martes, julio 22, 2014

Riesgos y zonas seguras

La zona segura, siempre será eso. Un lugar en donde nada te atormenta, nada te perturba. Un lugar donde la calma y la tranquilidad suele ser lo prioritario. Pero, ¿qué pasa cuando deja de serlo? Pues hay que tener el valor para dar un paso hacia afuera.

Se cruza en todos un tema importante. La edad. Una cosa es dar un paso hacia afuera cuando tienes veinticinco o treinta años y otra muy diferente es cuando tienes cincuenta o sesenta. ¿Vale realmente la pena hacerlo? Si nos sentimos tentados a hacerlo, habrá que analizar varias aristas o simplemente tomar la decisión y cerrar la puerta detrás de nosotros.

En la relación de pareja por ejemplo, suele verse más seguido matrimonios que terminan cuando ambos bordean esa edad. No todos necesariamente porque haya una tercera persona. Simplemente, se prefiere dejar la supuesta zona segura porque tal vez fuera las cosas marchen mejor. Otros, no toman la decisión, puesto que la presión de la sociedad, de los hijos, el miedo a la soledad y la rutina pueden pesar más que la búsqueda de un bien mayor (mejor). Cabe aquí una pregunta que también puede ser válida – detalle que me hizo notar un lector- ¿hacen algo por rengancharse? ¿se trabaja para reorientar y recuperar lo perdido?

Pasa lo mismo en los empleos. Tal vez, el miedo a dejar la zona segura (laboral y hasta económica) hace que muchas personas permanezcan en un entorno que ya no los apasiona, que no los motiva, que no les permite ir más allá: sin embargo, tal vez aquí también podríamos aplicar las mismas preguntas.


Y ahora sí, creo que es válido que luego de contestar esas inquietudes, si la cosa no marcha, pues tomar la decisión de arriesgar. Aquí ya no importan los juicios de valor de los demás. Luego de revisados todos los ángulos, pues pa’lante. Pero eso sí, nunca tires la puerta. No dejes tampoco una bomba de tiempo dentro.  Ciérrala con respeto y humildad, no dejes cabos sueltos; no vaya a ser que en algún momento tengas que volverla a tocar. 

martes, julio 15, 2014

La esencia es la misma.

Me sugirieron desarrollar algunos de los temas que publiqué en la lista del 7 de junio. Empiezo hoy usando el mismo orden. Aclaro que no desarrollaré todos, solo aquellos que recibieron mayor acogida. 

Siempre hemos escuchado que “genio y figura, hasta la sepultura”. En la gran mayoría de los casos esa máxima es totalmente cierta. Nacemos con varios condicionamientos genéticos a los cuales no podemos renunciar. El entorno y la educación van haciendo también su propio trabajo. Al ser adultos, somos el resultado de estos tres componentes que hemos ido cargando y moldeando desde niños.

Por ejemplo, hay personas egoístas en diferentes versiones. Tomo ese ejemplo porque creo que es el más común. EGO (todos lo tenemos) y se toman cantidades de decisiones basadas en nuestro propio beneficio antes que en el del otro. No hay que ser ciegos. Sin embargo, se puede dar el caso de observar a gente solidaria, desprendida, personas que a pesar de lo que vive mide su egoísmo natural, lo sopesa y controla, tal vez se tenga la inteligencia de imitar (emular) ese comportamiento en situaciones concretas. Bien por ello, pero luego… el carácter sale y se es, lo que se es.

Otro ejemplo típico de la convivencia. Me adecuo a mi marido, él se adecua a mí. Pero siempre tendrá sus manías (su desorden) y yo las mías (mi orden). Las discusiones de pareja caseras y mínimas desaparecieron casi por completo cuando POR FIN decidimos que reconocer que la esencia que conocimos en los 80s no había cambiado y menos, NO lo iba a ser.


El pesimista es pesimista, el optimista también, está el dramático, el exagerado, el celoso, el envidioso, el mediocre, el doliente, el sarcástico. A veces no los hace ni mejor ni peor. Pero si lo tienes de amig@ o pareja recuerda que no lo vas a hacer cambiar: quiérelo tal como es. Si no te gusta, huye. Si no lo reconoces... te recomiendo ser más observador. Puede pasar desapercibido y causar un gran daño cuando ya tomó dominio del terreno.

domingo, julio 06, 2014

HOY POR HOY

Hoy recordé que hace un par de meses atrás, en una reunión, mientras conversábamos de realidad nacional, política, actualidad y otros menesteres… uno de los invitados que me acaban de presentar me preguntó si yo también era abogada: no sé por qué hizo la deducción. Cuando le dije que no, que era profesora,  su comentario inmediato fue: ¡qué bonito!. Y luego siguió enfrascado en el tema “alturado” que lideraba la conversación.

El susodicho que hasta ese momento se había mostrado como un ser inteligente, culto y sensible, literalmente se me cayó al piso. Lo siento mucho y seré sincera, pero sus palabras me parecieron terribles. ¡Qué bonito! ¡Qué lindo! Tamaña estupidez. Confieso que por respeto a mis anfitriones y al resto de la concurrencia guardé silencio y sonreí. Luego, recordé las palabras de una madre de familia que un día me dijo que entendía que uno era profesora cuando no podía ser otra cosa en la vida. Nuevamente, por respeto a mi trabajo, también sonreí.

