miércoles, diciembre 30, 2009

Cerrando el año con recomendaciones



En el último post de este año decidí simplemente decirles que...

A lo largo del año he ido recomendado varios libros y hablando de otros. Vienen tiempos un poco relajados con el verano y muchos nos podemos dar el lujo de leer un poco y disfrutar de un placer que cada vez más parece ir extinguiéndose.

Para cerrar el año les dejo ciertos recomendados - incluyo algunas relecturas- si es que todavía no le han metido el diente... como diría Quevedo:

1. Ella que todo lo tuvo. (Becerra)
2. La trilogía de Milenium. (Larrson)
3. La poesía de Benedetti (siempre).
4. Las viudas de los jueves. (Piñeiro)
5. La muerte lenta de Luciana B. (Martínez)
6. El factor humano. (Carlin)
7. Demasiados héroes. (Restrepo)
8. La guerra del fin del mundo. (MVLL)
9. El amor en los tiempos del cólera. (GGM)
10. Un mundo (Millás)
11. Memorias de una dama Roncagliolo)
12. La barrera del pudor (Simonetti)

¡Buenos vientos acompañen su 2010!

miércoles, diciembre 23, 2009

Un pasado común, un lugar en común...



Cuando uno se reúne con sus amigos de colegio –sobre todo si han transcurrido décadas desde que éste terminó- suele haber una suerte de memoria colectiva que lo que busca es reconstruir el pasado en común. Esta cantera de recuerdos casi siempre está llena de partes “oscuras” y divertidas en la que las risas se mezclan con ciertas reflexiones, que a la distancia, funcionan como filtros casi moralista de qué valientes o inconscientes fuimos de realizar ciertos actos irreverentes.


Ayer me reí a carcajadas, puesto que al reunirme con un grupo muy querido de compañeros de promoción con la excusa de ser Navidad –no les digo que esa fecha me persigue- quisimos compartir con la gran mayoría de los hijos escenas de nuestra vida anterior. Estos terminaron siendo testigos de historias que en su momento fueron incontables, que si nuestros padres se hubieran enterado estaríamos castigados de por vida y que por último, habrían generado una expulsión directa de nuestra Alma Mater por la puerta grande.


En ciertos momentos la adrenalina se apoderó de nosotros al ser capaces de recordar detalles de hace casi cuarenta años, piezas de un rompecabezas que se iban aportando: los libros que usábamos en primaria –This is our town-, las clases de Religión en la que nos hacían paporretear oraciones enormes para tomarnos después un oral en el que te sacaban 0 o te sacabas 20 –Oh Dios, principio supremo de todas las cosas derrama tu luz sobre mi inteligencia y aleja de ella las tinieblas del pecado y de la ignorancia…- , los agresiones físicas de ciertos “hermanos” porque en esa época no era mal visto: la letra con sangre entra. El hecho de que nuestros padres JAMAS se iban a aparecer en el colegio porque los profesores SIEMPRE tenían la razón… Experimentos volcánicos con gasolina que casi incendian una clase, una imitación de Grease en la que aterrizaba Andy Gibb (nada que ver), destripamiento de una rana, fugas –salida y entrada- para ir a la bodega, etcétera, etcétera, etcétera. Recuerdos que surgieron entre gritos, carcajadas, bromas y hasta por momentos agresiones cariñosas (sí es posible).


Reunión catártica, donde parecía que haciendo honra a un antiguo poeta español convocamos al presente esa lejana vida escolar: cualquier tiempo pasado fue mejor. Ayer pareció mejor, más que mejor: casi idílico porque claro… a la luz de la distancia la añoranza por lo vivido nos hace contemplar la vida desde la orilla actual: tiempos acelerados, materialistas, vivimos con miedo del futuro, con enormes responsabilidades, tratando de mantener el equilibro. No obstante, fuimos por un momento esos chiquillos que todos los 1eros de abril nos poníamos nuestro uniforme gris rata que hacía juego con el gris del cielo de Lima.

viernes, diciembre 18, 2009

De pavos, panetones y otras reflexiones


para las chicas que me engríen y ríen conmigo...
Me piden que comente una vez sobre mi especial devoción por la Navidad... ¡complicado! Ya he dicho todo lo que tenía que decir y expresado todo lo que tenía que expresar. Ser antinavideña es complicado en tiempos como estos. ser antinavideña es visto hasta como una malacrianza, como una ofensa, como un handicap porque SI me queda claro que la rara soy yo. Felizmente, JC es tan raro como yo entonces ya me siento en compañía.
I
A pesar de mi especial, singular y NULO espíritu navideño al final me dejo vencer por ciertos ritos inevitables y tampoco puedo zafarme del entrampamiento social que fechas como esta suponen. Intervengo en los intercambio de regalos, en los lonchecitos, en las comidas, hasta en los "cookie swap". Mientras la agenda laboral lo permita me doy el gusto, puesto que lo me encanta es estar con mis amigas y comer.

II
Yo me quejo del estrés navideño, del tráfico, de la locura de los regalos, de las correrías de las personas... No obstante, el otro día al salir de una tienda a la que le tengo especial cariño -me ahorro la publicidad porque no la necesita- me detuve a pensar en qué tal carga que tienen que sobrellevar los vendedores y todo aquel que tiene que ver con atender al público. Esas chicas, en especial, son la personificacion de la "santa paciencia y tolerancia". Viví 20 minutos de estrés realmente FUERTE causada una veintena de mujeres en unos 90 mts2 especialmente histéricas, intolerantes, impacientes e indecisas (por más lista previas que seguramente habrían hecho). Lo que más me chocó es con qué facilidad ciertas féminas son capaces de pasar por encima de la dignidad del otro y lo tratan como una suerte de siervo feudal cuyo DEBER es soportar el engreimiento y malacrianza. Agradece mamita que yo te pago tu sueldo y por ello has perdido tus derechos, parece decir la actitud que asumen. Las que atienden (las atienden) son unas campeonas en el estoicismo que soportan. Me saco el sombrero ante ellas porque de por sí el nivel de decibeles debe volar por encima del límite permitido en esta suerte de gallinero navideño metafórico donde las gallinitas compradoras caminan bien empechugadas haciendo gala extrema de su caché...Felizmente, f e l i z m e n t e que es Navidad y Jesucito está renaciendo en nuestros corazones -aunque en algunos no se note mucho- .
III
Debo reconocer que de la Navidad solo me gusta UNA cosa: la comida. Es increíble como se esmera la gente en preparar cuanta potaje se le ocurra y cada caloría ingerida me van convirtiendo en el lechón de centro de mesa con la manzana incluida. Viene a mi mente este apodo tan famoso: le dicen navidad... cara de pavo y cuerpo de panetón. No obstante, no nos damos cuenta de que todos caminamos hacia eso; se percibe al pavo entre los rostros de la gente abrumada por las comprar y el tráfico, y al panetón en los kilos ganados que se depositan en nuestro cuerpo esos días.

CODA
¿Se imaginan cómo engullirá sus navideños alimentos mi querido y bienamado Pavo Real de Cuádruple Pechuga? Tengo esta visión apocalíptica de verlo levantando una mesa enormemente larga e introduciendo en su boca toda su superficie con mantel y todo. Ahora que lo he visto últimamente ya no solo le ha crecido la enorme panza: por favor, fíjense en sus orejas... aunque sea un minuto: están ENORMES!!!! Se le debe ver lindo vestido de Papa Noel...¿no?

En fin... disfruten o no disfruten de la Navidad tengan a bien no perder la cabeza corriendo tras lo material y no hagan lo que NO quieran hacer.

lunes, diciembre 14, 2009

María se prepara para el verano


Comenzó el sufrimiento, y aunque los rayos del astro rey todavía no brillan en Lima con toda su plenitud María empieza torturarse en su preparación física y psicológica para el verano.

En este post compartiremos con ella(s) la larga lista de pendientes que tiene en su estival mochila y que cada año se vuelve más pesada:


1. Encontrar la ropa de baño (bikini, dos piezas, whatever) que le asiente, puesto que resulta casi antinatura ir a comprar dicho traje y con el color sushi que uno tiene los últimos días de noviembre o los primeros de diciembre todas, TODAS, TODAS las imperfecciones del cuerpo son patéticamente evidentes. Claro, si María fuera un poquito más inteligente entendería que se deberá comprárselo en abril puesto que el bronceado suele realizar ciertos milagros!


2. Demás hablar de las dietas, masajes, ejercicios y todo aquello que esté a mano para que esos, ESOS, ESOS kilazos extras desaparezcan por arte de magia. El jean invernal ha servido de faja y el monótono negro de su closet han ayudado a disimular esa figura que le devuelve el espejo cercanamente parecida al muñeco Michelín.


3. María maldice las fiestas, los intercambios de regalos, las comiditas, los lonchecitos navideños puesto que justamente sabotean todo el esfuerzo (inútil por cierto) que ella le pone al punto 2. Como diría alguien conocido... ta mare...!


4. Hay que cambiar de corte evidentemente estamos hablando de una zona complicada... Puesto que en el verano a María le queda bien claro que parte de su vello púbico pasa a ser público. Concluye que el estilo soldadesco es el indicado: de paso la balanza le indicará una disminución considerable de peso. Dios fue bien generoso con María en ese aspecto; diríamos inclusive: antojadizo.


5. María es consciente que ahora hay mil y un recursos para no llegar tan cruda a la playa. Se viene preparando de varias maneras. Toma betacaroteno en varias formas, pero lo único que ha logrado es tener las palmas de la mano color sobre de manila. Se echa crema autobronceadora a las piernas, pero la pobre es tan prolija que una pantorilla la tiene naranja con manchas beige y la otra la tiene blanca con otas naranjas... Imaginémos una suerte de dalmata en la gama de anaranjados.


