lunes, diciembre 22, 2008

Mericrismas 2

Hace un año escribí el primer MERICRISMAS de este blog. ¡Cómo pasa el tiempo! Decidí por ello en la misma fecha, sacar la versión 2008.
Repito una vez más: soy el Grinch, no tengo espíritu navideño. Es cierto que termino alineándome (y alienándome también) con la corriente para evitar broncas, conflictos y peleas con la gente que no me entiende y que asume una actitud intolerante, cerrada y ridícula frente a mi postura.
Tengo una prima a la que quiero mucho que adora la Navidad, justamente me envió hace unas semanas un mail en el que me recomendaba con un brillante humor negro que me comprara el Aromatizador de Ambiente de fragancia Aromas Navideños. A lo que yo le contesté rápidamente: ¿Qué? ¿Huele a reno? Ambas nos reímos a morir.
Ya estoy enronchada, escucho a los toribianitos todo el día y lo peor de todo es que su maldita tonada se queda pegada en mi cerebro y hasta termino tarareando “vamos pastores vamos…” Además, estoy tentada de crear un Club de ANTIFANS de estos pequeños individuos de saquito rojo, especialmente después de prestar atención a la letra del villancico en tonada de huaracha llamado Navidad de los pobres que versa: ...solo una canción para regalar, la sonrisa para empezar, porque es muy pobre la Navidad. Navidad de los pobres qué Feliz Navidad...
¿Pueden creerlo? ¡¡¡Gravol a la vena, right now!!! ¡¡¡Grandes dosis, grandes dosis!!!!
No obstante, como buen ser humano, soy contradictoria: fantaseo con el panetón con mantequilla en litros y todo aquello que "mi religión no me permite"*.
Les confieso también que los regalos navideños me encantan y de hecho también al Grinch: por algo se los robaba .
MERICRISMAS para todos.
* ver publicación Es casi una experiencia religiosa

4 comentarios:

Santiago dijo...

Yo, orgulloso, sí soy un fan de la navidad. Justo hace unos minutos estaba armando el arbol (lo se un poco tarde pero mejor tarde que nunca) con mi hermano y su enamorada. Sin embargo, mi cerebro no esta programado para tolerar los soniditos que tienen esas lucesitas famosas que cuelgan en los arboles en la entrada de las casas. Mi tormenta, encima, es que una de las vecinas de la cuadra tiene esta obsesión con ellas y cada día va de puerta en puerta prácticamente exigiéndote que las pongas. Por supuesto toda la cuadra parece un intento barato de Monte Umbroso y emite esta secuencia de soniditos navideños en un tono altisimo que me hae querer arrancarme la cabeza.

Maribel dijo...

Hola Claudia
Soy una de esas lectoras anónimas de tu blog (que por cierto me encanta). Tengo algunas cosas en común contigo a pesar de las distancias, y me siento bien en tu rincón.
Así que no quiero dejar pasar estas fiestas sin mandarte mi felicitación y mis mejores deseos para el nuevo año.
Un cordial saludo desde España :)

Anónimo dijo...

Me solidarizo con muchos de tus comentarios. Lo que no me gusta de esta fecha es lo absurdo de los simbolos navideños por ejemplo el papa noel y los arboles con nieve. Desde que mis niños eran chiquitos aprendieron a no creer en papa noel y nunca tuvimos arbol navideño, en su lugar puse una rama seca y le ponia adornos que ellos mismo hacian en el cole. Este año por primera vez, a insistencia de mi hija de 15 (el otro ya tiene 18) compramos un arbol... pero negro, me encanta y tiene unicamente pequeñas luces plateadas (sin musica). Lo que si detesto en los intercambios es cuando te regalan toallitas, platitos y un monton de huevaditas navideñas que no sirven para nada.
un beso y que lo pases lindo.
maria eugenia

Alejandra Pizarro dijo...

Yo tampoco tengo el mínimo espíritu navideño, es más, tampoco me gusta el panetón, ¡ni la mantequilla! Tengo taladradas en el cerebro la canción de Rodolfo el reno y Noche de paz de las luces del árbol que está en el "lobby" de mi edificio y ¡en los árboles del parque! Pero lo que me encanta es dar regalos, aunque de todas maneras yo regalo cosas todo el año, ¡pero es una ocasión para que me regalen! jajaja