Este post va dirigido a todos aquellas personas que siguen menospreciando la labor de un profesor de colegio, porque seguramente al ser una de las profesiones más antiguas del planeta continua siendo poco respetada, y hasta devaluada en el siglo XXI.

Hoy no me callo. Hoy que se celebra el Día del Maestro el adjetivo “lindo” me parece más idiota y más estúpido que nunca.

Ser profesor es tener agallas, es tener huevos, es tener ovarios. Ser profesor es luchar cada día con padres que siempre creen saber más que uno. Ser profesor no es cerrar la oficina a las 5 de la tarde para irte a tu casa. Es corregir hasta altas horas de la noche, sacrificar tiempo en familia, preparar clase. Es buscar nuevos recursos para que tu alumno se involucre en su aprendizaje y le guste lo que le enseñas. Ser profesor es guiar una mano para que vaya trazando su nombre, su identidad, su opinión. Para que sepa qué significa 2+2 y que no solo memorice que es 4, sino que sea capaz de representarlo en toda su dimensión. Ser profesor es manejar la tolerancia, es trabajar para 30 alumnos aunque solamente 5 te presten atención y tengas que respirar muy hondo para no matar al resto. Ser profesor es reírte de las ocurrencias, es poner límites aunque te odien por un momento. Es plantarte con reglas claras sin ser fanático y hacerle entender a unos padres de familia que su hijo no es como ellos creen. Es buscar que tus alumnos amen el conocimiento, que desarrollen su curiosidad, que no le crean todo a Wikipedia y que confíen más en ti.

Todo lo que le enseñamos a los alumnos está en internet. En mi caso, verán obras, resúmenes, autores, movimientos literarios, historias, audiolibros, películas. El procesador de textos les dirá cómo hacer una carta. Por “default” se les corregirá la ortografía. Podrán plagiar trabajos, podrán encontrar un canal de youtube con las clases, seguramente. Ser profesor está pasando de moda… pareciera.

NO ES BONITO, no es fácil. Es un desafío diario y cada vez lo es más.

Y sí pues… todo está en la Web, pero el cómo se lo enseñamos, no lo está. La huella que dejamos, tampoco. 

¡Feliz día a mis maravillosos colegas! A los que fueron mis profesores en el colegio, a los que trabajan conmigo en el Cambridge y a todos mis amigos que siguen esta maravillosa, extraordinaria ocupación, carrera, profesión, vocación. 




martes, julio 01, 2014

Al azar

El tiempo pasa y al mirar atrás, veo un vacío de semanas en el que he estado muy alejada de lo que me gusta hacer a mi manera: escribir.

Es cierto que a veces uno tiene que tomar distancia, y ese espacio resultante nos permite tener una mirada diferente sobre nosotros mismos. Alejo Carpentier, decía en así en su novela “Concierto Barroco”: poner la mar de por medio.

La vida cotidiana nos engulle cada día más, al mí al menos me traga el tráfico, el trabajo, manejar, como a todos. Nos desgastamos pero a la vez somos luchadores de la vida, a nuestra manera y con nuestros propios medios y nuestros propios demonios. Nadie tiene derecho a quejarse, decía alguien el otro día; ello, ante la realidad difícil de una historia cercana. Y es verdad. Ante esa sentencia, todos deberíamos cerrar la boca porque siempre se encuentra uno que la pasa peor.

Pero el juego de la vida no es ese. Los pesos específicos del sufrimiento son diferentes e incomparables. El sufrimiento una niña que perdió a su muñeca favorita a los tres años era inmedible. El dolor de un amigo cuando perdió a su esposa no lo puedo describir. Seguramente, he usado terribles ejemplos, incomparables por su naturaleza. Pero son reales. Existen en sus dimensiones personales. Es como el umbral del dolor. Nadie tiene por qué juzgar.

Estamos acostumbrando a juzgarlo todo. Entre ello, el dolor propio y ajeno. Enaltece si uno aguanta; de eso no cabe la menor duda. El que se queja mucho, pierde.
Alguien pensará que de esto ya he escrito antes, es cierto. No obstante, este es uno de esos post en los que empiezo sin saber exactamente qué voy a decir y acabo hablando de un tema que está en lo cotidiano, en el día a día.


No hay lección, no hay consejo. Solo reflexión. 

martes, junio 24, 2014

Voces urbanas

En mis primeros años universitarios, rompiendo el cascarón, descubrí música extraordinaria, buena y no tanto. Mi mundo escolar había girado alrededor de toda la música Disco (que me sigue fascinando), pero me había quedado encorsetada en un mundo bastante limitado.

La trova llegaba con fuerza en los albores de los 80s, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, sumados a otras voces latinoamericanas empezaron a aparecer como una gran novedad para mí. Era una ignorante total en el tema. En esa misma época, ya de la mano con el buen Cortés, nos empezamos a aventurar en cuanto concierto podíamos en la famosa "Concha Acústica" del Campo de Marte o la del Parque Salazar. Además, de aislados invitados que llegaban a los jueves culturales de la PUCP. 