¡Pobre María! No hay estación en la que más sufra que el verano a pesar de la alegría propia que el cielo azul representa.

viernes, diciembre 11, 2009

Como ayer... mejor que ayer

...y seguimos mirando hacia el mismo horizonte

Los seres humanos sufrimos muchos cambios durante nuestras vidas, y eso supone que como diría Pablo Milanés, “el amor no lo reflejo como ayer”. Y el ayer puede ser un punto lejano en el calendario, en donde en una perdida juventud el vendaval de lo irracional a veces se imponía sobre la sensatez. “El amor no se refleja como ayer” porque todo lo acumulado a través de los años va modificando nuestros sentires, nuestras opciones, nuestras elecciones y hasta nuestros gustos. “El amor puede reflejarse mejor que ayer” porque recapacitamos, porque nos criticamos, porque a pesar de todo, porque sin embargo, porque no obstante… somos capaces de amar tratando de darle al otro lo mejor que tengamos –aunque a veces el día venga con poco- y teniendo la sabiduría suficiente de no dejar que los nubarrones del entorno envenenen la esencia de lo verdadero.



(...)
nosotros cuando amamos
es como renacer
y si nos desamamos
no la pasamos bien
(Benedetti)



Amar a otro ser humano va más allá de todo lo escrito, más allá de toda la parafernalia materialista que se utiliza para demostrarlo, es un acto único y personal. De ahí, que se haya dicho, se diga y seguramente se seguirán diciendo miles de palabras sobre el tema dado que cada uno tiene una manera muy particular de vivir el amor. Suelen ser dos, los que comparten esa particularidad. Solo ellos pueden decir cuál es su concepto de amor.

lunes, diciembre 07, 2009

Las grietas de la vida

No sé por qué extraña razón, a veces leo novelas que coinciden irónicamente con la realidad. Claudia Piñeiro tiene la capacidad de reflejar la vida de forma tal que al meterme en el universo de su narrativa me da miedo pensar que ella se entera de algunas cosas que me pasan. Por ejemplo, cuando leí Elena sabe (www.enpuntomuerto.blogspot.com/2007/11/elena-sabe.html) el personaje central sufría de Parkinson -enfermedad que acabó con mi madre- y en ese entonces leer esta novela fue un sacudón.

Ahora cayó en mis manos Las grieta de Jara justamente cuando al lado de mi casa están construyendo un edificio y ello ha generado una larga grieta en la pared de la escalera. Empecé a leer la novela y claro, salté hasta el techo del susto...


No obstante, salvo esa coincidencia que termina siendo coyuntural, la novela se deja leer con mucha facilidad y de hecho tiene ciertos giros inesperados que la vuelven entretenida y ligera.


He aprendido muchos detalles de arquitectura, mucho de edificios y mucho también de cómo se puede metafóricamente establecer una correspondecia entre una construcción y el andar por la vida. Los seres humanos también construimos nuestros destinos, sembramos bases, tenemos columnas y de hecho, en ese proceso van a apareciendo grietas. Algunas ligeras, que se pueden subsanar. Otras, más profundas que implican realizar un trabajo más dedicado: picar y resanar, pulir y volver a pintar. Pero a veces aparecen unas que perjudican de tal manera la construcción que esta se vuelve inhabitable.


Lean la novela, vale la pena.

viernes, diciembre 04, 2009

De mascotas y otros detalles...


Una de las escenas que más me gustan de las películas infantiles, es aquella en "La noche de las narices frías" en la que se dice que muchas veces el individuo se mimetiza con su mascota y salían una imágenes maravillosas que tal vez muchos de los lectores recordarán con el mismo placer que yo.

Entre las vivencias infantiles, también recuerdo haber tenido un perro pastor alemán, dos perros chinos y un dálmata. Esfuerzos inútiles porque fueran educados y bien entrenados, pero guardo algunos recuerdos graciosos de ellos. Cuando mis hijos eran pequeños, Micaela tuvo peces -JC los termino cuidando-, todavía recuerdo sus dibujos que pretendían reflejar cómo jugaba con su mascota, cuando estaba en 2° grado y realmente me destornillo de risa porque hacía ese gesto que hacemos todo al imitar a Nemo, pero imagínenlo dibujado por una niña de 7 años... inolvidables o cómo tuvimos que desaparecer a un par por el water cuando sabe Dios cómo había saltado fuera de la pecera.... Alejandro siempre insistió gran parte de su infancia en tener un perro, y cuando estuvimos a punto de hacerlo, un episodio familiar se cruzó en el camino y "el pan se quemó en la puerta del horno"... cosas de la vida. Mis abuelos tenían canarios, recuerdo clarito cómo cantaban en la terraza y la jaula blanca en la que vivían. En lo personal, los bichos no me inquietan en lo absoluto, felizmente que JC y yo pensamos igual. Inclusive, alguna vez pronunció una frase del más fino humor negro que yo recuerdo con mucho cariño: ¿para qué vamos a tener un perro? ¿para hacerle "cariñito"?... pero si ya tenemos a los chicos...

Hoy que salí a caminar y vi la cantidad de gente que pasea a sus perros me percaté de algo. La elección de una raza va de acuerdo a los tiempos en que vivimos, y por ende, en esta época en la que la ciudad crece hacia arriba y los espacios verdes personales se van reduciendo, por lógica la mascota también lo hace. Por ello, predomina el scotch terrier, el chihuahua, el yorkshire, el poodle... y son los fieles amigos de sus perros que los sacan a pasear todas las mañanas, como cuando veo caminando a mi gran amigo Jorge Vega Veguita con su pastor alemán (raza que es la que más me gusta) y en este caso me pregunto: ¿quién pasea a quién? . Casi ya no se ven: doberman, bracos, dálmatas, mastines.... Tal vez por un tema de moda...

¿Para qué se tiene una mascota? ¿Tal vez porque como algún sabio refiere: el mejor amigo del hombre es su perro? ¿tal vez porque alguien tiene que hacerse cargo de los animales que el hombre ha logrado domesticar? ¿porque te cuidan? ¿porque es una buena terapia? ¿una buena compañía? Seguramente las respuestas serán innumerables y muy personales.

Yo admiro a la gente que tiene mascotas y convive con todo lo que ello implica. Para mí, es demasiado.

martes, diciembre 01, 2009

Un texto para compartir


para ustedes, mis alumnos, porque logramos cosas especiales
Llega a mis manos este soneto que verán al final del post, y me hace pensar en ciertas vivencias. Me sirve para confirmar una vez, que el no saber aprovechar lo que se tiene, el correr tras aquello que no es prioritario es una condición universal. El ser humano suele alimentarse de fantasías o apostar sus cartas a aquello que muchas veces no vale la pena. A la vez me queda claro que la vida nos da lecciones maravillosas y que en muchas ocasiones las aprendemos un poco tarde.

Trabajar con adolescentes a veces es triste. A pesar de que ellos se sienten incomprendidos, a veces los incomprendidos somos nosotros: las lecturas que hacen de nuestros mensajes son erróneas y terminan trastocando lo que queremos que entiendan en palabras erráticas. Inclusive, en esta loca carrera que tienen algunos por creer que lo pueden todo, que lo dominan todo, de vivir la ilusión que no necesitan a nadie y se bastan ellos mismos, desoyen palabras valiosas, ignoran gestos cariños y desconocen los límites que son necesarios para una convivencia pacífica y segura. A veces es triste trabajar con adolescentes puesto que uno ve, uno es testigo cercano de los errores que comenten y es imposible transmitirles aquello que nosotros ya vivimos, aquello que nosotros perdimos, aquello que nosotros recobramos.
La ley de la vida, nos enseña que ellos mismos deberán pues pasar por el camino, caer y levantarse, sufrir, llorar y esperar que las heridas se curen... si lo logran. Ellos mismos confirmarán que esta jornada no es fácil, confirmarán que tienen que mirarse por dentro para conocerse y ser capaces de aceptar sus limitaciones. Nosotros los adultos solamente observamos a la distancia, callamos sus desprecios, celebramos sus logros, compartimos sus tristezas y apretamos los labios al ver sus frustraciones.
Otro grupo parte a vivir la vida, otro grupo que llevo en el corazón.

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.


Francisco Luis Bernárdez

viernes, noviembre 27, 2009

Dos mujeres en el camino de la vida


para M.G. y R.M.
Entre la inmensa gama de mujeres que conozco, hay dos que especialmente admiro sobre todo en los últimos tiempos -aclaro que esta vez no destacaré en ellas ningún aspecto altruista ni ningún logro profesional- . Simplemente las admiro por la forma de encarar su presente, las admiro porque aprendo de ellas a encarar el mío.

De una, tomo su optimismo. Cuando la oigo siento que esa risa transparente es lo suficientemente grande para alegrar mi día y confirmo que en la vida hay que reírse más y que con ello el alma se ejercita sabiamente. Para mí, ella es un ejemplo de saber combinar un cerebro pensante con un espíritu que canta con alegría y que toma con cautela lo cotidiano de la vida. Ella goza de la vida y eso no tiene nada que ver con los bienes materiales, no tiene que ver con los problemas pequeños o enormes con los que tenga que lidiar. Su optimismo y creatividad van más allá, pero van con ella. A mí lo que me gusta es que su energia positiva literalmente contagia, enriquece al otro. Por eso, la admiro.

De la otra, tomo su valentía y entereza. Ha recorrido el camino de la vida con mil y un historias que contar. Le ha sacado el jugo en todo sentido y en su paso siempre ha sabido dejar algún detalle para guardar en la memoria. Hoy se enfrenta a un enemigo: una terrible enfermedad. No obstante, sacando fuerza, ánimo y sobre todo valentía, no va a dejarse vencer. Con toda la fuerza de su corazón, con la sonrisa en los labios, sin dramatismos, con entereza le hará la guerra cada hora, cada minuto, cada segundo que tenga cada día. Lucharla es un deber. Por eso, la admiro.

Seguramente, cada lector tendrá una gama de seres "admirables" de los que recoger una cualidad, en este caso estas dos mujeres de carne y hueso me dan diferentes tipos de lección. No son únicas, no son especialmente extraordinarias, pero para mí ese plus es lo suficientemente valioso para escribir de ellas hoy.

lunes, noviembre 23, 2009

Soy el instinto gastronómico de Juan



En los tiempos arcaicos Juan salía a cazar para poder comer, descubrió el fuego y en su gran capacidad de poder hacer solo una cosa a la vez, me descubrió a mí. Soy el instinto gastronómico de Juan. Le adelanto: María me sufre.

