martes, enero 21, 2014

MOVISTAR y la profesora

Una vez más escribo para contar una historia que tiene como punto de partida el hecho de ser profesora. Corrijo, tener el privilegio y la suerte de ser profesora.
Hace tres semanas decidí modernizarme y dejar mi jurásico Blackberry para pasar a un Smartphone. Tremenda tarea para alguien que se apega a los objetos tecnológicos antiguos por miedo al cambio,  y la verdad, es que a mi BB le tenía bastante “camote" y poseía un encanto agregado:  la funda protectora simulaba un antiguo cassette de 90 minutos/ Lado A. Una maravilla que me había conseguido mi exalumno Fonchi Panizo. Sigo…

El día que fui a realizar el cambio, implicaba también cambiar el plan y esta figura de pasar del sistema operativo del BBerry al Smarthphone era toda una joda. La explicación fue irrelevante, para mí, porque no entendí absolutamente nada, puesto que además, lo único que me interesaba era que pudiera comunicarme con el mundo: correos, whatsapp y lo demás, venía por “default”.

Cuando me atendieron, estaban en el mismo cubículo además dos chicos que se estaban entrenando en Servicio al Cliente. Lo primero que les llamó la atención a los tres fue mi funda, y obviamente hablamos de ella, de lo linda que era, etc. etc. A la vez, antes de que el vendedor me ofreciera un sinnúmero de aparatos de varias marcas, yo le advertí que me diera algo bueno, cómodo y barato. Mira, soy bruta para la tecnología celular. Pero también soy profesora, entonces imagínate que yo soy tu peor alumna y tienes que explicarme como si esto fuera una ecuación cuadrática y yo estuviera jalada en matemáticas…y si a eso le agregas que podría ser tu vieja… la cosa se agrava. Entonces te ruego que me tengas paciencia y me hables despacio.

Todos disfrutamos la jornada de mi cambio de equipo, porque yo repetía cada una de las instrucciones una y otra vez como regla nemotécnica. Seguíamos conversando sobre el hecho de ser profesora y “tía” y de las modernidades del mundo mundial.

Hoy, tres semanas después, no tenía correo, ni whatsapp, ni el “default”. Tenía mis pagos al día, pero Movistar siempre te complica un poquito la vida, por lo que decidí llenarme de paciencia e ir de nuevo a la oficina. Después de esperar quince turnos me mandaron al tercer piso. Yo sospechaba que como justo era la fecha de cambiar de sistema operativo algo tenía que ver.

Cuando me acerco a la ventanilla 23 veo en ella a uno de los jóvenes practicantes. Gloriosa memoria la mía, y de frente le dije: Yo te conozco!!!! Y él, lindo y hermoso con carita de ratón detrás de unos lentes gigantes me dijo: Claro! Usted es la profesora!!!!

Contar el final de la anécdota sería malograr el momento, pero solo les digo: ya tengo un cómplice en Movistar.

1 comentario:

Daniela Muente dijo...

Ja, básico tener un cómplice en movistar.