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viernes, diciembre 12, 2014

Hoy es un gran día....

Hoy me es necesario salir del guion e involucrarme de lleno en un tema y orgullo personal. Hoy es un día muy especial, no hay que plantearse nada, está ahí: llegó porque tenía que llegar y es “por default” que me siente como me siento.

Mi niña, hoy una mujer sabia y gigante, se gradúa. Después de haber pasado por las aulas de una universidad que sigue entendiendo y brindando el sentido universal que se debe enseñar a todos los estudiantes: con aciertos y desaciertos, como toda institución educativa y humana, llega a la ceremonia final.

Mi pequeña termina la carrera. Mi pequeña en quien descanso mis angustias y desazones, me da hoy un ejemplo de energía, valentía, esfuerzo e ímpetu. Y no lo digo por ser mamá, es por ser testigo de su compromiso y responsabilidad. Le guste o no le guste, esté segura o no lo esté de cada decisión que tome. Pero todo aquello que los estudios le han dado (incluyendo lo que ella puede considerar inútil) ha formado parte de su proceso.

Tengo todavía el sabor de un día parecido a este hace varios años atrás, cuando acababa el colegio. Reúno esos sentimientos con los actuales y veo que algunas cosas cambiaron y otras se fortalecieron.

Hace tiempo que Micaela le pertenece al mundo, no a sus padres, no a Maco (lo siento) pero es la verdad. No nos pertenece porque en algún momento esta pequeña se dio cuenta que tiene un deber, con el otro, con el que está más allá, con tratar de hacer de este mundo un lugar más amigable, más humano, más llevadero. No es una heroína, solo alguien que sabe meter el hombro donde pueda e iluminar la habitación ni bien llega.

He visto cómo ha ido descubriendo su propio camino, y adoro cada vez que echa sus alas a volar y reniega por ello. Ante esto, el mundo le sigue abriendo los brazos, el mundo con su crisol de posibilidades terribles, certeras, oscuras, maravillosas... y que su andar sigue repleto de decisiones que marcarán su vida. He visto y seguiré viendo. 

¿Qué hace para mí este día especial, de toga y birrete, de discursos y aplausos, de besos y abrazos? Lo hace doblemente especial. Pues no puedo evitar recordar a  mi madre que quería que yo fuera abogada, y no quedó nada convencida cuando elegí estudiar Literatura pero salvé mi honor al casarme con uno de esa especie.. Creo que ahora, estaría más orgullosa que nunca de su “bombón”, pues así la llamaba. He aquí pues, que el círculo se cierra. La nieta culmina lo que la hija evadió. Totalmente freudiano, pueden psicoanalizarlo si quieren. Yo solo lo llamo: destino.

Soy una cursi, pero hoy me tomo todo el derecho de serlo, ando con babero... qué le podemos hacer!


martes, noviembre 26, 2013

Juego familiar

El ajedrez es un juego atractivo. Curiosamente se vincula con los eruditos, los matemáticos, entre algunos tipos de personalidad que suelen salir de lo común. Inclusive pareciera que es casi una actividad exclusiva de los varones.
En la literatura, el juego ha inspirado muchísimas novelas. Una de ellas me gustó mucho: La tabla de Flandes de Arturo Pérez Reverté. Más allá de la trama de la que no voy a hablar, las explicaciones que nos da el narrador sobre las reglas del ajedrez son didácticas, cautivantes e interesantes. Mafalda en varias de las tiras cómicas se devana los sesos tratando de enseñarles a sus amigos la dinámica para que pudieran compartir con ella la afición. Las reacciones van de acuerdo a sus personalidades: el humor destaca por encima de todo.
Mi padre me enseñó a jugar ajedrez. En las tardes del domingo cuando se metía a la cama cayendo la tarde me sentaba con él y pasábamos un buen rato jugando una partida. Evidentemente me solía ganar en casi todas. Me pasaba sus libros de partidas famosas “Capablanca” una de ellas. Recuerdo el encuentro de Fisher y Spasky como si fuera ayer (en plena Guerra Fría fue un hito histórico). Se esforzó especialmente en indicarme que finalmente el juego dependía de una pieza: la reina. Su capacidad de movimiento la volvía la pieza más importante de todas. El Rey, al que había que "matar" era un tonto inútil que lo único que hacía era esconderse. ¡Qué metáfora, por Dios!
Cuando viajaba a USA por algún congreso no dejaba de traer al menos un Pocket Chess. Un estuche del tamaño de una calculadora científica que se abría como una libreta con las fichas imantadas. Una maravilla tecnológica para mí. A principios de los 70s además, todo lo que venía del norte… lo era!
Me ha vuelto a la memoria una chispa hecha imagen, verme detrás de su asiento en su Citröen D Palas 65 color plata yendo en un largo paseo y aprovechando el trecho para jugar ajedrez. Se preguntarán ¿cómo? Pues haciendo un ejercicio mental (más del suyo desde luego). Yo con el tablero magnético en mano y él con el timón. Yo indicándole cuáles eran las jugadas y él, construyendo el juego en su mente, formando el mismo tablero que de vez en cuando pedía pasarle solo para darle una mirada. Mi voz infantil entonaba: d4 y él seguía. Esas partidas nunca se terminaban, solo eran un ejercicio mental en la que solo los dos teníamos cabida.
No he vuelto a jugar ajedrez. Con el tiempo dejamos de jugar, con el tiempo dejamos mucho en el tintero. Pero como con el tiempo los hijos nos ayudan a recuperar aquello perdido. Alejandro, en su momento, pasó largas tardes con su abuelo jugando ajedrez. Algunas fotos del álbum familiar conservan aún esos instantes en donde frente a un tablero un niño y un adulto juntaban estratégicamente  sus mentes para conquistar al rey del otro.

viernes, agosto 16, 2013

1988-2013

 
Veinte y cinco años, mil trescientas semanas, nueve mil cien días, siempre me gustaron los números. Cuéntalo como quieras, fue ayer, es hoy, qué importa....

Fuiste un chico que se quedó solo, que se forjó solo, y en esa soledad te confieso que no ha sido fácil ser tu compañera. Porque a eso me invitaste muchos años atrás, a acompañarte en la soledad de este mundo.

 En estos años me he hecho mil preguntas y he encontrado menos respuestas. ¿Por qué me escogiste? ¿Por qué no hemos roto la promesa del "para siempre"? ¿Qué sortilegio ha jugado a nuestro favor? ¿Qué dioses se han confabulado para evitar que abandonemos este duro compartir?