Desde tiempos inmemoriables, Juan lleva en su ser una condición propia y meritoria: disfruta comiendo. Se conoce todos los sitios habidos y por haber, se pide los platos más originales y disfruta todo. Es el Gurú de los amigos; el Colón de la culinaria, puesto que se lanza a tierras ignotas, a veces pensando que llegará a la India, y efectivamente puede descubrir la América. Juan goza conmigo. Su pasión por la comida es obvia, porque mientras que su hijo se jacta de tener un sixpack abdominal producto del ejercicio diario y devoto, Juan se jacta, no menos, de tener el barril de chopp en el mismo lugar.

No obstante, no solo le gusta comer, disfruta leyendo recetas de cocina e imaginar en su cabeza esa alquimia maravillosa que se esconde detrás de los más ricos potajes que pueda llevarse a la boca. YO le ayudo a alimentar la fantasía y el estómago de todo aquello que deguste o sueñe con degustar. María me sufre, pero no puede ocultar que su felicidad también se basa en la felicidad de su compañero y a veces le fomenta que se deje llevar por mí.

Un buen día, Juan -hombre perseverante- se da cuenta que es posible dedicar cierto momento de su vida a abandonar el estrés laboral y dar rienda suelta a su creatividad. Decide darle un tiempo para entrar a la cocina, frente al fogón. Le cuenta a María que quiere preparar una receta y YO percibo una mirada reprobatoria, escéptica… que oculta una clara desconfianza y hasta desprecio por la aventura que Juan y yo emprenderemos. ¡Mujer de poca fe!

Después de leer, calcular, planear, comprar los ingredientes acompaño a Juan en una escena maravillosa. Al llegar de una reunión y antes de irse de nuevo a otra, Juan se saca el saco, y con camisa blanca, corbata London Tie puesta se coloca encima con el respeto que tal investidura supone: el mandil rojo de lunares blancos que le da cierto look de Doña Pepa, ante el cual María no puede disimular la carcajada. María es mala… no nos comprende. Juan valiente, esforzado no se amilana y prepara una salmuera en donde dormirá algunas horas lo que luego se convertirá en su obra maestra: un jamón del país.

Juan es feliz, tirios y troyanos celebran el resultado. El y yo –su instinto gastronómico- le sonreímos a María con una mirada que transmite un solo mensaje: … y tú que no creías ….

viernes, noviembre 20, 2009

Respuesta a una amiga



El contenido de este post está inspirado en la respuesta a un correo que me mando una amiga...





En los tiempos que vivimos las que cruzamos la base 4, solemos adjudicar ciertos comportamientos a la menopausia, y creo que a veces la sobreestimamos o la vemos como un cajón de sastre y sirve para explicarlo todo. Aunque los cambios hormonales le llegan a cada mujer de manera diferente, encontramos varias cosas comunes. Me pongo a pensar que más que hormonal es generacional.

Las mujeres de nuestra generación (y considero que los cambios son tan rápidos que cada diez años marca una generación/ grupo distinto) se han movido y crecido en tiempo muy cambiantes. La mayoría tuvo por madres a mujeres conservadoras, religiosas, dedicadas a su hogar, a sus hijos, a sus maridos y algunas poco dedicadas a ellas mismas, puesto que su "realización personal" era la felicidad ajena. Muchas mujeres nacidas en los 60's queriendo ir contracorriente buscaron alejarse de ese modelo maternal y construyeron hogares con individuos que no habia que cuidar tanto y criamos hijos más independientes (a veces en demasía); otras, optaron por quedarse solas, otras por no tener hijos. De hecho, los métodos anticonceptivos empezaron a estar más a la mano y ello ayudó a manejar la sexualidad de manera más sana abandonando estereotipos caducos que funcionaron de yugo por siglos.

Mujeres profesionales, que salieron a la calle a trabajar, que decidieron educarse más, que fueron más ambiciosas en la vida, y no necesariamente por parar la olla. Era una necesidad más fuerte, tengo que ser yo, no necesito a nadie, no dependo de nadie, alcanzo mis metas solas... como una suerte de demostracion personal, como una suerte de deber consigo mismas.

En este panorama, somos conscientes de que la vida trae cosas espantosas e injustas, por lo tanto: tratamos de ser más fuertes que la vida y disfrutar de nuestra inherente, innata y sumamente especial femeneidad... Y se toma como una suerte de valor agregado, de regalo que te permite ser más libre, más tú.

No todo es la "meno", eres tú que como ser humano evoluciona y ves las cosas de diferente manera. Te das tiempo para pensarlas y como podemos hacer varias cosas a la vez, podemos ver nuestra serie favorita, contestar el teléfono y pensar en nuestra condición de mujer. Para los hombres es complicado, puesto que viven y vivirán evitando mostrar cuán sensibles son -los hay, pero son pocos-. En primer lugar, no es dable. En segundo lugar, no se toman un "café terapéutico" y en tercer lugar: no tienen tiempo.

En fin querida, aquí te dejo: sé feliz y disfruta los regalos de la vida.

martes, noviembre 17, 2009

Arengas


Hoy desperté recordando esas viejas arengas que hacíamos en las barras colegiales para alentar a nuestro equipo. Debe haber sido el frío actual y las ganas de quedarme en la cama lo que hicieron que mi memoria viajara a los lejanos años de primaria en donde apoyando a mi salón gritábamos con efervescencia: ¡a la bim/ a la bam/ a la bim bom bam/ X ganará!

Luego, en los partidos de Básquet –los de ADECORE los recuerdo como si fuera ayer- con otros colegios, estas eran mucho más planificadas. Gritábamos al unísono para hacernos sentir y seguramente los contendores no dejaban de hacer su parte. No sé si para bien o para mal (del elemento masculino) nunca vi “cheerleaders” que con pompones y uniformes especiales dirigieran a esta masa de escolares desbocados que vociferaba: ¡Salgan de la cancha/ que estamos entrenando!

Sin embargo, las hay simples: ¡Perú, Perú!; infantiles: ¡Araña, araña/ “B” no se baña!; agresivas: ¡llora, llora cagón! –por citar una suave y medianamente presentable en el blog-.

Alentamos a nuestros amigos, a nuestro equipo (aunque hace 28 años no vayamos a ningún mundial), insultamos al contrario. Alentamos a nuestros hijos aunque jueguen con los pies amarrados o sea un “master” en la cancha. Forma parte de nuestras vidas.

El camino está lleno de arengas, de palabras que nos motivan a continuar en la lucha y seguir adelante. Las palabras de aliento o aquellas en las que se destroza a quien nos ha hecho daño o están por hacernos algún punto en contra (es verdad, seamos honestos): ¡tú vas a poder con eso!; ¡te apuesto que ahora se está retorciendo por lo que te hizo!

Los seres humanos necesitan una barra que lo observe y lo aliente, pues es la mejor vitamina para la autoestima. Necesitan unas palabras de aliento aunque ese día las cosas no estén saliendo bien, aunque parezca que los astros y el mundo entero se hubieran conjugado para conducirnos al fracaso.

viernes, noviembre 13, 2009

Una llave, muchas penas


Cuando era niña y oi por primera vez una referencia de la Segunda Guerra Mundial, no entendía muy bien lo que había pasado, seguramente en mi ignorancia e inmadurez me imaginaba a todos los países del planeta peleando entre sí...De hecho estamos hablando que era una niñez no muy lejana de las bombas de Hiroshima y Nagasaki (yo nací en el '63). Recuerdo haber visto libros, historias como la de Anna Frank y eso me ayudo a tener más piezas para empezar a ver el lado humano de una guerra, igualmente lejana, pero también a percibir cuánta maldad podía haber en el mundo. Ya en la secundaria el curso de Historia Universal, nos hacía estudiar este "hecho histórico" en el orden típico: Antecedentes, Causas, Hechos y Consecuencias. Tal vez alguno de mis amigos de tiempos escolares recordará que toda la historia la estudiamos así. Como si el pasar de la humanidad se pudiera reducir a un esquema.

He conocido y conozco a personas inmensamente sufridas y generosas de compartir sus historias familiares que tuvieron que salir de Europa en esos tiempos siendo aun niños, con la fe de encontrar una vida digna en un lejano país llamado Perú, sin conocer el idioma, dejando todo atrás. Tengo una amiga muy muy querida cuya familia de origen polaco sufrío directamente la insanía nazi en un campo de concentración.

Hoy terminé de leer un libro que me dejó triste. La historia de una niña judía y una llave. No sé cuál fue el motivo, solamente que en esas páginas el estilo, el argumento, y seguramente los simplísimos recursos narrativos me atraparon en una telaraña de sentimientos dolorosos en los que se mezclaba el miedo, la tristeza, el desgarro, la separación, la culpa... Detalles que ella no entendía: la violencia, las palabras, la estrella amarilla.

"La llave de Sarah" mueve muchos sentimientos y por esas razones coyunturales, me los movió a mí. Me encontré pues, con una novela que quería seguir leyendo, que no quería que se acabara y a la vez deseaba saber cuál iba a ser el desenlace. Una lectura rara, porque a la vez no podía evitar considerar que la novela en algunas partes llegaba a ser hasta cursi.

La columna vertebral de este texto es inevitablemente humano, duro, mueve una de esas heridas y deudas que la humanidad no va a cerrar jamás. Vuelve a cuestionar lo ocurrido asumiento aquellos que fueron activos y aquellos que peor aún, fueron pasivos...

Hoy cerré una novela que me dejó triste y no era porque noviembre nos sorprendió con un día gris, húmedo y frío.

martes, noviembre 10, 2009

Mi pavo predilecto


Ustedes ya saben que tengo esta anormal fascinación por el Pavo Real de Triple Pechuga. Si no saben de quién hablo basta con saber quién tiene las riendas de este país.

Lo vi el otro día en una maravillosa escena: él en su terno azul – o es el único, o los hace por docena- sudoroso, engominado, cachetes un tanto desmondongados y hasta un poco desangelado para su magnificencia presidencial, estaba al lado de Rafael Correa firmando unos acuerdos. Este último, con su look étnico y sobre todo fashion mostraba un glamour más especial, porque en la comparación… ya sabemos quién resultaba ganador. Y claro, inmediatamente vista la imagen pensé: éste ha subido más de peso. ¡DE TODAS MANERAS! Claro estaba: al pasar el peligro de la gripe AH1N1 dejó de cuidarse y se ha desbocado más todavía. Agrego a mi suposición que el reloj electoral ya empezó a jugarle en contra, por lo que la ansiedad por comer debe tenerla a mil por hora.

