejan…

Me he quedado FASCINADA con las respuestas. Destaca una en particular (no diré nombre) que dice que no lee nada, que no tiene el hábito lector y que a lo más leería Coquito y Condorito. Es decir Plop! No me parece justo colocar en el mismo nivel a nuestro valorado Coquito (digan lo que digan mis colegas pedagogas) que ha sido el libro de cabecera de varias generaciones. El consabido Mi mamá me ama nos ha hecho leer a todos. Amo a mi mamá también. Aunque a veces esa frase no era tan honesta que digamos. Coquito era mi héroe. No sé quién michi sería este crío, y de dónde se le ocurrió a alguien bautizarlo así. Pero palmas para él.
Que no me lo subestimen a mi Coquito, yo lo amaba y encima cuando jugábamos al colegio con la pizarra que tenía un ábaco en la parte de arriba, el Coquito era el rey.

Cuando hablo de ese texto, mi mente enlaza automáticamente con otros. En pleno gobierno militar en donde la Enciclopedia Venciendo era La Ley. Todo en uno. Desde los catorce incas (¿o eran doce?) hasta cómo se hace una Esquela. El Atlas de Bruño era inigualable, lástima que se fue al cacho con la caída de la URSS.

No puedo dejar de comentar que en esa misma encuesta alguien comenta que está leyendo La sombra del viento (Carlos Ruiz Zafón, el autor por siaca) hace seis meses… “pero tiene 600 páginas” dice justificándose. O sea haciendo un cálculo… tres páginas diarias. Cada uno tiene sus tiempos… qué les puedo decir.

Si alguno de mis alumnos lee esto… chicos: ustedes son mis héroes! Y sin saber qué es Coquito...

martes, diciembre 11, 2012

Treinta años después

Habia escrito todo un post para el día de hoy pero lo borré. No encontraba la palabra justa, la oración adecuada, la brújula para organizar mis ideas.

Pero mejor comparto un poema de amor y lo dedico a aquel hombre que me ha acompañado (hoy) hace treinta años. Al hombre que ha soportado mis locuras, mis silencios, mis angustias, mis alegrías, mi inseguridad, mis desbalances y que me da el aliento necesario para la jornada. El fan de mis proyectos, mi promotor, mi empuje. Hace treinta años nos embarcamos en este complicado asunto de enamorarnos, y seguimos embarcados en el mismo asunto complicado.

Disculpará la audiencia: tengo que hacer este homenaje. JC se lo merece, con creces. Varias de las canas que luce hoy, son mías.


Si no fuera porque tus ojos tienen color de luna,
de día con arcilla, con trabajo, con fuego,
y aprisionada tienes la agilidad del aire,
si no fuera porque eres una semana de ámbar,
si no fuera porque eres el momento amarillo
en que el otoño sube por las enredaderas
y eres aún el pan que la luna fragante
elabora paseando su harina por el cielo,
¡oh, bienamado, yo no te amaría!
En tu abrazo yo abrazo lo que existe,
la arena, el tiempo, el árbol de la lluvia,
y todo vive para que yo viva:
sin ir tan lejos puedo verlo todo:
veo en tu vida todo lo viviente.



jueves, noviembre 29, 2012

El paraíso estaba en una esquina

Todos somos seres de carne y hueso. La noche del miércoles 28 así lo confirmé.
Durante quince años, en el maravilloso trabajo que tengo en el Cambridge, vengo trabajando en un Proyecto muy motivador. Los alumnos leen “Los Cachorros” y deben salir a tomar fotos por todo Lima de los escenarios que ubiquen en el argumento. Pero el trabajo no es solo eso. Deben ser originales y junto con la cita escogida, organizar todo en un formato especial.
Álbumes de fotos, pupitres que se abren como una caja de recuerdos (hecho a escala), acordeones, escaleras de caracol,  paquetes de cigarrillos gigantes que guardan las fotos. Todo aquello que la imaginación de un chico o una chica de 16 años es capaz de albergar.
Ante ello, los chicos están llenos preguntas ¿qué pueden y no pueden hacer?  Y sobre estas dudas se va reforzando la explicación. Al enfrentarse a los trabajos presentados anteriormente el reto de ser creativo aumenta puesto que todos desean que él suyo sea diferente, el que rompa el molde.
Con mucha generosidad, Jorge Muñoz decidió adoptar este proyecto en Miraflores y organizar un concurso inter-escolar que motivase la lectura entre los alumnos de quinto de secundaria. Pero no solo eso, para el lanzamiento de este el mismo Mario Vargas Llosa iba a hacerle un lugar en la agenda  y acompañarnos.
Les confieso, fue mejor de lo esperado. No solo por el honor que esto significaba en términos de conocer a un Premio Nobel de Literatura. Era Vargas Llosa, era un peruano, era MI proyecto. Era un milkshake de sentimientos.
Respiré sencillez, caballerosidad, humildad y grandes, enormes cantidades de generosidad. Así salen las cosas, con corazones abiertos a trabajar, a motivar a los chicos a leer, a inculcar humanidad a través de la literatura, a desarrollar espíritus críticos (cito a VLL).
El miércoles en el Palacio Municipal, en la famosa esquina de Larco… el paraíso para la lectura, estaba ahí.

martes, noviembre 27, 2012

Aprender en el aula

Siempre he considerado a mis alumnos seres especiales. Lo son porque su generosidad me sorprende todos los días, la capacidad que tienen, su juventud, su sentido del humor... y por sobre todas las cosas: todo lo que son capaces de enseñarme.
 