El "Festival de Música Urbana" (1983) fue una experiencia irrepetible, se alternaron durante varios jueves en el desaparecido Teatro Montecarlo grupos y solistas como Alejandro Susti, Susana Baca, Andrés Soto, Kiri Escobar; Frágil, Canto Rodado.  Los géneros fueron varios, jazz trova, música peruana, rock. Para mí, fue la primera vez que veía a estos músicos en escena y quedé impactada de su libertad, de su compromiso, de su pasión. 

Todavía tengo escenas grabadas en la memoria de los contrapuntos de Soto y Escobar: "dicen que soy un bribón", o Susana Baca con una canción que no la he vuelto a oír jamás "Un salvador americano sin que yanqui meta mano". Susti con "late, late río de mi país"...y así, imagen tras imagen, sonido y palabra. 

Hace poco, Andrés Soto ha sacado al mercado un cd con títulos de esa época. Les dejo la letra de una de mis canciones preferidas.

Dicen que para lograr
A la mujer tan ansiada
Sólo basta una estocada
En el corazón

Yo pregunto la razón
De este saber que sé yo
Pues la vida que se va
No se lleva nada

Y se quisiera ver por ver
Ya todo lo habría visto
Cual tristeza de mis ojos
No tener que ver

Si pudiera repartir
Tu sonrisa por mis valles
Tus penitas en mis calles
Y tu amor en mi

Yo tendría una razón
Que juntas con las demás
Me darían la ocasión
De gritar que lindo es el amor
Para el que sólo tiene fantasía
Y el calor de una compañía
Que es la vida mía

El hogar se ve mejor
Cuando hay fuego que lo encienda
Cuando hay leña que retenga
Tu mirada y mi voz

martes, junio 17, 2014

... estábamos de pachanga

Me ha gustado saber que más de un lector se ha preguntado por dónde ando. 


Pues aquí. Dándole vueltas a mil temas e ideas.Como comentaba el otro día con una gran amiga pintora, a veces uno cae en una suerte de "esterilidad" de ideas y por ello, vale la pena poner el pincel o pluma a descansar. Sin embargo, la tinta llama y la verdad, les confieso, que aunque exprese ideas variopintas, me hacía falta esta suerte de catarsis que vengo realizando hace varios años atrás.

¿Qué les puedo decir de estas últimas semanas? Solo compartir las lecciones.

* Los seres humanos no cambiamos, nos mimetizamos. Nos adecuamos. La esencia es la misma.

* Los seres humanos arriesgamos. Tomamos decisiones importantes, por valientes o por inconscientes pero si es necesario se hace. 

* Si alguien te encasilla, te jodiste, porque será bien difícil que cambie su modo de pensar: cualquier cosa que digas siempre será tomada en tu contra. 

* Nadie es superior a nadie.

* Por años nos han metido la mano en el micro, pero bastó la voz de Magaly Solier para que notara.

* Adoro a mi amiga que me dice  ¡en eso estás equivocada!

* Seguimos sin saber decir NO.

* No podemos manejarlo todo. 

* La adolescencia es la peor y mejor etapa de la vida.

* La intolerancia está por todos lados.

* Más tecnología, más complicada se vuelve la vida: dependencia que le llaman.

* Corazones pequeños suelen habitar en egos grandes y soberbios.

* Guardar silencio en el momento correcto.


miércoles, marzo 26, 2014

Mal de muchos

Muchos individuos tenemos la costumbre (no digo si es mala o buena) de compartir más información de la que nuestro interlocutor está con ganas de oír. Generalmente, ante una pregunta que podría responderse afirmativa o negativamente, damos un sinnúmero de explicaciones que resultan siendo un despropósito.
Al no poder asistir a un lugar, por ejemplo, no basta con “lo siento, no puedo ir”… hay que explicar por qué, cuál es el otro compromiso que impide nuestra presencia y desde luego, si la cosa se reduce a no tener ganas… no es políticamente correcto ser tan simple y honesto como: “no me provoca”, vade retro.
Cuando vamos al médico, la grandilocuencia aparece a mil, entonces una simple pregunta puede convertirnos en un narrador de cuentos. –¿Sufre de jaquecas?- y arranca la historia de cuándo, dónde, bajo qué circunstancias, que es hereditario, que cuando comemos chocolate se exacerba… - ¿y cómo va su presión?- , otro cuento bíblico.
Anoche, una entrañable amiga me contó una historia que me robo con alevosía y ventaja porque es digna de compartirla.
Como muchos fue donde un nutricionista para resolver su problema de sobrepeso. Ese mundo de la nutrición que además está lleno de preguntas sin resolver, mitos, leyendas y más. El cuento es que apenas llegó, percibió que el especialista en cuestión tenía serios problemas de vocalización, pero como dicen los chicos… “fluía”.
Se dio inicio a la consulta con preguntas de rutina… cuando llegó una que resulta fundamental cuando buscamos estabilizar nuestro peso: “¿cvkddkfdf de xdkimiento? Así, tal cual, esa fue la pregunta que ella escuchó, por lo que arrancó (y no paró): “Bueno doctor, tengo problemas para ir al baño…no tengo una rutina… en las mañanas salgo muy temprano a trabajar…creo que como muchas harinas, aunque a veces me ayudo con salvado…no me considero una persona del todo estreñida, pero creo que eso también me impide bajar de peso… cuando puedo tomo un batido de jugo de papaya con linaza, afrecho, limón, y guindones que funcionan, pero no siempre…porque como le dije, no tengo un estómago regulado, entonces es complicado… usted sabe… además, dicen que este problema en las mujeres es más grave…. porque claro, los hombres no son tan estreñidos…
Mientras tanto, el nutricionista la miraba pacientemente y aprovechando que ella tomó aire para respirar, él volvió a hacer la pregunta pero ahora sí, se esmeró en la vocalización: “¿fecha de nacimiento?....”
¡¡¡¡Gracias M, tu historia es sensacional!!!!!

