miércoles, marzo 26, 2014

Mal de muchos

Muchos individuos tenemos la costumbre (no digo si es mala o buena) de compartir más información de la que nuestro interlocutor está con ganas de oír. Generalmente, ante una pregunta que podría responderse afirmativa o negativamente, damos un sinnúmero de explicaciones que resultan siendo un despropósito.
Al no poder asistir a un lugar, por ejemplo, no basta con “lo siento, no puedo ir”… hay que explicar por qué, cuál es el otro compromiso que impide nuestra presencia y desde luego, si la cosa se reduce a no tener ganas… no es políticamente correcto ser tan simple y honesto como: “no me provoca”, vade retro.
Cuando vamos al médico, la grandilocuencia aparece a mil, entonces una simple pregunta puede convertirnos en un narrador de cuentos. –¿Sufre de jaquecas?- y arranca la historia de cuándo, dónde, bajo qué circunstancias, que es hereditario, que cuando comemos chocolate se exacerba… - ¿y cómo va su presión?- , otro cuento bíblico.
Anoche, una entrañable amiga me contó una historia que me robo con alevosía y ventaja porque es digna de compartirla.
Como muchos fue donde un nutricionista para resolver su problema de sobrepeso. Ese mundo de la nutrición que además está lleno de preguntas sin resolver, mitos, leyendas y más. El cuento es que apenas llegó, percibió que el especialista en cuestión tenía serios problemas de vocalización, pero como dicen los chicos… “fluía”.
Se dio inicio a la consulta con preguntas de rutina… cuando llegó una que resulta fundamental cuando buscamos estabilizar nuestro peso: “¿cvkddkfdf de xdkimiento? Así, tal cual, esa fue la pregunta que ella escuchó, por lo que arrancó (y no paró): “Bueno doctor, tengo problemas para ir al baño…no tengo una rutina… en las mañanas salgo muy temprano a trabajar…creo que como muchas harinas, aunque a veces me ayudo con salvado…no me considero una persona del todo estreñida, pero creo que eso también me impide bajar de peso… cuando puedo tomo un batido de jugo de papaya con linaza, afrecho, limón, y guindones que funcionan, pero no siempre…porque como le dije, no tengo un estómago regulado, entonces es complicado… usted sabe… además, dicen que este problema en las mujeres es más grave…. porque claro, los hombres no son tan estreñidos…
Mientras tanto, el nutricionista la miraba pacientemente y aprovechando que ella tomó aire para respirar, él volvió a hacer la pregunta pero ahora sí, se esmeró en la vocalización: “¿fecha de nacimiento?....”
¡¡¡¡Gracias M, tu historia es sensacional!!!!!

martes, marzo 18, 2014

Oyentes curativos

Hoy de no debería estar aquí… me dijo ayer un/a amigo/a, mientras nos saludábamos. Solo me quedó poner cara de pregunta… ¿qué pasó?

Lejos de Lima había muerto uno de las personas que más quería. Una persona que había acompañado su infancia, sus logros, su crecimiento, sus alegrías, sus desazones y errores. Quizás no importe, para efectos de esta reflexión, quién era. Sin embargo, destaco que era fundamental en la vida de alguien, de “alguienes”.

La muerte se ríe de nosotros cada día, concluimos. Porque un día como ayer, ellos deberían estar juntos festejando un cumpleaños especial, un día como ayer el dolorido corazón de quien me hablaba había explotado de frustración al no poder estar cerca para dar el último adiós.

Mi amigo/a se había levantado esa mañana con ganas de quedarse rumiando la pena en la cama, pero sabía que iba a ser inútil, totalmente inútil. Se dio cuenta entonces, sabiamente, que debía ir a trabajar como todos los días y en silencio, a la distancia, comerse el dolor y dar la cara a la vida. Pensó que estar rodeado/a de energía ajena le fuera a dar algo de distracción… cosa que sí estaba funcionando. “Pensé en llamar y no ir al trabajo, pero me pregunté qué iba a hacer además de darle vuelta a esta mierda de tristeza que me toca vivir hoy. El estar con gente me ha distraído un poco, el que casualmente estemos ahora hablando y seas la persona que me esté escuchando me hace sentir bien…” y siguió contándome todos los pormenores y mensajes irónicos que la aguda e satírica muerte había planeado antes de llevarse a ese ser querido. “Es que espérate, porque mientras te siga contando te dará para escribir un libro…” Y yo, iba sorprendiéndome más y más de las terribles coincidencias, de la pena traída con gotero, del reloj de arena que iba a término donde cada grano había traído una pincelada de fugaz alegría.

“Hace un mes nos estábamos riendo en la playa… hoy ya no está… y yo aquí”


Habló calmadamente, sin interrupciones durante casi cincuenta minutos, habló, puteó discretamente, habló, no lloró porque la sonrisa siempre ha primado en su cara, no lloró porque no ameritaba, solo habló, habló, exorcizó la pena –en parte- pues era lo que necesita en ese momento. No más…sin consejos, sin consuelo, pero con el interés que un amigo/a debe tener en momentos como eso. 

Escuchamos y sin saber, curamos.

martes, marzo 11, 2014

Historia conocida...

Este diálogo me encanta y el otro día lo encontré por casualidad. Se los dejo.... vale la pena.