Un alumno de 5to de media, me ha ido dando muestras de ser capaz de descubrir a diferentes autores fuera de la frontera de lo que trabajemos en clase: ha ido más allá de lo básico con Borges, con Cortázar y ahora, que tuvo que hacer -en grupo- una "clase magistral" sobre Mario Benedetti llevó un texto que a él le había encantado.
 
Ricardo Padilla (me tomo la libertad de citarlo y ruego al resto no ponerse celoso) brilló en la elección de un ejemplo del estilo de este autor. Me dejó sorprendida, gratamente sorprendida y encantada con el texto que ahora pongo a disposición.
 
La lectura puede ser una, pero si somos capaces de leer entre líneas, descubriremos al igual que Ricarlo la riqueza de este pequeño y gran texto, de uno de mis autores predilectos.


El OTRO YO



Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.

El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.

Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.

Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.

Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas.

Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban:«Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».

El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.


FIN

martes, noviembre 20, 2012

Ella era una chica plástica...

Estaba tratando de recordar qué era lo más lejano que recordaba de mis juegos infantiles enlazada con la pregunta que me hicieron el otro día: ¿qué muñeca tenías de niña?

Cabe destacar que aquellos –como yo- que pasamos entre los cinco y los trece años aproximadamente entre 1968 y 1980 vivimos una época en la que no había nada importado, y muchos de los juguetes los habíamos heredados de nuestros hermanos mayores.

Yo amaba las Barbies. Las recuerdo plenamente pero eran las de los ´50s heredadas de mis hermanas, unas Barbies que hoy serían “vintage”, más duras que hueso de perro y plásticas hasta el tuétano. La ropa se la había cosido mi abuelita y cuando mis papás viajaban a USA, y traían algo para el ajuar de esta “estrella” era lo máximo.
 
Una querida amiga mía, tenía la mejor colección de Barbies que puedo recordar. La ropa, los zapatos, las joyas,,, destaco para su Barbie pelirroja, un vestido verde esmeralda hecho de tul que era maravilloso. Claudia Ferraro, te debes acordar de esto, ¿no? (hoy pienso en la actriz Cristina Hendrix y hago el enlace inmediatamente) Su papá además, que era una persona muy creativa, se había encargado de hacerle todo el mobiliario. Jugar a las Barbies en su casa era ir a Disneylandia.


Escuchaba el otro día una historia espectacular. Como no se podían comprar Barbies de Mattel... ¿qué podías hacer si no tenías al Ken? Una chica, de hecho, pensante y con genes de científica adelantada a su tiempo, encontró la solución: escogió a la muñeca más feúca, le cortó el pelo y con una vela le derritió las tetas: o sea, Ken caderón, pero Ken al fin y al cabo.

Yo tenía un cajón de juguetes de madera y allí se guardan las Barbies, Kens, Skiper, Tuttie… todas las tardes salían de ese espacio y sobre la tapa del cajón armaba la casa… lo que hoy sería “un loft”. Grabado en mi memoria está el día en que me fui sin ordenar y dejé a todos calatos para guardarlos al día siguiente… El grito: ¡Claudia! ¿¿¿¿Me puedes explicar por qué has dejado a estos muñecos calatos????? Yo tenía ocho años...

Estas muñecas acompañaron toda mi niñez hasta mi adolescencia temprana. Cuando tuve a Micaela, no dude en comprar cuanta cosa vinculada a estas pude para que compartiera esa misma infancia a pesar de la lejanía temporal.

Estas muñecas fueron las heroínas de mi infancia. Mi homenaje a las chicas plásticas.

martes, noviembre 13, 2012

Eros en la literatura o ¿negocio asegurado?



Leer un libro a escondidas ha sido un placer ancestral, es delicioso, es maravilloso. Se establece entre el lector y el texto una suerte de complicidad difícil de comparar con otra. Más difícil es describirla.

Hace poco me prestaron la novela (best seller, de hecho) Fifthy shades of grey. Considerada por la crítica como una obra imperdible, fogosa, determinante. Se escucha por esquinas y rincones que la novela motiva, que despierta sensaciones impredecibles y los niveles porcentuales del trabajo hormonal sube a mil. En fin, cada uno con lo suyo y con su propia imaginación, que para eso es la literatura.

No obstante, esta lectura (guardando distancias) me hizo recordar a otros títulos ya revisados que tal vez en los finales de la adolescencia y dando los primeros pasos a mi adultez fueron leídos casi a escondidas.

Más allá de la medianoche de Sidney Sheldon (publicado alrededor del 78). En nuestras manos arrancando el 80. Fue tremendo éxito. Después de estar en colegio religioso, donde te salían pelos en la mano por cualquier razón y todo era pecado… caer en las redes de esa novela era ruborizarse de antemano (por decir lo menos). Mi amiga M (y aquí guardo el nombre) tuvo este libro forrado varios meses: en su casa no podían saber que lo estaba leyendo… opresión lectora, que le llaman. No sé si darles la “etiqueta” de novela erótica. No me gusta jugar a ser crítica literaria. Creo que la cosa es muy simple: era una novela para adultos.. Eso era suficiente.