martes, marzo 18, 2014

Oyentes curativos

Hoy de no debería estar aquí… me dijo ayer un/a amigo/a, mientras nos saludábamos. Solo me quedó poner cara de pregunta… ¿qué pasó?

Lejos de Lima había muerto uno de las personas que más quería. Una persona que había acompañado su infancia, sus logros, su crecimiento, sus alegrías, sus desazones y errores. Quizás no importe, para efectos de esta reflexión, quién era. Sin embargo, destaco que era fundamental en la vida de alguien, de “alguienes”.

La muerte se ríe de nosotros cada día, concluimos. Porque un día como ayer, ellos deberían estar juntos festejando un cumpleaños especial, un día como ayer el dolorido corazón de quien me hablaba había explotado de frustración al no poder estar cerca para dar el último adiós.

Mi amigo/a se había levantado esa mañana con ganas de quedarse rumiando la pena en la cama, pero sabía que iba a ser inútil, totalmente inútil. Se dio cuenta entonces, sabiamente, que debía ir a trabajar como todos los días y en silencio, a la distancia, comerse el dolor y dar la cara a la vida. Pensó que estar rodeado/a de energía ajena le fuera a dar algo de distracción… cosa que sí estaba funcionando. “Pensé en llamar y no ir al trabajo, pero me pregunté qué iba a hacer además de darle vuelta a esta mierda de tristeza que me toca vivir hoy. El estar con gente me ha distraído un poco, el que casualmente estemos ahora hablando y seas la persona que me esté escuchando me hace sentir bien…” y siguió contándome todos los pormenores y mensajes irónicos que la aguda e satírica muerte había planeado antes de llevarse a ese ser querido. “Es que espérate, porque mientras te siga contando te dará para escribir un libro…” Y yo, iba sorprendiéndome más y más de las terribles coincidencias, de la pena traída con gotero, del reloj de arena que iba a término donde cada grano había traído una pincelada de fugaz alegría.

“Hace un mes nos estábamos riendo en la playa… hoy ya no está… y yo aquí”


Habló calmadamente, sin interrupciones durante casi cincuenta minutos, habló, puteó discretamente, habló, no lloró porque la sonrisa siempre ha primado en su cara, no lloró porque no ameritaba, solo habló, habló, exorcizó la pena –en parte- pues era lo que necesita en ese momento. No más…sin consejos, sin consuelo, pero con el interés que un amigo/a debe tener en momentos como eso. 

Escuchamos y sin saber, curamos.

martes, marzo 11, 2014

Historia conocida...

Este diálogo me encanta y el otro día lo encontré por casualidad. Se los dejo.... vale la pena.


Un millonario empresario se fue de vacaciones a un pequeño pueblo. Alquiló una casa junto a un río. Todos los días veía cómo un joven pescador pasaba cuatro horas en su barca pescando peces. Cuando llenaba dos baldes de peces, el pescador volvía a casa hasta el día siguiente. Esa era su vida durante seis días a la semana. El empresario estudió la situación del joven pescador y un día se acercó a hablar con él:

Empresario: ¿Cuánto tiempo llevas pescando?
Pescador: Llevo toda la vida, desde que era pequeño. Mi padre me enseñó a pescar y a buscarme la vida con la pesca.
Empresario: ¿Y gana bastante dinero?
Pescador: No me hago rico, pero pago mi hipoteca, la luz, el seguro y tengo tiempo libre para mi familia y jugar a las cartas con mis amigos.
Empresario: He visto que cada día vienes a pescar 4 horas y únicamente llenas 2 cubos de pescado. ¿Sabías que si en lugar de pescar en esta parte del río, si lo hicieras 5km más abajo en el mismo tiempo podrías llenar 4 cubos de pescado en lugar de dos?.
Pescador: Sí, lo se, pero tendría que dedicar 1 hora más, y yo aprecio mucho más el dedicar ese tiempo a mi familia y jugar a las cartas con mis amigos
Empresario: Ya, pero si dedicando 1 hora más puedes duplicar la cantidad de peces, si dedicas 4 horas más, podrías cuadruplicar la cantidad de peces.
Pescador: ¿Y por qué iba a querer hacer eso? Ya le he dicho que para mí lo más importante es estar con mi familia y jugar a las cartas con mis amigos. ¿Por qué querría hacerlo?.
Empresario: Porque en unos meses podrías contratar nuevos pescadores.
Pescador: ¿Y para qué querría hacer eso? Le estoy diciendo que yo sólo quiero estar con mi familia y jugar a las cartas con mis amigos. El tener más pescadores me haría tener que estar pendiente de las nóminas y contar el resto del pescado que me traen. ¿Así que por qué querría hacerlo?
Empresario: Porque de esa forma, tendrías tu propia flota, tu propia empresa.
Pescador: Usted no me entiende, yo lo que realmente aprecio es estar con mi familia y jugar a las cartas con mis amigos. ¿Así que para qué quiero tener mi propia flota?
Empresario: Porque teniendo tu propia flota, tendrás suficiente pescado como para dejar de vender al por menor. Podrás saltarte a los intermediarios e ir directamente al proveedor, aumentando tu margen de beneficio. Con el tiempo, podrás incluso comprar la empresa de tu proveedor y ser el número uno en abastecimiento de pescado en toda la región. Antes de que cumplas los 40 años, podrás hacer dos cosas con tu empresa: O venderla o sacarla a bolsa. En ambos casos serás rico.
Pescador: ¿Y una vez que sea rico...qué?
Empresario: Pues a pasar tiempo con tu familia y a jugar a las cartas con tus amigos.

viernes, marzo 07, 2014

8 de marzo


Como siempre me expreso una vez más en el Día de la Mujer. Confieso que antes me molestaba que nos hubieran dado un día del año para reconocer el valor primordial que tenemos en la sociedad. Sin embargo, me he demorado en entender que el homenaje es lo que vale, como lo es el día de la Madre o la Navidad o cualquiera de los días significativos que hay en el año.

Así como en la historia el lugar de las mujeres ha cambiado; nuestras historias internas como seres individuales también lo han hecho.

Las mujeres nos transformamos, cambiamos una y otra vez, de piel. Nos transformamos y nos trastornamos,  y en ese devenir nos hemos aceptado una y otra vez, tal y como somos. Nuestro cuerpo se trasforma y nuestra emoción se trastorna.

Sí, las mujeres somos especialmente emocionales. ¿Cómo no serlo? Como madres: disfrutamos cada instante. La ansiedad se apodera de nosotras, los miedos, las angustias, las risas y los llantos. Como compañeras: los niveles emocionales nos recorren de punta a punta y aprendemos. Tomamos decisiones fundamentales y aprendemos. Como solteras (sin tomar en cuenta el estado civil), apreciamos enormemente nuestro espacio, somos más cautas, más orgullosas, más dignas.

Hemos cambiado, claro que lo hemos hecho. Nos paramos mejor en la cancha, elevamos la voz y somos más. Somos, somos más las que no callamos; somos más las que no nos resignamos a ser “mujeres florero”; somos más las que nos cansamos de ser hipócritas; somos más las que  nos queremos, somos más las valientes, somos más las que decimos NO, somos más las que decidimos sobre nuestros cuerpos, somos más las que nos zurramos en el “qué dirán”; somos más las que defendemos a otras mujeres; somos más las que hacemos autocrítica; somos más las que desatamos prejuicios.

Somos más y el número tiene que seguir creciendo.

Porque mujeres también somos las que estamos condenadas a la esclavitud sexual, a las violaciones, al trabajo forzado, a la violencia doméstica, a parir hijos sin quererlos, a mantenernos sin educación...

martes, marzo 04, 2014

y vamos treinta!!

Este mes en el que arranca mi labor de colegial como versa la Décima del gran Nicomedes, cumplo treinta años de haberme puesto de pie por primera vez frente a un aula de clases.
1984: Luis Jaime Cisneros me reclutó para formar parte de su grupo de Jefes de Práctica de Lengua I en la PUCP. Chiquilla ansiosa, inexperta y totalmente insegura un martes a las 6 pm de una cálida tarde veraniega me enfrenté al primer grupo de treinta alumnos que solo tenían tres años menos que yo...¡qué terror! A las ocho de la noche, después de dictar me desinflé exhausta. ¿Qué les puedo decir?

Poco a poco fui descubriendo hacia dónde me llevaba mi carrera, porque me quedó claro que ella me llevaba a mí. Estudiar Literatura sonaba en esos tiempos como algo exótico, mi madre jamás lo entendió, vertió lágrimas cuando le dije que no iba a ser abogada sino "literata". Pero no podía mentirme a mí misma. Mis estudios me llevaron de las aulas universitarias a las pre-universitarias. Larga data en ambas, pasaron justamente diez años en las que combiné los dos trabajos casi en paralelo. Y la vida me siguió llevando y yo, dejándome llevar.

En marzo de 1994 di mi primera clase escolar. En un salón tenía catorce alumnos, en el otro veintidós. Tremendos adolescentes. Tengo los nombres grabados con lacre en mi cerebro. Cada día un reto, cada día un desafío. Cada día tenía que sacar del "tongo del mago" un truco nuevo para convencerlos de que leer valía la pena. Han pasado veinte años desde ese día. 