Lo vi también en alguna ceremonia de celebración por el 160 aniversario de la inmigración china en Perú, y por supuesto que mi bienamado Alan estuvo en todos los festejos ponderando los aportes de esta importantísima cultura a nuestro gran país. De hecho, creo que todos tendremos la humildad de aceptar que el Triple Pechuga(TP) tiene toda la razón puesto que es innegable la influencia de esta milenaria cultura oriental en todo lo que nos rodea. Entonces, vino otra escena: Alan feliz parado al lado de un Gong con baquetón en mano, junto a él un chino metroimedio vestido con un traje típico. TP feliz, con una sonrisa que ya se le perdía en los cachetes (porque con pena los dientes no engordan para que vayan en proporción) y entonces, elevó el baquetón y en ese segundo yo dudé: ¿a dónde va dirigida su mano? ¿a su panza? ¿al Gong? ¡qué duda, qué duda, por Dios! Temblé, cerré los ojos, y en eso… el sonido maravilloso y monofónico del milenario instrumento musical me dio la paz que necesita.

Creo que voy a hacerle un upgrade al Pavo Real: Cuadripechuga…. o estará engordando para Navidad.

viernes, noviembre 06, 2009

Uno central y varios cables a tierra


El otro día se me ocurrió que la vida es como una carpa, una “tienda de campaña”. Vamos armándola de a pocos. Primero ponemos las estacas, tienen que ser de un número adecuado. Luego, estiramos la lona, tomamos perspectiva. Paso siguiente, empezar a unir la carpa a las estacas con los cables indicado y echando raíces profundas de manera que si un vendaval viene de sorpresa no nos levante en vilo.


Es importante reconocer cuál es la capacidad de la carpa, cuánto pueda caber en ella y tener las prioridades claras de qué meter y qué no. Debe tener un parante central, fuerte, bien plantado, que sostenga todo el armatoste y luego templar bien los cables a tierra. Para mí, ese parante debe ser la persona central en tu vida, aquella que escoges con sumo cuidado para acompañarte en la jornada, no necesariamente tiene que ser pareja, simplemente es la persona más especial que esté siempre a tu alcance.
Los cables a tierra, los mástiles menores que ayudan a templar la vida, tienen que ser adecuadamente seleccionados: personas trasparentes y pacientes, que sientan tal cariño por ti que sean capaces de hacerte notar cuándo estás perdiendo la perspectiva y no ser simplemente una suerte de “chicheñó” que erróneamente alaban por igual tus aciertos y tus cagadas: esos no sirven. Conocerte tanto que puedan entender tus movimientos, tus pasos erráticos y tengan el valor de decirte que te estás equivocando. Tener la suficiente claridad mental, que a veces uno pierde, y analizarte aunque te duela, te piques, creas que están equivocados… pero siguen ahí: manteniendo tu equilibrio y evitando que la carpa de tu vida se vaya a la mierda. Cables a tierra, fortalecidos por sus propias heridas, por sus propias experiencias…. Esos son imprescindibles en la vida.
En el campamento del vivir, empezamos con las pilas puestas, queremos poner bien la carpa, mantenerla limpia, mientras va pasando el tiempo vamos viendo sus debilidades, a pesar de que la barremos todos los días nunca se conserva inmaculada. Ciertos cables se van debilitando y de hecho si nos interesa hay que volver a fijarlos bien o tener la honestidad de cambiarlos. Al final del campamento viene lo pesado, ya estamos cansados, hay que dejar la carpa limpia, bien doblada, no dejar ningún cabo que pueda perderse… y a la hora de volver de donde vinimos tener la certeza de que la carpa fue un buen lugar que nos cobijo: especialmente por el parante central y los cables a tierra que la mantuvieron de pie.

martes, noviembre 03, 2009

Un encuentro cercano

Me había preguntado alguna vez en qué pasaría si por un azar del destino alguien pudiera encontrarse “face to face” con uno de sus tantos ídolos del mundo artístico, aquel que las puede hacer cantar, bailar y divertirse hasta el amanecer. No sé… Juan Luis Guerra, Bacilos, Fanny Lu, Yandel, Jandy Feliz… pensando en aquellos más modernos. A mí me pasó con Jerry Rivera. Yo soy de esas fans de obvio perfil bajo, discretas, de esas que se saben sus canciones, y que cuando suena alguna se las bailas todas, todas pero nunca me he alocado por ir a un concierto, soy una fan a la distancia… Esta es la historia de mi encuentro cercano solo de primer tipo con Jerry… y va dedicada a dos amigas mías que sé comparten la pasión: Micaela Alemán y Natalia Succar.
I
Viajé a Chiclayo acompañando a JC a un congreso, al llegar al hotel vimos cierto movimiento en la puerta delantera y le pregunté al personal de recepción a qué se debía: Es que Jerry Rivera está aquí porque en la noche dará un concierto. Acto seguido, le clavé las uñas en el brazo a mi pobre marido y le dije ¡Me puedo morir! Jerry está AQUÍ!—dicho sea de paso, a JC también le gusta cómo canta...
II
Le pedí al de Recepción que me consiguiera un autógrafo que dijera para Micaela (mi hija)… qué roche pedírselo para mí…. El que estaba barriendo la entrada al notar mi emoción, se me acercó a decirme: Señora, Jerry está en el piso 5… Casi me muero… qué insinuaba…. Y yo le contesté: Qué pretendes que me meta a su cuarto!!!! No te pases!!!! Todo, por supuesto, entre carcajadas generales de nuestro grupo.
III
Por la noche al llegar al hotel lo vi pasar, una camisa anaranjada andante que se dirigía al ascensor y yo llenándome de valor empecé a seguirlo para pedir personalmente el autógrafo… Yo andaba a paso rápido, que claro con mis piececitos que calzan 35 no son ni la cuarta parte de un paso normal. El ascensor cerraba sus puertas con la imagen de Jerry al centro y yo, con voz apagada y tímida decía: ¡señor Rivera, señor Rivera…! Imagen muy bizarra por cierto, triste, quasi patética…
IV
De mañana, tomando desayuno con una pareja amiga, mientras que mi marido se había ido a una de las conferencias, vemos pasar a Jerry. Me pasa la voz el que barría (el mismo individuo). Acto seguido le pregunto a mi amigo Fernando: ¿tengo los dientes limpios? Pregunta lógica y humana, te imaginas que te vas a pedir un autógrafo y tienes un pedazo de huevo revuelto entre los dientes!!!!!!!! De espanto!!!!! Ante su respuesta cauta y tranquila de NO..., como buen caballero va a acompañarme (en ausencia de mi husband) pensando seguramente que después de tanta expectativa podría perder los estribos.
V
Jerry contestaba a una entrevista, y en eso una señora con cámara en mano lo interrumpe y le dice: ¿Me puedo tomar una foto con usted? El con seriedad casi casi colindando con la antipatía le dijo: Bueno… Inmediatamente después le tiré la cámara a mi compañero de dicha aventura rauda repetí la misma pregunta y mi gran amigo me tomó la foto con el susodicho cantante salsero: JERRY RIVERA!!! Después del click, Fernando me dijo: ahora me tomas una foto a mí!!!! Favor que cumplí a cabalidad, desde luego.

viernes, octubre 30, 2009

La Grecia milenaria en las aulas de ahora



Es difícil conversar con un adolescente y buscar las palabras adecuadas para decirle que se está equivocando. Es difícil que te haga caso, y más difícil a veces: que te tome en serio.

I

Se tiene que dar inicio a una conversación con un grupo grande de chicos que está a poco tiempo de salir de la burbuja colegial para enfrentarse al reality show: la vida. (No obstante, igual creo que muchos pasarán de una burbuja a otra). Se trata de pensar en cómo poder comenzar a darles ciertos consejos y que estos puedan caer en terreno fértil y funcionar. Son tres adultos reafirmando el mensaje a su estilo.

II

Esta historia que luego continuaré, me recordó a una escena de mi vida laboral. Cuando un profesor no asiste a trabajar, los que estamos presentes debemos repartir su carga y realizar –dependiendo del horario- un reemplazo: encargarse de la clase en cuestión con cierto trabajo por hacer. La fiel, dilecta e irremplazable Aurora es quien tiene el penoso deber de tocar a tu puerta y entregarte la famosa “tarjeta celeste” con las indicaciones de tal tarea. Más de una vez, cuando la veo parada en la puerta de mi salón con cara de culpa y en sus manos la cartulina de dicho color, dramatizo con cara de ¿por qué a mí? y le digo: ¡¡¡¡¡NO!!!!! Aurorita, no me digas qué….. Me corto las venas con galleta de soda!!!!! Y ella, muerta de la risa solo responde: Perdón miss… No puede evitar, como dije, sentirse culposa de darme tan graves noticias. Aurora tiene un corazón de oro.

III
El speech empezó contándoles que antiguamente los griegos durante las eternas guerras tenían la costumbre de matar al mensajero cuando éste les daba una mala noticia. Como si la pobre criatura fuera responsable del lío que ellos mismos, seguramente, habían creado.
Indicarles cuál era el problema convertía en mensajeros a estos adultos que tenían parados en frente, con la muerte pendiendo sobre sus cabezas. Pero por el contrario, el conocimiento del mensaje, junto con algo de experiencia, les otorgaba cierta autoridad para poder darles algunos consejos pertinentes y algunos sacudones más pertinentes todavía. Fue complicado. Es complicado si ellos tienen confianza en sus profesores, y por un segundo equivocadamente se les cruza el sentimiento de que estos son una suerte de traidores que finalmente pertenecen al mundo adulto, y no solo adulto: a un mundo que los mantiene “encerrados” de 8 am a 3 pm, sometidos a un conjunto de reglas que puedan resultarles caducas, estúpidas y ridículas la mayoría de las veces.