Seguramente, con ese mismo tenor se publicaron varias novelas más, yo en lo particular recuerdo otra Escrúpulos de Judith Krantz, que además nos hacía ingresar a un mundo aristocrático de la moda. Ojo, hay que recordar que no había cable, ni Kardashians, ni ropa de marca, ni nada por el estilo. A lo más, la que tenía su jean “Jordache” era lo máximo. Sexo explícito, cuando para nosotros era tabú... ahí estaba el imán.

Por ello, las mujeres de estas novelas, que eran “de carne y hueso”, dentro de un escenario exitoso, “caliente”, con hombres dispuestos a todo… y ellas rendidas por su inexperiencia sexual, caían redonditas…. Qué maravilla! Soñar a través de un texto, vivir historia ajena, desear ser ella… qué mejor para una novela que seguramente hoy sería “caldito de pollo para el alma”.

Por eso, la lectura de Fifthy shades of grey que anda en boca de varios. Funciona igual que lo hicieron los éxitos (y excitaciones) de Sheldon y Kratz. En papel, vende, interesa, satisface, lo que quieran. Hollywood ya tiene un negocio aseguradísimo.

Ahora, si me preguntan por su calidad... mmm. La novela me parece simple, tontona, muchos lugares comunes, la chica inocente y el caballero recorrido. La chica ingenua y el caballero, todo un conocedor. La chica ignota y el caballero, un Colón; la chica con baja autoestima y el caballero, deseoso de ella. La chica sumisa y el caballero, controlador... ¿Es entretenida? Creo que sí... pero confieso que me he saltado algunas páginas.

Leo de todo, de lo contrario... ¿cómo se puede comparar?

martes, noviembre 06, 2012

De cómo buscamos y él, nos encontró...


Hallar el lugar correcto puede tomar tiempo. Se dice que el ser humano está en una continua búsqueda y por ello, su origen nómade lo hace variar aspectos de su vida de vez en cuando. Las personas, sin saberlo, van cambiando: metabólicamente, con el paso del tiempo, los hábitos se hacen más profundos, los defectos se van exacerbando…

Hesse decía: "La verdadera profesión del ser humano es encontrar el camino hacia sí mismo". COnfirmando así, la idea de tener esencialmente un cuestionamiento del "ser".
Somos seres que a la vez conservamos lo nómade y lo sedentario de nuestros antepasados sapiens. El porcentaje debe ir de acuerdo al carácter de cada persona. Yo tengo una tía que se ha mudado por lo menos unas quince veces, y tengo una amiga que se muda cada tres años para cambiar de aires…
Conozco a mujeres que se cambian el color del pelo cada cierto tiempo porque se aburren; amigos que cambian de novia, por lo mismo… Cambia, todo cambia, rezaba la canción que cantaba la Negra Sosa.
Cambio, renacer, vuelta, volver al origen, hallar el lugar correcto… lo podemos llamar de diferentes maneras, pero si pensamos un poco: es igual. Buscamos darle una vuelta más a la tuerca, buscamos encontrar algo, una respuesta, un camino, una zona segura, un confort, el amor y cambiamos…
Cuando nos mudamos a este lugar que se ha vuelto en un abrir y cerrar de ojos nuestro hogar (ha sido tan rápido que nosotros mismos estamos sorprendidos). En todo el proceso, solo teníamos planeado algo para nuestra decoración: queríamos poner un texto en una puerta que sería corrediza. No obstante, la puerta resultó ser angosta para la idea… pero a la entrada teníamos una pared laaaaaaaarga que permitía hacer lo planeado.
La búsqueda del texto comenzó. Pensé en Benedetti, pensé en Galeano, pensé en Rose, pero no llegaba a estar del todo contenta con la elección… Un día, en el verano, Juan Carlos y yo, fuimos a ver la muestra fotográfica de Herman Schwarz al IPCNA. De pura casualidad, había otra muestra más… no recuerdo el fotógrafo. El leit motiv de esta última eran los desiertos. Pero algo más llamó nuestra atención. En el brochure que nos dieron al ingresar había un texto… Un texto que nos había encontrado a nosotros, un texto que buscaba un hogar. Lo adoptamos inmediatamente y nos acompaña desde que ponemos un pie dentro de casa.

lunes, octubre 29, 2012

El alivio soñado

Creo que todos tenemos (más grande o más chico) un “dark side” un Lord Darth Vader, un diablillo dentro, o sea… para ser más filosóficos y estar a la moda somos Ying y Yang.