Un millonario empresario se fue de vacaciones a un pequeño pueblo. Alquiló una casa junto a un río. Todos los días veía cómo un joven pescador pasaba cuatro horas en su barca pescando peces. Cuando llenaba dos baldes de peces, el pescador volvía a casa hasta el día siguiente. Esa era su vida durante seis días a la semana. El empresario estudió la situación del joven pescador y un día se acercó a hablar con él:

Empresario: ¿Cuánto tiempo llevas pescando?
Pescador: Llevo toda la vida, desde que era pequeño. Mi padre me enseñó a pescar y a buscarme la vida con la pesca.
Empresario: ¿Y gana bastante dinero?
Pescador: No me hago rico, pero pago mi hipoteca, la luz, el seguro y tengo tiempo libre para mi familia y jugar a las cartas con mis amigos.
Empresario: He visto que cada día vienes a pescar 4 horas y únicamente llenas 2 cubos de pescado. ¿Sabías que si en lugar de pescar en esta parte del río, si lo hicieras 5km más abajo en el mismo tiempo podrías llenar 4 cubos de pescado en lugar de dos?.
Pescador: Sí, lo se, pero tendría que dedicar 1 hora más, y yo aprecio mucho más el dedicar ese tiempo a mi familia y jugar a las cartas con mis amigos
Empresario: Ya, pero si dedicando 1 hora más puedes duplicar la cantidad de peces, si dedicas 4 horas más, podrías cuadruplicar la cantidad de peces.
Pescador: ¿Y por qué iba a querer hacer eso? Ya le he dicho que para mí lo más importante es estar con mi familia y jugar a las cartas con mis amigos. ¿Por qué querría hacerlo?.
Empresario: Porque en unos meses podrías contratar nuevos pescadores.
Pescador: ¿Y para qué querría hacer eso? Le estoy diciendo que yo sólo quiero estar con mi familia y jugar a las cartas con mis amigos. El tener más pescadores me haría tener que estar pendiente de las nóminas y contar el resto del pescado que me traen. ¿Así que por qué querría hacerlo?
Empresario: Porque de esa forma, tendrías tu propia flota, tu propia empresa.
Pescador: Usted no me entiende, yo lo que realmente aprecio es estar con mi familia y jugar a las cartas con mis amigos. ¿Así que para qué quiero tener mi propia flota?
Empresario: Porque teniendo tu propia flota, tendrás suficiente pescado como para dejar de vender al por menor. Podrás saltarte a los intermediarios e ir directamente al proveedor, aumentando tu margen de beneficio. Con el tiempo, podrás incluso comprar la empresa de tu proveedor y ser el número uno en abastecimiento de pescado en toda la región. Antes de que cumplas los 40 años, podrás hacer dos cosas con tu empresa: O venderla o sacarla a bolsa. En ambos casos serás rico.
Pescador: ¿Y una vez que sea rico...qué?
Empresario: Pues a pasar tiempo con tu familia y a jugar a las cartas con tus amigos.

viernes, marzo 07, 2014

8 de marzo


Como siempre me expreso una vez más en el Día de la Mujer. Confieso que antes me molestaba que nos hubieran dado un día del año para reconocer el valor primordial que tenemos en la sociedad. Sin embargo, me he demorado en entender que el homenaje es lo que vale, como lo es el día de la Madre o la Navidad o cualquiera de los días significativos que hay en el año.

Así como en la historia el lugar de las mujeres ha cambiado; nuestras historias internas como seres individuales también lo han hecho.

Las mujeres nos transformamos, cambiamos una y otra vez, de piel. Nos transformamos y nos trastornamos,  y en ese devenir nos hemos aceptado una y otra vez, tal y como somos. Nuestro cuerpo se trasforma y nuestra emoción se trastorna.

Sí, las mujeres somos especialmente emocionales. ¿Cómo no serlo? Como madres: disfrutamos cada instante. La ansiedad se apodera de nosotras, los miedos, las angustias, las risas y los llantos. Como compañeras: los niveles emocionales nos recorren de punta a punta y aprendemos. Tomamos decisiones fundamentales y aprendemos. Como solteras (sin tomar en cuenta el estado civil), apreciamos enormemente nuestro espacio, somos más cautas, más orgullosas, más dignas.

Hemos cambiado, claro que lo hemos hecho. Nos paramos mejor en la cancha, elevamos la voz y somos más. Somos, somos más las que no callamos; somos más las que no nos resignamos a ser “mujeres florero”; somos más las que nos cansamos de ser hipócritas; somos más las que  nos queremos, somos más las valientes, somos más las que decimos NO, somos más las que decidimos sobre nuestros cuerpos, somos más las que nos zurramos en el “qué dirán”; somos más las que defendemos a otras mujeres; somos más las que hacemos autocrítica; somos más las que desatamos prejuicios.

Somos más y el número tiene que seguir creciendo.

Porque mujeres también somos las que estamos condenadas a la esclavitud sexual, a las violaciones, al trabajo forzado, a la violencia doméstica, a parir hijos sin quererlos, a mantenernos sin educación...

martes, marzo 04, 2014

y vamos treinta!!

Este mes en el que arranca mi labor de colegial como versa la Décima del gran Nicomedes, cumplo treinta años de haberme puesto de pie por primera vez frente a un aula de clases.
1984: Luis Jaime Cisneros me reclutó para formar parte de su grupo de Jefes de Práctica de Lengua I en la PUCP. Chiquilla ansiosa, inexperta y totalmente insegura un martes a las 6 pm de una cálida tarde veraniega me enfrenté al primer grupo de treinta alumnos que solo tenían tres años menos que yo...¡qué terror! A las ocho de la noche, después de dictar me desinflé exhausta. ¿Qué les puedo decir?

Poco a poco fui descubriendo hacia dónde me llevaba mi carrera, porque me quedó claro que ella me llevaba a mí. Estudiar Literatura sonaba en esos tiempos como algo exótico, mi madre jamás lo entendió, vertió lágrimas cuando le dije que no iba a ser abogada sino "literata". Pero no podía mentirme a mí misma. Mis estudios me llevaron de las aulas universitarias a las pre-universitarias. Larga data en ambas, pasaron justamente diez años en las que combiné los dos trabajos casi en paralelo. Y la vida me siguió llevando y yo, dejándome llevar.