Durante algunos segundos de los treinta minutos que duró “el mensaje” estos adultos tal vez pudieron sentir que sus vidas corrían peligro, metafóricamente hablando, que a algunos chicos les hubiera gustado volver a la Grecia milenaria y desaparecerlos de la faz de la Tierra. Sin embargo, al final, cuando ya todo se había consumado, uno de ellos –bastaba con uno- se acercó con su mejor y transparente sonrisa y les dijo: Gracias. Los mensajeros habían sobrevivido.
Hay que aprender de la Historia. El valor de educar también está en las lecciones que nos dejó la civilización griega...

martes, octubre 27, 2009

Todo a pulmón


Hace unas semanas llamó la atención el robo de un pulmón en la exposición de El Cuerpo Humano. Gran escándalo y vergüenza pública el hecho de que en el Perú, una vez más algún tarado desprestigiara nuestra imagen con una cosa como esta. Me hizo acordar a ese chiste del piloto de avión que para saber, a través de un colchón de nubes, si estaba sobre Lima: sacaba el brazo por la ventanilla y al darse cuenta de que le robaban el reloj en un segundo... lo confirmaba.

Yo iba a escribir un post en ese momento, puesto que por sacarle un lado didáctico al asunto, me quedé pensando que tal vez a algún niño travieso se le había ocurrido que si le enseñaba un pulmón a sus padres fumadores dicho elemento de nuestra anatomía: puro y rosadito... podría convencerlos del daño que el cigarro les producía. Entonces, entendía cómo el engendrito había cometido un error pero finalmente con una intención altruista y comprensible.

Sin embargo, ahora que la verdad sale a la luz…estoy ANONADADA. Cómo se le pudo haber ocurrido a Susan Hoefken, gerenta general la empresa promotora, que esta farsa podría funcionar como una estrategia de marketing…¡qué horror! ¿qué le pasó a esta chica por la cabeza? Y todo, por el vil dinero. Llama la atención que además, los precios de las entradas son bastante elevados, y si de estrategias de venta se trataba, deberían haber existido mil y un recursos creativo y éticos.

No sé, por ejemplo, que ella se hubiera puesto calata, cual Dios la mandó al mundo para que los visitantes vieran el interior y el exterior del cuerpo humano… Y se podía haber turnado con su Jefa que también parecía estar al tanto de la patraña para coordinar horarios… como las estatuas humanas: bien maquilladas, cual maniquíes, con sus virtudes y defectos: humanísimas ellas… No hubiera sido mala idea, ¿no?

viernes, octubre 23, 2009

Soy el útero de María

María ha cruzado la barrera de los cuarentaicinco años, esa que la condena a ver los cincuentas como una meta cada vez más cercana. Como toda mujer moderna, lleva todas sus responsabilidades con valentía, fuerza, independencia y orgullo. Además lleva estrés, intolerancia, celulitis, patas de gallo y desmondongamiento inevitable de ciertas partes de su cuerpo que han tomado vida propia: un día están fit y otro día están fat.


Entonces, YO, su útero, he decidido empezar a flojear un poco para que ella se vaya aclimatando a mi retiro. A pesar de lo que diga su médico y las amigas que insisten en convencerla de que todavía es joven para que YO pase a mejor vida y no chambee más, María intuye que empecé a hacerle ciertas travesuras… Juan que no es ningún tonto, también lo sabe y justamente por eso, observa en posición ZEN –casi casi protegido en su atalaya, preparándose para lo peor-.

Para empezar le he dejado un par de malditos kilitos estampados a la altura de su cadera, que dependiendo del jean que se ponga, se convierten en una suerte de manjarblanco desbordado en alfajor artesanal. Y por más de que la pobre se somete al típico pollo/ensalada de lunes a viernes a mediodía… los ataques de ansiedad le entran como cuy en feria y quiere empujarse cuanta golosina esté a su alcance.

María toma mucha agua, fantaseando que eso la hará disminuir la celulitis y YO aprovecho para guardársela, la hincho y toma agua, y la hincho y sigue tomando y claro hace un montón de pila cuando va al baño y de hecho su capacidad de aguante…también está disminuyendo. Calculo que pronto le haré experimentar un pequeño episodio de incontinencia cuando le dé ataque de risa… ¡Prepárenle el TENA!
María vive escenas bizarras, puede tener episodios de tanta paciencia que ella misma se sorprende o quedar presa de un ataque de cólera con los ¡putamadres! correspondientes cuando no puede destapar un pomo de mermelada…
Aunque cree tener una ventaja sobre mí porque es friolenta, no confiesa que le incomoda sentir un extraño sudor durante la madrugada a pesar de la intensa humedad y baja temperatura que hay en su dormitorio. ¡Pobre, vive engañada!
YO soy el útero de María y recién empiezo a hacer travesuras antes de despedirme.

martes, octubre 20, 2009

En defensa de las anfritrionas


Debe ser por mi edad o por mi tamaño que algunas veces he sentido cierto tufillo de envidia por las chicas que hacen publicidad en eventos representando una marca: las famosas anfitrionas Estas regias, esbeltas, alaciadas y coquetonas muchachillas se paran durante horas sobre tacos 12 lo que eleva aún más su asegurado metro setenta y con un traje alicrado que parece cosido sobre el cuerpo llevan estampada en su anatomía marcas como Marlboro, Telefónica, Nosotras, Halls, Cerveza, etcétera, y como lienzos humanos que con su sonrisa Colgate te regalan muestras, volantes, o “whatever” de los que las contratan.


Tienen la obligación de estar regias, venden la marca con su cuerpo (dejémonos de eufemismos) y su impostada sonrisa. Se cachuelean con estos trabajillos a destajo cuando pueden y seguramente compiten entre ellas de una manera horrorosa por llamar la atención de alguien que las ayude a saltar a la fama, tal vez como modelos de pasarela.

¿Se han dado cuenta, que cuando justamente aparecen en una fotografía de alguna revista o algún periódico estas chicas en realidad dejan su condición humana para convertirse en objetos anónimos? Nunca aparece su nombre. Justamente, sin saberlo, caen en una suerte de “cosificación” de su esencia, la alegría de su juventud no forma más que la máscara que tienen que usar al pesar de tal vez el dolor de pies o espalda que puedan sentir y no debe ser fácil. No debe ser tampoco escuchar algún comentario vulgar o incómodo de algún seudo-caballero que quiera pasarse de vivo con ella, y lo más probable es que tal podría tener la edad de su padre o tal vez, abuelo. Pasan a ser parte de la decoración de un stand o de la escenografía de un evento: that's all.
Por ello, creo que después de este post ya no voy a envidiarlas…al menos, por un tiempo.

sábado, octubre 17, 2009

Ya vamos DOS...

Eso de que el tiempo pasa volando es una realidad, hoy cumplimos dos años de haber ingresado en la blogosfera. Para mí, los meses transcurridos representan demasiadas cosas vividas con suma intensidad.

En estos dos años he cambiado mucho, y parte de ello se debe al hecho de haber repensado ciertas prioridades, ver madurar a mis hijos, reconstruir varios aspectos de mi vida y utilizado cada post como una suerte de sesión terapéutica.

Las secciones del Blog han aumentado, los suscriptores también, la gente se anima más a comentar, y lo que me encanta es siempre recibo sugerencias de temas que llegan cuando a veces siento que la inspiración se me ha agotado. La nueva sección "María y Juan" ha sido bien recibida, y eso simplemente se debe a que somos individuos que en el fondo pasamos por lo mismo, de una manera o de la otra.
Escribir dos veces por semana es un ejercicio mental, sano y catártico. Me aleja de la locura cotidiana. Buscar la foto adecuada, y mejor si es en blanco y negro.. (véase que puse una foto que nada que ver pero me gustó y punto). De hecho, salen cosas buenas, y cosas que no lo son tanto, pero no les voy a negar que me divierto mucho y más si logro ESE post del que se habla por varios días: me siento bastante bien…

Disculpen el inevitable agradecimiento: ustedes deberían tener el primer lugar, pero no puedo darles ese privilegio... ya está ocupado: GRACIAS Juan Carlos ... no tengo que decir nada más. Ahora sí: agradecida estoy a los lectores, ENORMEMENTE.

¡Feliz día para todos!

lunes, octubre 12, 2009

Conjuguemos el verbo QUEJAR

Yo me quejo, tú te quejas, él se queja, nosotros nos quejamos y la verdad es que cada uno se queja más de lo normal (si de normalidad se puede hablar en este asunto). Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Decía nuestro gran poeta peruano.

Últimamente me he dado cuenta de que todos nos quejamos, todos tenemos algo por qué sufrir, pero el problema en realidad se agrava cuando hemos hecho de nuestra condolida condición humana una competencia diaria en donde si alguien te cuenta la causa de su dolor, tú siempre le vas a sacar un contraargumento para demostrar que le ganas en calidad y cantidad. No estoy bien, tengo a, b, c y d problemas te dice un amigo. La clásica respuesta, esperable, predeterminada y obvia será: … pobre ¡pero no sabes lo que me pasó a mí, 5a, 5b, 5 c y todo el abecedario completo!!!!!!!!


Aclaro que no tiro la primera piedra, yo también me aúno al grupo, todos nos quejamos, todos tenemos tensiones y problemas, unos más graves que otros; pero fíjense cómo la tendencia a la queja colectiva va invadiéndonos poco a poco. Estamos intoxicándonos con ella, si es el dinero, si son los hijos, los padres, el trabajo, la falta de él, y la lista puede seguir y seguir, y eso que no he tomado en cuenta la salud pues es un rubro más delicado.
Siempre hay algo de qué quejarnos, y vuelvo al punto inicial, estamos en una enfermiza competencia de quién sufre más, hay una suerte de ambición por ganar la carrera del sufrido, la “Suffer Cup”, y en el fondo lo que queremos es que las gente nos tenga pena, se conduela de nosotros, piense: ¡qué valiente es para soportar todo ello!

No pretendo ser tampoco, una tarada optimista que prefiere ocultar una realidad que tiene que ver con la condición humana: si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. La capacidad de sufrir es inherente a nosotros pero repito: nos está intoxicando silenciosamente.

Quejarse es catártico pero no hay que exagerar... por lo tanto habrá que decidir si está en nuestras manos tener como premisa de vida una sentencia que Vallejo ya anunciaba: Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.