Por ejemplo, ¡no les ha provocado ahorcar a alguien, no les ha provocado meterle un “pollo en el ojo” a alguien que los esté atiendo, no han tenido unas ganas locas de agarrar a alguien por las solapas del saco y levantarlo al puro estilo Hulk. No se han tenido la fantasía de mandar a la mierda (sorry de nuevo) a algún funcionario privado o estatal y han tenido que meterse la lengua educadamente, poner su mejor sonrisa y ser pacientes para que su solicitud sea aceptada….?
Debe ser que estoy solicitando por quinta vez que Movistar se apiade de mí (Santa Movistar, que la estrella –star- que te alumbra, me alumbre a mí también…) y me instale mi Plan Trío. Ya quisiera yo instalarse otra cosa, pero sería una empresa quijotesca, porque no me alcanzarían todos los mollinos del mundo. En fin…
Como nada de lo que he dicho es posible, seguramente tendría que hacer una terapia de manejo de ira para no matar a nadie. Obviamente tampoco lo voy a hacer. No obstante, quisiera compartir con mi público lector una fantasía. NO es sexual, no se me emocionen, ESTA es compartible, pública y compartible al cien por ciento.
Yo no sé por qué, esta fantasía me persigue desde niña. Creo que había una serie gringa en la TV, de esas de humor… blanco y negro desde luego, que alguna vez me brindó una escena maravillosa:
Una mujer rabiosa, pero a la vez llena de humor, buena onda, estaba como diríamos en el argot criollo “recontra asada”. Su terapia: una torre gigantesca de platos blancos, redondos. Creo que eran tres torres de unos 100 platos cada una. ¿Adivinaron?
Tiraba, uno por uno, con una placer sano, catártico, desahogando totalmente sus oscuros sentimientos … contra una pared que deduzco (por la falta de color en la tv) era color ladrillo. ¡Qué placer! Cada plato un peso menos de encima. Y el “chash”, “pum”, “pow”, “chash” de nuevo, tintineaban en mi cabeza como una melodía maravillosa… ¡Qué Beethoven ni nada! Esos platos empotrados contra la pared era música para mis oídos…
¡Quiero! ¿Alguien me acompaña?

martes, octubre 23, 2012

El campo minado



No hay peor campo de batalla que el criar a los hijos. Todas las minas explosivas están sembradas en el lugar que menos esperamos. No avisa, explota y a veces, solo queda proteger nuestro corazón de tamaña explosión. Hoy escribo este post porque una mamá, admirable, con errores, aciertos, trabajadora, humanísima, me hizo reflexionar al respecto. Le pedí permiso para usar parte de su historia.

Partamos de una premisa real: nosotros queremos que nuestros hijos sean de ESTE modo. Es una falacia repetir hasta el cansancio, quiero que mi hijo sea feliz, quiero que haga lo que le guste y se sienta bien, quiero criar un hijo libre, etcétera.  Seamos honestos: en el punto inicial, cuando arrancamos la larga caminata de la crianza nos ponemos (y LES ponemos) metas a las que hay que llegar.

¿Qué hacer si sentimos que mientras crecen no dan la talla? Y seguimos tirando de la carreta y ajustando con discusiones, exigencias, frustraciones y llantos. ¿Qué hacer ante la señales de alarma? Cuando nos retumba sobre la cabeza la sentencia “árbol torcido, nunca endereza”. ¡Miércoles! No puedo salir corriendo, no puedo encerrar a la criatura, no puedo impedir que crezca y, con el perdón de la audiencia… no puedo impedir que la cague de vez en cuando.

¿Qué hacer si nos toco un hueso duro de roer? Hijos con una personalidad que parece inmoldeable , rebeldes, inteligentes hasta morir, que quieren volar y experimentar. Hay hijos que a uno le tocan y nos mantienen en vilo…  caminando sobre el filo del precipicio. Y nosotros, padres cándidos creemos que apresando esas ganas de libertad los estamos cuidando más y protegiéndolos de ellos mismos.
 
Sufrimos, claro que sufrimos… puesto que toda evolución supone un sufrimiento. Toda transición supone dolor, toda metamorfosis supone romper un cascarón. ¿Cambiamos? ¿Estamos dispuestos a cambiar?  ¿Dispuestos a ser flexibles? ¿Dispuestos a vigilar, pero a la distancia? ¿Tenemos disposición para entender que en ESA relación padres/hijos es donde tenemos que usar más sabiduría que nunca?

Tenemos que entender que su proceso es nuestro. Su camino a la madurez es nuestro pero a la vez, no nos pertenece. Suena contradictorio y cierto. Nos quieren y no nos quieren, los queremos y no los queremos… y cuando no lo hacemos (quererlos) sentimos culpa. Si se equivocan, la culpa es más grande todavía. ¿Dónde me equivoqué? Es la primera pregunta que surge… ¿dónde YO pasé por alto este detalle? Y el mundo y la duda siguen girando alrededor de nosotros…cuando en realidad la llegada de la estabilidad está en cuán bien manejemos los hilos que empiezan a disolverse.

En esta etapa no hay que pedir al cielo paciencia… hay que pedir: sabiduría. 

miércoles, octubre 17, 2012

Dos cosas buenas

I
Bienvenido Bienvenido Amor, Bienvenido Bienvenido Amor.
Llegamos a un nuevo lugar, un lugar que empieza a sentirse como hogar. Después de muchos años de haber anidados en Merino, ahora anidamos a la vuelta de la esquina. Ahora amanezco mirando la copa de los árboles y con paz, seguridad y mucha alegría.
Por ahora, para estar completos, falta Micaela. Pero con la magia del Skype ya hizo el tour dando su aprobación a cada rincón de la casa. Aprobación que me faltaba, desde luego.
En menos de dos meses cumpliremos 30 años de estar juntos, y qué mejor manera que reafirmar el vínculo empezando con un renacer. Valga la redundancia.

