
La conversación fue fluyendo y mientras ésta tomaba otros rumbos, las ideas seguían dando vueltas en mi mente y se barajaban un millón de frecuencias de medir la felicidad. Cada uno tiene un termómetro propio de lo que es la felicidad, eso lo tengo claro.
No obstante, los seres humanos tenemos la tendencia de pararnos siempre en nuestra orilla y captar al mundo encerrados en nuestra atalaya. Solemos (todos lo hacen, no digan que no porque al menos YO no les creo) medir el comportamiento del otro, la vida del otro desde nuestros propios parámetros; no nos cabe en la cabeza que una persona sea feliz de la manera X cuando nosotros seríamos recontra infelices viviendo así. Con pena a veces, ni siquiera se lo respetamos. Peor aún, nos burlamos de ello.
Ahora, ello también me lleva a otra digresión pseudofilosófica: podemos ser plenamente felices, tener temporadas de felicidad (porque ad eternum solo demostraría un gran egoísmo) o es la felicidad un espejismo, una falacia. Varias preguntas que a mí se me quedan en el aire.
Sin ir muy lejos, hace pocos días oí en la tv a Marco Aurelio Denegri quien contaba que el gran Goethe confesaba con más de ochenta años qué él había sido feliz en sólo tres semanas de su vida… Denegri se asombraba enormemente de que cómo un hombre tan inteligente, tan famoso como este sabio alemán pudiera haber reducido sus momentos de felicidad ¿a sólo tres semanas? A mí, particularmente no me llamaba la atención para nada, puesto que por un lado, el concepto de felicidad es personal y relativo. Por otro, en ningún lugar está escrito que para ser feliz hay que ser un sabio… A veces creo justamente lo contrario, los más inteligentes, los ultra, super, sobrecalificados que además se enorgullecen soberbiamente de saber de todo sean tal vez menos felices que el vulgo.
La frase “cada uno es feliz a su manera” es una maravillosa forma de mostrar tolerancia a las diferentes frecuencias que tenemos los seres humanos de buscar todos los días formas de ser felices. El problema, creo yo con pena, es que a veces la búsqueda de la felicidad se vuelve totalmente materialista y extremadamente, asquerosamente egoísta.