No hay sido fácil, ser tu amiga, ser tu mujer, ser tu cómplice... seguir siéndolo. Porque en ese ir y venir, yo también me he caído, yo también he dudado, yo también me he alejado, yo también "no he pensado" "no TE he pensado".

Con todo, para todo, a pesar de todo, y ahora con más amor sobre todo, soy feliz. Aunque sea un minuto, un instante, un día, unas horas, no es mesurable. Solo soy.

Y robo con atrevimiento palabras ajenas, porque hoy emocionada... no sé qué decirte.
 
La gente nada sabe del amor
si no se reconoce en nuestros pasos.
Y al lado de la cama –más bien al pie–
espero a que esta aurora te despierte.   

Todo empieza y todo acaba en ti.  

Y no te asustes, mi amor,   
si mi voz suena algo seria y definitiva.
La vida es una y una es la respuesta.
Mi piel se quema sin tu suave sombra.    

Si vivo fue porque siempre esperé
para entregarte mi pecho desnudo.
El futuro me ha nombrado con tu voz.
En ti todo encuentra una razón.

Todo comienza en ti:
el resto de mi vida y la razón
de abrir cada ventana, la canción
que resuelve mis dudas,
mi delirio y mi cura.   

Y todo acaba en ti,
los besos, cada fiesta y la raíz
que bebe mis dolores, mi febril
costumbre de buscarte, mis días y este hambre de ti.   

Que envidien mi locura, corazón,
tú eres mi hogar y afuera me muero de frío.
Elijo regalarte mi canción
porque apareces en todos mis planes.
Me alumbraste y renacida creo en mí.
   

Soy feliz doctor Cortés, feliz de caminar de tu mano durante todos estos años. Huachafa, pública y orgullosamente feliz... y sé  que esta felicidad no es efímera. Porque eres mi puerto, seguro y verdadero .

Y hoy, precisamente HOY.. es un día para celebrar!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
 
 

martes, julio 23, 2013

Dos décadas

Qué fácil me resulta ver que alguien cumple veinte años. Pero no lo es tanto cuando quien lo hace es una de la personas que adoro en la vida: parido por mí. Un 23 de julio a las 13:05 nació Alejandro. La valentía y el riesgo vinieron con él. Se abrió paso por la vida desde que estuvo en mi barriga y luchamos porque llegara entero a este mundo. Varias semanas de reposo, madurándole los pulmones a puro punche permitieron que con siete meses y medio de embarazo llegara sano pesando solo dos kgs.
 
Hoy es un hombre que cumple veinte años y siempre ha creído tener más de los que ha vivido.
 
Se ha caído y levantado varias veces, se ha hecho y rehecho otras tantas, se ha equivocado y se sigue equivocando -como todos- en su camino por alcanzar una mediana sensatez que da cierta edad. Pero hoy lo veo con el peso de veinte años encima. El cambio de década tiene cierto peso específico  cuando  llega y a veces obliga a tomar decisiones duras pero tal vez más sabias.
 
Va aprendiendo, va desgastando cerebro, va madurando el corazón, va dejando al adolescente que ha demorado en dejarlo para dar paso a un adulto que hace tiempo cortó el cordón umbilical y argumenta sus decisiones con mil y un fundamentos. Aunque no estemos de acuerdo a veces.  Adulto que se sigue cuestionando varios por qués de la vida, adulto que sigue protestando por las injusticias, adulto que rechaza la rutina del sistema y lo discute y se pelea con este.
 
Estás en mi corazón hijo, porque ya eres "hijo de la vida". Hace tiempo crucé la frontera y renuncié a la "mamitis". He aprendido de tu independencia, de tu forma tan particular de bromear, de tu forma tan particular de quererme. Vivir contigo es un aprendizaje que no termina.
 
¡Feliz cumpleaños!

martes, mayo 21, 2013

El árbol que no quiso ser Bonsái

Este quizás podría ser el título de un libro. Salió al azar en una conversación con JC contando la historia, justamente, de un árbol que no quiso ser bonsái.

………………………………….

De niña pasaba horas viendo a mi padre dedicado a su jardín. Amaba el jardín de la casa y dentro de esta devoción, pasaba horas investigando e invirtiendo tiempo en el cultivo de sus bonsáis. En ese entonces, hablo de los lejanos 60s- 70s no existía esta proliferación de los arbolitos enanos que vemos ahora hasta cuando salimos de una panadería.

Es más, recuerdo que en casa ni siquiera los llamábamos por su nombre japonés. Simple y llanamente eran: los arbolitos enanos (redundante entre el diminutivo y el adjetivo como verán). Supongo que serían unos ocho o diez, a los que diariamente en un ritual cuasi oriental – para seguir en el ambiente-  mi padre inclinaba su pequeña estatura (medía un metro sesentaiocho) con los lentes sobre la nariz.

Todo en pequeño, como los maravillosos haikus de Basho
De qué árbol florido
No lo sé,
Pero ¡ah, qué fragancia!
 

De niña, me acercaba tímidamente a observarlo y al descubrirme, dejaba que me hiciera cargo de la manguera que tenía un aparato metálico especial que hacía que el agua saliera con un chorro fuerte y maravilloso. Maravilloso para la ilusión de estar en el jardín, mientras él, con unas tenazas especiales, hilo de pescar y una enorme paciencia cortaba las ramas, amarraba los tronquitos y detenía el crecimiento natural del árbol…

Recuerdo uno cuyo tronco era espinado. Otro del que creció una granada en miniatura. Pero hay uno en especial… Uno que le dio mucho trabajo, uno que se resistía, uno que a pesar de las ataduras, nudos, las horas de dedicación, y seguramente la preocupación, le seguía dando batalla. El árbol ganó. Tuvo que sembrarlo a un lado del jardín y dejar que creciera a su libre albedrío.

El molle, imponente, empezó a secarse el año que mi padre murió.

Hoy, que la casa ya no existe, el recuerdo del árbol que no quiso ser bonsái regresó con fuerza.

Gracias a la generosidad de una gran amiga, esta semana recibimos como herencia cuatro bonsáis que su padre había cuidado por más de veinte años. Curiosamente, mi hijo, y quizás teniendo algo de su abuelo, está empezando a dedicarse a su cuidado.

martes, noviembre 06, 2012

De cómo buscamos y él, nos encontró...