II

El tiempo pasa, nos vamos volviendo viejos
El BLOG cumple hoy CINCO años. Increíble, pero aún recuerdo cuando Viva, Micaela y yo conversábamos en un café de Bs As sobre la alternativa de mandarme al mundo y empezar una aventura como esta. Cuánta razón tuvieron!
Para mí, ha sido terapéutico. Como aquellos cafés que he tomado, tomo y seguiré tomando con mis amigos. Como conversar con un interlocutor virtual que me lee, y que me acepta casi todas las semanas. Un interlocutor que aguanta lo que tenga que contarle ese día.
Gracias por leer de cuando en vez, este “enpuntomuerto” que le dio más vida a mi vida. Son 400 post a la fecha.
Cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que nada. Nada se pierde, nada  es más siempre, no hay otra norma, nada se pierde TODO se transforma.

martes, octubre 09, 2012

El cierre

Ya no duermo más ahí, y ni siquiera tengo sentimientos encontrados. Sin embargo, algún psicoanalista díría que los hay, que solo no quiero aceptarlo, puesto que es la segunda vez que escribo sobre un tema relacionado a mi cambio de nido.

Solo me queda hoy, compartir un texto de Octavio Paz, por si acaso... siempre me gustó:

Adiós a la Casa


Es en la madrugada.
Quiero decir adiós a este pequeño mundo,
único mundo verdadero.

Adiós a este penoso abrir los ojos
del día que se levanta:
el sueño huye, embozado,
del lugar de su crimen
y el alma es una plaza abandonada.

Adiós a la silla,
donde colgué mi traje cada noche,
ahorcado cotidiano,
y al sillón, roca en mi insomnio,
peña que no abrió el rayo
ni el agua agrietó.

Adiós al espejo verídico,
donde dejé mi máscara
por descender al fondo del sinfin
-y nunca descendí:
¿no tienes fondo, sólo superficie?

Adiós al poco cielo de la ventana
y a la niebla que sube a ciegas la colina,
rebaño que se desvanece.

Al vestido de copos, el ciruelo,
decirle adiós, y a ese pájaro
que es un poco de brisa en una rama.

Decirle adiós al río:
tus aguas siempre fueron,
para mí, las mismas aguas.

Niña, mujer, fantasma de la orilla,
decirte siempre adiós
como el río se lo dice a la ribera
en una interminable despedida.

Quisiera decir adiós a estas presencias,
memorias de mañana,
pero tengo miedo que despierten
y me digan adiós.

miércoles, octubre 03, 2012

Lágrima barata


Mientras le daba vueltas a la idea de escribir este post, pensaba en una vieja frase que versa así: “El hombre es invencible por la razón; las mujeres, por las lágrimas”. Me llega!!! Me molesta enormemente el estereotipo de ver a la mujer como la llorona, la irracional, la “incontinenti”, la sentimentaloide, entre otros adjetivos que se me vienen a la cabeza.
No obstante, debo confesar también, que aquella premisa sigue manteniendo vigencia por siempre, dado que muchas de nuestras colegas de género logran sus objetivos ejercitando de manera óptima sus lagrimales, y justamente sumando a la racionalidad que las caracteriza. Es decir, podríamos afirmar que la mujeres son invencibles por las lágrimas + la razón. ¡¡Me llega!!
Perdemos puntos en la batalla del show, dado que contradictoriamente también podemos caer en el juego del ridículo por ser derrochadoras de un falso dramatismo, digno de Elvira Travesí (para los que recuerden) o de alguna telenovela mexicana. Nuestras heroínas de “Al fondo hay sitio” son menos lloronas. Menos lloronas, porque llorar cuesta. Puede salir caro.
La sociedad de hoy, una sociedad que prefiere seguir hablando de igualdad –aun cuando no existe- ve en las lágrimas pura manipulación cuando se utilizan para rogar, pedir, expresar compasión. Este producto inexplicable de la emoción (seguramente cualquier científico me daría la explicación que escapa al entendimiento del ciudadano común como yo) se puede producir desde ver una propaganda de la Teletón, hasta ser testigo de alguna escena de amor…
Yo conozco a más de una que llora cuando quiere…
Llorar tiene un valor, debe tenerlo. Uno no debería ir por la vida derrochando lágrimas. Lo que se derrocha y se regala, se devalúa, pierde certeza…
A las lágrimas hay que cuidarlas, dejarlas ir en el momento adecuado, a la hora adecuada, con la gente indicada…
Ahorremos lágrimas, que recuperen su valor. Seamos invencibles por nuestra inteligencia y no por el poco uso que, a veces, de ella hacemos…

martes, septiembre 18, 2012

Aquellas pequeñas cosas

El otro día conversaba con una amiga sobre toda aquella información que tenemos archivada en nuestro disco duro. El cerebro (y el alma) son tan similares a una computadora, aunque he debido decirlo al revés, que cuando tenemos muchas cosas en la cabeza nos volvemos lentos, nos olvidamos las cosas: muchos "files" abiertos.
 