¡Provecho! Yo haré lo posible por abandonar la competencia y no me extrañen.

jueves, octubre 08, 2009

Yo pensé que esto ya no pasaba

a Magalli, en sus Bodas de Plata
Al tener a mis hijos grandes hace tiempo que olvidé lo que es ayudar a un pequeño párvulo a hacer una tarea. Los que me conocen además saben que mi esencia de quasi Herodes me llevaría hoy por hoy a enroncharme de solo pensar en ello.
Tengo una amiga contemporánea que tiene una criatura de cinco años, el último de cuatro. Es mi heroína: su paciencia, generosidad y calma son realmente mi envidia diaria. El cuento es que el otro día, teniendo como objetivo el consabido café terapéutico tan necesario en la vida de toda persona que se respeta, tuvo que fallar al sagrado encuentro porque al llegar del trabajo descubrió que la criatura en cuestión tenía una tarea. Había que conseguir para el día siguiente: escamas, plumas y pelos. Leyeron bien.

Alguien en su sano juicio, ¿podría decirme para qué mandan a un engendrito de cinco años a hacer una tarea usando pelos, plumas y escamas, y encima: de un día para otro? Es decir: la tarea es para la mamá. Esto es más claro que el agua, es indiscutible. No entiendo cómo la brillante profesora busca que tal ejercicio lo ayude en su formación educativa, autónoma y constructora de conocimiento.

Aquí me queda claro algo: la madre llega agotada de trabajar y merece tomarse un “free time” con sus amigas para relajarse (aunque sea un par de horas); sin embargo, al darse cuenta de la bombita que tiene en casa se pone (como es natural) oligofrénica y aunque trate de mantener la calma… es imposible.

Ella conseguirá la cartulina, ella saldrá a comprar lo necesario para que su hijo presente la tarea, pelo… mmm aunque sea se lo corta…; plumas… a cazar palomas en el parque… pero escamas… ¡no te pases! Salvo que tenga una pecera en la casa o se vaya a Wong y se compre un tramboyo entero para sacarlas de ahí… Al llegar a ese punto, les juro que yo ya estaría con camisa de fuerza y el pobre chibolo estampado contra la pared pegado con UHU y salpicado con pelos, escamas y plumas, desde luego.
Claro que el “critter” aprende una lección: su madre está más loca cada día, lo asusta y su miss es linda porque lo recibe con una maravillosa sonrisa al día siguiente y le dirá: Amorcito, qué bien has trabajado. Te voy a poner una estrella bien grandota.

¡Estas profesoras están locas! ¿Tendrán hijos?

lunes, octubre 05, 2009

YO me amo a MÍ



Cuando yo era niña veía un programa cómico argentino (por malo por cierto) que era El Show de Pepe Biondi, uno de los personajes que este actor interpretaba era Narciso Bello, se amaba, se besaba las manos y tenía una actitud tan tan pero tan meamoamí, que la verdad le salía bastante bien.

Una de las personalidades más fascinantes que existe es la del narcisista. Suele ser un ser muy inteligente, que por casualidades de la vida se rodea de personas que no lo son tanto, o un poco menos. Lo más probable es que ello lo vaya descubriendo en su madurez y a veces, termina aprovechando esa ligera superioridad.

No se nace narcisista, como los grandes tipos de personalidad son producto de su entorno. Ya sea porque destacan en algo, o porque les alimentan la autoestima exageradamente, o porque los mantienen en raya y por eso quieren demostrar que son mejores que el resto… en fin: las causas pueden ser varias y algunas más profundas.

Encontramos algunos tipos de narcisos. Aquellos que son una especie de gurú en una familia por ejemplo: se le consulta todo. Aquellos que saben que hacen bien su oficio y no dudan en recalcar que nadie lo hace mejor. Aquellos que tratan con paternalismo al resto y terminan formando una especie de corte elitista como si solo los escogidos fueran dignos de su confianza (que otros tanto anhelan). Aquellos que tiene a alguien que les cuida las espaldas, le allana el terreno, le suaviza el ambiente, le evita molestias, vive a su sombra. Todos al final obtienen grandes dosis de aplauso, admiración y hasta ridícula veneración.

Por otro lado, hay simples mortales que de un momento a otro se ven atacados por un episodio narcisista y se sienten dueños del mundo, de la verdad, que le pueden cobrar a la vida alguna deuda pasada y pueden llegar a hacer cosas inimaginables que les trae una pasajera satisfacción. Después, algún “cable a tierra” los hace recuperar la sensatez para volver a la normalidad mortal.

Los primeros vuelan alto, alto, como el águila, tanto que a veces la caída resulta fatal. Los segundos, se caen, se sacuden y se dan cuenta de que cometieron una cagada, al creerse los dueños del universo por un momento.

Somos complejos, los humanos.

jueves, octubre 01, 2009

Comentario sobre el comentario

Sé que a veces por cuestiones de tiempo no puedo contestar los comentarios que mis amables lectores realizan en un determinado post. Hay una lectora, en especial: Laly Zuñiga, que además es una gran amiga que vive en la bella ciudad de Salamanca que reflexiona acertadamente siempre que tiene un poquito tiempo. ¡Gracias! Justamente, uno de sus comentarios es el que dio origen a este tema.
Laly comenta sobre "Familiares estigmas” :

Tu post me hace evocar a Keiko, la hija de Fujimori. ¿Sabía que su padre dirigía una organización criminal? ¿Si sabía, le parecía mal? (…).

Creo que aquí tocamos un tema un poco más profundo en el terreno familiar, puesto que los complejos de Edipo y Electra abundan en la política peruana (aunque en todos los entornos, en realidad). No hay que ir muy lejos para entender que a la Keiko la devoción por su padre la confunde, ella cierra defensa ante su progenitor, no ante el presidente y vive obnubilada en ese laberinto que la atrapa. Tanto como confundió a Lucianita León o a Silvana Montesinos…

Guardando las distancias entre cada una desde luego. El amor desmedido y la pérdida de objetividad las convierte en víctimas de sus padres que pensando en su propia satisfacción no vieron que tiraban caca al ventilador embarrando así a sus hijas, quienes quieran o no: cargan con ese estigma.
Electra es capaz de planear la muerte de su propia madre por pura venganza y manipula a su hermano para lograr su cometido. Su actitud puede verse claramente cuando dice: puedo perder un marido y reemplazarlo por otro, puedo perder un hijo y engendrar otro, pero un padre jamás recupera. Claro, que habría que saber que nunca tuvo hijos y tampoco marido… por lo que el único “amor” que tenía era el de su padre. Pero eso no se explica en el famoso “complejo”.
Hay inclusive, amores tan desmedidos y patológicos por el padre que existen mujeres que se casan con hombres parecidos, con ciertos rasgos de personalidad similares. Hay otras, que ante la muerte del susodicho viven una suerte de orfandad que se funde con la viudez en donde ya no sabes si siente como hija o como esposa frustrada.

No cabe duda, Freud tenía en la humanidad una galería infinita de “complejas personalidades”…. Y se debe haber quedado corto.

lunes, septiembre 28, 2009

De las fuentes de antes, a las fuentes de ahora


Siempre he comentado sobre algunas frases que marcan en la vida, o aquellas que de tanto escucharlas en alguna etapa de nuestra vida se convierten en huellas imborrables. Yo tenía un profesor de Matemáticas en el colegio (en 1ero de secundaria, si mal no recuerdo) que solía decir: es más fácil encontrar un aguja en las turbulentas aguas del rio Santa, que un alumno en la biblioteca. Hoy, la frase regresa a mí cobrando vida sobre cómo han ido cambiando las formas de sacar información de estudiantes de nuestra generación y los actuales.

Efectivamente, en mi época resultaba difícil ver que los escolares fueran de motu propio a la Biblioteca. Cerca de mi colegio estaba la Biblioteca de la Municipalidad de San Isidro, que ya en los tardíos setentas era bastante moderna y a veces muchos de nosotros íbamos ahí. No obstante, en las casas se veían libros, se veían libreros, al menos habían humildes estantes con varios libros de consulta. Debo confesar que nosotros también teníamos nuestras Wikipedias, y que aquello que no estaba en la Enciclopedia Barsa no era respetable. También estaba la Enciclopedia Temática y la Enciclopedia Británica, con lo cual: a cualquier hogar de clase media le bastaba, para resolver las dudas, recurrir a una de estas variantes para solucionar la tarea. A veces, estas fuentes se enriquecían con algún artículo de alguna revista que aparecía por ahí: National Geographic, TIME, Newsweek y no menos importante: el Almanaque Mundial.

Hoy, casi treinta años después –qué depresión- me quedo horas navegando por la web y podría seguramente escribir una tesis completa sobre cualquier tema solo leyendo documentos “colgados en la red”. No me tengo que mover más allá de mi silla y con el solo toque los dedos en el teclado ampliar mis conocimientos y además, contribuir a desarrollar los de mis alumnos.
Sin embargo, me preocupa cómo los estudiantes actuales minimizan el valor de investigar, de comparar fuentes, de sacar conclusiones. Caen, inclusive, en la ingenuidad de creer en tooooooooooooooooodo lo que la web les muestra puesto que Internet tiene más validez que la Biblia. Si está en Internet es confiable, verídico y reproducible. Así es como confían en engañar a sus profesores con trabajos plagiados de “ El rincón del vago” –pienso: hay que ser idiota para confiar en la calidad del trabajo que un “vago” le hereda a otro “vago”- y aunque efectivamente, pueden jactarse del engaño no calculan cómo tarde o temprano ello les pasará la factura.
Para terminar, no puedo cerrar este post sin mencionar un caso, del que me enteré por casualidad, que pinta de cuerpo entero la calidad moral de ciertos ejemplos (de)formativos de padres que por “ayudar a los hijos” los ayudan a embrutecerse: Sabiendo que el hijo no había hecho la tarea, el padre le dice que, dado que tiene que presentar el trabajo y que lo único que tiene a mano el de un amigo hecho el año anterior, entre los dos (tremendos cómplices) cambiarán un poco las palabras para que la tarea sea presentada en el plazo exigido porque no puede permitir que lo jalen.

La generación de hoy, es producto de los padres que tiene.

jueves, septiembre 24, 2009

Soy la gripe de Juan (y la maldición de María)


a Juan Carlos, porque tiene que soportar las histerias de Claudia María
Aclaración
A pedido del público, he decidido escribir de vez en cuando sobre algunos avatares comunes de la convivencia en pareja o al menos de dos seres como Juan y María que comparten un sinnúmero de situaciones que la sobrevivencia en compañía supone. El post “En la salud y en la enfermedad…” dio pie a varios comentarios que convencieron a esta humilde bloggera a dar inicio a una nueva serie: María y Juan. Cuento con ello con la anuencia y paciencia de mi bienamado JC puesto que sin ello, esto acabaría mal. Aclaro y juro que no todos los contenidos serán de propia cosecha –Juan y María son en el fondo estereotipos de los seres humanos normales que caminan por la calle-. Ello se ha dejado sentir en los comentarios de los lectores y sugerencias de temas.