Hallar el lugar correcto puede tomar tiempo. Se dice que el ser humano está en una continua búsqueda y por ello, su origen nómade lo hace variar aspectos de su vida de vez en cuando. Las personas, sin saberlo, van cambiando: metabólicamente, con el paso del tiempo, los hábitos se hacen más profundos, los defectos se van exacerbando…

Hesse decía: "La verdadera profesión del ser humano es encontrar el camino hacia sí mismo". COnfirmando así, la idea de tener esencialmente un cuestionamiento del "ser".
Somos seres que a la vez conservamos lo nómade y lo sedentario de nuestros antepasados sapiens. El porcentaje debe ir de acuerdo al carácter de cada persona. Yo tengo una tía que se ha mudado por lo menos unas quince veces, y tengo una amiga que se muda cada tres años para cambiar de aires…
Conozco a mujeres que se cambian el color del pelo cada cierto tiempo porque se aburren; amigos que cambian de novia, por lo mismo… Cambia, todo cambia, rezaba la canción que cantaba la Negra Sosa.
Cambio, renacer, vuelta, volver al origen, hallar el lugar correcto… lo podemos llamar de diferentes maneras, pero si pensamos un poco: es igual. Buscamos darle una vuelta más a la tuerca, buscamos encontrar algo, una respuesta, un camino, una zona segura, un confort, el amor y cambiamos…
Cuando nos mudamos a este lugar que se ha vuelto en un abrir y cerrar de ojos nuestro hogar (ha sido tan rápido que nosotros mismos estamos sorprendidos). En todo el proceso, solo teníamos planeado algo para nuestra decoración: queríamos poner un texto en una puerta que sería corrediza. No obstante, la puerta resultó ser angosta para la idea… pero a la entrada teníamos una pared laaaaaaaarga que permitía hacer lo planeado.
La búsqueda del texto comenzó. Pensé en Benedetti, pensé en Galeano, pensé en Rose, pero no llegaba a estar del todo contenta con la elección… Un día, en el verano, Juan Carlos y yo, fuimos a ver la muestra fotográfica de Herman Schwarz al IPCNA. De pura casualidad, había otra muestra más… no recuerdo el fotógrafo. El leit motiv de esta última eran los desiertos. Pero algo más llamó nuestra atención. En el brochure que nos dieron al ingresar había un texto… Un texto que nos había encontrado a nosotros, un texto que buscaba un hogar. Lo adoptamos inmediatamente y nos acompaña desde que ponemos un pie dentro de casa.

martes, octubre 23, 2012

El campo minado



No hay peor campo de batalla que el criar a los hijos. Todas las minas explosivas están sembradas en el lugar que menos esperamos. No avisa, explota y a veces, solo queda proteger nuestro corazón de tamaña explosión. Hoy escribo este post porque una mamá, admirable, con errores, aciertos, trabajadora, humanísima, me hizo reflexionar al respecto. Le pedí permiso para usar parte de su historia.

Partamos de una premisa real: nosotros queremos que nuestros hijos sean de ESTE modo. Es una falacia repetir hasta el cansancio, quiero que mi hijo sea feliz, quiero que haga lo que le guste y se sienta bien, quiero criar un hijo libre, etcétera.  Seamos honestos: en el punto inicial, cuando arrancamos la larga caminata de la crianza nos ponemos (y LES ponemos) metas a las que hay que llegar.

¿Qué hacer si sentimos que mientras crecen no dan la talla? Y seguimos tirando de la carreta y ajustando con discusiones, exigencias, frustraciones y llantos. ¿Qué hacer ante la señales de alarma? Cuando nos retumba sobre la cabeza la sentencia “árbol torcido, nunca endereza”. ¡Miércoles! No puedo salir corriendo, no puedo encerrar a la criatura, no puedo impedir que crezca y, con el perdón de la audiencia… no puedo impedir que la cague de vez en cuando.

¿Qué hacer si nos toco un hueso duro de roer? Hijos con una personalidad que parece inmoldeable , rebeldes, inteligentes hasta morir, que quieren volar y experimentar. Hay hijos que a uno le tocan y nos mantienen en vilo…  caminando sobre el filo del precipicio. Y nosotros, padres cándidos creemos que apresando esas ganas de libertad los estamos cuidando más y protegiéndolos de ellos mismos.
 
Sufrimos, claro que sufrimos… puesto que toda evolución supone un sufrimiento. Toda transición supone dolor, toda metamorfosis supone romper un cascarón. ¿Cambiamos? ¿Estamos dispuestos a cambiar?  ¿Dispuestos a ser flexibles? ¿Dispuestos a vigilar, pero a la distancia? ¿Tenemos disposición para entender que en ESA relación padres/hijos es donde tenemos que usar más sabiduría que nunca?

Tenemos que entender que su proceso es nuestro. Su camino a la madurez es nuestro pero a la vez, no nos pertenece. Suena contradictorio y cierto. Nos quieren y no nos quieren, los queremos y no los queremos… y cuando no lo hacemos (quererlos) sentimos culpa. Si se equivocan, la culpa es más grande todavía. ¿Dónde me equivoqué? Es la primera pregunta que surge… ¿dónde YO pasé por alto este detalle? Y el mundo y la duda siguen girando alrededor de nosotros…cuando en realidad la llegada de la estabilidad está en cuán bien manejemos los hilos que empiezan a disolverse.

En esta etapa no hay que pedir al cielo paciencia… hay que pedir: sabiduría. 

martes, octubre 09, 2012

El cierre

Ya no duermo más ahí, y ni siquiera tengo sentimientos encontrados. Sin embargo, algún psicoanalista díría que los hay, que solo no quiero aceptarlo, puesto que es la segunda vez que escribo sobre un tema relacionado a mi cambio de nido.

Solo me queda hoy, compartir un texto de Octavio Paz, por si acaso... siempre me gustó:

Adiós a la Casa


Es en la madrugada.
Quiero decir adiós a este pequeño mundo,
único mundo verdadero.

Adiós a este penoso abrir los ojos
del día que se levanta:
el sueño huye, embozado,
del lugar de su crimen
y el alma es una plaza abandonada.

Adiós a la silla,
donde colgué mi traje cada noche,
ahorcado cotidiano,
y al sillón, roca en mi insomnio,
peña que no abrió el rayo
ni el agua agrietó.

Adiós al espejo verídico,
donde dejé mi máscara
por descender al fondo del sinfin
-y nunca descendí:
¿no tienes fondo, sólo superficie?

Adiós al poco cielo de la ventana
y a la niebla que sube a ciegas la colina,
rebaño que se desvanece.

Al vestido de copos, el ciruelo,
decirle adiós, y a ese pájaro
que es un poco de brisa en una rama.

Decirle adiós al río:
tus aguas siempre fueron,
para mí, las mismas aguas.