El cerebro tiene sus mecanismos de defensa: ayudamemorias, libretas, organización, buscar un asistente. Una agenda sirve, y desde luego: la maravillosa computadora.
 
Con el alma es más complicado puesto que hay que manejar  angustias, ansiedades, fantasías catastróficas, miedos tontos, en fin. Cada uno debe tener alguna lista por ahí que pueda coincidir. No obstante, se puede tener la sabiduría y valor de saber organizar estos sentimientos y pensamientos para que no nos asalten en el momento menos indicado. Llegar a la paz interior es una búsqueda que no termina, el asunto es tener la valentía de empezar a recorrer el camino reconociendo que necesitamos emprenderlo.

La conversación se cerró recordando una maravillosa canción de Serrat:

Aquellas pequeñas cosas
 
Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas

que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.

lunes, septiembre 10, 2012

El primero de la aventura (escrito el 5/09)


Versa el dicho: “Dios los crea y ellos se juntan” pero  en nuestro caso, podríamos tomar la licencia de decir “Dios nos creó, yo crié y con ella me junté”. El cuento es que ahora que mi hija se ha ido por seis meses a vivir a la Madre Patria que nos parió, estoy considerando hacerle un altarcillo a Steve Jacobs en conjunto con Bill Gates, y muy a pesar mío a Movistar, con su Blackberry incluido. También cuentan con un espacioso lugar en el altar todas las personas (Sandra, Ricardo, Maka, Diego F,) e instituciones (por ahora Renfe) que se han alineado para que hasta el momento la aventura que ya tiene diez días en curso vaya resultando exitosa. Faltan 163 días, chesu!.
 
Por ahora andamos medio frustradas porque resulta que en su barrio se ha caído el Internet. Seguro que fue en su barrio donde empezó la caída del euro o sea que hay que tener cuidado si demora mucho en restablecerse la conexión.
La cosa es que el día que la pequeña llegó a la gran ciudad de Barcelona, no tenía mapa de la ciudad. Detalle que no calculó porque cómo haríamos para ubicarnos en una ciudad enorme si no sabemos dónde estamos paradas (uso el plural porque por razones obvias, lo que sienta ella lo voy a sentir yo). Seguramente estaba confiadaza en que en Google Maps encontraría la solución a su desubicación… pero se jorobó por el problema anteriormente explicado.
Barajando opciones, me iba contando por el bbm (Blackberry Messenger, para los no usuarios) cómo era su “piso”, me mandó foto de su cuarto tamaño huevito de codorniz y todo lo que se pueden imaginar. Serían las seis de la tarde de allá cuando le pregunté si había almorzado…

Madre: No empieces a descuidar tu alimentación, y anda a buscar algo de comer.
Hija: Es que no sé dónde puede haber un Carrefour
Madre: No tienes Mapa?
Hija: Noooooooooooooo
Madre: tarada! ¿Y ahora?
Hija: ¿puedes buscarme en internet cuál tengo cerca?
Madre: ¿cómo se llamaba tu calle?
Computadora/ Bberry y dosis de angustia encima lograron que a 500 mil kms de distancia cumpliéramos con el objetivo. Cómo he valorado la tecnología. Además, descubrí que no solo podía encontrar donde ir sino que además podía pasar del google map al google satellite y “caminar” por la calle con una flechita que me iba diciendo en dónde andaba. Entró al Metro, salió donde debía y antes de llegar a un Carrefour encontró un Opencor, que era más pitucón y donde confirmó que el costo de vida es recaro en el viejo continente. En fin: cenamos fideos con aceite de oliva! Al día siguiente almorzamos lo mismo, por siacaso.
Vamos cinco días sin internet, aunque ya se metió a un Starbucks con wifi y eso ha permitido enviar señales de humo más extensas que un chat. Nos comunicamos como cuatro veces al día y nos sentimos cerca. Espero tener pronto en el Skype y poder ver su carita, pero por ahora me conformo con que ella esté tranquila y bien alimentada.
Claro que en mi real imaginario me hubiera encantado que la pequeña tuviera un chip de ubicación incrustado en su cuero cabelludo para ir monitoreando cada uno de su movimientos… pero too much, no?

martes, septiembre 04, 2012

Lo actual

Hace días se ha comentado en la radio y la tv el caso de la niñita de tres años cuya joven madre quiso hacerle un piercing en la nariz. Ello ha generado protestas varias como era de esperarse. La idea de esta reflexión va más allá de asumir una posición a favor, en contra o neutra. Como acabo de decir, es solo una reflexión. Por otro lado, hoy vi a una niña en un supermercado con los ojos maquillados: sombras que hacían juego con su polo celeste y rimmel. ¿Alguien le dijo algo a la mamá?
 