I
Desde que estuvo con una bata aséptica con abertura total en la parte posterior de su anatomía sobre una mesa de operaciones, la personalidad de Juan ha cambiado. María ha descubierto en él una sospechosa docilidad en la que las órdenes de ella fluyen con naturalidad y complacencia. Juan está con las defensas bajas y trata de sobrevivir a ello de la manera más ZEN posible. Parecía pues que la recuperación iba viento en popa y dada tal situación, María le propone a Juan irse a cenar fuera. Se lo merecen. Sin embargo…

II
Juan en menos de cuarenta días (lo que dura el puerperio) ha vuelto a caer con gripe. Ni la porcina, ni la aviar, ni la AH1N1 tendría la crudeza ni las torturas a las que se ve sometido cuando él pre-siente (porque no es una intuición), cuando Juan sabe que se ha “enfriado” y por lo tanto resfriado. Si no fuera Juan, se hubiera abrigado al sentir frío y punto, y de paso: no estaría jodido.

III
Juan está maleteado, el dolor de espalda, la respiración por la boca lo agotan… casi casi hiperventila, la congestión, el lagrimeo, los kleenex, el basurero, todo el universo de la gripe lo rodea. María solo sugiere tomar un antigripal para minimizar los síntomas cual propaganda de los quinientos antigripales que existen en la tv y se va a trabajar. En el reencuentro María se encuentra con un Juan que es un saco andante con los ojos inyectados, tercianas y cual víctima de un ataque febril decide abrigarse como pollo crudo en el Polo Norte y ponerse los kilos de polares que estén a su alcance. Sin embargo, Juan tiene 36.8° está más fresco que el pisco sour que seguramente se estarían tomando si hubieran salido a la calle. María, expresivamente maternal y silenciosamente “madrastral”, le vuelve a sugerir que tome otro antigripal y que no se meta a la cama. Le recomienda (en realidad: le ordena) solo descansar y tomar algo caliente. "Amorosamente" le dice -Tómate otro Panadol Antigripal como en la mañana-. Y por supuesto que ella va a buscar las pastillas para dárselas y descubre que Juan solo había tomado UN Panadol normal en todo el día. María piensa: "¿En la magnificencia de la corpórea humanidad de Juan qué es un panadol para la gripe elefantística que tiene esta pobre criatura abandonado de la mano de Dios?" El cuerpo de Juan sufre, el cuerpo de Juan lagrimea, el cuerpo de Juan pide a gritos a la madre naturaleza que deje de castigarlo de una vez por todas con este resfriado común. El cuerpo de Juan suspira por alcanzar la sanidad corpórea que recuerda tan lejana. María suspira por lo mismo.

lunes, septiembre 21, 2009

Los que ellas quieren...

¡gracias chicas!

Inicialmente este "post" iba a tratar de otro tema que analizaba el hecho de que las mujeres tenían "bienes comunes" : gustos estereotipados que los encontraban en los hombres de Hollywood y gustos propios, "bienes particulares" que los encontraban en su casa y alrededores.

Recordé que en mi primera juventud, mis ídolos eran Ryan O´neil y Robert Redford y ahora son dos viejos que aunque pueden haber envejecido con cierto estilo, son totalmente caducos para el público femenino y hay mejores en el horizonte. Hoy tengo otros...

Entonces se me ocurrió enviar un mensaje de ayuda a varias féminas con las que tengo confianza para que me contestaran la siguiente petición: les ruego que me den dos nombres de aquellos caballeros del universo público que les atraigan harto harto. ¡No calculé la bomba que solté!

En primer lugar, la muestra con la que he sacado los resultados estuvo compuesta por cincuenta y siete mujeres que contestaron en menos de 24 horas. Se comunicaron conmigo desde maravillosas chicas de 18 años hasta mujeres hermosas que ya pasaron la frontera de los “sin cuentas”. Por lo que podrán imaginarse, mis queridos lectores, las respuestas y los comentarios que recibí resultaron de gusto diverso. Intergeneracionales: Connery nació en 1930 y uno de los más votados, Pattinson, nació en 1986; interraciales: el gringuísimo Kurt Cobain hasta Denzel Washington; internacionales: desde el guatemalteco Ricardo Arjona hasta el escocés Matt McConaughey; de gustos extremos: el elegante Richard Gere hasta el “sucio” John Mayer. Pasando por (sorry por las omisiones puesto que la lista es bien "particular" y extensa) Miguel Bosé, Brad Pitt y Johnny Depp.

Los más votados fueron George Clooney y Hugh Jackman. Cabe destacar que entre el voto joven destacó Robert Pattinson (a quien tuve que buscar en Internet para ubicarlo). Yo ya estoy tía, pues.

Sin embargo, lo interesante de este ejercicio fue cómo mientras que ciertas mujeres se limitaban a mandar sus respuestas en el formato 1. XX y 2. YY, otras se despachaban con comentarios tan honestos que son dignos de publicación manteniendo el anonimato de las autoras y un cierto nivel de censura. Se soltó una catarata de hormonas que para qué les cuento. Lo más gracioso fue que muchas, no solo enviaban sus comentarios sino que también enviaban fotos, imágenes de los susodichos galanes, que por cierto, estaban muy bien seleccionados y no me sorprendería que las tuvieran hace tiempo entre sus archivos más preciados. Se agradece. Soñar ni cuesta ni paga impuestos, y en todo caso "particularmente" cada una sabrá cuán cerca o lejos está su " bien particular" de los "bienes comunes" ya citados. Total, todo gusto es subjetivo.

Los dejo con los comentarios más destacables:

-George está buenazo,...pero Nicolas Cage tiene algo también que me encanta,....pero cuando tiene el pelo largo y es misterioso y peligroso... ¿qué te puedo decir?......¡Sexy! Creo que es un tema que podríamos debatir en grupo…

-A mí me gusta Hugh Jackman y después de ver Wolvering cualquier chica le gustaría tener la marca de sus garras por todo el cuerpo! ¡Tiene un poto…..!

-Richard Gere cuando sube por la escalera eléctrica con frac y una rosa en la película "Shall we dance?"...wow!!!"

-Me has dejado pensando con cuál me quedo. Para mi definitivamente el rey de los reyes es y seguirá siendo por siempre Sean Connery.

-(pero tengo otros más!!!!! sólo necesitas dos????? jajajajaj)

jueves, septiembre 17, 2009

Cegueras colectivas


Hay frases célebres (que en realidad no son las palabras mismas sino las personas que las pronuncian) que a uno lo dejan pensando, hay otras que son pura tontería. Cuando fui a ver la exposición de los trabajos de Leonardo da Vinci, en una de las secciones se recogían algunas de este gran sabio bastante interesantes.
Hubo una en particular que me llamó la atención: Hay tres clases de personas: aquellas que ven, aquellas que ven lo que se les muestra y aquellas que no ven. Me puse a pensar qué era peor: ¿no ver o ver lo que me manda el otro? No sé realmente. Puesto que a veces por ignorancia las personas se dejan llevar por la opinión de los demás, y quizás de uno u otro modo ese “no saber” los exonera de la culpa. Por ejemplo, la dominación económica y política implica también una dominación cultural. Las colonias por ejemplo, tenían un acceso limitado al conocimiento. Las diferentes Iglesias han decidido por años limitar muchas veces la información que deben tener los feligreses por razones morales. Entonces, es algo clásico en la historia que directa o indirectamente el grupo de “ve lo que se le muestra” sea más grande de lo que creemos.

Aquellas que no ven. Va de la mano con el ciego que no quiere ver. Es lo que yo llamo la estrategia del avestruz: escondo la cabeza para no ver el problema. Paso por la vida como una sartén de teflón, todo me resbala. Todo, porque NO lo veo, porque NO quiero verlo, porque para qué voy a verlo si me carga. Podría parecer una estrategia inteligente puesto que esquiva los problemas para no estresarse, pero en realidad lo que hace es no enfrentar, tal vez, y que luego aquello que se inició como ola se vuelva un tsunami.

lunes, septiembre 14, 2009

Del alpinismo al "alpinchismo"


a mi amiga René, porque la idea salió conversando con ella

Este post lo escribo desde la perspectiva medio compleja y medio híbrida que implica ser profesora de secundaria y madre de familia. Advierto que tengo mi gran dosis de culpa en estas palabras. Seré cruda, puesto que ese es el asunto.

Los de mi generación fuimos educados por otra generación que en su gran mayoría fue muy conservadora, vertical, cucufata, y machista. En nuestro aprendizaje predominaban las cosas prohibidas antes que las permitidas, y aunque todos fuimos rebeldes a nuestra manera hubo varias escenas que serían inimaginables tenerlas con nuestros padres. ¿Acaso alguien, a los trece años, le dijo alguna vez a su mamá: ¡Ay mami, ubícate! ?

Ese alto porcentaje de padres de nuestra generación nos educó con el objetivo de entender la sentencia bíblica: te ganarás el pan con el sudor de tu frente. Nada venía gratis, o al menos cómodamente. Para empezar no existía ni delivery ni copy/paste por dar dos ejemplos sencillos. Si querías algo, tenías que esforzarte aunque fuese un poquito. Entonces, crecimos sabiendo lo que era alcanzar una meta sobre la base de saber que para llegar a la cima había que pasar por un entrenamiento que produjera cierto sudor: manejar bien las herramientas, plantear la estrategia de escalamiento, colocar los pies en lugar seguro, calcular los riesgos y empezar la trepada. Recibimos, por lo tanto, una incomparable y metafórica lección de alpinismo. Caídas, golpes, sustos, pérdidas… y llegamos a ser padres pasando por todo ello.