En marzo de 1994 di mi primera clase escolar. En un salón tenía catorce alumnos, en el otro veintidós. Tremendos adolescentes. Tengo los nombres grabados con lacre en mi cerebro. Cada día un reto, cada día un desafío. Cada día tenía que sacar del "tongo del mago" un truco nuevo para convencerlos de que leer valía la pena. Han pasado veinte años desde ese día. 

Hoy son padres y madres de familia; hoy son profesores; hoy son escritores; hoy mueven el mundo.

Es difícil entender la adrenalina que se siente cuando uno se para frente a un salón de clase. No es el hecho huachafo de impartir conocimiento. No es una chamba altruista, romántica, quijotesca... No lo creo así. Es un desafío, eres como el actor "extra" que reemplaza a los padres. Eres el responsable de que la escena salga bien porque serás el culpable si no resulta.  

Yo busco mi parte en este juego de la enseñanza,  soy una interesada de lo peor en esta dinámica del día al día,  quiero mi tajada. Por ello, afilo todos mis sentidos para refrescarme con su adolescencia o solo sentarme a leer entrelíneas sus historias. Compartir sus historias, cargar con sus historias. Reírme de sus historias y frustrarme con ellas.

Los chicos de 1994 ya no son los de 2014. Hoy es más difícil ser adolescente. Se diga lo que se diga. Mi desafío ya no es convencerlos SOLO de que lea. El diario desafío es convencerlos de que algo ganarán dentro del salón. Son ellos los que eligen su ganancia.

Yo tengo la mía hace treinta años.

martes, febrero 25, 2014

Poesía, viva y eterna

Me preguntaron el otro día cuál  era mi poema favorito. No pude tener una respuesta inmediata. Creo que como les pasa a muchos, siento la poesía como la música. No tengo de primera mano una única canción favorita. De las que me gustan, me quedo con aquellas que me llevan temporalmente a algún lugar. De las que van llegando a mi vida voy guardando un nuevo registro, haciéndolas mías.
De niña, recuerdo un poema que recitaba con gran vocación y entusiasmo mi tío Víctor: "Verde que te quiero verde..." de Federico García Lorca.
Uno de los primeros libros "anchos" que recibí una Navidad tal vez al inicio de la pubertad fue una Antología llamada "Hablemos de amor". Me la leí íntegra de ida y de vuelta. Ahí estaba ese poema  del que escribí alguna vez " El seminarista de los ojos negros". En esa época temblé con Bécquer "Por una mirada, un mundo..." contemplo con cariño y nostalgia esa adolescencia en soledad en la que soñaba con un primer amor. No podría decir hoy que ambos estén entre lo preferido
Al conocer al chico que sería mi gran compañero leía una y otra vez poemas que trataban de amor y desamor. Me deleitaba (y lo sigue haciendo) algún soneto del español Garcilaso de la Vega como también los poemas maravillosos de Pedro Salinas. Obviamente, el descubrir a Benedetti y su sencillez fue algo que me marcó para siempre. De hecho durante mis estudios leí y analicé miles de poemas. De todo tipo, viscerales, sensibles, barrocos, surrealistas, indescifrables, simples, cursis, eternos...
Hay poemas rebuenos muy manoseados o poemas que no lo son tanto elevados a lo sublime. Cada uno tiene los suyos, aunque para los doctos sean cliché... qué importa. ¿Cuál es el problema?
Hoy me topé, de pura casualidad, con un poema ya conocido por mí. Lo leí a los dieciocho años y me pareció duro por lo real. Me lo sigue pareciendo, por eso creo que me gusta. María Elena Cornejo..

SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA
soy
la muchacha mala de la historia,
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.
soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril,
soy la mujer que lo castró
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.
soy
la muchacha mala de la historia.

martes, febrero 11, 2014

El mundo del juguete

De los recuerdos estimados que siempre vuelven a mi corazón está mi cajón de juguetes. Era un enorme baúl cuadrado de madera que guardaba cuanta cosa podía caber. Estaba  Topo Gigio, una gallina de madera Fisher Price que cuando la jalaba cacareaba (todavía la tengo!), un teléfono de la misma marca. Una loncherita con cierre blanca con muñequitas alrededor en donde ponía mis jaxes. Uno podía encontrar ollas, tazas, la muñequita que le apretabas la barriga y sacaba la lengua, carritos, soldaditos, bajalenguas de plástico (padre médico no olvidar) minitoys de esos que sonaban cuando los machucabas, algunas pelotas, cubos de madera, una caja de legos. Las barbies y todo el familión desde luego, de lo que ya he hablado en alguna ocasión. En esa época no vendían muchos juguetes  “chéveres” porque yo crecí en el gobierno militar. Pero todos cumplían su función. Algunos de ellos los había heredado de mis dos hermanas mayores que me sacaban una década de ventaja. Las barbies de hecho.
Abrir ese baúl era sumergirse en un mundo maravilloso de fantasía porque como todo estaba mezclado las posibilidades de combinación eran innumerables. Por ejemplo, el simple hecho de ponerlos a todos en fila ya demandaba horas de trabajo y por lo tanto, de entretenimiento.
En el mismo lugar también entraban las muñecas. No tenía muchas pero recuerdo una en especial. Nunca tuvo  nombre. No sé cuál fue la razón. Mi abuela Lila que cosía muy bonito le hizo un ajuar completo, hasta un saco azul con botones dorados. Antes, no se le compraba ropa a la muñeca. No obstante, mi favorita fue una que parecía un bebé de verdad: tamaño natural,  cabeza plástica, ojos de vidrio y cuerpo blando (casi como almohada). Mi hija siempre le tuvo pavor a esa muñeca… con tanta película de Chucky no pudo con ella.
Caída la tarde la tarea era poner todo de nuevo dentro del baúl. Estaba estratégicamente ubicado para que no tuviera mucha iluminación en la noche de tal forma que la hora de juego tenía que darse por terminada.
Ahora que veo esas películas en donde los muñecos cobran vida durante la noche, me imagino que ese baúl debe haber sido un vacilón.

martes, febrero 04, 2014

Una oportunidad


A veces tenemos enquistado en lo profundo de nuestro cerebro ideas preconcebidas que nos impiden ver la vida de otro modo. No hablo de los prejuicios que resultan ser un  aspecto de la vida recontra jodido puesto que no da lugar a la comprobación de los hechos. Hablo de las segundas, terceras o el número que sea de oportunidades.