Hoy son padres y madres de familia; hoy son profesores; hoy son escritores; hoy mueven el mundo.

Es difícil entender la adrenalina que se siente cuando uno se para frente a un salón de clase. No es el hecho huachafo de impartir conocimiento. No es una chamba altruista, romántica, quijotesca... No lo creo así. Es un desafío, eres como el actor "extra" que reemplaza a los padres. Eres el responsable de que la escena salga bien porque serás el culpable si no resulta.  

Yo busco mi parte en este juego de la enseñanza,  soy una interesada de lo peor en esta dinámica del día al día,  quiero mi tajada. Por ello, afilo todos mis sentidos para refrescarme con su adolescencia o solo sentarme a leer entrelíneas sus historias. Compartir sus historias, cargar con sus historias. Reírme de sus historias y frustrarme con ellas.

Los chicos de 1994 ya no son los de 2014. Hoy es más difícil ser adolescente. Se diga lo que se diga. Mi desafío ya no es convencerlos SOLO de que lea. El diario desafío es convencerlos de que algo ganarán dentro del salón. Son ellos los que eligen su ganancia.

Yo tengo la mía hace treinta años.

martes, febrero 25, 2014

Poesía, viva y eterna

Me preguntaron el otro día cuál  era mi poema favorito. No pude tener una respuesta inmediata. Creo que como les pasa a muchos, siento la poesía como la música. No tengo de primera mano una única canción favorita. De las que me gustan, me quedo con aquellas que me llevan temporalmente a algún lugar. De las que van llegando a mi vida voy guardando un nuevo registro, haciéndolas mías.
De niña, recuerdo un poema que recitaba con gran vocación y entusiasmo mi tío Víctor: "Verde que te quiero verde..." de Federico García Lorca.
Uno de los primeros libros "anchos" que recibí una Navidad tal vez al inicio de la pubertad fue una Antología llamada "Hablemos de amor". Me la leí íntegra de ida y de vuelta. Ahí estaba ese poema  del que escribí alguna vez " El seminarista de los ojos negros". En esa época temblé con Bécquer "Por una mirada, un mundo..." contemplo con cariño y nostalgia esa adolescencia en soledad en la que soñaba con un primer amor. No podría decir hoy que ambos estén entre lo preferido
Al conocer al chico que sería mi gran compañero leía una y otra vez poemas que trataban de amor y desamor. Me deleitaba (y lo sigue haciendo) algún soneto del español Garcilaso de la Vega como también los poemas maravillosos de Pedro Salinas. Obviamente, el descubrir a Benedetti y su sencillez fue algo que me marcó para siempre. De hecho durante mis estudios leí y analicé miles de poemas. De todo tipo, viscerales, sensibles, barrocos, surrealistas, indescifrables, simples, cursis, eternos...
Hay poemas rebuenos muy manoseados o poemas que no lo son tanto elevados a lo sublime. Cada uno tiene los suyos, aunque para los doctos sean cliché... qué importa. ¿Cuál es el problema?
Hoy me topé, de pura casualidad, con un poema ya conocido por mí. Lo leí a los dieciocho años y me pareció duro por lo real. Me lo sigue pareciendo, por eso creo que me gusta. María Elena Cornejo..

SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA
soy
la muchacha mala de la historia,
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.
soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.
soy
la muchacha mala de la historia.

martes, febrero 11, 2014

El mundo del juguete

De los recuerdos estimados que siempre vuelven a mi corazón está mi cajón de juguetes. Era un enorme baúl cuadrado de madera que guardaba cuanta cosa podía caber. Estaba  Topo Gigio, una gallina de madera Fisher Price que cuando la jalaba cacareaba (todavía la tengo!), un teléfono de la misma marca. Una loncherita con cierre blanca con muñequitas alrededor en donde ponía mis jaxes. Uno podía encontrar ollas, tazas, la muñequita que le apretabas la barriga y sacaba la lengua, carritos, soldaditos, bajalenguas de plástico (padre médico no olvidar) minitoys de esos que sonaban cuando los machucabas, algunas pelotas, cubos de madera, una caja de legos. Las barbies y todo el familión desde luego, de lo que ya he hablado en alguna ocasión. En esa época no vendían muchos juguetes  “chéveres” porque yo crecí en el gobierno militar. Pero todos cumplían su función. Algunos de ellos los había heredado de mis dos hermanas mayores que me sacaban una década de ventaja. Las barbies de hecho.
Abrir ese baúl era sumergirse en un mundo maravilloso de fantasía porque como todo estaba mezclado las posibilidades de combinación eran innumerables. Por ejemplo, el simple hecho de ponerlos a todos en fila ya demandaba horas de trabajo y por lo tanto, de entretenimiento.
En el mismo lugar también entraban las muñecas. No tenía muchas pero recuerdo una en especial. Nunca tuvo  nombre. No sé cuál fue la razón. Mi abuela Lila que cosía muy bonito le hizo un ajuar completo, hasta un saco azul con botones dorados. Antes, no se le compraba ropa a la muñeca. No obstante, mi favorita fue una que parecía un bebé de verdad: tamaño natural,  cabeza plástica, ojos de vidrio y cuerpo blando (casi como almohada). Mi hija siempre le tuvo pavor a esa muñeca… con tanta película de Chucky no pudo con ella.
Caída la tarde la tarea era poner todo de nuevo dentro del baúl. Estaba estratégicamente ubicado para que no tuviera mucha iluminación en la noche de tal forma que la hora de juego tenía que darse por terminada.
Ahora que veo esas películas en donde los muñecos cobran vida durante la noche, me imagino que ese baúl debe haber sido un vacilón.