En estos casos el analizar los aspectos culturales, aspectos sociológicos, antropológicos y todo lo -lógico podrían llenar varias caras de papel. El piercing de la nariz, el arete en el pallar,  la deformación del labio inferior, el vendaje de los pies impidiendo su crecimiento y la lista obviamente puede seguir creciendo. Igualmente, lo más probable es que todo parte de la premisa de una palbra que hay he usado: cultural. 
 
A mí me llama mucho la atención que cada vez más esta cultura occidental globalizad(ísim)a sea tan marcadamente intolerante con algo y tan ridículamente tolerante con otros aspectos. Para mí, no hay diferencia REAL entre el tema del piercing y el de la niña maquillada: lo siento. En un primer nivel, ambas madres utilizan a sus hijas como sus muñecas (seguramente como la usé yo cuando le puse aretes, le ponía dos colitas y le colocaba ganchos en forma de mariquitas). No obstante, al bajar a un segundo nivel, yo empiezo a ver: estigmatización...
 
Tengo una segunda idea, pero ya lo dejo para el siguiente post. 

martes, agosto 28, 2012

Derecho a herencia

Nadie dijo que criar hijos es fácil. Los mil y un manuales que se han escrito son una quimera, puesto que es la única “ciencia” que en verdad se aprende sobre el caballo, a caballo, como caballo: te subes al caballo y no te bajas más.
Es cierto también que el sentido común te tiene que ayudar a sobrevivir, y ahí tenemos nuestras fallas (varias, lo más probable). Sin embargo, una pregunta que en algún momento se debe hacer cada padre o madre que pisa esta Tierra, bastante deteriorada, es qué herencia les vamos a dejar.
La palabra herencia, hoy la vinculamos con dinero, propiedades, entre otras cosas materiales. Debe ser porque antiguamente significó “bienes pertenecientes a alguno por cualquier concepto y “dependencia de un lugar”. Hacia finales del siglo X: “cosas vinculadas” Esa es la que me gusta.
Hoy, estuve pensando en la herencia que pretendían dejar los padres de Julieta y de Romeo, porque a pesar de que el tiempo ha pasado los comportamientos de estos se repiten de uno u otro modo. Cargamos a nuestros hijos con el peso enorme de nuestros afectos, puesto que queremos que quieran como nosotros queremos y queremos que odien como nosotros odiamos (yéndome al extremo desde luego).
Imponer un sentimiento es una tarea incansable. Ello me hace recordar esa viñeta de Quino en donde la madre hace que Guille le dé un beso a una señora en la calle, y el pobre pequeño siente que está besando a un horrible rinoceronte…la metáfora es genial.
No podemos, no debemos cometer la insensatez de molestarnos con nuestros hijos porque no sienten como nosotros. No son envases que nosotros llenamos de emociones procesadas por nosotros, de heridas abiertas, de amores entrañables. Ellos tienen que tener la libertad de querer a quien quieran, de librar sus propias batallas, de deliberar, de rechazar o aceptar.
En los sentimientos es complicado tomar partido. Me pregunto: ¿cuántos, desde nuestro lugar de hijos, hemos abandonado una amistad, un pariente, un vecino, solo porque cayó en desgracia de nuestros padres? ¿cuántos, desde nuestro rol de padres, pretendemos que nuestros hijos sean “solidarios” con nuestra causa (que lo más probable no sea tan dramática ni profunda)? ¿cuántos estamos entrampados en un torbellino de sentimientos encontrados y rencores polvorientos, e inoculamos a los chicos con los virus que nos consumen?
Carguemos solos nuestras querencias, ellos tienen las propias.

jueves, agosto 23, 2012

...y llegó el día

No puedo dejar de escribir este post porque entonces no sería yo. No sería madre, no sería la mujer que en este momento se está debatiendo entre la alegría, el entusiasmo, la ansiedad y la tristeza. Puesto que hoy, pongo a prueba algo que siempre he predicado: no somos dueños de la vida de nadie... ni siquiera de la nuestra.

Hoy acepto una vez más, públicamente, que no soy dueña de la vida de mis hijos. Claro, es contradictorio, ya que fui yo la que se las dio. Hoy acepto una vez más, que la vida que alguna vez me perteneció durante nueve meses menos un día, no es mi vida: es de ella. Hoy acepto una vez que ese cordón que cortaron allá por el año 1990 marcará una distancia mayor: diez mil kilómetros. DIEZ MIL! Es un escándalo, es un horror, es un segundo en el Skype.

Mi chiquita se me va. Echa vuelo y se me va. Abre alas a un mundo que la espera ávido para darse un revolcón conjunto. Abre brazos para fundirse en un abrazo que le devolverá en cada poro un fragmento de cultura milenaria, un fragmento cosmopolita, una gota, un suspiro, un trozo de pan.

No soy dueña de su vida, jamás he pretendido serlo -aunque ella a veces así lo sienta- pero el recuerdo carnal de haberla tenido en mi vientre pateando, moviéndose, dispuesta a absorber cada molécula me da cierta prioridad de ser la primera de la fila en tener estos sentimientos encontrados. Sigue siendo tan mí que si  ella gana, yo gano; si ella llora, yo lloro; y cuando ríe no hay música más maravillosa para mis oídos, igual de maravillosa que cuando ríen a coro los dos... No obstante, no soy dueña de sus vidas: ni de la ella y de la su hermano.
Anda, corre y vuela Mica, el mundo es tuyo: chápatelo que te espera!

jueves, agosto 16, 2012

Parece que fuera antes de ayer, y van 24!