Niña, mujer, fantasma de la orilla,
decirte siempre adiós
como el río se lo dice a la ribera
en una interminable despedida.

Quisiera decir adiós a estas presencias,
memorias de mañana,
pero tengo miedo que despierten
y me digan adiós.

lunes, septiembre 10, 2012

El primero de la aventura (escrito el 5/09)


Versa el dicho: “Dios los crea y ellos se juntan” pero  en nuestro caso, podríamos tomar la licencia de decir “Dios nos creó, yo crié y con ella me junté”. El cuento es que ahora que mi hija se ha ido por seis meses a vivir a la Madre Patria que nos parió, estoy considerando hacerle un altarcillo a Steve Jacobs en conjunto con Bill Gates, y muy a pesar mío a Movistar, con su Blackberry incluido. También cuentan con un espacioso lugar en el altar todas las personas (Sandra, Ricardo, Maka, Diego F,) e instituciones (por ahora Renfe) que se han alineado para que hasta el momento la aventura que ya tiene diez días en curso vaya resultando exitosa. Faltan 163 días, chesu!.
 
Por ahora andamos medio frustradas porque resulta que en su barrio se ha caído el Internet. Seguro que fue en su barrio donde empezó la caída del euro o sea que hay que tener cuidado si demora mucho en restablecerse la conexión.
La cosa es que el día que la pequeña llegó a la gran ciudad de Barcelona, no tenía mapa de la ciudad. Detalle que no calculó porque cómo haríamos para ubicarnos en una ciudad enorme si no sabemos dónde estamos paradas (uso el plural porque por razones obvias, lo que sienta ella lo voy a sentir yo). Seguramente estaba confiadaza en que en Google Maps encontraría la solución a su desubicación… pero se jorobó por el problema anteriormente explicado.
Barajando opciones, me iba contando por el bbm (Blackberry Messenger, para los no usuarios) cómo era su “piso”, me mandó foto de su cuarto tamaño huevito de codorniz y todo lo que se pueden imaginar. Serían las seis de la tarde de allá cuando le pregunté si había almorzado…

Madre: No empieces a descuidar tu alimentación, y anda a buscar algo de comer.
Hija: Es que no sé dónde puede haber un Carrefour
Madre: No tienes Mapa?
Hija: Noooooooooooooo
Madre: tarada! ¿Y ahora?
Hija: ¿puedes buscarme en internet cuál tengo cerca?
Madre: ¿cómo se llamaba tu calle?
Computadora/ Bberry y dosis de angustia encima lograron que a 500 mil kms de distancia cumpliéramos con el objetivo. Cómo he valorado la tecnología. Además, descubrí que no solo podía encontrar donde ir sino que además podía pasar del google map al google satellite y “caminar” por la calle con una flechita que me iba diciendo en dónde andaba. Entró al Metro, salió donde debía y antes de llegar a un Carrefour encontró un Opencor, que era más pitucón y donde confirmó que el costo de vida es recaro en el viejo continente. En fin: cenamos fideos con aceite de oliva! Al día siguiente almorzamos lo mismo, por siacaso.
Vamos cinco días sin internet, aunque ya se metió a un Starbucks con wifi y eso ha permitido enviar señales de humo más extensas que un chat. Nos comunicamos como cuatro veces al día y nos sentimos cerca. Espero tener pronto en el Skype y poder ver su carita, pero por ahora me conformo con que ella esté tranquila y bien alimentada.
Claro que en mi real imaginario me hubiera encantado que la pequeña tuviera un chip de ubicación incrustado en su cuero cabelludo para ir monitoreando cada uno de su movimientos… pero too much, no?

jueves, agosto 23, 2012

...y llegó el día

No puedo dejar de escribir este post porque entonces no sería yo. No sería madre, no sería la mujer que en este momento se está debatiendo entre la alegría, el entusiasmo, la ansiedad y la tristeza. Puesto que hoy, pongo a prueba algo que siempre he predicado: no somos dueños de la vida de nadie... ni siquiera de la nuestra.

Hoy acepto una vez más, públicamente, que no soy dueña de la vida de mis hijos. Claro, es contradictorio, ya que fui yo la que se las dio. Hoy acepto una vez más, que la vida que alguna vez me perteneció durante nueve meses menos un día, no es mi vida: es de ella. Hoy acepto una vez que ese cordón que cortaron allá por el año 1990 marcará una distancia mayor: diez mil kilómetros. DIEZ MIL! Es un escándalo, es un horror, es un segundo en el Skype.

Mi chiquita se me va. Echa vuelo y se me va. Abre alas a un mundo que la espera ávido para darse un revolcón conjunto. Abre brazos para fundirse en un abrazo que le devolverá en cada poro un fragmento de cultura milenaria, un fragmento cosmopolita, una gota, un suspiro, un trozo de pan.

No soy dueña de su vida, jamás he pretendido serlo -aunque ella a veces así lo sienta- pero el recuerdo carnal de haberla tenido en mi vientre pateando, moviéndose, dispuesta a absorber cada molécula me da cierta prioridad de ser la primera de la fila en tener estos sentimientos encontrados. Sigue siendo tan mí que si  ella gana, yo gano; si ella llora, yo lloro; y cuando ríe no hay música más maravillosa para mis oídos, igual de maravillosa que cuando ríen a coro los dos... No obstante, no soy dueña de sus vidas: ni de la ella y de la su hermano.
Anda, corre y vuela Mica, el mundo es tuyo: chápatelo que te espera!

martes, febrero 07, 2012

Sabores de infancia 1

De vez en cuando molesto a mis amigos con preguntas sencillas que me ayudan a escribir. Se me cruza un tema por la cabeza y para no partir de mi propia experiencia pido ayuda y trato de transmitir diversos sentires a través de lo que escribo.




Hace unos días pregunté ¿qué plato los llevaba a la infancia? ¿por qué? y/o ¿quién lo preparaba?



Las respuestas fueron tan variadas como la cantidad de personas a las que les envié la pregunta. De hecho, la gran mayoría coincidía que las manos de su madre o de su abuela fueron aquellas que prepararon algún platillo cuyo sabor guardan todos en la memoria con especial cariño, melancolía y gozo.
No obstante, destaco algunos detalles que llamaron mi atención y los gustos compartidos de personas que ni se conocen.
Por ejemplo, saltó de la olla el Locro: plato andino que se luce en diferentes partes de Latinoamérica. Más de uno comentó que era un plato que lo regresaba a su infancia. Contenía ingredientes maravillosos como el choclo y el queso, y un aroma que simplemente se definía como “mi casa”. Varios coinciden que es un plato de crisis: luego de varios “paquetazos económicos” que mejor que un pedazo de zapallo, una papita, queso del mercado y un choclo. ¡No se necesita más! Un amigo lo relacionaba con algo negativo puesto que cuenta que un día lo comió y luego le dio un fiebrón que le impidió probar ese plato por años; pero ya se reconcilió con él. Una desafortunada coincidencia, desde luego.