A veces ni siquiera son pre- concebidas. Simplemente consideramos que hay personas que no pueden mutar, que no son capaces de rehacerse o de abandonar viejos hábitos, especialmente lo que los aleja de ser personas más saludables (en el sentido emocional de la palabra). Es decir: encasillamos tanto a la gente que no creemos en los cambios pequeños o por el contrario, sustanciales.

Solemos atrincherarnos en el concepto o idea que tenemos de alguien y en caso de mostrar alguna actitud diferente no le damos el crédito correspondiente. Uno tiene la exigencia social de mantener un status quo en su forma de ser. El que dice una mentira por ejemplo, será un mentiroso toda su vida. Desconfiamos. El que no te saludó un día, es un malcriado del mal. El chico que no sabe será un bruto por siempre.

La gente tiene derecho a cambiar, a mejorar (o empeorar) pero a veces no lo hace porque nuestra actitud no lo ayuda. Esa tendencia que tenemos a estigmatizar, a encasillar, a clasificar es un gran obstáculo. Tengo en la cabeza la frase de un antiguo alumno mío que un día me dijo: para qué voy a cambiar si nadie me creería… mejor me quedo como estoy aunque esté solo.

martes, enero 28, 2014

Lo que cuento

Más de una vez me han preguntado si cuando cuento historias en el Blog (en primera persona) todas me pertenecen. Les confesaré que no todas. Curiosamente, a lo largo de estos años muchas voces femeninas me han confiado sus vivencias  y yo, pidiendo permiso o a solicitud de la mismas he usado mi espacio para hablar por ellas, sobre ellas. También están las reflexiones que parten de experiencias que comparten conmigo, o ideas que me dan que a  ellas mismas les han confiado. ¿Por qué no escribes sobre esto…? Me dicen.
Y es que las mujeres, constantemente, nos contamos historias. Ello tiene una larga data antropológica que corresponde a tiempos memoriosos. Pienso en diferentes círculos femeninos en los que se compartían alegrías, miedos, angustias alrededor del fuego. Mujeres relegas, alejadas de los quehaceres “masculinos”, tal vez  atrapadas en un harem, en una residencia de geishas, en un salón de bordado… y poco a poco, en la memoria colectiva queda ese ir y venir de historias que merecen contarse. Entre las grandes contadoras de historias destaca Sherezade que salvó de morir solo cautivando a su “verdugo” noche tras noche.
Hay historia personales duras, terribles, hasta culposas. Otras, divertidas, cuestionadoras, irónicas. En este espacio semanal escojo las que me provocan según venga el ánimo. Las mías, las tuyas, las ajenas… nunca las inventadas.
Siempre hay una historia para contar.

martes, enero 21, 2014

MOVISTAR y la profesora

Una vez más escribo para contar una historia que tiene como punto de partida el hecho de ser profesora. Corrijo, tener el privilegio y la suerte de ser profesora.
Hace tres semanas decidí modernizarme y dejar mi jurásico Blackberry para pasar a un Smartphone. Tremenda tarea para alguien que se apega a los objetos tecnológicos antiguos por miedo al cambio,  y la verdad, es que a mi BB le tenía bastante “camote" y poseía un encanto agregado:  la funda protectora simulaba un antiguo cassette de 90 minutos/ Lado A. Una maravilla que me había conseguido mi exalumno Fonchi Panizo. Sigo…

El día que fui a realizar el cambio, implicaba también cambiar el plan y esta figura de pasar del sistema operativo del BBerry al Smarthphone era toda una joda. La explicación fue irrelevante, para mí, porque no entendí absolutamente nada, puesto que además, lo único que me interesaba era que pudiera comunicarme con el mundo: correos, whatsapp y lo demás, venía por “default”.

Cuando me atendieron, estaban en el mismo cubículo además dos chicos que se estaban entrenando en Servicio al Cliente. Lo primero que les llamó la atención a los tres fue mi funda, y obviamente hablamos de ella, de lo linda que era, etc. etc. A la vez, antes de que el vendedor me ofreciera un sinnúmero de aparatos de varias marcas, yo le advertí que me diera algo bueno, cómodo y barato. Mira, soy bruta para la tecnología celular. Pero también soy profesora, entonces imagínate que yo soy tu peor alumna y tienes que explicarme como si esto fuera una ecuación cuadrática y yo estuviera jalada en matemáticas…y si a eso le agregas que podría ser tu vieja… la cosa se agrava. Entonces te ruego que me tengas paciencia y me hables despacio.

Todos disfrutamos la jornada de mi cambio de equipo, porque yo repetía cada una de las instrucciones una y otra vez como regla nemotécnica. Seguíamos conversando sobre el hecho de ser profesora y “tía” y de las modernidades del mundo mundial.

Hoy, tres semanas después, no tenía correo, ni whatsapp, ni el “default”. Tenía mis pagos al día, pero Movistar siempre te complica un poquito la vida, por lo que decidí llenarme de paciencia e ir de nuevo a la oficina. Después de esperar quince turnos me mandaron al tercer piso. Yo sospechaba que como justo era la fecha de cambiar de sistema operativo algo tenía que ver.