... del gran Drexler

Antes de mí tú no eras tú,
antes de ti yo no era yo,
Antes de ser nosotros dos
no había ninguno de los dos.

Antes de ser parte de mí,
antes de darte a conocer
tú no eras tú y yo no era yo,
parece que fuera antes de ayer.


Antes que nada
yo quiero aclarar
que no es que estuviera,
tampoco pasándolo mal antes.

Pero algo de mí, yo no supe ver
hasta que no me lo mostró,
algo de ti, que quiero creer
que nadie vio antes que yo
Después de todo
lo que quiero es decir
que no entiendo como podía vivir antes.

martes, agosto 07, 2012

Mutatis mutandis


Dentro de poco me mudaré. Después de cuarentaiocho años de vivir en lo fue la casa de mis padres, la casa de mi madre y luego mi casa, salgo con mi familia a emprender una nueva vida: cambiando lo que corresponde.
Muchas personas cercanas me han preguntado si no me da pena dejar esta casa, y esta madrugada insomne pienso que mientras el tiempo corre y la fecha (todavía inexacta) se va acercando son los sentimientos encontrados los que predominan en mí: el entusiasmo por la novedad, lo estrictamente nuestro, poner el marcador en cero. La melancolía de empacar una vida llena de recuerdos alegres, tristes, eufóricos y dolorosos.
Esta casa la construyeron mis padres y trataron de vivir la fantasía de ser felices para siempre. Esta casa fue motivo de ilusión, dedicación, de  querella, de lágrimas, de rencores encontrados y en ella murió mi madre.  En ella crecí, nacieron mis hijos,  los he visto convertirse en jóvenes adultos. Y sobre todo, esta casa sigue siendo testigo de la diaria labor de echarle leña al fuego del amor para que no se extinga: trabajando en mantener viva la fantasía de ser felices para siempre.

Y se mueven cosas, papeles, papeles, papeles, libros, libros, libros, libros, y más libros. Alberto Bedoya (y tomo la libertad de citarlo por ser un hombre transparente, honesto y directo) quien ha comprado la casa y ha construido el nuevo lugar al que nos iremos, me hizo un pedido en la primera entrevista que tuvimos: "por favor, no lean tanto…." Hombre sabio, pues ahora me rompo la cabeza pensando cómo me voy a llevar todos los ejemplares que de los que NO voy a deshacerme,  es como cortarnos una mano. Eso sí me produce angustia y como hoy: me quita el sueño.

Pero ustedes preguntarán qué hace esta imagen junto a este post. Pues, también hay fotos, fotos y fotos. Algunas cuya existencia acabo de descubrir: en 1964, el año que nos mudamos a esta casa yo tenía un año. Pocas de las fotos que estamos juntos y solos, otra de las cosas que me ha movido emocionalmente. Mi padre me tiene en brazos en la terraza de su lugar favorito: el jardín -luego del divorcio de mis padres, él no volvió a entrar más de quince años después, y lo primero que hizo después de romper el hielo inicial, fue pararse en el jardín, contemplar su obra, una de sus vocaciones preferidas-. Encontrar esta foto es su saludo y despedida.

Me hubiera gustado hallar una foto similar con mi madre puesto que defendió esta casa con uñas y dientes, no entraré en los morbosos detalles. Hace cinco años me la regaló, y gracias a ello es que el mutatis mutandis toma fuerza. Cambiaremos porque ya corresponde. Le cumplí la promesa fundamental que le había hecho y guardamos en un pacto de silencio.

martes, julio 31, 2012

"La migala" de Juan José Arreola

Recuerdo hace años que un alumno quiso "sacarnos la vuelta" y poner este texto para concurso de los Juegos Florales... la maestría de Arreola lo traicionó... cómo se le ocurría llegarle ni a los talones a tremendo lobo del relato corto:

La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.

El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.
Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres.
La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces, cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible.
Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la aralia sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de entraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella, al salir del baño, o mientras me desvisto para echarme en la cama. A veces el silencio de la noche me trae el eco de sus pasos, que he aprendido a oír, aunque sé que son imperceptibles.
Muchos días encuentro intacto el alimento que he dejado la víspera. Cuando desaparece, no sé si lo ha devorado la migala o algún otro inocente huésped de la casa. He llegado a pensar también que acaso estoy siendo víctima de una superchería y que me hallo a merced de una falsa migala. Tal vez el saltimbanqui me ha engañado, haciéndome pagar un alto precio por un inofensivo y repugnante escarabajo.
Pero en realidad esto no tiene importancia, porque yo he consagrado a la migala con la certeza de mi muerte aplazada. En las horas más agudas del insomnio, cuando me pierdo en conjeturas y nada me tranquiliza, suele visitarme la migala. Se pasea embrolladamente por el cuarto y trata de subir con torpeza a las paredes. Se detiene, levanta su cabeza y mueve los palpos. Parece husmear, agitada, un invisible compañero.
Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba en Beatriz y en su compañía imposible.
FIN