martes, febrero 04, 2014

Una oportunidad


A veces tenemos enquistado en lo profundo de nuestro cerebro ideas preconcebidas que nos impiden ver la vida de otro modo. No hablo de los prejuicios que resultan ser un  aspecto de la vida recontra jodido puesto que no da lugar a la comprobación de los hechos. Hablo de las segundas, terceras o el número que sea de oportunidades.

A veces ni siquiera son pre- concebidas. Simplemente consideramos que hay personas que no pueden mutar, que no son capaces de rehacerse o de abandonar viejos hábitos, especialmente lo que los aleja de ser personas más saludables (en el sentido emocional de la palabra). Es decir: encasillamos tanto a la gente que no creemos en los cambios pequeños o por el contrario, sustanciales.

Solemos atrincherarnos en el concepto o idea que tenemos de alguien y en caso de mostrar alguna actitud diferente no le damos el crédito correspondiente. Uno tiene la exigencia social de mantener un status quo en su forma de ser. El que dice una mentira por ejemplo, será un mentiroso toda su vida. Desconfiamos. El que no te saludó un día, es un malcriado del mal. El chico que no sabe será un bruto por siempre.

La gente tiene derecho a cambiar, a mejorar (o empeorar) pero a veces no lo hace porque nuestra actitud no lo ayuda. Esa tendencia que tenemos a estigmatizar, a encasillar, a clasificar es un gran obstáculo. Tengo en la cabeza la frase de un antiguo alumno mío que un día me dijo: para qué voy a cambiar si nadie me creería… mejor me quedo como estoy aunque esté solo.

martes, enero 28, 2014

Lo que cuento

Más de una vez me han preguntado si cuando cuento historias en el Blog (en primera persona) todas me pertenecen. Les confesaré que no todas. Curiosamente, a lo largo de estos años muchas voces femeninas me han confiado sus vivencias  y yo, pidiendo permiso o a solicitud de la mismas he usado mi espacio para hablar por ellas, sobre ellas. También están las reflexiones que parten de experiencias que comparten conmigo, o ideas que me dan que a  ellas mismas les han confiado. ¿Por qué no escribes sobre esto…? Me dicen.
Y es que las mujeres, constantemente, nos contamos historias. Ello tiene una larga data antropológica que corresponde a tiempos memoriosos. Pienso en diferentes círculos femeninos en los que se compartían alegrías, miedos, angustias alrededor del fuego. Mujeres relegas, alejadas de los quehaceres “masculinos”, tal vez  atrapadas en un harem, en una residencia de geishas, en un salón de bordado… y poco a poco, en la memoria colectiva queda ese ir y venir de historias que merecen contarse. Entre las grandes contadoras de historias destaca Sherezade que salvó de morir solo cautivando a su “verdugo” noche tras noche.
Hay historia personales duras, terribles, hasta culposas. Otras, divertidas, cuestionadoras, irónicas. En este espacio semanal escojo las que me provocan según venga el ánimo. Las mías, las tuyas, las ajenas… nunca las inventadas.
Siempre hay una historia para contar.

martes, enero 21, 2014

MOVISTAR y la profesora

Una vez más escribo para contar una historia que tiene como punto de partida el hecho de ser profesora. Corrijo, tener el privilegio y la suerte de ser profesora.
Hace tres semanas decidí modernizarme y dejar mi jurásico Blackberry para pasar a un Smartphone. Tremenda tarea para alguien que se apega a los objetos tecnológicos antiguos por miedo al cambio,  y la verdad, es que a mi BB le tenía bastante “camote" y poseía un encanto agregado:  la funda protectora simulaba un antiguo cassette de 90 minutos/ Lado A. Una maravilla que me había conseguido mi exalumno Fonchi Panizo. Sigo…

El día que fui a realizar el cambio, implicaba también cambiar el plan y esta figura de pasar del sistema operativo del BBerry al Smarthphone era toda una joda. La explicación fue irrelevante, para mí, porque no entendí absolutamente nada, puesto que además, lo único que me interesaba era que pudiera comunicarme con el mundo: correos, whatsapp y lo demás, venía por “default”.

Cuando me atendieron, estaban en el mismo cubículo además dos chicos que se estaban entrenando en Servicio al Cliente. Lo primero que les llamó la atención a los tres fue mi funda, y obviamente hablamos de ella, de lo linda que era, etc. etc. A la vez, antes de que el vendedor me ofreciera un sinnúmero de aparatos de varias marcas, yo le advertí que me diera algo bueno, cómodo y barato. Mira, soy bruta para la tecnología celular. Pero también soy profesora, entonces imagínate que yo soy tu peor alumna y tienes que explicarme como si esto fuera una ecuación cuadrática y yo estuviera jalada en matemáticas…y si a eso le agregas que podría ser tu vieja… la cosa se agrava. Entonces te ruego que me tengas paciencia y me hables despacio.