Vienen al recuerdo los tallarines rojos con alitas de pollo o macarrones con salsa de tomate de una mamá que los sigue preparando, tallarines verdes con gritos de hermanos, tallarines en mantequilla, (¡que viva la pasta!), los camarones arequipeños de la abuela characata, el Chaufa del viejo cocinero de la Mama Rosa –la bisabuela-, el clásico arroz con huevo frito, el helado de vainilla de la mama, pollito al horno para comerlo con los dedos, bistec con papas fritas, la sopa de frejoles del papá servida en una mesa rodeada de primos, el cau-cau, arroz tapado el arroz con pollo, berenjenas rellenas, las humitas saladas (ambas historias de nietas que recuerdan a la abuela), el adobo, el quácker con chocolate, la papaya trozada con naranja y plátano, los huevos a la nieve de la tía italiana, las tortillas de plátano, torrejitas de zapallo con miel, plátano con leche condensada y milo del papá... Muchos de estos recuerdos relacionados con la mesa familiar como puede resultar obvio. Si hacemos un análisis sociológico también podremos corroborar que hemos vivido tiempos bollantes y tiempos duros....



A mi infancia me lleva lo mismo que a mis primas Lourdes y Lucy María: los tallarines con pescado de la abuelita Lucila (a Coco igual tallarines pero con tuco) .En mi recuerdo eran los fideos Alianza de caja azul, preparados en una olla enorme en la cocina a kerose que estaba saliendo al patio. El color dorado y brilloso de esas cintas con el sabor preciso del pescado frito, el ají y la cebolla, todo llevado a la mesa en una fuente inmensa bañado en papas fritas. Mi madre heredera, como mis tías, de la tradición materna los hacía tan bien como la abuela. El plato va vinculado a una época especial del año: semana Santa. En la receta de mi mamá hubo una ligera variación en las últimas versiones cambió las papas fritas por papas al hilo (de bolsita) que dentro de todo combinaba muy bien porque la mezcla del fideo con la croncantez de la papa resulta siendo de “chuparse los dedos”.


El antojo dulce se lo dejo a un sabor MARCADISIMO: los cachitos de nueces bañados es azúcar en polvo de mi tía Gacha, nunca he vuelto a comer nada igual... a pesar de que ahora los hay en todos lados...



pd. Me acabo de acordar de unos chupes o sopones que preparaba mi padre en nuestra casita de playa, al que le ponía desde algas hasta muy-muy. Frutti di mari, le dirían ahora.

martes, agosto 23, 2011

Hoy como ayer...




Todos en casa tenemos un recuerdo traumático: ELLA y nosotros, sus padres. Cuando era niña, ELLA, al igual que el 99.99% de los niños se enfermaba de algo a cada rato, predominando los resfríos y todo aquello que puede girar alrededor de su aparato respiratorio. Una de las clásicas consecuencias de vivir en Lima es ser alérgico a la humedad. ELLA, no fue la excepción.


Ahí comenzaba la aventura; comenzaba en realidad, la tragedia. Había que darle la medicina a la criatura. ELLA chillaba, se resistía, sacaba una fuerza mismo mini Hulk (ojo que sigue siendo mini) y luchaba con todas sus fuerzas para evitar que el jarabe (fuese cual fuese) entrara por su boca. Nuestra imaginación tenía que recurrir a los métodos más persuasivos que pudieran existir para lograr el objetivo: que la niña tomara la “maldita” medicina y se curara de una vez por todas… y nos dejara dormir en paz.


Los métodos persuasivos se iban por el desagüe, terminaban escupidos en nuestra ropa, vomitados en el piso, arrasados por los mocos y las lágrimas de un ¡NO! que salía cual explosión de lava gutural, como si fuera la única palabra que conociera. Bueno, podría agregar que ¡MALA! era otra que acompañaba en este infeliz concierto la dulzura –olvidada en algún cajón- en ese momento.

Las tácticas un tanto más severas tuvieron que aparecer en nuestras vidas, hay una memorable a la que llamaremos: la técnica de la “momia”. Su padre, hombre bueno y paciente, la envolvía en una toalla blanca, otrora regalo promocional de Inca Kola, la sentaba sobre su regazo. Su madre, implacable con una mano le abría la boca apretando los redondos cachetes e introducía con una jeringa enorme y de un solo chorro el jarabe o sustancia que pudiera salvar la vida de la niña y ayudarla a terminar con la tortura de la enfermedad en cuestión.

Una y otra vez, fueron algunos años en lo que tuvimos que combinar, el diálogo, el premio, la Coca Cola mezclada con el jarabe, el grito, la desesperación y la técnica de la momia, hasta que las pastillas se convirtieron en la solución.

Hace unos días, una tos de perro apareció en la vida de ELLA a consecuencia de un resfrío mal cuidado, un querido doctor oriental le recetó un jarabe (dieciséis días de tortura, dos veces al día). A la sazón, aclaro que ELLA va a cumplir 21 años…

Situación: La madre se acerca con el frasco de jarabe, ELLA ya está con arcadas, maldiciendo el sabor del jarabe que tomará. La madre lo prueba para convencerla de que no es tan malo (eso es amor maternal!). ELLA se resiste, toma aire… El padre aparece con la cuchara adecuada (en broma ha traído el cucharón de sopa de la cocina), y sabiamente se retira de la escena. Madre e hija, enfrentadas con el recuerdo de “la momia”. El miedo, la angustia, se adueñan del escenario en el que se enfrentan dos mujeres adultas (¿¡?¡?¡¡?). La una con el jarabe en mano y la cuchara llena para colocarla en el lugar correspondiente. La otra, a pesar del control mental, dice: ¡No voy a poner! ¡No voy a poder!.

La madre hace uso de su autoridad (perdida hace tiempo por cierto) y de forma severa le dice: LO TOMAS!!!!! Seguido de un ataque de risa de ambas y por ende, el contenido de la cuchara se va al suelo… Vuelve a colocar la dosis. ELLA toma un sorbo de agua primero, la madre le embute la cuchara por el milimétrico espacio que su víctima ha dejado entre los dientes y luego de una arcada tan dramática como seguramente las tuvo la “Dama de la Camelias”, engulle la medicina…


Misión cumplida: faltan 31 dosis!!!!