Cuando me acerco a la ventanilla 23 veo en ella a uno de los jóvenes practicantes. Gloriosa memoria la mía, y de frente le dije: Yo te conozco!!!! Y él, lindo y hermoso con carita de ratón detrás de unos lentes gigantes me dijo: Claro! Usted es la profesora!!!!

Contar el final de la anécdota sería malograr el momento, pero solo les digo: ya tengo un cómplice en Movistar.

martes, enero 14, 2014

María y Juan van de compras


Antes de empezar a escribir este post, quiero aclarar que estas reflexiones se basan en la observación detenida de cualquier pareja escogida al azar, un día que fui sola de comprar. Si bien es cierto, cualquier Juan que lea esto o cualquier María, puede estar sujeta a la identificación total o parcial de la situación. Sin embargo, puede que tengan otro modus operandi o ello se regule de acuerdo a la tienda o a lo que se compre. La escena que les presento es la promedio.

María va a hacer compras y convence a Juan de que la acompañe “un ratito” nada más. Primera ingenuidad. Aquí, los ratitos ya no existen. Ya sea por el tráfico, por la cantidad de gente que siempre está en las tiendas, o porque a pesar de que hay cuatro cajas registradoras juntas solamente atienden en una. ¿Me equivoco? ¿Alguna vez han tenido el privilegio de ver operativas todas las cajas a la vez?

María tiene alguna idea de lo que quiere comprarse. Pero sumamos la segunda ingenuidad: antes de llegar a su objetivo, se lo cruzan otros objetivos no contemplados en su plan de acción. Una blusa más, otro color de polo, un pantalón por siaca, unos calzones que están de oferta. Surge la pregunta interna ¿qué vine a comprar?

¿Juan? ¿Dónde está Juan? Juan solidario acompaña. Mudo, obnubilado por las innumerables escenas dubitativas de María que le pregunta con tono lastimero: ¿me queda bien? ¿lo compro? Y él, con un gesto innatamente resignado le dirá: claro… si te gusta…Tercera ingenuidad: aquí no hay anuencia, no hay aceptación. Solo hay que leer entrelíneas e interpretar: para qué &%%$& me vine acá…o apúrate….o para mí todos son iguales…..o le queda como el pedo, pero cómo se lo digo.

Mientras ella sigue decidiendo, Juan (qué viva la modernidad!) acude a su salvavidas: el celular. Revisa una y otra vez su Facebook, sus mensajes, sus llamadas perdidas, se queda en pausa contemplando la pantalla. Cuando se cansa, puede que encuentre a otro Juan en su misma posición y cruza mirada con una sonrisa solidaria de dos desconocidos que se encuentran bajo la tormenta.

El post debería llevar otro título: María va de compras… Juan la acompaña.
También vendrá: Juan se va de compras y María lo asesora.

miércoles, enero 08, 2014

Lecturas


En un post corto los dejo con algunos títulos que les puede dar una mano durante el tiempo muerto que suele aparecerse en el verano. Yo también tengo mi lista de tareas para estas semanas que vienen.

1.    Lo que no tiene nombre: Piedad Bonett y el testimonio durísimo sobre el suicidio de su hijo.

2.    La ridícula idea de no volver a verte: Rosa Montero y su propia catarsis.

3.    Las puertas de la noche: Alejandro Gándara reflexiona sobre el concepto y esencia de la muerte.

4.    La vida de las mujeres: Alice Munro y una novela tan sencilla como ella.

5.    Un comunista en calzoncillos: Claudia Piñeira una de mis favoritas

6.    Los enamoramientos, fascinante novela de Javier Marías

7.    El héroe discreto: no es de mis favoritas de MVLL.

De las relecturas, las destacables.

1.    Pedro Páramo de Juan Rulfo. Una vez más, volví y me rendí.

2.    Aura de Carlos Fuentes, me estremeció como siempre.

3.    Rayuela de Julio Cortázar, me rallé y rayé una vez más.

4.    Poesía de Mario Benedetti, una y otra vez

Tarea de verano:

1.    Contarlo todo, de Jeremías Gamboa… a punto de terminar.

2.    Los años de peregrinación del chico sin color de Haruki Murakami

3.    Perdida de Gillian Flynn


Y dejemos que el tiempo traiga más!

jueves, enero 02, 2014

Comenzó el verano


Me miro una y otra vez al espejo, y no por ego… sino por masoquismo. Ando de un color muerto que le hago la competencia a Gasparín. Aunque pensándolo bien, tengo un tono hierba luisa verdoso que da pena. Además, el invierno causa catástrofes naturales: nos destiñe. No suelo ir a la playa con mucho rigor o por el contrario, cuando hago el propósito de ir, me pasa algo en el camino. Como cuando me chocó un camión portatropa de Salvataje de la PNP (ver post enero 2012), razón por la cual lo pienso dos veces.

Este año, como siempre, el tiempo pasó volando y cuando el verano ya estaba encima mi amor propio me impedía ponerme un vestido. Averiguando, averiguando, descubrí que existía LIMATAN, un lugar en donde te hacían bronceados artificiales como para pasar “piola” los primeros días soleados y aparecer como que ya estábamos tomando un color capulí…Deducirán que empecé a deshojar margaritas: voy o no voy, voy o no voy. Pero para no perder tiempo, arranqué con las investigaciones del caso.

Primero, me paseé por la página web. Me leí todo, hasta las letras chiquitas. Me fijé en el razonable precio que me iba a convertir en una “golden girl” y obviamente no era por la edad (no se maleen… todavía son “silver girl”). De ahí, entré a Facebook, viendo las opiniones y revisando las preguntas… descartando dudas, paltas, y más pétalos de margaritas. Llamé por teléfono y confirmé dirección, si había playa de estacionamiento cerca, tontería y media. El proceso, según me indicaron, solo demoraba diez minutos.