Suena tan lindo y pedagógico en el papel que cualquiera diría que siendo seres inteligentes educaríamos a nuestros hijos de esa manera, puesto que mal o que bien las cosas había resultado y habíamos alcanzado nuestras “cimas”. No obstante, sabe Dios cuándo… en algún momento tomamos la decisión de dejar las lecciones de alpinismo para llevar a nuestros hijos a descubrir que era más fácil ser educados por padres que teníamos la necesidad (casi fanatismo) de darle a nuestros hijos todo aquello que nosotros no habíamos tenido. Para empezar, un mundo en el que predominaban cosas permitidas antes de las prohibidas, pregonar ser (pseudo) liberales, horizontales… Encima, para ayudar a estos padres, cuando empiezan a salir del cascarón el sistema educativo les ofrece un ingreso a la universidad al que le falta el papel de regalo...

¿Resultado?: tenemos unos “maravillosos” adolescentes que con el permiso de mis lectores, todo les llega al pincho: estudiar me llega al pincho, hacer tareas me llega al pincho, esforzarme un poco me llega al pincho, hacerles caso a mis viejos me llega al pincho, guardar mi ropa me llega al pincho, recordar lo que tengo que hacer me llega al pincho… Tienen calzón de cemento, arrastran los pies cuando de cumplir con sus obligaciones se trata, usan atajos, creen que se merecen todo y no agradecen por nada: la ley del mínimo esfuerzo… no necesitan más. Para coronarlos: ni siquiera son rebeldes en esencia, porque como la tienen tan fácil no tienen de qué rebelarse realmente. El “alpinchismo” es su credo, su religión, la postura que han adoptado lo refleja, desde la forma que tienen de pararse, de sentarse, de vestirse hasta de pensar en el futuro.


Sé que he generalizado, pero también sé que muchos se identificarán aunque sea un poquito con lo que he dicho. Y para terminar solo agrego que me da miedo pensar en qué tipo de padres tendrán nuestros nietos.

jueves, septiembre 10, 2009

¡Sorpresa!

La sorpresa es una emoción (como todas) indescriptible. No obstante, la definición que da mi fiel amigo el Diccionario de la RAE tiene que ver con aquello que te coge desprevenido. Por lo tanto, hablamos de sorpresas agradables y desagradables.
Hoy me puse a pensar en aquellas agradables situaciones en los que la vida te sorprende y hasta logra arrancarte una sonrisa sin planearlo:



1. Encontrar un billete en un bolsillo.

2. Haber disfrutado de una novela en cada una de sus páginas.

3. Encontrar un buen amigo en la madurez (o conservar contra todo pronóstico a uno antiguo).

4. Una calle sin baches.

5. Sentirse BIEN tratado en una entidad estatal.

6. Disfrutar de un buen bocado más de lo que habías esperado.

7. El silencio acogedor.

8. Ver una imagen que te impacte por su belleza.

9. Un día soleado en invierno.

10. Que te toquen en verde todos los semáforos de tu ruta.

lunes, septiembre 07, 2009

Del sabio mundo de la estética


Me contaba mi exalumno Michael Succar que estaba leyendo un capítulo de Historia de la belleza escrito por Umberto Eco y que se quedaba un poco enredado en los conceptos de estética y fealdad. Me quedé pensando que era muy interesante, cómo un chico de 20 años, podría entender el concepto de belleza que planteaba Eco, era complicado no por su inteligencia, sino por sus vivencias y por lo que le había tocado vivir en esta sociedad consumista a la que pertenecía.

ECO hace una afirmación muy interesante cuando expresa que a partir del siglo XX la belleza se democratiza y de alguna manera existe un modelo de ella para cada demanda: para el que no posee la belleza masculina y refinada de Richard Gere, existe la fascinación delicada de Al Pacino y la simpatía proletaria de Robert De Niro. Curiosamente esto me lleva, con el debido respeto y humildad que puedo sentir ante este académico a afirmar que ahora se busca una belleza más natural y “fresca”. Los medios de comunicación apuntan a una moda ecológica, maquillaje ecológico, todo ecológico. Espontaneidad pura, pero manteniendo una marca. Informalidad, pero que se apellide Dolce Gabbana o Klein, por ejemplo. O peor, aún: quieren darse la imagen de ser originales y no se dan cuenta que hay varios especímenes vestidos igual de “originales” que ellos. Como dice ECO, asisten a inauguraciones de expositores vanguardistas pero enfundados en la impositiva moda y look que impera en los medios de comunicación masiva. ¡Qué contradicción más grande!

No obstante, lo que me ha llamado la atención en estos locos tiempos que la mujer se esmera por lucir fresca, lozana y natural es cuando más necesita ir a la peluquería, al spa o como quieran llamarlo para alcanzar esa pinta bucólica. Por ejemplo, en los últimos días he oído hablar de lo que es el último grito de la moda de las peluquerías: el alaciado inteligente. Ya su nombre, per se, es atractivo. Ahora que todas quieren ser chutas, laaaaaaaacias, naturales, pasarse un peine por la cabeza y estar regias cual divas, viene el método MÁS MÁS de todos. El menos maltratador, el menos castigador, el igualmente caro que el resto, peroquéimporta porque es: INTELIGENTE.

Le decía a quien me informaba, que seguramente en unas peluquerías las tarifas iban variando, pero no por la calidad de los materiales utilizados. Cambian porque con el alaciado (tengo esta maravillosa fantasía) deben implantarte a través de el cuero capilar una cierta cantidad de neuronas que le da nombre al alaciado. Por ello, dependiendo de cuántas sesiones necesites para llegar a un mínimo de decencia neuronal, el precio se va regulando: libre mercado que le llaman. Si partimos de una base de $150 podríamos pensar que en algunos casos, dada la rebeldía del cabello y promedio de IQ (coeficiente intelectual) el precio puede llegar hasta $1,000 por lo menos…¿no creen?

Les apuesto que tienen un par de candidatas a las que recomendarían este proceso de belleza. Desde luego que he pensado en algunas soberbias que pensarían que para ellas puede ser hasta gratis… ¿No es hermosa e igualmente inteligente la lucha por alcanzar LA belleza?

viernes, septiembre 04, 2009

Familiares estigmas


A raíz escuchar un comentario del libro Gomorra de Roberto Saviano (gran investigación de la mafia napolitana, que le ha costado ahora vivir en la clandestinidad) estuve conversando con un pequeño grupo de amigos sobre el estigma que supone pertenecer a ciertas familias. En este punto, por ejemplo, nacer en el seno de una que forme parte de la mafia siciliana, napolitana o la que sea es garantía de estar metido de por vida en una vorágine de violencia, hipocresía, lujo, riesgo, y cautiverio sobreentendido.


Si un individuo (miembro de tan digna familia) quiere sacudirse de ello y vivir una vida “normal”, limpia, moral e íntegra no podrá tomar la decisión de hacerlo puesto que ello supondrá de arranque poner en riesgo su propia vida y de hecho la de sus parientes, por los que seguramente sentirá sentimientos fraternales como es natural y sano. No me imagino, a la distancia a un hijo de Pablo Escobar, por ejemplo, que podría haber soñado con ser una maestro de escuela o una hija que tal vez quería ser doctora, ya que el estigma de su apellido y trajín de vida le cortarían de raíz su vocación y deseo de mantener una vida digna y sobre todo, alejada de ese entorno.

Hay familias en las que el libre albedrío se anula, en las que sus miembros por un tema de tradición deben seguir con los patrones establecidos por las generaciones anteriores y por los modelos impositivos (ya sean las empresas familiares que van por la vía legal y correcta, ya sean los grupos dedicados a la criminalidad). Se nace pues, con el sello indeleble de la carga familiar de la que no puede zafarse y por lo tanto el riesgo de la infelicidad, si no te alineas pronto y te adaptas, se posará sobre ese individuo como una suerte de nube negra.

martes, septiembre 01, 2009

Los adolescentes de ayer, los hombres de hoy


para Enrique, Hernán y César
Tuve la suerte hace unos días de ser gentilmente invitada por tres exalumnos. Les enseñe entre sus 16 y 17 años cuando yo tenía 30 y era la primera vez que enseñaba en un colegio (¡juventud, te vas para no volver!). En ese entonces, las hormonas, la adrenalina, la falta de límites, y la gran suerte de vivir sin responsabilidades era lo que predominaba en ellos. Esa actitud “alpinchista” era constante y diaria, y uno como profesora tenía que tomar harto aire para entrar en ese salón que solo tenía 14 alumnos que DE HECHO tenían la mente en otra cosa. Yo trataba de hacer mi mejor esfuerzo y andaba medio frustrada haciendo malabares para lograr que estos jóvenes se apasionaran por el curso.
Sin embargo, conservo imágenes vívidas de ellos: el coleccionar figuritas para llenar los álbumes de moda y quedarse casi dormido en clase, otro que repetía que en el futuro soñaba con casarse con una (tía) millonaria, el beso volado que me mandaba uno de los más movidos todas las mañanas cuando pasaba por mi ventana, el que no hicieran ningún esfuerzo por leer lo que yo les recomendaba, el estar parada delante del salón hablando a una suerte colección de “plantitas” que ni caso hacían. Dirán que soy dura, pero saben que lo hago con cariño. Pero igual, nos reíamos, estos chicos fueron los primeros en enseñarme que de los adolescentes también había que aprender, o en todo caso recuperar algunas cosas que uno pierde con la madurez.

Ya no son mis alumnos, ni siquiera existe entre nosotros una gran brecha generacional; casi casi podría arriesgarme a decir que somos contemporáneos, puesto que estar con ellos ha sido tener un “café terapéutico” con tres viejos amigos a los que no veía hace tiempo y que me ponen al día de sus vidas. Hoy son hombres que trabajan, que han sufrido, llenos de responsabilidades. Estan avanzando y haciendo su propio camino.

Hombres a los que la vida, algunos más que otros, los ha golpeado dejando cicatrices enormes que han sabido superar. Pero en esta senda por la que avanzan reconozco a aquellos adolescentes que yo conocí hace quince años atrás. Son estos niños grandes que yo veía sentados conmigo, en la misma mesa matándonos de la risa de las anécdotas de ayer y analizando las situaciones de hoy. Hombres que me contaban sus sentimientos, hombres más modernos y menos conservadores que los de mi generación que no tenían ninguna vergüenza de mostrar su lado vulnerable y débil frente a su vieja (¿antigua?) miss del colegio.

Hoy son hombres, pero con esa alma de adolescentes que espero conserven siempre.