Que la fuerza me acompañe!

miércoles, julio 27, 2011

¡Feliz 28!



Uno de los recuerdos más vívidos que tengo de mi madre es su entusiasmo por las Fiestas Patrias, y cómo trató de mantenerlo siempre. Planeaba con amplio rigor la agenda de esos días. Cuando veo hacia atrás no puedo evitar convocar a mi memoria ciertas escenas que se repetían año tras año, mi niñez, mi adolescencia y mi adultez estuvieron marcadas por esos dos días en los que el mundo se detenía.

¿A qué se ha debido este recuerdo? Pues a que hoy día el cartero de mi barrio dejó un sobre con su tarjeta que decía: Felices Fiestas Patrias le desea Juan Azaña (encargado de su correspondencia) con su escarapela impresa más. La idea, para los que no saben de ello, es luego venir por el mismo sobre que contendrá un dinerillo para “celebrar” tan digna fecha. De hecho, esta antigua tradición (puesto que es eso una tradición y no una obligación) debe conservarse en pocos barrios. Casi no hay carteros, solo empresas de courier y los correos electrónicos dejaron sin chamba a varios señores. Otros, que recibían igual propina por estas fechas eran los encargados de recoger la basura, mal llamados “basureros”. Sobrecito con dinerillo también para ellos, que además de cajón tocaban el timbre de la casa el 28 o el 29 con el requerimiento del caso.

Es curioso, puesto que aunque parezca extraño, ese recuerdo pesa en mí mucho más de lo que es la Navidad, por ejemplo. Los que me conocen cercanamente saben que además mi espíritu navideño es NULO, y los que me conocen más notarán un ligero cambio de mi personalidad en la celebración patria. Vuelvo a ser un poco la niña entusiasta de lo que la fecha encarna. Aunque todavía guardo ciertos escrúpulos pondría una banderita en la antena de mi carro (acabo de recordar que no tengo antena…).

Escuchar el discurso presidencial siempre fue, en mi casa familiar, una tradición que convocaba frente al televisor a propios e invitados. Tengo escenas mentales de ver a Velasco hablando desde el Palacio de Gobierno en un gran televisor con imágenes blanco y negro. Pero también recuerdo haber caído en un reparador sueño en el durante, o simplemente no entender nada de lo que decía. De adulta, escenas concretas: Alan parafraseando a Gonzales Prada con “los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra”, en 1998, cien años después.


Cuando la televisión nacional (léase canal 7) transmitía el Besamanos, que como diría Pardo y Aliaga así se llamaba en el tiempo de los virreyes y se seguirá llamando igual (porque no cambiamos) no me perdía ni una. El saludo de los embajadores, de las autoridades era comentado por todos los que estábamos observando. Mira a fulano, qué se habrá puesto la Primera Dama, etcétera. Hasta que la puerta se cerraba para dar paso al gran Banquete (y nosotros también).


El 29, generalmente día lluvioso, prender temprano la tv para ver el Desfile Militar, otro recuerdo vívido era que a mediodía se destapaba una cervecita con algún piqueo para ir entreteniendo el estómago mientras que se veía el paso de los soldados. Qué mejor que estar muriéndose de frío en la Avenida Brasil.

En verdad, veo con nostalgia esos días, puesto que siento que el ánimo protocolar/familiar de las Fiestas Patrias se me quedó en el camino. Tengo sentimientos encontrados entre escuchar todas las pajas mentales que demanda el esperado discurso presidencial, porque ahora toooooooooooodos comentan, toooooooooooodos son especialistas y por otro lado, querer y no querer ver la “Gran Parada Militar” porque lo considero una tontería y un gasto innecesario del dinero del Estado.

Hoy, la solemnidad del aniversario patrio se ha perdido un poco. Hoy huimos de nuestra ciudad, nos refugiamos en nuestro interior, tenemos el 28 y 29 como excusa, pero no como celebración. Usamos la escarapela tal vez porque nos obligan a ello, puesto que deben ser pocos a los que les nazca de corazón (y no por esnobismo). Hoy mezclamos Panetón, con Turrón de Doña Pepa y Picarones… total todo es festivo y todo es supuestamente peruano. Hoy somos parcialmente peruanos. Cuando ganamos un partido, cuando nos va bien en la economía, cuando comemos más rico que los de Perú- Nebraska.

Hoy nos falta corazón blaquirrojo. Habría que empezar a recuperarlo.

jueves, diciembre 16, 2010

...para ti, en esta etapa que termina


¿Podríamos ir hacia atrás y quedarnos en el momento en que estuviste en mi brazos por primera vez? Un pequeño que se había adelantado para llegar a la vida, que desde un primer momento inquieto dentro de mi panza, estabas ansioso por salir; ansioso por abrazar todo con los brazos y devorar el mundo de un bocado; curioso e inquisidor, atento y analítico, arriesgado a más no poder. Un ser que por momentos ha tenido a sus padres en la angustia de verlo caminar pegado al borde del precipicio.

Ahora, sales de la órbita, esa en la que hemos girado juntos sin estar revueltos y el miedo me inunda de nuevo, la lejanía, el tener angustia de sentir que ahora sí emprendes realmente un rumbo mucho más lejano, fuera de mi entorno, afuera: en otro lugar... donde yo no sé nada, donde no conozco nada.

Ya lo dije alguna vez: no obstante duele confirmar lo sabiamente dicho por Khalil Gibran: Tus hijos no son tus hijos son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen. Porque efectivamente, nuestros hijos no nos pertenecen, aunque sea lo que deseamos. Sólo somos instrumentos para echarlos a la vida y para darles (aunque nos equivoquemos a cada rato) las herramientas suficientes para que puedan ser felices a su manera.

¿Podríamos ir hacia atrás, en el tiempo en que tomabas mi rostro y me decías mami linda y con tus manitas melosas me apretabas las mejillas? Recuerdo imborrable que como sello lacrado guardaré para siempre en mi corazón. Echa vuelo, y ahora abraza al mundo con toda la energía que te sale por los poros, cáete, golpéate y vuelve a emprender la larga jornada que te espera por delante.

Tienes un valor innato que no debes desperdiciar, y te guste o no es una responsabilidad más grande de la que tú mismo crees.