La cosa es que me embarqué una mañana nublosa a acometer dicha empresa. Y no negaré que tenía un nudito en la garganta, que si hubiera sido varón, tendría dos nuditos. Recordaba ese capítulo de Friends en donde Ross se pinta y no se da la vuelta correctamente. Recordaba, también, que hace unos cuatro o cinco años atrás, unas maravillosas alumnas mías se habían aplicado el bronceado artificial para la Pre o la Prom y habían quedado color puré de camote con harto jugo de naranja!!! Pienso enormemente en ellas mientras escribo este post y me mato de la risa recordando la historia. Pero, con todo ello, pensé que el tiempo jugaba a mi favor y la tecnología sería más condescendiente conmigo.

Cuando llegué me preguntaron: ¿viene a broncearse? Cuán obvia sería mi blancura que no me preguntaron por otros de los servicios que ofrecían. Mi respuesta fue: quiero un tono bajito no más y a lo Chuiman: en la cara no…

En fin, con las prendas escogidas para la ocasión, pasé a una suerte de ducha en la que me esperaba una chica super amable con un frasco y pistola en mano. Misma pintura al duco. Así lo vi: me iban a pintar al duco. Me indicaron que tenía que echarme una crema en las palmas de las manos, plantas de pie y uñas. Seguí instrucciones y arrancamos. La postura de “Hombre de Vitrubio” fue la que predominó. Creo que Leonardo da Vinci no se iba a imaginar jamás en su sapiencia que lo iba a estar convocando mientras que me convertí humildemente en un mueble para ser pintado como tico, casi galvanizado. Después de la pintada, prendieron el ventilador y vino la secada: ocho minutos debajo de un ventilador y luego a salir a caminar por veinte más y “airearme”.

La historia está larga, pero en conclusión: valió la pena… de yerbaluisa pasé a color té con limón en la tercera usada de la bolsita. No llamó la atención, me duró una semana, lo suficiente para ir un par de veces a la playa y empezar a tomar un bronceado natural.

Como quien dice: otra aventura divertida para contarle a los nietos.

miércoles, diciembre 25, 2013

Cerrando el año...


Queda una semana para acabe el año y no pensaba escribir ningún post en estos días para tomar unas mini vacaciones del Blog. Pero tengo mucho que agradecer y aprovecho esta tribuna para hacerlo.

Empiezo por celebrar el éxito del libro “Palabra Viva”. El maridaje entre la selección de mis textos y las extraordinarias fotos de Anamaria McCarthy no se hace todos los días. Nos ha ido muy bien, rebasando inclusive, nuestras propias expectativas. Lo mejor: seguimos mirando el futuro en esta coautoría, coeditoría y diálogo fluido y natural. Como dije esa cálida noche de agosto: un sueño que se hace realidad se realiza cuando no bajamos los brazos, cuando hay cariño, cuando le ponemos pasión a lo que hacemos.

Por otro lado, el proyecto que empezó en el 2012 de fomento de lectura junto con la Municipalidad de Miraflores –Fotolecturas- se cerró este diciembre. Vi trabajos maravillosos de colegios diversos. Me quedé asombrada y encantada de ver cómo después de haber manejado este proyecto con mis alumnos del Cambridge durante quince años, pude replicar la propuesta con chicos de otros entornos. El entusiasmo, la participación, las ganas de recorrer la ciudad con un libro en la mano no tiene precio. Confirmo, se puede seguir motivando la lectura en los adolescentes. Nuevamente, sin bajar los brazos y seguir con entusiasmo.

Mi trabajo me motiva en el día a día.  Los chicos me contagian su alegría, su “creatividad”, me inyectan juventud, humor. Son originales como cualquiera lo es a esa edad, pero también tienen un miedo enorme de crecer. Se aferran a ser niños para no perder protección pero piden a gritos libertad. Algunos piden a gritos atención, algunos piden a gritos… cariño. ¿Cómo no agradecer sus iniciativas, sus bromas, sus flojeras…? ¿Cómo no agradecer que me aguantan y todavía ríen conmigo? Y aunque sigo luchando para que lean, y son unos devotos de Wikipedia… algo les quedará de sus clases de Literatura.

Como todo en la vida, saltan piedras en el camino. Y aprendí que las piedras están para esquivarlas. Aprendí que no iba a cargar las piedras ajenas porque no eran parte de mí. Los problemas que tienen los demás, las frustraciones, la pérdida de pasión, las carencias, las envidias, las máscaras… le pertenecen a quien las lleva consigo.

A mi edad, palabras ajenas y muy sabias, tengo los amigos que quiero tener. Aquellos que me conocen bien, que me dicen las cosas a la cara, los directos, honestos, valientes, amorosos, generosos, rústicos, entrañables. A ellos mi eterna gratitud por todo lo que han hecho por mí en estos últimos tiempos. No se pueden imaginar cuánto… tanto, que ni se imaginan.

Cierro un año con: 50 años encima bien vividos. 25 años viviendo al lado de un hombre humano, íntegro, incorruptible, transparente y amoroso que me contagia su fortaleza cada día. 23 años de ser madre de una mujer valiente y ejemplar,  20 de  un hombre arriesgado y comprometido con su futuro. Un libro publicado, un proyecto celebrado, un trabajo lleno de retos y un corazón plenamente satisfecho. Sigo sin bajar los brazos: ahí está el truco. Amo todo lo que hago: ahí el segundo truco y el fundamental.
 