Todos disfrutamos la jornada de mi cambio de equipo, porque yo repetía cada una de las instrucciones una y otra vez como regla nemotécnica. Seguíamos conversando sobre el hecho de ser profesora y “tía” y de las modernidades del mundo mundial.

Hoy, tres semanas después, no tenía correo, ni whatsapp, ni el “default”. Tenía mis pagos al día, pero Movistar siempre te complica un poquito la vida, por lo que decidí llenarme de paciencia e ir de nuevo a la oficina. Después de esperar quince turnos me mandaron al tercer piso. Yo sospechaba que como justo era la fecha de cambiar de sistema operativo algo tenía que ver.

Cuando me acerco a la ventanilla 23 veo en ella a uno de los jóvenes practicantes. Gloriosa memoria la mía, y de frente le dije: Yo te conozco!!!! Y él, lindo y hermoso con carita de ratón detrás de unos lentes gigantes me dijo: Claro! Usted es la profesora!!!!

Contar el final de la anécdota sería malograr el momento, pero solo les digo: ya tengo un cómplice en Movistar.

martes, enero 14, 2014

María y Juan van de compras


Antes de empezar a escribir este post, quiero aclarar que estas reflexiones se basan en la observación detenida de cualquier pareja escogida al azar, un día que fui sola de comprar. Si bien es cierto, cualquier Juan que lea esto o cualquier María, puede estar sujeta a la identificación total o parcial de la situación. Sin embargo, puede que tengan otro modus operandi o ello se regule de acuerdo a la tienda o a lo que se compre. La escena que les presento es la promedio.

María va a hacer compras y convence a Juan de que la acompañe “un ratito” nada más. Primera ingenuidad. Aquí, los ratitos ya no existen. Ya sea por el tráfico, por la cantidad de gente que siempre está en las tiendas, o porque a pesar de que hay cuatro cajas registradoras juntas solamente atienden en una. ¿Me equivoco? ¿Alguna vez han tenido el privilegio de ver operativas todas las cajas a la vez?

María tiene alguna idea de lo que quiere comprarse. Pero sumamos la segunda ingenuidad: antes de llegar a su objetivo, se lo cruzan otros objetivos no contemplados en su plan de acción. Una blusa más, otro color de polo, un pantalón por siaca, unos calzones que están de oferta. Surge la pregunta interna ¿qué vine a comprar?

¿Juan? ¿Dónde está Juan? Juan solidario acompaña. Mudo, obnubilado por las innumerables escenas dubitativas de María que le pregunta con tono lastimero: ¿me queda bien? ¿lo compro? Y él, con un gesto innatamente resignado le dirá: claro… si te gusta…Tercera ingenuidad: aquí no hay anuencia, no hay aceptación. Solo hay que leer entrelíneas e interpretar: para qué &%%$& me vine acá…o apúrate….o para mí todos son iguales…..o le queda como el pedo, pero cómo se lo digo.

Mientras ella sigue decidiendo, Juan (qué viva la modernidad!) acude a su salvavidas: el celular. Revisa una y otra vez su Facebook, sus mensajes, sus llamadas perdidas, se queda en pausa contemplando la pantalla. Cuando se cansa, puede que encuentre a otro Juan en su misma posición y cruza mirada con una sonrisa solidaria de dos desconocidos que se encuentran bajo la tormenta.

El post debería llevar otro título: María va de compras… Juan la acompaña.
También vendrá: Juan se va de compras y María lo asesora.

miércoles, enero 08, 2014

Lecturas


En un post corto los dejo con algunos títulos que les puede dar una mano durante el tiempo muerto que suele aparecerse en el verano. Yo también tengo mi lista de tareas para estas semanas que vienen.

1.    Lo que no tiene nombre: Piedad Bonett y el testimonio durísimo sobre el suicidio de su hijo.

2.    La ridícula idea de no volver a verte: Rosa Montero y su propia catarsis.

3.    Las puertas de la noche: Alejandro Gándara reflexiona sobre el concepto y esencia de la muerte.

4.    La vida de las mujeres: Alice Munro y una novela tan sencilla como ella.

5.    Un comunista en calzoncillos: Claudia Piñeira una de mis favoritas

6.    Los enamoramientos, fascinante novela de Javier Marías

7.    El héroe discreto: no es de mis favoritas de MVLL.

De las relecturas, las destacables.

1.    Pedro Páramo de Juan Rulfo. Una vez más, volví y me rendí.

2.    Aura de Carlos Fuentes, me estremeció como siempre.

3.    Rayuela de Julio Cortázar, me rallé y rayé una vez más.

4.    Poesía de Mario Benedetti, una y otra vez

Tarea de verano:

1.    Contarlo todo, de Jeremías Gamboa… a punto de terminar.

2.    Los años de peregrinación del chico sin color de Haruki Murakami

3.    Perdida de Gillian Flynn


Y dejemos que el tiempo traiga más!