Alejandro, te amo y me siento cada vez más orgullosa de ser conocida como la mamá de Chorri...

lunes, septiembre 13, 2010

En un día especial




Esta es la letra de una canción maravillosa que canta Miguel Bosé. Para salir del cliché del Happy Birthday me provocó darle un plus en su día a la mujer más importante de mi vida.



He querido regalarte en un día tan especial
un baúl imaginario donde puedas soñar
con detalles de tu mundo y paisajes de colores

¿Qué otra cosa puedo dar a una linda dama blanca?
Sino una lista de esas cosas que se guardan de verdad...

Una flor,
un hermoso amanecer,
una foto con amigos,
y un gran beso al corazón.

Un barquito de papel,
y una niña con un sol,
y una tarde en los jardines del Edén

Un lugar donde soñar
y otro donde realizar.
Y una vida por delante para dar.

Mucha más felicidad
brillando a tu
alrededor.

Todo envuelto con un lazo de ilusión
Para que así nunca te olvides
de mostrar al mundo entero
la sonrisa de
una dama como tú.

Feliz Cumpleaños número 20, Micaela...

lunes, abril 12, 2010

Ponle salsa a tu vida...

Cada vez la vida se complica más, el tráfico, el clima, el estrés laboral, los huecos de las pistas, las encuestas, Alan dando consejos por si hubiera terremoto, en fin: vivir en Lima está jodido. No obstante, a una se le da por hacer cosas entretenidas para darle alegría a la vida, por lo que decidí –instigada por mis amigas del original café terapéutico- meterme (con JC) a clases de Salsa.

Sábado, 17:30. Nos fuimos al COHIBA –bar cubano cerca de la casa- , profesor cubano de nombre Roberto, costo aceptable por 10 clases de hora y media cada una. Total, pago por bailar y pasarla bien.

Llegan otras parejas, una en especial llama nuestra atención, van con el hijito que debe tener unos siete añitos (Herodes, ¿dónde estabas?) que contracorriente se porta como un ángel mientras juega durante hora y media solo con sus muñequitos. El pata tiene una pinta de pavo que nadie se la quita, auguramos el desastre ajeno… sin embargo…. Adivinaron. ¡Catana! con los enlaces, vueltitas, pasitos y demás… el pata se luce en la pista, el pobre tiene menos gracia que un pollo crudo colgado en un mercado, pero me como mis palabras: no la necesita.

A veces una cree que hace bien las cosas, hasta que viene alguien que te ve por primera vez y en pocas palabras te indica que toda tu vida has vivido en el error. Creo que entendieron. Nosotros no somos malos bailarines, tenemos cierta gracia como pareja y realmente hemos encontrado un buen equilibrio en la pista de baile; sin embargo, hoy concluimos que somos unos vulgares bailarines artesanales y que tienen que enfrentarse a adquirir una técnica que pone al descubierto ciertas debilidades. Por ejemplo, descubrir que el uno es descoordinado, que al otro le cuesta entender cuando le dicen que para hacer el pasito hay que doblar la rodilla. Que ambos quieren pedirle al profe la hora libre para bailar como les da la gana.
Roberto me dice: … el problema es que como tú eres bajita… Y claro, yo pienso: este huev… además de pagarle para divertirme, se esfuerza por cagarme la autoestima al recordarme que tengo ESE problema, que vivo con ESE problema, que he superado ESE problema. Pero claro, con la “elegancia” que me caracteriza le contesto: hace rato que me di cuenta.
En fin, tenemos diez clases por delante para que podamos adquirir la famosa técnica ¡esta clase ha sido de cortesía!
¡SABOR!

viernes, marzo 19, 2010

Fútbol, pasión de multitudes...

Existe este prejuicio que muchas mujeres ven al fútbol como " la otra", puesto que se sienten desplazadas. Del mismo modo, hay que reconocer que es una verdad categórica que cuando un hombre está viendo un partido de fútbol en la tv el mundo se le reduce a su mínima expresión y las féminas no tienen cabida. Menos si no saben nada del tema: ahí son casi unas enemigas...
Sin embargo, creo que en los tiempos que corren este deporte se ha vuelto más democrático y las mujeres tienen una participación más activa: como espectadoras y como jugadoras (suena horrible...!!!) y como comentaristas deportivas. Y seguramente, muchas tendrían amplias historias que contar sobre su relación con el Deporte Rey.
Mi relación con el fútbol tiene tantos años que son casi los que tengo y ni siquiera me salvé por el hecho de no tener hermanos hombres. Estudiar en un colegio mixto me hizo entender desde niña que el fútbol era EL deporte; la actividad que lograba de manera práctica poner a jugar a todos mis compañeros aunque se hubieran mentado la madre diez minutos atrás. Las niñas, como siempre, éramos (¿¡?¡?) más conflictivas y de hecho, un partidito de volley o de básket no solucionaba absolutamente nada.

Mi padre solía ver los grandes campeonatos, el Mundial y la Copa Libertadores : vía satélite. Lo recuerdo con su cerveza Cristal en mano, viendo en nuestra tv blanco/negro, con sus antenas de conejo admirando los corners del uruguayo Texeira que jugaba por la “U”. Los días lunes, comentábamos la tabla de posiciones que publicaba “La Prensa” en su sección deportiva que mostraba los resultados acumulados del Descentralizado.

Me enamoré de un futbolista-futbolero y me casé con él. He asistido a cuanto partido jugaba mientras podía acompañarlo. El día de nuestro matrimonio en el auto que nos llevaba de la ceremonia a la casa estuvimos escuchando por radio un “Clásico”. Hasta hoy, siempre me desafía a que le diga qué equipos están jugando, ya sea por las iniciales o por el color de sus camisetas… Mi hijo nació jugando fútbol, ha habido momentos que sentía que él respiraba fútbol, comía fútbol, soñaba fútbol y en ese afán he gritado como loca en cada partido al que lo he acompañado.

El deporte por el deporte, más allá de sus dirigentes y la plata que está detrás. ¿Qué somos sin fútbol? Convoca, reúne, separa, vuelve a convocar y a reunir. Uno puedo hablar de fútbol toda una velada más allá de lo que pueda vender…

lunes, febrero 22, 2010

Entre gustos y sabores


Escribí algunos meses atrás, un post que hablaba de los olores y aquellos que especialmente eran personales, que lograban trasladar mi memoria a millones de años luz atrás para traer al presente gratos recuerdos. El ejercicio de hoy es hacer lo mismo con los el sentido del gusto.