2013, te vas dejándome una valla bien alta, y ya estoy tomando viada para alcanzar todas las que se presenten en el 2014.

martes, diciembre 17, 2013

Las mejores perlas del año


Siempre pienso que debería tener un archivo especial para todos los comentarios maravillosos que sueltan mis alumnos de vez en cuando. He escuchado de todo en esta vida, sacando cuentas pronto cumpliré treinta años desde que Luis Jaime Cisneros me dio el primer empujón para pararme frente a un aula: marzo del 84. ¡Cómo pasa el tiempo! Los años de docencia universitaria, luego en la inolvidable academia Trener y ahora en el colegio me van dejando huellas simplemente geniales.

Inolvidable y ya un clásico, cuando un alumno –analizando “El túnel”- me dijo que Juan Pablo Castel se creía un “ya no ya”…. O cuando otro me preguntó si la Edad Media era antes de Cristo o después de Cristo. Algunas se me diluyen en la memoria y me mata la pena porque a estas alturas de mi vida son irrecuperables.

No obstante, antes de que caigan en algún lugar recóndito de mi memoria tengo que dejarles algunas que he coleccionado este año.

1.    Ante la pregunta: ¿cuáles eran los nombres de los tres mosqueteros? La respuesta inmediata acompañada de una sonrisa que iluminaba el rosto de NN fue: Gaspar, Baltazar y Melchor.  

¡HERMOSO!

2.    Mientras se realizaba la lectura silenciosa de un cuento. A boca de jarro surge una pregunta: No entiendo…. ¿cómo le robaron? Yo, en ese momento, no recordaba para nada que hubiera habido un hurto en el argumento, sabía que el protagonista se había emborrachado pero nada más… pero la confusión del estudiante era de tamaña intensidad que dudaba de mi misma.

Otra alumna salió a mi auxilio…no- dijo- seguro que se ha confundido. No le roban. Lo que pasa es que aquí dice “lo asaltaron los escrúpulos”:…

3.    Esta última va más allá del conocimiento académico, es inocencia pura. Conociendo a la criatura, estoy totalmente convencida que no hubo dolo ni mala intención en su pregunta. Ello, eleva la anécdota a la genialidad.

-Miss, hoy día ¿es tu cumpleaños?

-Sí, NN, hoy cumplo cincuenta!

- ¡Ala miss! y ¿a los cincuenta, las mujeres todavía celebran?

¿Cómo no va a ser un placer trabajar con estos chicos?

martes, diciembre 10, 2013

Última clase

Cuando acaba el año escolar suelo tener una última clase especial con mis chicos y en  especial con los de 3ero de media. Escojo esa promoción porque los de 5to tienen otro chip –además de haberse ido antes- y los de 4to ya están pensando que falta poco para acabar el colegio.
Para mí, 3ero es un grado especial. Recibo a un grupo nuevo y busco encaramelarlos con el bichito de la lectura. A veces lo logro. Trabajo cada día por hacerles entender cuán importante es leer. Cada año es más duro. Ello, por mil y un razones que sobran analizar. Hoy, cerrando el año les puse en pantalla (Smart Board) una lista de los que yo consideraba los Top Ten clásicos de la literatura universal y que habíamos revisado de una u otra manera durante el año.
Sin embargo, mientras que mi discurso iba planeado a  decirles que en algún momento de sus vidas leyeran esas obras, me di cuenta que el mundo que cada uno de mis alumnos vivía estaba reflejado en la pantalla. Mi hoja de ruta cambió. Aquí va la idea general de lo que les dije.
A los quince años uno sabe que falta mucho por vivir, pero cree que lo ha vivido todo. Solemos decir que los adolescentes no saben lo que es la vida, pero a veces no somos capaces de recordar que a esa edad un problema puede ser una tragedia griega. La vulnerabilidad y la sensibilidad están a flor de piel, y al igual que en “La divina comedia” alguno de mis alumnos puede pasar del Infierno al Purgatorio y de ahí al Paraíso.
Otro de mis chiquillos puede sentir tanta culpa como Ralkolnikov en “Crimen y castigo” o ser tan malévolos como Yago en “Otelo”. Puede haber sufrido enormemente por la separación de sus padres léase Karenin y Anna. Un adolescente puede tener grandes sueños como Don Quijote o ser tan campechanos como Sancho.
Más de uno vivirá su miseria cada vez que está sentado en un salón de clase o soñará con salir adelante emocionalmente a pesar de todo lo que lo rodee, como Jean Valjean.  Más de uno tendrá una madre intransigente, más de uno y querrá patear el tablero de lo correcto como en las obras de García Lorca.
 Y la gran mayoría, seguramente, subirá a su movilidad y se tragará todo el tráfico limeño deseando una sola cosa: llegar a casa, como Ulises.
Eso le hice ver a los chicos: el año que hemos recorrido en la literatura es un espejo de lo mismo que ellos han vivido durante treintaiséis semanas. Emociones que se encuentran en esas obras. En la última hora de clase tenían que entender en la literatura está nuestra esencia, nuestra humanidad. En ella sentimos, nos observamos y nos reconocemos una y otra vez.