Cada ser humano guarda sus propios sabores predilectos en su disco duro cerebral y es más, solemos asociarlo a la situación concreta, a una etapa de la infancia, a una persona… No fue es por las puras que la punta de la madeja de la gran obra de siete tomos de Marcel Proust - En busca del tiempo perdido- fuera el sabor de una magdalena y la chispa que este prendió esta sensación en su cerebro.
Sabores que tienen una firma personal. Por ejemplo, a pesar de la cantidad de años de casada y de preparar repetidas veces la tradicional salsa de pan (salsa de miga) para acompañar el Sancochado, JC siempre dirá que no es igual a la que otrora preparaba su tía Chuco. Y sé que tiene toda la razón, porque un sabor va más allá de unos cuantos ingredientes… La cuota de melancolía y afecto que trae consigo el probar un plato consignado en tu memoria nunca será como el actual, preparado por otra mano.


Cuando salió, en edición limitada, de nuevo el Sorrento, escuché muchos comentarios que decían: pero no es el mismo de antes. D’onofrio que ya no lo es más, tiene esa capacidad de regresarnos al pasado con los sabores y a veces cambiándole de nombre. Hoy es Huracán lo que ayer fue Caravana, ese helado de leche (ojo, porque no es de vainilla) bañado con una capa de helado de agua de fresa o naranja. Pero ya no es lo mismo…


Me regresan a la infancia: los Choritos a la Chalaca puesto que visualizo en ellos a mi papá cuando los compraba en una suerte de restaurant/tienda llamado Todo Fresco que quedaba al lado del Pico de Oro en Miguel Dasso. El sabor de un buen Chancay me recuerda a mi abuelo Juan Manuel y su devoción por los panes. Los panqueques me remotan a la Cafetería Todos de San Isidro y los lonches sabatinos. Las pasas bañadas con chocolate: la primera infancia de Micaela junto con la fragilidad del embarazo de Alejandro.


Y cosas que no he vuelto a comer y cuya memoria de su sabor me produce una nostalgia enorme puesto que de hecho están asociados a buenos momentos vividos: el marmaón, plato árabe que preparaba la abuela de una gran amiga mía; los tacos que hacía la madre de un compañero mexicano en los tiempos escolares, el strudel recién horneado de Tatiana, la Lasaña en casa de las Tizón, los cachitos de nueces de mi tía Gacha, la mermelada de albaricoque de la tía Maruja, y por encima de todos: los tallarines con pescado bañados en papas al hilo de mi madre …

domingo, agosto 16, 2009

Música, baile y otros menesteres importantes

Alguna vez me contaste que tu madre nunca te fomentó el aprender a tocar un instrumento musical. Guardaba esa conservadora desconfianza de que podrías empezar un estilo de vida que te condujera a la bohemia y a la “mala vida”. Te jugaba en contra, además, la fuerte carga genética de sangre artística que había dejado tu padre con el mal sabor de toda su historia. Huelgan palabras. No debería criticarla…. pero se equivocó. Terminó con un capítulo de tu vida antes de que empezara.

No obstante, la música entraba en tu vida por otros caminos, las fiestas, la radio, sin discriminar nada eras capaz de absorber distintos sonidos y reconocer las voces e instrumentos casi sin pensarlo. En tu crecimiento, pudiste aprender a disfrutar tanto de la chicha como del jazz, del huayno como de la salsa, del chill house como de la ópera. En esta mezcla bizarra se queda en ti un músico frustrado que se enternece con un charango o se perturba con la Callas.

¿Si hubieras aprendido a tocar un instrumento musical, cuál hubiera sido? ¿Hoy, a qué músico disfrutas y hasta cierto punto envidias? Y yo, que creo conocerte, dudo si podría ser una trompeta, un teclado, o hasta una cajita musical que produzca ritmos afroperuanos…
Son varias las cosas que he aprendido en estos años, a veces uno cree que ya lo conoce todo o casi todo y que la gente que vive contigo es predecible. Sin embargo, yo no dejo de sorprenderme nunca de este amorío que mantienes con la música, en donde yo solamente soy un mudo testigo de esa relación tan tuya y personal, tan íntima que ni siquiera me siento capaz de sentir celos.

Mis recuerdos lejanos, evocan a un chico con una memoria innata para las canciones y sus respectivos cantantes pero creativo con las letras cuando no las recordaba y desentonado –hasta ahora-. Un chico con el ritmo en los pies. Un chico que siempre llevara en su corazón a “Un gato en la oscuridad” y que solo sus amigos del barrio son capaces de entender ese sentimiento, privilegio que les he dejado siempre.
Hace más de veinte agostos alguien muy importante nos deseo que nunca nos faltara ni las risas de los niños ni la música en nuestra vida. Los niños que vinieron ya crecieron pero nos siguen acompañando sus risas o sentidos del humor enormemente creativos. La música la hemos seguido haciendo nosotros , porque te lo he dicho millones de veces, si no bailo contigo… no puedo bailar.

miércoles, enero 14, 2009

Hoy que recuerdo a mi padre...


Mi padre se ha ido, físicamente hablando, ha muerto hace unas horas, pero por varias circunstancias de la vida ya era un ser distante.
No obstante, guardo recuerdos de aquellos lejanos años en donde la noción de familia existía en mi niñez y traigo a la memoria imágenes entrañables, divertidas y especiales de haber sido la hija de este complejo personaje.
Recuerdo a mi padre eternamente con una cámara de fotos, fascinado por parar cada kilómetro a captar la imagen que en ese momento él lograba ver (y tal vez nosotras cuatro –mi madre y mis hermanas- no podíamos hacerlo). Viajar con él, era una maravilla, puesto que lo único que hacías era caminar, caminar, caminar, entrar en un mercado, detenerte con él a esperar que tomara las mil ochocientas fotos y te fuera explicando en qué consistía cada escena.
Recuerdo a mi padre en la cocina, preparando algún chupe inventado por él, descubriendo unas combinaciones aromáticas, cargadas de culantro, ajo, perejil y tal vez, ese día, unos cuantos muy muys que habíamos recogido temprano en la playa: todo a la olla.
Recuerdo a mi padre jugando ajedrez conmigo, regando el jardín, escuchando a Manzanero, tocando la guitarra, haciendo bromas, brillando.
Recuerdo su amor por el Perú que supo inculcar a mis hermanas y a mí, su devoción por cuidar y curar y sobre todo, su curiosidad y su rigor académico, que creo gracias a Dios fue el mejor legado que me dejó
Recuerdo a ese padre que se alejó, allá en mi adolescencia… por eso hoy guardo en mi memoria como único recuerdo vivo a aquél que disfruté: el curioso, el travieso, el tierno….
Ése es el que quiero en mi corazón para siempre.