martes, diciembre 03, 2013

Carta a Papá Noel

Querido Papá Noel:
Sé que te sorprenderá que te escriba dado que no soy una fanática de la Navidad… pero así son las cosas. Han pasado muchas lunas desde que era una niña y te pedí una muñeca que nunca me trajiste y por esa razón decidí no hacerlo más.
Sin embargo, al llegar a los cincuenta años me di cuenta que podría hacerte unos pequeños pedidos no muy complicados de cumplir y mejor hacerlo ya, porque  la Navidad (mi celebración desfavorita) está a la vuelta del mes.
Por lo tanto, ahí vamos:
1.    Poner “coma temporal” a Los Toribianitos, estos niños infames que me taladran el cerebro doquier. Huelgan motivos de mi explicación y fíjate que no estoy siendo cruel porque los puedes despertar cuando consideres necesario para no perturbar la paz mundial.
2.    Consígueme un Panetón y una mantequilla que pueda ingerir ilimitadamente sin temor a que se instalen en mi cadera para siempre. Ha llegado un rollo que por nada del mundo quiere irse y la verdad es que veo que es angurriento y quiere “más, más y más”.
3.    Explícales a los encargados de las estrategias comerciales que el espíritu navideño arranca a finales de noviembre, porque este año han exagerado: le han quitado al Señor de los Milagros la exclusividad de octubre: no es justo! Esto tener que elegir entre el morado y el rojo/verde es un problema.
4.    Recuérdale a los padres que los niños se conforman con regalos sencillos, que no pueden darle todo y peor aún, lo que ellos nunca recibieron (o les gustaría haber recibido). Una pelota, una muñeca y UN LIBRO –objeto en desuso, por cierto- bastan para una Navidad feliz. Los niños engreídos de hoy son los adolescentes soberbios de mañana...
5.    Dile a mi mamá que, en honor a ella, les sigo entregando a mis hijos sus regalos en las bolsas de tela que ella cosió con tanto afán cuando eran niños y que siempre incluyo la clásica pijama o su toalla de playa: “un must”
6.    Este pedido muestra mi generosidad. Déjales a todos los congresistas  un “Neuronalímetro” para que soplen y de acuerdo a su nivel  no circulen por favor. Concordarás conmigo que es una idea inteligente. Tolerancia CERO, te lo imploro.
Papa Noel, sé que me he portado lo mejor posible en este año. Soy consciente que hay habido cosas buenas y otras, no tanto. No obstante, la vida es así. Me quedo con lo bueno, con lo súper bueno y enormemente agradecida por este 2013 que vino con todo, como quien dice.
Aunque no lo creas, prometo recibirte con árbol nuevo y aunque San José se quedó manquito en la mudanza (o con su sierra de carpintero) el nacimiento que acompañó mi infancia y la de mis hijos estará en una mesa de mi hogar. Recuerda que la Navidad pasada la vida nos llevó a un continente diferente, y si pasaste… éramos no habidos. Acuérdate también que nos hemos mudado, estamos en un sexto piso por lo que puedes, desde el trineo, tirar al aire los encargos. Si te quieres adelantar, estaré viendo como todos los años “Love actually ” con Micaela y ahora también una película que me acaban de regalar mis amigos Beatriz y Jorge: “The Grinch stole Christmas”.

¡Suerte! y no le hagas caso a los niños pedigüeños y llorones. Mantente firme con los que no han cumplido sus promesas porque si no, los vas a malcriar.
Jo jo jo!
Claudia, la pequeña grinch...

martes, noviembre 26, 2013

Juego familiar

El ajedrez es un juego atractivo. Curiosamente se vincula con los eruditos, los matemáticos, entre algunos tipos de personalidad que suelen salir de lo común. Inclusive pareciera que es casi una actividad exclusiva de los varones.
En la literatura, el juego ha inspirado muchísimas novelas. Una de ellas me gustó mucho: La tabla de Flandes de Arturo Pérez Reverté. Más allá de la trama de la que no voy a hablar, las explicaciones que nos da el narrador sobre las reglas del ajedrez son didácticas, cautivantes e interesantes. Mafalda en varias de las tiras cómicas se devana los sesos tratando de enseñarles a sus amigos la dinámica para que pudieran compartir con ella la afición. Las reacciones van de acuerdo a sus personalidades: el humor destaca por encima de todo.
Mi padre me enseñó a jugar ajedrez. En las tardes del domingo cuando se metía a la cama cayendo la tarde me sentaba con él y pasábamos un buen rato jugando una partida. Evidentemente me solía ganar en casi todas. Me pasaba sus libros de partidas famosas “Capablanca” una de ellas. Recuerdo el encuentro de Fisher y Spasky como si fuera ayer (en plena Guerra Fría fue un hito histórico). Se esforzó especialmente en indicarme que finalmente el juego dependía de una pieza: la reina. Su capacidad de movimiento la volvía la pieza más importante de todas. El Rey, al que había que "matar" era un tonto inútil que lo único que hacía era esconderse. ¡Qué metáfora, por Dios!
Cuando viajaba a USA por algún congreso no dejaba de traer al menos un Pocket Chess. Un estuche del tamaño de una calculadora científica que se abría como una libreta con las fichas imantadas. Una maravilla tecnológica para mí. A principios de los 70s además, todo lo que venía del norte… lo era!
Me ha vuelto a la memoria una chispa hecha imagen, verme detrás de su asiento en su Citröen D Palas 65 color plata yendo en un largo paseo y aprovechando el trecho para jugar ajedrez. Se preguntarán ¿cómo? Pues haciendo un ejercicio mental (más del suyo desde luego). Yo con el tablero magnético en mano y él con el timón. Yo indicándole cuáles eran las jugadas y él, construyendo el juego en su mente, formando el mismo tablero que de vez en cuando pedía pasarle solo para darle una mirada. Mi voz infantil entonaba: d4 y él seguía. Esas partidas nunca se terminaban, solo eran un ejercicio mental en la que solo los dos teníamos cabida.
No he vuelto a jugar ajedrez. Con el tiempo dejamos de jugar, con el tiempo dejamos mucho en el tintero. Pero como con el tiempo los hijos nos ayudan a recuperar aquello perdido. Alejandro, en su momento, pasó largas tardes con su abuelo jugando ajedrez. Algunas fotos del álbum familiar conservan aún esos instantes en donde frente a un tablero un niño y un adulto juntaban estratégicamente  sus mentes para conquistar al rey del otro.